CHANZAS Y VERAS DE EL PENSADOR MEXICANO
Diálogo entre el autor y un licenciado(1)
LICENCIADO: Buenos días, Pensador ¿cómo va?
AUTOR: No hay novedad, amigo, ¿y a usted?
LICENCIADO: Viviendo... ¿Qué se hace usted?, ¿qué papel es ése?... ¡Hola! Chanzas y veras de El Pensador... ¡bonito título!, ¿y de qué trata?
AUTOR: De lo del día.
LICENCIADO: ¿Cómo, de la insurrección?
AUTOR: ¡Qué insurrección ni que calabaza!, de la peste(2) que es la insurrección más terrible por ser la plaga que tenemos más cerca.
LICENCIADO: Por cierto que usted escribe en la agua y predica en desierto.(3)Déjese usted de perder el tiempo en esas cosas, ¿no ve usted que no hay ni quien se lo pague, ni quien se lo agradezca?
AUTOR: Se engaña usted, Dios me lo pagará, y los hombres sensibles que estuvieren penetrados de los sentimientos de piedad, me lo agradecerán sin duda alguna.
LICENCIADO: Todo está bueno, pero yo no escribiera en el asunto, si fuera(3a)usted; ya hemos visto sus deseos por el bien público, ya ha propuesto arbitrios fáciles para subvenir la calamidad presente y ya ha predicado como un misionero y no vale: todo se está como se estaba, y los ricos y los que pueden no se prestan a estos tan debidos socorros; con que déjelos usted y no se meta en camisa de once varas.(4) Si se muere la gente, que se muera. Si no hay caridad, que no la haya, y si se lo lleva el diablo,(5) como Dios se los tiene ofrecido,(a) que se los lleve. Usted procure salvarse y deje correr la bola(6) con los otros, a bien que usted ni es magistrado, ni rico, ni padre de todas las familias y no ha de ser responsable de los crímenes ajenos.
AUTOR: Yo no puedo conformarme con esa doctrina. No quisiera que murieran los pobres como mueren por falta de auxilios, ni que faltara la caridad, ni que por la indolencia de los pudientes se condenaran éstos. No soy padre general de familia ni tengo (ni apetezco) representación; pero soy próximo y hermano de los hombres, y este íntimo parentesco me obliga a sacrificar mis cortas luces en su obsequio.
LICENCIADO: Pues haga usted lo que le dé gana, que ahí se sacará el pago... me voy porque mi mujer está mala y el diablo del médico no ha parecido.(7) Si no lo hallo ahora en su casa, voy a buscar otro; el caso es que a mi mujer no la falte médico a la cabecera.
AUTOR: Bien hecho. Usted no quiere enviudar, seguramente.
LICENCIADO: Antes lo contrario, ¿cómo pudiera yo enviudar si no entrara médico a mi casa? ¿No ve usted que los médicos son la peor peste de las ciudades, y por eso en la culta Roma los desterraron a todos por el amor de la patria?
AUTOR: Su genio de usted es festivo. Ya sé que habla usted en chanza;(8) si no me escandalizara de tanta vulgaridad y generalidad...
LICENCIADO: ¿Cómo es eso de chanza?, muy de veras hablo, pues ¿no ve usted y qué prisa se están dando los médicos de México para despachar a los pobres en la presente peste?
AUTOR: Pero usted no debe barrer con todos, sino exceptuar a los buenos.
LICENCIADO: ¿Quiere usted decirme quiénes son para alabarlos? Yo lo que veo es que todos matan, los de coche, los de a caballo y los de a pie, y así, no me sermonee usted que en siendo médicos todos son unos.
AUTOR: Hombre, eso es desatino, en todo hay de todo. El que los enfermos se mueran es preciso; el que ellos yerren, también; uno y otro es propensión de los mortales. No siempre corresponde el prognóstico(9) del médico a su diagnóstico: muchas veces es mayor la fuerza del mal que la eficacia de los remedios, y así no siempre está la salud del enfermo en la mano del médico; entonces querríamos hacerlos dioses y que tuvieran la virtud de hacernos inmortales contra aquel sta[tu]tum est hominibus semel mori. Un gentil fue Ovidio y conoció esta verdad cuando dijo: Non est in medico semper relevetur ut aeger; interdum medica plus valet arte malum.(10)
LICENCIADO: Todo puede ser; pero yo voy con Feijoo que los puso como merecían.(11)
AUTOR: El ilustrísimo Feijoo habló de los malos. De éstos usted y yo podemos hablar también. El médico bueno es digno de honra...
