CHAMORRO Y DOMINIQUÍN
DIÁLOGO JOCOSERIO SOBRE LA INDEPENDENCIA
DE LA AMÉRICA
Por J[osé] J[oaquín] Fernández [de] Lizardi(1)
CHAMORRO: ¿Cómo va de novedades, Dominiquín?
DOMINIQUÍN: Como yo no leo ningún papelucho,(a) no sé nada.
CHAMORRO: Muy bien quedaremos con que todos piensen como, tú. ¿Y por qué no lees?
DOMINIQUÍN: Porque ¿quién ha de tener paciencia para leer tantas boberas como se imprimen?
CHAMORRO: ¿Y tú, por qué calificas de boberas los impresos?
DOMINIQUÍN: Porque todos lo dicen.
CHAMORRO: Pues todos los necios; pero sábete que aunque es cierto que se imprimen muchas sandeces, también es cierto que se imprimen mil cosas buenas, y éstas son las más. Apenas hay papel malo que no tenga algo bueno.(2) Unos tienen gracia en el estilo, otros claridad, otros fluidez y naturalidad; aquéllos doctrina, erudición, o historia; éstos, elocuencia, dignidad, maestría y propiedad en el idioma, y todos dan materias qué alabar, qué aprender o criticar con juicio para formar nuestra opinión.
Ésta es la razón porqué son tan civilizadas las naciones extranjeras: porque los periódicos y papeles sueltos, por su poco volumen y poco precio, son leídos aún de las clases más bajas del Estado, quienes poco a poco se instruyen en las materias más profundas,(3) lo que no sucede en tu patria en el siglo llamado de la Ilustración.(4) ¡Desgraciada la tierra donde los que leen son pocos y los que hablan de todo en los portales, tertulias y cafés son muchos! Semejante lugar es el de la soberbia e ignorancia. Si nuestra América ha sido este lugar, no nos admiremos de las desgracias que hemos sufrido, ni nos atormente la memoria de las que nos faltan que sufrir. Todo pueblo ignorante es bárbaro, obra sin razón, a la manera que el bruto desbocado que corre por donde halla paso franco sin saber si va o no a despeñarse, y en este caso está pronto a ser libre o esclavo sin dictamen propio, sino sujeto siempre a discreción del que tiene la fuerza y le da impulso.
DOMINIQUÍN: Muy filósofo estás, pero muy tonto. Dime Chamorrillo, ¿cómo quieres que un comerciante, un labrador, un artesano, o si quieres, un canónigo, un cura ni un letrado se pongan a gastar el tiempo y el dinero para leer el contrato de Vidaurre,(5) el manifiesto de Cañedo,(6) el discurso de Infante,(7) las sesiones de Cortes, los bandos, los Noticiosos(8) ni otra chusma de papeluchos conque nos acatarran las orejas(9) los muchachos?
El comerciante harto tiene que leer cuando repasa sus facturas, sus cartas de correspondencia y sus libros de cargo y data, el labrador la cuenta de sus peones, el empleado sus méritos, el militar la ordenanza y su hoja de servicio, el cura el arancel de su parroquia, el canónigo el... pero, ¡qué me canso!, cada uno hará muy bien en leer lo que le importa, sin meterse a leer paparruchadas.
CHAMORRO: Ése es el mero lenguaje del egoísmo revuelto con orgullo y necedad. ¿Crees tú que los asuntos comunes interesan sólo a la última plebe y no a los que no se cuentan entre ella?, pues te engañas. A todos nos importa instruirnos en los negocios que pertenecen a todos y más en los que se interesa la patria entera. Tal es el asunto del día, asunto que ni debe ni puede verse con indiferencia por ninguno de los que pisan las Américas, sean españoles europeos, o sean americanos, sean indios, castas o extranjeros; bástales el vivir aquí para que tomen interés en la demanda, porque a todos les va mucho en el gallo.(10)
DOMINIQUÍN: Bien, hombre, y ¿cuál es el asunto del día?
CHAMORRO: La independencia y la religión.
