CHAMORRO Y DOMINIQUÍN
DIÁLOGO SOBRE LA CORONACIÓN
DEL EMPERADOR DE MÉXICO
CHAMORRO: ¡Cuánto ha que no nos vemos, Dominiquín! ¿Dónde has estado?
DOMINIQUÍN: Comerciando, comerciando por esos mundos de Dios.
CHAMORRO: ¿Y todavía tan egoísta como siempre?
DOMINIQUÍN: No, ya no mucho. He conocido las ventajas que nos ha traído la Independencia, y ya soy independientísimo, sobre que es una gloria tener uno sus caballos seguros, andar libremente por donde quiera, pagar el seis por ciento de alcabalas y estar libre de tantas pensiones como teníamos en el gobierno antiguo. Dios se lo pague al señor Iturbide(2) que nos quitó tantas trabas, y bendita sea la Independencia.
CHAMORRO: Es que tú no sabes lo que se va a determinar.
DOMINIQUÍN: ¿Qué cosa?
CHAMORRO: Que con motivo de las escaseces del Estado, el gobierno está en la dura, aunque forzosa necesidad, de volver a imponer las mismas contribuciones que el anterior gobierno, aumentando las alcabalas, restableciendo el diez por ciento de fincas rústicas y urbanas sobre sus arrendamientos, celando el contrabando del tabaco(3) y sacando dinero de donde pueda.
DOMINIQUÍN: Eso sí es malo, malísimo y endemoniado; entonces ¿qué bienes nos han venido con la Independencia, si hemos de quedar como antes o tantito peor?
CHAMORRO: Pero, hombre, ¿no adviertes que ningún gobierno puede subsistir sin contribuciones, y que si debe velar sobre la seguridad interior y exterior de los ciudadanos, éstos están obligados a sostenerlo cada uno a proporción de sus facultades? Tú y todos querrán que se guarden las costas para estar seguros de una invasión extranjera, que en una guerra los deje pereciendo, que se guarden los caminos de ladrones y las ciudades también para tener asegurados sus intereses, etcétera, etcétera. ¿No es verdad?
DOMINIQUÍN: Es muy claro.
CHAMORRO: ¿Y esto con qué se hace?
DOMINIQUÍN: Con soldados.
CHAMORRO: ¿Y con qué se pagan?
DOMINIQUÍN: Con dinero.
CHAMORRO: ¿Y de dónde se saca?
DOMINIQUÍN: De las gabelas sobre coches, casas, capellanías, obras pías, ramos estancados, descuento de sueldos de militares y empleados, y de mil otras cosas, como no sean de alcabalas.
CHAMORRO: Pues no hay duda que estás muy enmendado de tu egoísmo. Como sólo eres comerciante viandante, repugnas la alcabala, porque te toca, sin dársete cuidado de las otras contribuciones que no te alcanzan. Si fueras empleado, poco o nada se te daría de las alcabalas, como no te tocaran a tu sueldo; y así de todo. Pues hijo, la verdad, yo no sé lo que dispondrá el gobierno para subvenir a sus enormes gastos; pero lo que sé es que todo ciudadano debe concurrir con su persona y bienes a sostener al gobierno, bajo cuya égide(4) vive, pues así se sostiene la patria.
DOMINIQUÍN: Eso que lo sostengan los ahijados del gobierno, aquéllos a quienes ha hecho gentes la Independencia, los excelentísimos, los usías, los que arrastran coches, visten bordados, jalan sueldos y sueldazos, lucen el taco(5) en charreteras y entorchados, y andan bamboleando en el Portal(6)las plumas tricolores como colas de gallo o de pavos reales vanidosos; que yo no tengo por qué dar mi dinero al gobierno que nada me ha dado a mí, y que bastante trabajo me cuesta andar por los caminos, expuesto a que me roben o a enfermarme por buscar un peso.(7)
CHAMORRO: ¡Vaya!, tú estás rematado y es menester dejarte, porque advierto que el que nació egoísta, egoísta vive y egoísta morirá, sin que le curen todos los políticos del mundo. Lo que se puede sentir es que no seas solo el de tan mal modo de pensar, pues tienes infinitos compañeros.
DOMINIQUÍN: Pues déjame ser egoísta, que así me va bien y cuento con cincuenta mil pesillos de puntero;(8) y tú ¿qué tienes con tu decantado patriotismo y los servicios que has hecho a la nación?