LICENCIADO: Sí, sí, no me ensarte usted ahora todos los catorce versículos del capítulo 38 del Ecclesiástico(12) en su favor. Acuérdese usted del quince en que dice: el que delinquiere en la presencia de Dios que lo crió, caerá en las manos del médico.(13) ¿Esta qué es sino una maldición?, como quien dice, el que matare a otro alevosamente caerá en las manos del verdugo.
AUTOR: Ya diré que es así: el texto es el mismo y su sentido no puede ser otro; pero siempre cabe la distinción del médico bueno y del malo. De éste quéjese usted enhorabuena, pero no los confunda a todos.
LICENCIADO: ¡Por vida de dios Baco!(14) Si yo no he visto uno bueno, ¿qué distinción quiere usted que haga?
AUTOR: Ésa ha sido singular desgracia; pero de que los hay, los hay, el caso es dar con ellos.(15)
LICENCIADO: Ahí está el quid de la dificultad. Mire usted, yo no quiero desesperar a usted: estoy hablando facetamente(16) según mi genio. Yo sería su primer apologista. Sé que la medicina no es ciencia, porque ésta es un conocimiento cierto y evidente adquirido por demostración. Y ¿qué certeza puede tener la medicina donde siempre se pulsan escombros y se camina sobre espinas?
AUTOR: Ya se ve que no es ciencia, es arte, como la definió Hipócrates: Ars longa,(17) etcétera.
LICENCIADO: Pues ni aun esa honra le hago: entonces peor salieran los médicos de mi mano. Arte sabe usted que es lo que está sujeto a unas reglas infalibles, como en matemáticas, que tenemos infalible seguridad de acertar con la resolución de infinitos problemas; pero en la medicina ¿cuál es el remedio infalible que conocemos? Probables muchos, infalibles yo creo que ninguno, porque aunque nos dicen que el mercurio es un antivenéreo segurísimo,(18)y la quina un antifebrífugo sin falla,(19) yo lo que he visto es muchos azogados gálicos(20) y muchos quinados tabardillentos.(21) Conque así, ni es arte ni es ciencia la medicina.
AUTOR: Pues si no es ciencia ni arte, ¿qué es?
LICENCIADO: En mi concepto no es más que una contingencia todo acierto, y los más de éstos dependen más del magisterio de la naturaleza que de los auxilios del médico.
AUTOR: Parece temeridad tal aserto.
LICENCIADO: Podrá serlo; pero yo así lo tengo entendido, porque he vivido algunos años en países donde no había médico y he visto curaciones milagrosas.
AUTOR: También habrán sido accidentes de la naturaleza.
LICENCIADO: No, la naturaleza jamás obra por capricho ni por antojo. En ella no cabe contingencia; siempre obra dirigida por aquellas reglas ciertas que Dios la señaló(22) en su principio. No se admire usted de que los hombres sanen, tal vez, en manos de la naturaleza y perezcan en las de los médicos. La razón es clara. Haga usted cuenta que la vida de un hombre la disputan la naturaleza y el mal. Aquélla siempre se inclina a la conservación del individuo y, como quiere que viva, hace cuantos esfuerzos puede por darle la salud. El mal, por el contrario, desea exterminarlo y así procura con vehemencia arruinar a la misma naturaleza, su amiga. He aquí la lucha en que el paciente es el premio que se disputan los contendientes. Si la naturalezaprepondera sobre el mal, vive el enfermo. Si el mal vence la naturaleza, muere el enfermo. En medio de esta lucha se llama al médico: si éste es bueno se pone desde luego de parte de la naturaleza y vence; pero si es malo, se une (involuntariamente) a la malicia de la enfermedad, y con tal auxilio entre los dos dan cuenta brevecito(23) del paciente. Usted cree y confiesa que en todas las ciencias, artes y facultades son más los malos que los buenos; luego entre los médicos más abundan los primeros que los segundos. De esto se sigue necesariamente que de los enfermos que llaman al médico perecen más que de los que se entregan a la naturaleza, porque los más están asistidos por malos médicos y éstos son los auxiliares de las enfermedades, y así no se espante usted de que en los pueblos sanen más fácilmente que en las ciudades, porque allí tiene la naturaleza menos enemigos que en éstas.