DOMINIQUÍN: Religión ya sé que es saber el catecismo de cuerito a cuerito,(11) o de principio, a fin, pero independencia no sé qué es.
CHAMORRO: Éste es el fruto de la ignorancia y de la poca o ninguna inclinación a leer. Ni consiste la religión en sólo saber el catecismo, ni la independencia del reino es asunto tan de poco momento que deba ignorarse por ninguno.
DOMINIQUÍN: Muy bien, Chamorro, pero dime, en resumidas cuentas, ¿qué es independencia?
CHAMORRO: Es la separación de este reino de España, o la substracción de su dominación; de suerte que ya se ha visto tratado como colonia por trescientos años,(12) se vea como nación soberana e independiente de otra alguna...
DOMINIQUÍN: Cállate por Dios, Chamorrillo, cállate y no hables herejías, que nos llevarán al quemadero si nos oyen, o a buen componer a la cárcel. ¡Independencia! ¡Santo Dios! Si es lo que dices, no puede decirse impunemente. El nombrar solamente esa palabra es un delito digno, cuando menos, del Morro de La Habana.(13) ¡Separación de la América de la España! ¡Ay que no es nada! Ni lo pienses, amigo, ni lo digas ni a tu almohada, porque dirán que eres insurgente, traidor, anticonstitucional, revolucionario, incendiario, subvertidor del orden político, enemigo del rey y del estado, impío, escandaloso, herético, blasfemo, sacrílego, etcétera, etcétera, etcétera.
CHAMORRO: Está bien, ¿pero quién dirá eso?
DOMINIQUÍN: Yo no lo sé, mas lo dirán.
CHAMORRO: ¿Sabes quién lo dirá? Los necios, los egoístas, los preocupados, pero de ninguna manera los sabios, los patriotas ni los hombres de bien. Yo no me tengo de callar acerca de esto porque preveo los males que amenazan, tengo honor, amo a mi patria y a todo riesgo he de decir mis pensamientos políticos por lo que puedan interesar al bien común. En esta virtud asiento cinco proposiciones que te probaré con claridad y brevedad.
1ª La América debe hacerse independiente por necesidad.
2ª La América debe ser independiente de derecho.
3ª La América debe ser independiente por su bien y por el de España.
4ª La América, sin embargo de lo dicho, se expone mucho si se quiere hacer independiente en este tiempo.
5ª En cualquier caso, el gobierno debe estar bienquisto con el pueblo, y los europeos con los americanos, si se quieren evitar las desgracias que son consiguientes a la diversidad de opiniones.
DOMINIQUÍN: Para probar todo esto es necesario hablar mucho, y yo tengo que ir a despachar mis arrieros... Vuelvo.
CHAMORRO: Espérate, egoísta ignorante, que aunque hay mucho que decir sobre cada proposición, me limitaré cuanto sea dable, para que me oigas, siquiera por tu conveniencia.
DOMINIQUÍN: ¿Por mi conveniencia? ¡Buena es ésa! Hazme ahora creer en el tecolote.(14) ¿Pues qué bienes me vienen con esa gracia?, ¿qué tengo yo con que la América sea independiente o soberana?, ¿qué con que sea señora o esclava? Al fin, al fin no ha de faltar quien mande, ora sea rey, emperador, senado, república o lo que quieran. Cualquier gobierno necesita erario, éste se ha de sostener de cuenta de la nación, y así, siempre habrá pensiones, alcabalas, contribuciones, donativos, préstamos forzosos y otras clases de gabelas, de las que no me escaparé como ahora no me escapo de las que hay. Conque ya verás que para mí me es indiferente que me muerda perro o perra, si al cabo es fuerza que me muerdan.
Lo que me importa es ver por mí y aprovechar el tiempo para que no me coja el temblor en pecado mortal, sino con hartos(15) pesos,(16) pues en habiendo monedas, todo lo demás es lo de menos. Ahora pienso realizar cuarenta mil pesos que emplee sobre precios más bajos que de plaza, y seguramente los doblo en el Bajío.(17) Cátate ahí,(18) que esto sí que me será gran conveniencia, pero de la suerte de la América, se me da un pito,(19) pues...
