COMO NO HAYA DIVISIÓN, NO HABRÁ
EN DURANGO OPRESIÓN(1)
Este axioma es tan maldito como cierto. Ninguno más infame, pero ninguno más seguro. La experiencia nos ministra tantos ejemplares de esta verdad, que podríamos hacer un volumen de ellos.
Sin embargo, no podrán los americanos olvidar que la destrucción del trono de Moctezuma, y la esclavitud ignominiosa de nuestros padres, no tuvo otro origen sino la desunión con los valientes tlaxcaltecas,(3) que seducidos por los españoles, y deseando vengarse del emperador de los mexicanos, forjaron las cadenas que pesaran sobre toda la nación por tres centurias.(4)
Así también, esta misma nación padeció los estragos de una guerra intestina por el espacio de doce años,(5) a merced de la división que, a título de religión, introdujo la Inquisición(6) y el alto clero, en cuya infeliz época se desconocieron no ya los derechos civiles, sino hasta los naturales, y así se delataban ante los tribunales, y se batían y mataban en campaña el padre al hijo, éste a aquél, el hermano al hermano, la esposa al marido, éste a su esposa, el amigo al amigo, y así todos. Nadie, nadie estaba seguro de ser delatado de la noche a la mañana por sus más caros deudos, y en una misma familia se odiaban y se recelaban en secreto.
¿Y por qué tal confusión y tal desorden? Porque estaban las opiniones divididas. El púlpito y el confesonario fueron los parapetos más seguros de los enemigos de nuestra libertad. En el pulpito se predicaban las doctrinas más absurdas y opuestas a las suaves máximas del Evangelio, y en el confesonario se hacían poner en práctica tan infernales máximas.
Nada valió que un solo eclesiástico, el inmortal Hidalgo,(7) hubiera lanzado contra España el espantoso grito de Independencia, ni que muchos eclesiásticos beneméritos, dignos como él de nuestra eterna gratitud, hubiesen secundado las patrióticas ideas del héroe de Dolores,(8) y aun sacrificado su vida en las aras de la libertad, como los curas Saltos,(9) Morelos,(10) Matamoros(11) y otros; el fanatismo y la ignorancia supo triunfar de la razón y la naturaleza, y convertir los verdes campos de Pomona en lagos de sangre americana, que cada día surtiera a nuestra costa el cruel Mavorte,(12) a merced de nuestra misma división.
Estos ejemplares son de casa, y el uno muy reciente. ¿No será, pues, un dolor que en el estado libre, soberano e ilustrado de Durango(13) (lo mismo digo de todos) se trate ahora de renovar estas catástrofes, dividiéndose en partidos y procurando destruirse mutuamente? Todo reino, dice Dios, que se divida, se desolará. Regnum in se ipsum divisum, desolabitur.(14) Lo mismo se debe entender de toda nación, sea cual fuere el sistema de su gobierno.
Yo, sin saber por qué, me hallo en el compromiso más terrible con los ilustrados y patriotas hijos de Durango. Así como en México se conocen los partidos con los nombres de yorkinos y escoceses,(15) y en Oaxaca(16) con los del aceite y vinagre,(17) así en Durango se indican por aristócratas y demócratas, y llévese el diablo lo que hay de real y efectivo en todos los partidos.
Acuérdome ahora de un cuentecillo que leí en las Helvianas(18)(a) y no se me ha de quedar en el tintero. Una noche de luna, así como entre claro y oscuro, se encontraron dos viejas en una calle de París, asomando cada cual por una esquina. Al instante que se vieron se juzgaron fantasmas una a la otra. El resultado fue espantarse la una con la otra, y no atreviéndose a dar un paso atrás ni adelante, permanecieron estáticas, mirándose a lo lejos hasta que asomó por el oriente la bella aurora, y entonces conocieron que no eran fantasmas, sino unas viejas muy ridículas y despreciables. Así me parece que sucede en el día con los partidos de todas partes. Por cualquier friolera dividen la opinión; esta opinión, así dividida, se hace de prosélitos; cada fracción tiene los suyos, que se procuran aumentar y sostener defendiendo a punta de espada su sistema. La división se aumenta, fermenta el odio, y lo que al principio era una diferencia de opinión, viene a parar en un rencor de las personas que suele ser la descubierta precursora de las guerras civiles. Si venimos a examinar los principios de estos disturbios, por lo común, o se fundan sobre equivocaciones o sobre caprichos, y rara vez sobre apoyos justos y racionales. Casi siempre, los hombres, deseando llegar a un mismo fin, varían los medios, como cuando dos caminantes que se dirigen a una posada, el uno se extravía por veredas, pensando abreviar, y el otro toma el camino real y trillado.