AUTOR: Pero si usted conoce los yerros de los médicos son involuntarios, ¿por qué los culpa?
LICENCIADO: Dije que son involuntarios por política, esto es, por conformarme con el carácter escrupuloso de usted; pero si los médicos no estudian con tesón así en los autores como en la naturaleza, si no examinan ésta en los hospitales constantemente y en los enfermos que son sus mejores libros y bibliotecas, si no saben hacer unos cálculos racionales por falta de atención y se desentienden de la razón por seguir su capricho o su sistema, ¿diremos que yerran sin su voluntad? Aún hay más. Puede un médico estudiar o decirnos que estudia, puede ser buen físico, anatómico y botánico o decírnoslo, y así creeremos que los que se mueren sea por desgracia y no por ineptitud. En fin, pueden engañarnos los médicos con lo que no vemos; pero ¿cómo se disculparán de la indolencia y poca caridad que les advertimos? Yo no hablo a tintín de boca,(24) sino con evidencia. ¿Sabe usted lo que he visto?, pues espántese y llore conmigo su iniquidad. He visto llegar un médico, de la que se dice caridad, y, sin entrar siquiera al umbral de la puerta de los cuartitos de los pobres, hacer dos o tres preguntas (que las sabe hacer un pilguanejo)(25) y recetar quién sabe qué ni para qué: ¿será ésta caridad?, ¿cumplirán así con su obligación?, ¿advertirán las novedades de la naturaleza? Pues esto yo lo he visto, y si quieren diré quién es el médico o médicos, quiénes los enfermos, cuál la casa, cuáles las recetas y las boticas donde las despacharon, y señalaré a más muchos testigos. Hoy 12 de julio a las cuatro de la tarde acaba de espirar en mis manos un infeliz despachado por semejantes facultativos. Dígame usted también, ¿qué disculpa pueden tener ante Dios ni ante el mundo de tantos miserables que están muriendo sin Sacramentos porque no se persuaden en razón de su ignorancia de la gravedad del mal que acaso se les esconde? ¿No saben que estas fiebres son gravísimas? ¿Ignoran que el mal mina la salud secretamente?, ¿que de un instante a otro mueren los hombres, y algunos sin haberse quejado una vez? ¿Pues por qué son indolentes y fanfarrones en dar al enfermo una esperanza fugaz y en prometerles una seguridad de que ellos mismos carecen? Dígales usted a los que no lo sepan que se hacen reos de estas desgracias, que en el Concilio de París del año de 1429 se ordena a los médicos que exhorten a los enfermos que están de peligro a que se confiesen antes de darles los remedios corporales, y negarles su asistencia si no se sujetan a su consejo.(26) El Concilio de Tortosa del mismo año prohibe a los médicos hacer tres visitas seguidas a los enfermos que no se hayan confesado.(27) El Concilio II de Letrán de 1215 dice en el canon 24 que cuando sean llamados los médicos para los enfermos deben ante todas cosas advertirles se provean de médicos espirituales para que, habiendo tomado los enfermos las precauciones necesarias para la salud de su alma, les sean más provechosos los remedios para la curación de su cuerpo.(28)Todo esto le encargo a usted les diga a los médicos indolentes, y a los enfermos dígales que no se fíen de éstos ni de ninguno cuando se trata de un asunto tan serio en que les va no menos que la salvación o condenación de sus almas, sino que luego luego que se sientan heridos de la fiebre se dispongan despacio y bien, que rara vez no da lugar el mal; pero que no esperen a que el médico lo mande, ni se fíen cuando les diga que no es cosa,(29) que no es necesario todavía el Viático; que él avisará, y otras iguales boberías. Que sepan que el consejo no es mío sino del apóstol Santiago en su epístola, capítulo 5 versículo 14 que dice: "Si alguno de vosotros se enferma, haga llamar los sacerdotes"...(30) Dígales usted, en fin, que tomen estos consejos, que no cuestan dinero y jamás se arrepentirán de su observancia.
AUTOR: Me gusta usted cuando discurre con seriedad; pero hay algo peor que los médicos para el caso de irse sin Sacramentos.