CHAMORRO: Cállate, bárbaro, cállate que tu egoísmo, necedad y avaricia no tienen semejante...
DOMINIQUÍN: ¿No la tienen? ¡Qué bobo eres! Si tuvieras de pesos fuertes(20) todos los que piensan como yo, serías tan rico y poderoso que arrastrarías coche(21) y sin drogas,(22) que no lo hacen todos.
CHAMORRO: Es verdad, y verdad demasiadamente lastimosa, y ésta es la causa de las ruinas y trastornos de los reinos, y quizá de las naciones enteras. Los egoístas, los que no tienen más interés que el suyo propio, son los más crueles enemigos de los hombres, y los que con su codicia y apatía precipitan a sus semejantes en mil desgracias, mas no los precipitan sin llevar su merecido. En las conmociones populares siempre llevan la peor parte los egoístas. El que arrastró coche, arrastra una cadena; el que mandó degollar, es degollado; y el que no se pensaba, da la ley. Cartago, Roma y España misma han sido teatros en que se han representado estas tragedias. Conque no te descuides, rico egoísta. Acaso mañana pedirás limosna, y el principal y lucro de lo que hoy mandas al Bajío, caerá en manos de quien tú menos pienses.
DOMINIQUÍN: ¡Caramba Chamorro! Eso es mucho decir y amenazar. Instrúyeme por tu vida, pues ya me interesa instruirme, y te aseguro que como no me quiten el dinero más que(23) me quitaran el pellejo.(24)
CHAMORRO: Me conformo con que te instruyas, aunque sea por tan mal principio. Atiende.
Te dije que la América debe ser independiente por necesidad. Oye la prueba. La naturaleza, una e invariable en sus principios, influye en las naciones las ideas que ostenta cada uno de sus individuos. Más claro: las leyes de la naturaleza en lo moral son iguales, proporcionalmente, en lo físico. Aún no lo entienden muchos. Valgámonos de los ejemplos.
El hombre cuenta tres edades notables:(b) infancia, virilidad, vejez. Cuando es niño, necesita que lo alimenten y lo cuiden; cuando es joven, que lo eduquen y enseñen; cuando es hombre consistente, a nadie necesita para subsistir, sino a sí mismo; cuando es viejo o decrépito, vuelve a necesitar el socorro de sus semejantes para sobrellevar las amarguras de la edad y entrar al sepulcro con las menos aflicciones que se puedan. Esto hace la naturaleza en el orden físico, y lo mismo en el orden político.
La América recién conquistada, es decir en su infancia, necesitó de la tutela de la España que le dio religión, artes, comercio, labranza, industria y población, todo nuevo, todo benéfico, aunque dado a medias y muy mal dado, según el espíritu déspota que la subyugaba a ella misma.
Sin embargo, con esta media leche fue creciendo y fortificándose por el largo espacio de trescientos años,(c) pero se ha cumplido la edad, la naturaleza llenó su término, ya está en el estado consistente, se halla con fuerzas y prudencia para manejarse por sí, sabe que pasó de la minoría, quiere manejarse por sí misma sin atenerse a ninguna tutela, ¿quién se lo impedirá? Nadie, porque nadie domina la naturaleza. La América es mayor de edad y quiere ser libre, pues lo será sobre la sangre de dos millones de habitantes del globo, si se le oponen.
Ésta es una verdad irrefragable: la España, la Europa, el mundo todo la conoce, y de este general conocimiento se sigue que la América debe hacerse independiente por necesidad.
2ª La América debe ser independiente de derecho.
Pruébase. Así como ningún hombre nace destinado por Dios para vivir sujeto a otro hombre por todo el tiempo de su vida, así ninguna nación se ha creado para estar siempre dominada por otra.
Luego que el hombre puede, rompe, favorecido de las leyes, los grillos de la patria potestad y se emancipa. Esto es, se hace libre por derecho.