Estoy algo instruido de las convulsiones de Durango. De cada partido tengo cartas y documentos impresos. Me he impuesto del fondo de la cuestión y de las razones que militan en pro y en contra de ambos partidos. Mas no es ahora de mi propósito hablar nada sobre esto, ni renovar llagas que ya se van cicatrizando. El espíritu que guía mi pluma en esta vez no es el de partido, adulación, bajeza ni venalidad: es el de la unión y fraternidad.
En Durango ha habido sus disputas acaloradas y aun facciones criminales. Si hubo diputados que se expresasen agriamente contra el pueblo, según se dijo del senador Alcalde,(19) también una facción de este pueblo ha faltado al decoro y respeto debido a la respetable asamblea de diputados, presentándose en sus Cámaras armados de pistolas y puñales, formando conspiraciones contra el gobierno e imprimiendo proposiciones tan irritantes como absurdas. Si el honorable Congreso dictó la ley terrible de 7 de agosto,(20) e invistió al gobierno de facultades extraordinarias, fue a más no poder y para evitar desórdenes de peores trascendencias. A mula tonta, arriero loco,(21) dice el refrán. Estas bullas y trámites fuertes son inexcusables a los gobiernos cuando ven comprometida la tranquilidad pública y sus mismos funcionarios.
Ya dije y repito que estoy impuesto del fondo de la cuestión, y que no quiero entrar en análisis, porque peor es meneallo.(22) Si malo es San Juan de Dios, peor es Jesús Nazareno,(23) dice otro refrancillo vulgar, hablando de hospitales de México. Así es que quiero suponer que la Cámara de Diputados infringió la ley y la de Senadores también, que faltó al pueblo y éste faltó al respeto que les debía, ¿qué quiere decir todo esto? Que todos se faltaron. Y ¿qué sacáramos hoy con indagar en quién estuvo la culpa? Nada más que irritar los ánimos y soplar un fuego que acaso se irá extinguiendo. Lejos de mí tan malicioso modo de conciliar.
Amo a los durangueños, y sólo deseo que se unan todos para que sean felices. Creo que esos decantados partidos caminan a un fin, cual es asegurar la Independencia y libertad de la patria; ¿por qué, pues, extraviarse y no unirse? Caminando en convoy se camina más seguro que solo. Si todos preciamos de patriotas, ¿para qué nos andamos poniendo nombres como los muchachos de la escuela? Escoceses, yorkinos, aceite, vinagre, aristócratas, demócratas, etcétera. Estas vocecillas o apodos sólo sirven para irritarnos, fomentar las esperanzas de nuestros enemigos, los que a la vez que puedan, nos asestarán tiros seguros, mientras nosotros reñimos mutuamente sobre si somos galgos o podencos.(24)
“El espíritu de partido, decía el sabio Washington en su despedida al pueblo de los Estados Unidos del Norte, el espíritu de partido es inseparable de nuestra naturaleza, teniendo sus raíces en las pasiones más vehementes del corazón humano. Existe bajo diferentes formas en todos los gobiernos...; pero en los democráticos aparece con mayor latitud, y es en realidad el mayor enemigo que tiene.
“El alternativo predominio de una facción sobre otra, aguzado con el espíritu de venganza, natural a las disensiones de partidos, que en diferentes épocas y países ha causado los más enormes crímenes, es ya un horrible despotismo. Pero éste conduce al fin a otro, aunque más formal y permanente. Los desórdenes y miserias que resultan van inclinando por grados los espíritus de los hombres a buscar seguridad y reposo en el poder absoluto de un individuo; y tarde o temprano, el jefe de alguna facción predominante, más hábil o más afortunado que sus competidores, se vale de esta disposición para sus fines particulares de elevación sobre las ruinas de la libertad pública.
“Sin adelantar la vista hasta un extremo de esta especie (que no obstante no debe echarse del todo en olvido), los daños comunes y continuos que el espíritu de partido causan, bastan para que sea el interés y el deber de un pueblo sabio desacreditarlo y reprimirlo.