CHAMORRO: Yo tengo mucho honor en haber servido de algo a mi patria, sin haber vivido sólo para mí, y esta satisfacción es mayor cuando sé que no la he servido por interés sino por cumplir con los deberes de un buen ciudadano; y tengo, además, el consuelo de que aunque muera en la última miseria, mi nombre no pasará a la posteridad manchado con las feas notas de adulador, egoísta o maromero;(9) antes bien, no faltará quien escriba sobre mi sepulcro este breve y enérgico epitafio: aquí yace un ciudadano pobre que hizo cuanto pudo por su patria.(10)
DOMINIQUÍN: Si no estuviera algo amostazado, éste era lance de reírme a pide boca. ¡Vamos!, tú estás loco o poco te falta. ¿Conque te consuelas con elogios póstumos que esperas?, y ni éstos merecerás de tus paisanos, porque no son tan zonzos como tú. ¿Sabes el epitafio que te pondrán? Éste:
Aquí, pasajero, yace
un buen patriota arrancado,(11)
que para sí fue atontado;
pero requiescat in pace.
Esto es lo más que debes esperar. Conque sigue con tu honor y tus satisfacciones quiméricas, mientras yo con mi sistema junto pesos duros,(12)y con ellos logro las satisfacciones que no da ese honor estéril e imaginario.
CHAMORRO: Eres un bárbaro; pero, después de todo, eres mi amigo y es necesario no reñir. Dime, ¿qué es lo que te ha sucedido que te tiene amostazado, según dices?
DOMINIQUÍN: ¿Cómo qué? Mi mujer y mis hijas se alborotaron para venir a ver la coronación del emperador, y se alborotaron de modo que me fue indispensable darles gusto. Venimos a México, me ha costado y está costando un dineral, y nada que hay. Al fin quién sabe lo que será.
CHAMORRO: ¿Por qué?
DOMINIQUÍN: Porque dicen que no sé qué disputas hay por esos mundos sobre la coronación: si será como el ritual antiguo o como lo determinaron las Cortes.
CHAMORRO: Yo no sé lo que sucederá; lo que sé es que la coronación por mano del papa o de sus legados, así como la unción y demás ceremonias de la Iglesia no son de derecho divino ni humano, ni prevenidas por el Evangelio. Lo que sé es que un emperador del Oriente, llamado Justino el Mayor, se hizo coronar por Juan, papa primero de este nombre; que pasó a Constantinopla por asuntos de religión y por causa de Teodorico, a quien persiguió por arriano; mas éste, hecho rey de Italia, lo hizo morir de hambre en una cárcel, por lo que la Iglesia lo coloca en el número de los mártires, y lo conocemos con el nombre de san Juan, papa mártir, que se celebra a 27 de mayo. Este Justino fue el primer emperador que por su gusto fue coronado por el papa. Después Carlo Magno mandó que se estableciese para siempre la tal ritualidad con los emperadores, y como nueve siglos prevaleció sin interrupción esta costumbre,(13) porque los soberanos de Roma llegaron a tener tal ascendiente sobre los demás soberanos de la cristiandad, que así quitaban y ponían emperadores y reyes como pudieran los registros de sus breviarios.
Por esta razón se hicieron tan temibles que bien se guardaría un emperador de resistirse a este ceremonial, pues hubiera sido depuesto en el instante. Algo contenía a los papas esta ritualidad, y por eso la envidiaron hasta los reyes. El de Aragón, don Pedro, hizo tributarios de Roma a sus pueblos por lograrla, sin ningún fruto; y fue tanta la dignidad de Inocencio III, que, desdeñándose de coronar a un rey de España con las manos, lo quiso coronar con los pies. No era don Pedro tan humilde que quisiese que el papa honrase su real testa con los pies; y así dispuso que la corona fuese de pan ázimo, para que el pontífice se abstuviese de manejarla con los pies, por respeto a la materia de que se hace el cuerpo de Cristo en la eucaristía.
DOMINIQUÍN: ¡Hombre! ¡Chamorro! Ésas son mentiras, sobre que no puede ser tal desatino.
CHAMORRO: Será lo que tú quieras; lo que sé es que lo he leído en el tomo 9 delSemanario erudito de Valladares,(14) y a fe que es autor de muy buena nota. Sé también que como a mediados del siglo XVI, esto es, el año 1530, se coronó Carlos V por mano de Clemente VII, y fue el último emperador así ungido y coronado hasta entonces, pues en los tres siglos siguientes se abolió esa costumbre, y sólo casi al fin del siglo XVIII la renovó Napoleón. Sé que dicha ritualidad es una ceremonia devota que en nada aumenta ni disminuye la autoridad de los emperadores; sé que éstos son tales, o porque heredan los imperios, o los conquistan con las armas, o porque los pueblos los eligen; pero nunca porque los coronen los papas ni sus legados. Sé que la unción que se les da no significa sacramento, ni les imprime carácter espiritual como la unción del bautismo y orden sacerdotal. Sé que tampoco les garantiza ninguna inviolabilidad a los emperadores: el ilustre prisionero de Santa Elena estuvo muy bien ungido por el santo padre, y con todo esto no le valió para verse destronado así que la fortuna le volvió la espalda, y morir, como murió, en un rincón de Inglaterra, el que hizo temblar a la Europa con la espada, el que la impuso la ley con sus talentos, y a quien deben los hombres el desarrollo de la filosofía.