Mientras es niño, lo alimentan y cuidan, de joven lo enseñan y castigan; pero en su edad viril, cuando puede manejarse por sí, él solo se substrae de sus ayos, maestros y padres, se casa, gira sus intereses, no reconoce más superior que la ley y trata de hacer con sus hijos lo mismo que hicieron con él cuando muchacho.
En este caso está la América. Ya pasó de su infancia, ya la naturaleza le avisa que pasó de la minoría, tiene fuerzas y arbitrios para vivir por sí, quiere emanciparse, quiere ser nación soberana, darse leyes y no recibirlas, influir en el equilibrio de la Europa con sus inconocibles riquezas, poblar sus mares de bajeles, fomentar su comercio, agricultura, industria, etcétera, etcétera. Esto le obliga de derecho, como que a toda nación y a todo individuo le obliga de derecho el mirar por su propia conveniencia, y debe remover los embarazos que encuentre para llegar a este santo fin. De que se sigue que, siendo la dominación española un obstáculo para la felicidad de la América, ésta debe removerlo y hacerse independiente de derecho.
3ª La América debe ser independiente por su bien y por el de España.
Por su bien, ya está dicho y suficientemente conocido. Por el de España, es lo más fácil de probar.
Antes de la conquista de este reino, la España fue rica; después se halló muy pobre, pero siempre poblada, industriosa y guerrera, y tanto, que se hizo respetar en la Europa casi al tiempo que una reina empeñó sus aretes para habilitar la expedición de Colón.(25) He aquí, en dos renglones, trazadas la pobreza de España y sus innegables glorias.
Pero después de que Cortés se apoderó del oro y de la plata de las Indias;(26) después que puso a los pies del monarca español un Nuevo Mundo; después que este famoso conquistador, a quien hasta hoy se han tributado mil elogios sin mérito,(d) después de esto, digo, la España, la gloriosa, la guerrera, la poblada, la sabia, la católica, la inmortal España cayó en un mortal deliquio, y las mismas riquezas con que creyó exaltarse fueron unas pesadas cadenas que la abismaron en la sima de las desgracias que hasta hoy llora.
Inmediatamente se disminuyó su población, con tanto escándalo que se vio precisada a evitar, con leyes y penas, la transgresión de los infinitos vagos que se transportaban a esta América en pos del oro, y que se conocían con el nombre de polizones.
Luego que la España se llenó de los metales preciosos de sus colonias, volaron a ella los extranjeros, la brindaron(27) con el lujo, la moda y las delicias que no conocían los españoles, rancios cascarrudos;(28) pero como la holgazanería y molicie siempre se hacen lugar entre los hombres, los españoles las albergaron, y desde entonces, a Dios industria, a Dios agricultura, a Dios valor militar, a Dios todo, porque todo se volvió galas, trenes, majestad, afeminación y pereza.
Las naciones vecinas han sabido aprovecharse de esta indolencia y han sacado el oro de la América por los mismos canales que España los recibía. De manera que España ha exprimido la naranja en un vaso agujerado: ella ha sido el vaso, ¿pero el jugo dónde está? Eso que lo diga Inglaterra, Francia, Italia, Génova, Holanda y toda la Europa, y el mundo todo.
Y bien, ¿cuál es hoy la situación política de España, después de dominar la América trescientos años y agotar sus inmensos tesoros? La más infeliz y desgraciada. Ella se ve sin población, sin rango,(e) sin comercio, sin agricultura, sin soldados, sin marina, y si no fuera por las Cortes, que acaso la resucitarán, pronto daría el último suspiro, llegando a ser colonia de la Francia.
En tan desgraciada situación, ¿cómo podrá la España sujetar a su obediencia un Nuevo Mundo, siempre que éste quiera substraerse de su dominación? Ella está en el estado de la decrepitud, la América en el de la virilidad; así es que cuando me hagan creer que un viejo pobre sujeta a un joven rico, entonces creeré que España domine las Américas.
Ésta no es invectiva, es una demostración matemática contra la que no valen las agudezas del discurso.