“Siempre sirve para extraviar la opinión pública y para debilitar el gobierno; agita a los miembros de la comunidad con animosidades mal fundadas y con falsas alarmas; encarniza unos contra otros, y fomenta los disturbios e insurrecciones; abre la puerta al influjo extranjero y a la corrupción, que encuentran un acceso fácil aun con el mismo gobierno..., y de este modo, la política y la voluntad de una nación quedan sujetas a la de otras.
“Se ha dicho que los partidos, en los países libres, sirven con utilidad de freno al gobierno y de mantener en toda su actividad el espíritu de libertad. Esto hasta determinado grado puede ser cierto, y en gobiernos de un carácter monárquico, el patriotismo puede mirar con indulgencia, si no con favor, al espíritu de partido. Pero en gobiernos populares, en gobiernos puramente electivos, ese espíritu no debe fomentarse. Por su tendencia natural, siempre existirá el suficiente para los fines saludables; y como el peligro del exceso en ese espíritu es siempre constante, la fuerza de la opinión pública ha de emplearse por regla general en mitigarlo. Un fuego que no puede sofocarse, exige una vigilancia perpetua para impedir que rompa en llamas, o de lo contrario, en vez de calentar, abrasa.”
El estado de Durango acaba de experimentar la verdad de esta doctrina. Mas, por fin, ya se verificaron las elecciones, y ya no se debe insistir sobre antiguos resentimientos ni porfías inútiles. El origen de las pasadas disputas (según los papeles de ambos partidos, que tengo a la vista) me parece que no fue otro sino un celo patriótico mal entendido. Cada partido creía a su contrario perjudicial al Estado, y por eso tanto empeño en desacreditarse e injuriarse mutuamente; mas yo espero de la docilidad de los durangueños que, haciendo lugar a la calma de las pasiones, conocerán que no son fantasmas sino hermanos, amigos y patriotas, que el interés en conservar la paz del Estado y respetar a las autoridades, debe ser común a todo ciudadano. Al punto que hagan lugar a tales reflexiones, cesarán para siempre las rivalidades y se darán el abrazo de la más estrecha amistad.
El espíritu con que escribo este papel, he dicho que no es con el de venalidad ni de partido, sino con el de la justicia y el deseo de la felicidad general de todos los habitantes de Durango. Si en mi anterior me expliqué con dureza contra las facultades extraordinarias, fue porque ignoraba los escandalosos atentados que las motivaron; y si declamé contra el señor Alcalde, fue porque vi las expresiones que se le atribuyen. Si, en efecto, se expresó con deliberación de esa manera y delante del pueblo su comitente, obró muy mal y habló el idioma de la tiranía. En este caso, lo escrito, escrito;(25) pero si no se produjo en tales términos, es preciso dejarlo en su buena opinión y fama.
Me he explicado de esta manera porque se me ha escrito de Durango que allá se dice que dicho senador trataba de hacerme un obsequio de mil pesos(26) porque ya no escribiera sobre esto.
Es menester decir, en honor de aquel representante y del mío, que la especie es totalmente falsa. Ni el señor Alcalde sería capaz de abatirse a tamaña bajeza, ni mi pluma vale tan poco dinero para manifestarme venal. Todo mi objeto, queridos durangueños y compatriotas míos, es haceros ver los peligros que trae consigo la desunión, desviaros de ella, y procurar que hagáis vuestra felicidad unidos, acordándoos de la máxima de Salustio: con la concordia se engrandecen los pequeños Estados; la discordia destruye aun los mayores.(27) ¡Feliz yo si aprovecháis esta lección!
México, octubre 10 de 1826.
El Pensador.
(1) México: 1826. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. La tragedia de los gatos...]. Durango. Cf. nota 9 a Disputa de los Congresos...
(2) Divide y manda. Cf. nota 28 a La tragedia de los gatos...
(3) En Tlaxcala se preparó la invasión de Tenochtitlan aprovechándose de su guerra sin cuartel contra los aztecas. Cortés envió una embajada a los tlaxcaltecas ofreciéndoles su ayuda contra los mexicanos. “La desunión de los tlaxcaltecas con los mexicanos facilitó la conquista.” Conversaciones del Payo y el Sacristán número 6, en Obras V, op. cit., p. 116.
(4) En el Cuarto ataque al castillo de Ulúa se lee: “Si los tlaxcaltecas se acuerdan que son indios, nunca los españoles se hacen dueños del imperio de Moctezuma. El odio los dividió, y la división los hizo esclavos”, Obras XII, op. cit., p. 473.