Sé también que entre emperador y rey no hay más diferencia que el nombre: la dignidad y autoridad es la misma. Los romanos no conocían emperadores sino reyes; pero después que los tiranos hicieron aborrecible hasta el nombre, los que después quisieron reinar inventaron nombres o títulos que, siendo desconocidos al pueblo, le fueron menos odiosos; y de aquí los césares, augustos y emperadores. De lo que saco esta duda: siendo lo mismo emperador que rey, y ¿por qué no ha sido costumbre que los papas coronen a los reyes y sí a los emperadores? Acaso Constantino y Carlo Magno podrían resolver esta cuestión. En fin, sé que ha habido muchos emperadores muy felices sin haber recibido la corona de las manos del papa. Por lo demás, yo no sé nada de lo que se determinará en nuestra tierra.
DOMINIQUÍN: Ni yo tampoco. Lo que sé es que quisiera que ya hubiera pasado esta función para irme, pues en México se gasta mucho; no sé cómo dicen que está el erario pobre y que no hay para pagar las tropas, cuando aquí todo se vuelve lujo, grandeza y gasto.
CHAMORRO: Por eso está pobre el erario, y porque los que tienen, esconden. ¡Oh, si todos tuviesen el amor a la patria que las señoras romanas, que en una necesidad de la república presentaron al Senado cuantas joyas tenían, y así se remedió la urgencia!
DOMINIQUÍN: ¡Qué bobas!
CHAMORRO: No, sino ¡qué buenas ciudadanas! Aquí son indispensables las contribuciones, bien que yo dictara un arbitrio para que, sin gravar al pueblo ni a ningún particular, se sacase un millón de pesos para medio contentar a la tropa y habilitar las minas, con lo que en tres meses serían menos las aflicciones del Estado, y caminaría a su opulencia antigua a largos pasos.
DOMINIQUÍN: Pero, hombre, tú deliras, ¿sin gravar al pueblo ni a ningún particular, se puede sacar un millón de pesos?
CHAMORRO: Sí señor, y más.
DOMINIQUÍN: ¿De plata?
CHAMORRO: Pues de plata, no de cobre.
DOMINIQUIN: ¿Y cuál es ese arbitrio?
CHAMORRO: Eso adivínalo, que tengo qué hacer. A Dios.
(1) México, Oficina de Betancourt, 1822.
(2) Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...
(3) tabaco. Para cubrir el gasto nacional que se calculaba en veinte millones de pesos (de los cuales un millón quinientos mil se destinaron para gastos de la corona), siendo el producto nacional nueve millones, la Junta Instituyente quiso cubrir la falta con la renta del tabaco, con un impuesto de cuatro reales a los individuos de ambos sexos de catorce a sesenta años y una contribución sobre arrendamiento de fincas.
(4) égide. Égida. Era el escudo de Júpiter cubierto con la piel de la cabra Amaltea. Por extensión, en lo que uno se cubre. La grafía antigua, es precisamente, égide.
(5) lucir el taco. Actualmente darse taco: darse importancia. Santamaría, Dic. mej.
(6) Portal. Cf. nota 5 a De don Servilio al clamor...
(7) peso. Cf. nota 8 a El cucharero político...
(8) puntero. Dinero ahorrado o mantenido a reserva. Jack Emory Davis, Estudio lexicográfico de El Periquillo Sarniento, Ann Arbor, Michigan, Tulane University, 1956 (Doctoral Disseration Series Publication, 16, 579), p. 162.
(9) maromero. Que cambia de partido o de credo. Maroma es una voltereta política, cambio desvergonzado de opinión. Santamaría, Dic. mej.
(10) En su Testamento pidió que se pusiera este lema en su tumba.
(11) arrancado. "Dícese en general del que está pobre, especialmente sin dinero, haya o no tenido bienes, perdídolos o no." Santamaría, Dic. mej.
(12) pesos duros. Cf. nota 12 a El cucharero político...
(13) Al respecto véase Obras VI-Periódicos, recopilación, edición, notas y presentación de M. R. Palazón, UNAM, México, 1975 (Nueva Biblioteca Mexicana, 40). Ahí trata de la relaciones entre el poder eclesiástico y civil.
(14) Antonio Valladares y Sotomayor. Historiador y escritor español de mediados del siglo XVIII. Conocido por su Semanario erudito, treinta y cuatro volúmenes editados de 1787 a 1791, que continuó con el título de Nuevo semanario erudito en 1816.
(a) El Segundo sueño de El Pensador. Se hallará completo en papel pintado en los puestos del Portal a nueve reales [cf. nota 19 a El cucharero y su compadre...].