En doce años que contamos de revolución, ¿qué ha conseguido España sobre las Américas? Nada más que perderse y arruinarse sin fruto. La meridional casi toda está ya independiente, y en la septentrional (en nuestro reino) jamás se apaga el fuego.(29)
España ha procurado reconquistar lo perdido y conservar lo por perder a costa de muchas vidas de sus hijos, de infinitas fatigas y de muchos millones de pesos, ¿y qué ha hecho al fin?, despoblarse, empobrecerse, endrogarse y arruinarse del todo, como se arruinará hasta el último grado, porque guerra con una nación es interminable, es riña con casa de vecindad,(30) y es lo mismo que tirarle un punto (hablo en frase de los jugadores) a un monte con resto,(31) mano a mano.(32) Primero acabará España con cuantos hombres tenga, que volver a dominar las Américas con la pacífica posesión de ahora quince años. Es duro el pronóstico, pero infalible.
La extensión de las Américas y la larga distancia que las separa de la Metrópoli, son otros dos obstáculos insuperables a ésta para dominarlas, y seguramente la extensión, por sí sola, es sin comparación más nociva a la España que todas las demás causales apuntadas.
Ninguna metrópoli puede atender, sin conocidas desventajas propias, muchas colonias, o unas mismas excesivamente grandes y separadas. Todo el cuidado que ponga para asegurar las provincias extranjeras le hace falta para hacer que prosperen las naturales, y a la manera que una nodriza o chichigua(33) que alimenta a su hijo y al hijo de otro, cría a los dos débiles, y tal vez el suyo perece; así una nación que tiene que atenderse a sí y a sus colonias, ni a éstas ni a sí misma da el alimento necesario. Ella se debilita y la otra no se nutre, o si se nutre bien, es para sobreponerse a la madre y substraerse de su dominación.
La grande Roma, la conquistadora del mundo, perdió todo su esplendor y brillantez por el hijo y la extensión de sus conquistas. Sus mismas colonias, luego que pudieron, se sacudieron el yugo y la arruinaron.
Si Bonaparte no se hubiera metido a conquistador, muy lejos estuviera Luis XVIII del trono de la Francia, pero con sus conquistas de la Italia, España, etcétera, despertó el celo de toda la Europa que conspiró contra él y lo arruinó.(34)
Por tanto, a la España le ha sido y le será nociva la dominación de las Américas, y mucho más después que comienza a ilustrarse. Los soldados que envía, los paisanos que emigran a esta parte del mundo, cada día hacen mucha falta a su población. El español, sea soldado o paisano que pasa a la América, no sólo disminuye su población, sino que viene a serle perjudicial terriblemente.
Tantas generaciones se pierden allá, cuantos hombres se transportan a estos reinos. El español que allá deja de poblar, acá lo hace, ¿y qué se sigue? Que al americano que matan en la guerra, lo repone multiplicado el europeo que vino de la Península, y al cabo de veinte años nuestra población está en el mismo pie; pero al español que aquí matan, no hay quien lo reponga en su patria. Éste es un daño gravísimo para la España, si se considera atentamente.
No aparece todavía como él es. Consideremos que las tropas que han venido a las Américas en tiempo de la revolución, las más han sido compuestas de patriotas, esto es, de labradores y artesanos, cuya falta la ha resentido la nación en su industria y agricultura. Pues bien: auméntense los quintos y las levas para las expediciones de las Américas, y se disminuirán los labradores y artesanos de España. Si esto no es un daño incalculable, yo no sé cuál sea peor.
Un estado cuya población se disminuye diariamente sin tener quien la reemplace, por fuerza se debilita por la posta,(35) a la manera que se debilitaría un enfermo que tuviera un gran desperdicio de sangre por una hemorragia y no tuviera alimentos nobles con qué restaurarla, porque ya se sabe que donde se saca y no se echa, fondo se le halla.(36) Éste es uno de los mayores males que acarreó a la España la conquista de las Américas.
Supongamos que en trescientos años han emigrado a ellas doscientos mil españoles, que cada uno hubiera multiplicado su especie por tres en cuatro edades (lo que es un cálculo limitadísimo), resulta que hoy debía España tener sobre su población actual seiscientos mil hombres más, cuando fijamente cuenta con ochocientos mil menos.