(5) Cf. nota 13 a La tragedia de los gatos...
(6) Inquisición. Cf. nota 16 a Calendario histórico...
(7) Hidalgo. Cf. nota 74 a Impugnación que los gatos...
(8) Dolores. Cf. nota 5 a Calendario para el año...
(9) Saltos. Usando sinécdoque alude a José Guadalupe Salto. Cf. nota 25 aImpugnación que los gatos...
(10) Morelos. Cf. nota 75 a Impugnación que los gatos...
(11) Matamoros. Cf. nota 77 a Impugnación que los gatos...
(12) Mavorte. Del latín Mavors, Mavortis. Poéticamente Marte, dios de la guerra.
(13) Cf. nota 9 a Disputa de los Congresos...
(14) Regnum in se ipsum divisum, desolabitur. Lc. 11, 17.
(15) Cf. Nota 11 de A ti te lo digo...
(16) Oaxaca. Cf. nota 40 a La tragedia de los gatos...
(17) En la nota b de Entre bobos... aclara el asunto de este apelativo de aceite y vinagre.
(18) “Helvianas. En el Manual del librero hispanoamericano (2ª ed., Barcelona, Librería Palau, 1953, t. VI, p. 536) se registra lo siguiente: “Helvianas (Las), o Cartas filosóficas, traducidas del Francés al Castellano por D. Claudio Joseph Vidal... En Madrid. Por Don Antonio de Sancha. Año de MDCCLXXXVII. Se hallará en su Librería en la Aduana Vieja (1787), 3 vols.”
(a) Es una obrita con este título.
(19) Alcalde. Cf. nota 5 a Ya en Oaxaca...
(20) Alude a la necesidad de que se declararan las logias masónicas que había en la capital, de la que ya habló en el folleto anterior. Cf. nota 3 a Persigan a los masones...
(21) A mula tonta, arriero loco. Refrán que había usado Lizardi: “amonéstesele a su excelencia, que para otra vez se acuerde del vulgar refrán que dice: a mula tonta, arriero loco.” Correo Semanario de México núm. 8, en Obras VI, op. cit., p. 133. “Golpes tan fuertes así se necesitan para afianzar nuestra independencia. A mula tonta, arriero loco, dice el refrán.” Conversaciones del Payo y el Sacristán núm. 24, en Obras V,op. cit., p. 250.
(22) peor es meneallo. “Peor es hurgarle. Phrase que dá á entender, que á veces no conviene apurar mucho las cosas.” “Peor es meneallo denota ser peligroso hacer memoria ó tratar de cosas de que se originaron disgustos ó desavenencias, ó á que no se ha de hallar remedio, disculpa o explicación satisfactoria.” Dic. de autoridades.
(23) Si malo es San Juan de Dios peor es Jesús Nazareno. “Se usa únicamente en sentido figurado para expresar que dos determinadas personas son igualmente malas, pérfidas, perjudiciales. Cuando el refrán se echó a volar, y de esto hace mucho tiempo, se le juzgó irreligioso, irreverente; pero se encontró en el acto la salida, y se dijo que el refrán se refería a los dos hospitales que existían en México, el de San Juan de Dios y el de Jesús Nazareno, diciéndose que los dos hospitales estaban en las mismas malas condiciones para cumplir debidamente con el fin para el cual habían sido instituidos.” Darío Rubio, Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, op. cit., p. 422. San Juan de Dios y Jesús Nazareno. Cf. notas 37 y 208 a Calendario histórico...
(24) Cf. nota 13 a No hay por qué...
(25) lo escrito, escrito. “Una carta escrita queda”, así reza una locución latina de autor anónimo, “lo escrito, escrito queda” dice el vulgo. Vicente Vega, Diccionario ilustrado de frases célebres y citas literarias, op. cit., p. 106. Cf. nota 30 a Impugnación que los gatos...
(26) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...
(27) “Yo, por cierto, os entrego un trono sólido, si obrareis con virtud, y, en cambio, débil, si procediereis injustamente, pues los Estados pequeños se acrecientan con la concordia, y con la discordia los más grandes se derrumban.” Cayo Salustio Crispo, Guerra de Yugurta X, 6, en Guerra de Yugurta. Fragmentos de las historias. Cartas a César sobre el gobierno de la República, introducción, versión española y notas por Agustín Millares Carlo, México, UNAM, 1945 (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana), p. 8.