CUENTECILLO(1)

 

Cierto Predicador

 

Esforzando su celo, y su fervor,

Los vicios reprehendía,

Y a su atento auditorio le decía:

Venid, hombres malditos,

Depósitos de errores, y delitos,

A todos os convoco,

Venid, veréis, que en vuestras culpas toco,

Y a cada uno, de paso

Le iré diciendo lo que viene al caso.

Ven acá tú, lascivo,

Que ya pareces esqueleto vivo,

Y no te sale el mal del corazón

A pesar de una unción, y de otra unción.

Ven acá tú, logrero,

Viejo ambicioso, avaro y usurero,

Que compras con doblones

Tus Avernas seguras posesiones.

Ven acá tú, casado, inicuo padre,

Que a tus hijos consientes por la madre;

Da, dale gusto a esa Eva

Y verás, que a ti, y a ella el diablo os lleva.

Ven acá tú, borracho... apenas dice

Esta expresión el Padre, un infelice

Hijo de Baco, que a chiripa(2) oyendo

Estaba aquel sermón entre durmiendo,

Creyó, que con enojos

El Padre lo llamaba: abre los ojos:

Por entre gente tanta

Se para: cae aquí; y allí levanta:

Al Púlpito se inclina, con gran prisa.

Y (lo que al auditorio da más risa)

El pobre, con la rata que tenía

Muy cortés a la gente le decía:

Señores, por los huesos de su madre,

Denme licencia, que me llama el Padre,

No quedó hombre, mujer, viejo, muchacho,

Que no supiera estaba aquel borracho.

 

Si te ves retratado

En la Sátira, está disimulado,

Pues si mostrar deseas

Cual es, o Celio, el pie de que cojeas,

basta sólo que digas: por su Madre

denme licencia, que me llama el Padre.



(1) Texto localizado y publicado por Nancy Vogeley. Copia impresa en Austin con los datos de la Imprenta de Doña María Fernández de Jáuregui, 1811.

(2) chiripa. De casualidad.