España no ha sido la poseedora sino la distribuidora de las riquezas de la América, y entretenida en esta operación, se descuidó de cultivar las que le da su suelo fertilísimo, porque todos saben que el oro y la plata sólo son signos representativos de riqueza, pero no riqueza verdadera, que consiste en las producciones de la tierra, en el comercio activo y en los progresos de la industria.
La Europa y la Asia, convencidas de esta verdad, no pensaron en sacar nuestro oro con armas ni conquistas, sino con relojes, muselinas, tacitas y otras chucherías con que (a merced de su industria y nuestra languidez) despertaron el lujo y se hicieron necesarias a la España sin ninguna efectiva necesidad.
Nosotros nos burlamos de que los indios dieran, y hoy den, una libra de oro por un puñado de tabaco, por un trago de aguardiente o por una sarta de abalorio o cuatro cuentecitas de vidrio; pero los indios tendrían más razón de reírse de nosotros si supieran que este mismo oro que nos dan por estas bagatelas, o que se los quitamos a costa de nuestras vidas, lo feriamos(37) a los extranjeros por telarañas de puntos,(38) muselinas, rengues(39) y crespones, por cocos pintados,(40) por cobre y fierro bruñido, por barro terso, por yerbas nocivas, y por otras iguales bagatelas.
Vaya, es menester que los españoles confesemos que hemos sido más tontos que los indios, pero sin comparación, más tontos. Los indios no largaron sus riquezas de su voluntad, sino que o se las quitamos los españoles con la fuerza o con el engaño, haciéndoles creer que una cuenta de vidrio era una estrella del cielo, pero los extranjeros, sin fuerza y sin engañarnos, nos han sacado el oro, que sabemos lo que vale, con cuatro baratijas, trapos y quinquillerías, cuyo poco valor conocemos, pero nos gustan y no somos capaces de imitarlas.(41)
¿Y por qué no somos capaces de imitar los tejidos ni pinturas de Londres ni de Francia?, ¿por qué no podemos hacer unos relojes de música como estas naciones?, ¿por qué no hacemos loza, no ya como el asiático, pero ni como el sajón; ni cristal como el veneciano, ni terciopelo como el italiano, etcétera?, ¿por qué? Porque tenemos oro con que comprarlo todo. De esta abundancia ha nacido la flojedad de los españoles, el abandono de su industria, el desprecio de su comercio, el descuido de su marina, la afeminación de su ejército y toda la ruina del Estado.
Ya dije y repito que la España era muy pobre antes de la Conquista, pero muy valiente y muy industriosa y poblada, a proporción de aquellos siglos, pues se hacía respetar de la Europa, al tiempo que algún rey detenía a comer a un condestable, diciéndole: "Quedaos hoy a comer conmigo, que tenemos polla", y otro decía: "¡Oh buen jubón, que tres pares de mangas has aguantado!"(f) ¿Y hoy qué es España? Mucho con Cortes, nada sin ellas. España, si quiere ser feliz, si quiere resucitar a sus antiguas glorias, es menester que sostenga el Congreso Nacional, que prosiga en adorar su nuevo sistema, y en no separarse un punto de sus nuevas y acertadas instituciones.
Donde abandone el uno, y donde mire con indiferencia las segundas, la España será un pueblo imbécil, abatido y que recibirá la ley de cualquiera nación de la Europa que quiera dársela a su antojo.
Para evitar esto, es menester que aproveche los instantes, -que reconozca sus males-, que los renueve y se forme un plan independiente de la América; porque si ésta es dependiente de España por la fuerza, España es dependiente de la América por necesidad, y todos somos dependientes. La España ha sido, es y será gravosa a la América por la dominación que ejerce sobre ella, y la América ha sido, es y será gravosa a la España por su inutilidad y las atenciones que la roba.
Por tanto: la América debe ser independiente de España por el bien de ella.