LICENCIADO: ¿Qué cosa?
AUTOR: Que algunos señores sacerdotes se hacen de rogar mucho para ir a ministrar la penitencia a los enfermos que la piden, y otros se niegan redondamente.
LICENCIADO: Hombre, no me diga usted tal cosa, ¿es posible?
AUTOR: Sí, señor. Yo puedo justificar algunos casos, y de oídas sé que en cierta parte hasta han quitado el cordel de la campana para que de noche no incomode[n] pidiendo confesiones.
LICENCIADO: ¡Jesús, amigo, Jesús!, ésta sí es la fatalidad mayor que se puede experimentar: negarse los ministros del Señor a partir el pan a los pobres párvulos, y que éstos, teniéndolo tan abundante a merced de Jesucristo, mueran sin él porque no haya algunas veces quién se lo aplique a la boca, ¡espanta, escandaliza!
AUTOR: ¿Sabe usted?, algunos dicen que no tienen obligación, que ocurran a los curas y vicarios...
LICENCIADO: ¡Disculpa frívola! A todos comprehende la ley en este caso: no hay cura ni vicario; todo sacerdote con licencias de confesar debe hacerlo cuando se presente la ocasión.
AUTOR: También muchos temen contagiarse.
LICENCIADO: No importa: que mueran en su oficio, ¡qué más gloria! El soldado pasea en la paz, pero trabaja y muere en la guerra. Dígales usted a estos padrecitos que si no fueron llamados, ¿para qué se metieron al ministerio?; el que no tiene valor ni disposición ¿para qué emprende la milicia?, así el que ni tiene fervor ni espíritu evangélico para dar la vida por sus hermanos, como Jesucristo, ¿para qué ha profanado el Santuario? Dígales usted que a ellos se les dice en las Sagradas Letras: "el Señor no te envió, y tú hiciste confiar al pueblo en tu mentira" (Jeremías, capítulo 23).(31) Sí, amigo, los pobres y todos estamos confiados en los sacerdotes creyendo que, pues para eso se ordenaron, luego que solicitemos los Santos Sacramentos nos los vendrán a impartir con mucha prontitud, dulzura ya caridad; y muchos infelices, ¡ay!, por más que los invocan no los hallan o los hallan desabridos como a fuerza. Felices vosotros, ministros verdaderos del Señor, que cumpliendo exactamente con el encargo que se os ha fiado, mereceréis congratularos con su Majestad eternamente. Pero ¡ay de aquél que debiendo socorrer a su hermano, lo abandona y lo hace perecer espiritualmente! Tema lo que el Supremo Juez anuncia por Ezequiel, capítulo 24: "Yo requeriré de su mano mis ovejas."(32) En fin, amigo, en esto usted dirá lo que le parezca con la moderación que corresponde, porque los sacerdotes, aun los malos, son por su carácter dignos de nuestro respeto. Yo esto lo digo porque me duelen algunos desdenes que veo hacer a los pobres y que de estos muchos mueren sin confesión por la desidia o miedo de algún otro padre que teme contagiarse. Éste es un punto digno de tratarse con mucha gravedad. Ya sabe usted que soy cristiano y siempre he tributado mi veneración al estado eclesiástico.
AUTOR: Yo también, y tengo ejecutoriada la prueba, pero siempre me pondré y usted me hallará de parte de la razón y caiga quien cayere...(33)
LICENCIADO: Por último, ya hemos enredado bastante y voy a ver al médico... A Dios.
AUTOR: A Dios, licenciado.
(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.
(2) peste. Cf. nota 18 a los Avisos de El Pensador.
(3) escribe en la agua y predica en desierto. "Escribir en el agua" equivale a "escribir en la arena": frase con la que se da a entender la poca firmeza o duración en lo que se resuelve o determina. "Predicar en el desierto" es intentar infructuosamente, con palabras o actos, persuadir a personas no dispuestas a admitir los argumentos que se les dan.
(3a) "si fuera que usted" en el original.
(4) no se meta en camisa de once varas. No se inmiscuya en lo que no le incumbe o importa.
(5) lleve el diablo. O "darse al diablo", Cf. Santamaría, Dic. mej.
(a) Vae impio in malum: retributio enim mannum ejus fiet. Isaías, Capítulo 3 ["¡Ay del impío! Mal le irá, porque se le pagarán las obras de sus manos. Is. 3, 11"].
