CONSEJOS A DON ANTONIO PARA
QUE YA NO SEA EL MISMO(1)

 

¡Válgate Dios, amigo don Antonio!, ¿conque usted no hay forma de enmendarse? Siempre el mismo, el mismo en todo el mundo, en todos los gobiernos y bajo todos los sistemas, sin querer bajarse del caballo, de manera que


Si se remueve el abismo,
si el mundo se viene abajo.
Si el Ebro se pasa al Tajo,
usted, amigo, siempre el mismo.(2)

¡Qué demonios tendrá este don Antonio tan caprichudo, tan tenaz y tan pegado(3) en nuestra tierra!

Conque ¿por qué no quiso usted jurar la Independencia?, ¿por qué no tuvo parte en el Plan de Iguala?, ¿por qué no se halló en los Tratados de Córdoba?, ¿por qué se anda metiendo en los palacios de los príncipes, en los tribunales de los jueces,en los gabinetes de los señores, en los bufetes de los abogados, en las mesitas de los procuradores, en las casas de los particulares, en las grandes ciudades, en los pequeños lugarejos y aun en los desiertos y caminos despoblados?

¿Por qué inspira su despotismo en todos los reinos, bajo todos los gobiernos, a todas las clases del estado y a todos los hombres que lo componen? Porque así le gusta, me dirá, porque así se crió, porque no se quiere acomodar a nuestro sistema liberal, porque está envejecido en las antiguallas y rutinas de marras, ¿no es eso?

Pues, amigo, estamos muy mal con usted, y usted con nosotros. Si quiere vivir en paz en la América y disfrutar de la garantía de la unión que tan liberalmente se le ofrece, es menester que se enmiende y que reciba, por ahora, los siguientes consejos:

1. Vaya usted renunciando las ranciedades de antaño, cuando se meta en los palacios.

2. Deje usted que a los príncipes, grandes jefes y primeras autoridades les lean los memoriales enteros, y no en extractos, para que se hagan cargo de la justicia de las partes y se las administren rectamente.

3. Influya usted mucho para que los méritos se premien y se castiguen los delitos, de manera que la ley, y no usted, rija los pueblos.

4. Si se mete usted a militar, sepa que el soldado debe ser para defender al paisano, y no para ultrajarlo, prevalido de sus armas.

5. No ande usted cogiendo bestias y bagajes a título de la bayoneta, sin pagar sus justos fletes, pues si el paisano debe prestar a la tropa los auxilios necesarios, ésta tiene siempre el fondo nacional para satisfacer estos auxilios.

6. Si fuere usted jefe por esos pueblos de Dios, no se haga ridículo exigiendo unos ceremoniales extraños, como cuando no muchos meses ha que en cierta villa consintió que el sacerdote revestido de alba y estola, le saliera a dar la agua bendita a la puerta de la iglesia, y creo que a esta fecha todavía lo hace.

7. Si se mete a cura, no extorsione a sus feligreses con derechos exorbitantes, no tenga su arancel en la boca, no mida con una vara a los pobres y a los ricos, y no olvide que es ministro de un Dios que se hizo hombre y derramó su sangre sin intención de que se vendieran los Sacramentos que dejó instituidos en su Iglesia para el socorro espiritual de sus hijos.

8. Si fuere usted casado, no se valga de que es hombre para ultrajar a su mujer por ligeras faltas; advierta que por lo mismo que es mujer y suya la debe ver con todo amor e indulgencia, disimulándole sus pequeñas imperfecciones, y alguna vez sus grandes imprudencias, que a nadie nos faltan, y que como dice el apóstol, debemos ver a nuestras mujeres con tiento, como vasos débiles.(4)

9. Si fuere usted padre de familia debe amar y educar a sus hijos, y criados [sic] con amor, y sin molestar ni regañar sólo porque es el señor de la casa.

10. Si fuere usted prelado de convento, debe también ver a sus religiosos con amor, reprenderlos con prudencia, cuidar de sus necesidades con eficacia, y nunca valerse de las cincuenta y cinco de prior para ser mano a la hora que se le antoje.

11. Si fuere jefe de tropa, trate a sus soldados con seriedad agradable, no permitiendo la insubordinación ni la infracción de la ordenanza; pero tampoco maltratando sin son ni ton al infeliz soldado sólo porque es soldado; ni menos hartándolos(5) a desvergüenzas, ni con el palo o el látigo, como si usted fuera cochero y el soldado su mula. Acuérdese de que fue subalterno y de que el soldado es quien lo ha hecho capitán, sargento o lo que sea.

12. En una palabra: en cualquier estado, en cualquier destino y en cualquier clase, tenga la ley ante los ojos, obre según ella, premie el mérito, castigue el delito sin consideraciones ni respetos, y de este modo andará todo bien, y no se harán memorias odiosas de usted ni le dirán públicamente que le den su pasaporte.(6)

Entonces yo me congratularé de su enmienda, y diré con todo el placer de mi alma:


Ya no es don Antonio el mismo,
pues aunque aquí se quedó,
la Independencia juró,
y abandonó el despotismo.


El Pensador Mexicano.

 

 


(1) México, Imprenta de los ciudadanos militares don Joaquín y don Bernardo de Miramón, 1821.

(2) Los versos aluden a Antonio Oscariz, cuya serenidad alabó el padre Isla: "Que se alborote el abismo, / que el cielo se caiga abajo, / que el Ebro se pase al Tajo, / don Antonio siempre el mismo: / en celestial parasismo / parece que se enajena. / Cuando llueve, cuando truena, / su semblante siempre igual; / y si muere de algún mal, / será de gota serena." José Fco. de Isla, "Día grande de Navarra", en Obras escogidas, con una noticia de su vida y escritos por Pedro Felipe Monlau, Madrid, Ediciones Atlas, 1945 (Biblioteca de Autores Españoles, XV). p. 12. Posiblemente la fuente de El Pensador no sea el autor de Fray Gerundio, sino quien reprodujo en un folleto los versos aludidos: "podemos con verdad cantarle / a América / lo mismo que ya ha tiempo entonaba el inmortal padre Isla en loor de don Antonio Oscariz: Que se alborote el abismo, / que el cielo se venga abajo, / que el Ebro se pase al Tajo, / don Antonio siempre el mismo." y "Finalmente: la América es la misma siempre: sus habitantes siempre los mismos: la arbitrariedad la mismísima de siempre, y aún- / que se alborote el abismo, / que el cielo se venga abajo, / y el Ebro se pase al Tajo, / don Antonio siempre el mismo."Q. E. D., Don Antonio siempre el mismo, México, Ofna. de D. Alejandro Valdés, 1820, pp. 2 y 4.

(3) pegar. Aficionarse o inclinarse mucho a una cosa, de modo que sea muy difícil dejarla o separarse de ella.

(4) San Pablo, Carta a los Colosenses 3, 19.

(5) hartar. Junto con algunos nombres y la preposición de, dar, causar, etc., copia o muchedumbre de lo que significan los nombres con que se junta.

(6) dar a uno su pasaporte. Despedir a uno, correrlo lejos. Santamaría.