Ves aquí, Dominiquín, cómo te he probado la justicia de la independencia de la América por necesidad, por derecho y por el bien de la metrópoli. Ahora vas a espantarte de que te diga que yo no quiero, por ahora, independencia.
DOMINIQUÍN: ¡Hombre!, eso me parece paradoja, o contrariarse en los mismos principios defendidos, porque si tú crees que España y América serán felices, independientes una de otra, no me cabe en el juicio cómo tú te opongas a esta felicidad, aunque sea en calidad de por ahora, porque si al mal paso conviene darle prisa, éste también conviene acelerarlo, pues tanto más pronto será feliz la América y la España, cuanto más pronto se verifique la pronosticada feliz independencia.
CHAMORRO: Así piensas tú y otros tan políticos como tú; pero mira: el éxito feliz de alguna empresa no tanto consiste en su abreviación cuanto en: su solidez. Hoy necesita mucho España de la América para afirmar su sistema con la ayuda de su representación y de su plata, y la América necesita del respeto y luces de la metrópoli para afirmar el suyo; y así una y otra deben conservar el medio de perpetuar su felicidad.
En el día un rompimiento violento haría ridícula la Constitución española sin asegurar la independencia americana, porque...
DOMlNIQUÍN: Espérate. Casi toda la América meridional se ha hecho independiente, sin que España padeciera en su reputación ni ella se aventurara en sus principios, ¿por qué no podía suceder lo mismo entre nosotros?
CHAMORRO: Fácil es la respuesta. Porque nosotros no contamos con caudales, con cabezas, con tropa, con marina, con representación, con nobleza ni con auxilios extranjeros como ellos, y ya verás que no es lo mismo hacer la guerra con todos estos auxilios que con ningunos. Los ricos de Montevideo, Guayaquil, Chile, Buenos Aires y otras provincias de aquel reino fomentaron a los facciosos o emprendedores, porque ninguna guerra se hace sin dinero; pero los ricos de tu tierra [no] han hecho otro tanto.
DOMINIQUÍN: Chamorro, ¡qué verdades!, ¿quiénes han sido los promotores y secuaces de la insurrección de esta infeliz América hasta nuestros días? Arrieros, caporales, vaqueros, cocheros, uno que otro abogado sin blanca,(42) y tal cual clérigo desesperado. He aquí nuestros famosos generales, y nuestras subordinadas y aguerridas tropas, compuestas, las más veces, de forajidos pobres, y de incautos alucinados sin disciplina, orden, armas, auxilios ni subordinación.(43) Los efectos siempre corresponden a las causas, y esta regla de la naturaleza no puede fallar en asuntos políticos.
De aquí es que todo ha sido intrigas, delaciones, robos, depredaciones, asesinatos y, últimamente, la ruina de la América. Aquí no ha reinado ni reinará, entre muchos de los que se llaman defensores de su patria, otra cosa o sistema sino el del orgullo, la ambición, la envidia, la rapiña, la venganza y el miedo. ¿Me podrán desmentir? Es imposible.
Apenas un comandante insurgente ha obtenido dos acciones gloriosas y se ha hecho de nombre, cuando dos o tres de sus mismos compañeros, envidiosos de su felicidad, han conspirado por arruinarlo, y aun mirándolo atacado por las tropas españolas, y pudiendo socorrerlo, lo han abandonado, y han sido unos fríos espectadores de su ruina. Díganlo las sombras de Bravo,(44) Galeana,(45) Morelos,(46) Matamoros(47) y Mina...(48)Otros se han hecho insurgentes con el santo fin de buscar caudal contra la voluntad de sus dueños, y en efecto, así que han robado bastante, se han indultado y han gozado los bienes ajenos en quieta y pacifica posesión. ¿No es esto una vergüenza?, ¿de tales héroes podrá la América esperar su felicidad? Por tanto, mi voto nada vale, pero si algo valiera, no fuera otro sino el de que convenía que todos se indultaran y dejaran que el tiempo emancipase y organizase nuestra nueva forma de gobierno.
DOMINIQUÍN: ¿Pues que tú crees que es obra del tiempo?