(6) dejar correr la bola. Dejar que un suceso o ciertas versiones (murmuraciones) sigan su curso sin intervenir en ellos. También se usa "dejar rodar la bola". Cf. Santamaría, Dic. mej.
(7) parecido. "Aparecer ú dexarse ver alguna cosa. Es del Latido [sic] Apparere, que significa lo mismo, y tiene la anomalía de los acabados en ecer." Cf. Dic. de autoridades.
(8) chanza. Cf. nota 9 a El crítico y el poeta.
(9) prognóstico. Arcaísmo. Góngora también usa la g etimológica en los versos 302-303 de Polifemo: "Al marinero, menos la tormenta / Prevista le turbó, o prognosticada."
(10) "No alcanzan los médicos con su facultad a curar todas las enfermedades: muchas veces toda la medicina no puede con toda la malignidad del mal [...]. 'Non est in medico semper relevetur ut ager. Interdum doctâ plus valet arte malum' [...] Ovid. de Ponto, Lib. I, Eleg. IV." Cf. Nicolás Jamín, El fruto de mis lecturas, op. cit., cap. V, pens. XX.
(11) Se refiere al discurso de medicina que Feijoo escribió en su Teatro crítico universal, donde se asienta: "es cosa tan común en los médicos de mayor estudio y habilidad de su arte para expugnar las enfermedades, como en los inhábiles ostentar gran confianza en ella, para triunfar en estos enemigos". Ahora bien, "Consideren [...] los vulgares (que en un médico ordinario contemplan la deidad de Apolo, y en la inútil poción de la Botica la virtud del oro potable) qué confianza pueden tener en una facultad de quien desconfían tanto los que más han estudiado en ella. Si en los preceptos establecidos por los mejores autores hay tanta incertidumbre, ¿con qué seguridad puede prometerles la salud un médico que lo sumo que puede haber hecho es tener muy bien estudiados esos mismos preceptos?" Feijoo confiesa no estar en contra de la medicina —"antes la amo mucho"—, sino en contra de las promesas médicas que se extendían hasta donde no llegaba su conocimiento. Llega a la conclusión de que "no hay cosa segura en la Medicina" debido a que contiene sistemas opuestos. Así, había médicos "hipocráticos, galénicos, químicos y experimentales puros, porque los paracelsistas y helmocianos, casi del todo se acabaron, y según esta diferencia de clase siguen también en la curación diferentes rumbos." A esta inseguridad también contribuía la moda en lo que atañe a los medicamentos, o sea, "al paso que van cobrando crédito unos medicamentos, lo van perdiendo otros." "Todo en la medicina es disputado, luego todo es dudoso." Feijoo subraya que esta crítica sobre "el conocimiento de lo poco que se puede esperar de la Medicina" traería "muchos provechos", y esperaba, así mismo, que "los médicos deben en conciencia [...] concurrir por su parte al desengaño". Cf. Teatro crítico universal, op. cit., t. I, pp. 114 a 141.
(12) El capítulo 38 trata de "la templanza, de los médicos y los muertos." Véase en especial Ecli. 1, 14.
(14) ¡Por vida del dios Baco! "Por vida de..." es una frase deprecatoria muy usada entre la gente del pueblo, posponiéndole algo sagrado o querido por el interlocutor.
(15) de que los hay, los hay, el caso es dar con ellos. También se usa "Si de que los hay, los hay; el trabajo es dar con ellos", significando "Que no hay que poner en duda que hay hombres tontos por el hecho de que alguna vez sea difícil encontrarlos".
"Esto es lo que dice el refrán; pero se emplea para motejar a algún hombre en el momento preciso de hacer una tontería." Cf. Darío Rubio, Refranes, proverbios, dichos y dicharachos mexicanos, México, sin datos de imprenta, 1937, p. 418.
(16) facetamente. Facetada es un chiste afectado y sin gracia. Facetamente es en broma, aunque sin gracia. Cf. Santamaría, Dic. mej.
(17) Ars longa... Cf. nota 7 a El Sacristán enfermo.
(18) Se creía que el uso del mercurio era provechoso para curar la sífilis, peritonitis puerperal, hidrocefalia aguda, reumatismos, escrófulas, tisis, enfermedades del hígado, de los ojos, en la albuminaria, afeccions de la piel y como artelmúntico o como fundente de diversos tumores.
(19) En el Diccionario de autoridades se consigna que proviene del "Latín Cortex febrilis." La quina fue usada por sus propiedades antifebrífugas y antisépticas. Pero Feijoo escribe: "La quina ya se sabe que tiene muchos enemigos." Cf. Teatro crítico universal, op. cit., t. I, p. 141.
(21) Tabardillentos. Que padecen tifus. "Enfermedad peligrosa, que consiste en una fiebre maligna, que arroja al exterior unas manchas pequeñas como picaduras de pulga, y à veces granillos de diferentes colores: como morados, cetrinos, etcétera." Cf. Dic. de autoridades.
(22) la señaló. Cf. nota 4 a la Respuesta de El Pensador al Amigo Visitante.
(23) dar cuenta brevecito. Dar fin prontamente a la vida. Respecto a las partes de la medicina, Feijoo en su Teatro crítico universal considera que la forman la botánica, la química y la anatomía. Añade que los descubrimientos de la anatomía son útiles en lo filosófico porque explican estructura y uso del cuerpo humano, cuyo conocimiento forma parte de la física.
(24) no hablo a tin tin de boca. Por el puro placer de hablar, sin juicio o consideración. Cf. Jack Emory Davis, Estudio lexicográfico de El Periquillo Sarniento, tesis doctoral, Tulane University, 1956. Reproducido por University Microfilms, Ann Arbor, Michigan, p. 192.
(25) pilguanejo. Cf. nota 12 a El sacristán enfermo.
(26) En El Periquillo Sarniento, tomo III, capítulo IV, "En el que nuestro Perico da razón de cómo concluyó el cura su sermón, de la mala mano que tuvo en la peste", dice: "el Concilio de París del año de 1429 ordena a los médicos que exhorten a los enfermos que están en peligro a que se confiesen antes de darles los remedios corporales, y negarles su asistencia si no se sujetan a su consejo". En el Diccionario portátil de los Concilios de Francisco Pérez Pastor, en la sección "Médicos", aparece lo siguiente: "Se ordena á los Médicos que exorten á los enfermos que están de peligro á que confiesen sus pecados antes de darles los remedios corporales, y negarles su asistencia, si no se sujetan á su consejo. Conc. de París, año 1429. Regl. 29". Cf. Francisco Pérez Pastor, Diccionario portátil de los Concilios. Que contiene una suma de todos los Concilios generales, nacionales, provinciales, y particulares y [...] a que se ha añadido una colección de cánones más notables, distribuidos por materias y puestos en orden alfabético, 2ª ed., Madrid, Imp. de Antonio Pérez de Soto, 1772, t. II, p. 353.
(27) En El Periquillo Sarniento, mismo tomo y capítulo, se dice: "El de Tortosa del mismo año [1429] prohibe a los médicos hacer tres visitas seguidas a los enfermos que no se hayan confesado". A su vez, en el mismo Diccionario portátil..., igual tomo y página, se anota: "Prohibe a los Médicos hacer tres visitas seguidas á los enfermos que no se hayan confesado. Con. de Tortosa, año 1429."
(28) En El Periquillo Sarniento (idem) se afirma "El Concilio II de Letrán, de 1215, en el canon 24 dice que cuando sean llamados los médicos para los enfermos, debenante todas las cosas advertirles se provean de médicos espirituales, para que, habiendo tomado los enfermos las precauciones necesarias para la salud de su alma, les sean más provechosos los remedios para la curación de su cuerpo." En elDiccionario portátil... Pérez Pastor escribe: "Quando los Medicos sean llamados para los enfermos, deben ante todas cosas advertirles, que se provean de Medicos espirituales, para que habiendo tomado los enfermos las precauciones necesarias para la salud de su [sic] Almas les sean mas provechosos los remedios para la curación de su cuerpo. II C. de Letrán, año 1215. c. 24." Cf. idem.
(29) no es cosa. No es conveniente u oportuno aquello a que se hace referencia.
(30) "¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor." Stg. 5, 14.
(33) caiga quien cayere. O "caiga el que caiga": hacer las cosas sin reflexionar o sin importarle al que las haga los perjuicios que puedan sobrevenir con ello.