CHAMORRO: Sí lo creo. De la España ha de venir la independencia de la América. Se ha de caer la breva de madura. Cuando la España advierta, y no será muy lejos, que la América le es demasiado gravosa, ella misma la emancipará y la dará de mano,(49) lo mismo que un amo le da su carta de libertad a un esclavo que de nada le sirve sino de darle continuas pesadumbres. Más cuenta le tiene a la España que la América sea su amiga, que una parte suya en el nombre, pero en la realidad una parte onerosa, porque sus intereses están en oposición con los suyos por su misma distancia y extensión.
DOMINIQUÍN: Y mientras, ¿a qué debemos atenernos para ser de alguna manera felices?
CHAMORRO: A la Constitución(50) y nada más. Cúmplase por los que mandan y por los que obedecen este juicioso Código, y ya estamos casi independientes.
¿Qué ventajas nos puede proporcionar aun una independencia meditada que no nos proporcione una Constitución bien cumplida? O yo no lo entiendo, o creo que ningunas o muy pocas más.
DOMINIQUÍN: ¿Conque tú no estás bien con la independencia?
CHAMORRO: Por ahora no, porque conozco cuánto se necesita para hacerla; advierto que todo falta; reflexiono que siempre es muy temible y arriesgado el tránsito violento de una clase a otra de gobierno, aun cuando este paso se da con orden, con auxilios y con ilustración, ¿qué será cuando se da sin nada de esto? ¿Sabes que? Una anarquía general, precursora de unas guerras civiles mucho más crueles que todas las pasadas.
DOMINIQUÍN: Yo creo que ésos son temores pánicos.(51)
CHAMORRO: A mí me parecen predicciones fundadas, y si no, dime: para una empresa tan grande, ¿con qué ejércitos disciplinados contamos?, ¿con qué armada?, ¿con qué caudales?, ¿con qué auxilios extranjeros?, ¿con qué representación en la Europa?, ¿con qué directores de alto carácter, y que gocen la popularidad y don de gobierno necesarios como un Desalines en Haití,(52) un Washington en Filadelfia(53) o un Napoleón en Francia? Y lo que es más, ¿con qué ilustración política y con qué fijeza de opinión? ¿Hay algo de esto?, ¿lo hay todo? Si lo hay, dímelo y házmelo ver, y te juro que seré el primer independiente.
DOMINIQUÍN: La verdad, yo no me atrevo a contradecirte, porque nada hay de lo que quieres, y ciertamente quieres mucho.
CHAMORRO: Mas todo necesario, y mientras no lo haya, no habrá tal independencia, aunque la deseen todos y aunque se grite por las calles. ¿Qué con que yo tenga una excelente cocinera, que me quiera complacer y hacerme una torta cuajada?(54) Si le falta carne, chícharos, huevo, cebollas, arroz, manteca y las demás menestras, ¿me la hará?
DOMINIQUÍN: ¿Cómo?, si recaudo hace cocina y no Catarina.(55)
CHAMORRO: Pues éste es nuestro caso.
Si tuviéramos un ajo,
manteca y tantita sal,
hiciéramos unas migas,
pero no tenemos pan.
DOMINIQUÍN: Pues entonces no hay más sino ser constitucionales apretados(56) y dejarnos ir con la corriente.(57)
CHAMORRO: Por ahora, ésa es mi opinión, salvo melioris,(58) porque lo demás será exponernos. Supón que en México se da el grito de la independencia, que se instale su senado y se organicen sus leyes a satisfacción, ¿se hará algo? Probablemente no, porque la Nueva Galicia(59) dirá: ¿y yo por qué he de obedecer a México? Con la misma autoridad que ella se hizo libre de España, puedo yo librarme de ella y hacer mi independencia a mi modo. Lo mismo dirán y harán Durango,(60) Goatemala,(61) Veracruz,(62) Oaxaca,(63)Puebla,(64) etcétera, y he aquí ya la anarquía establecida y de consiguiente la guerra general. Conque no, señor. Aprendamos a ser co[n]stitucionales, que la independencia vendrá por sus pasos contados.(65)
DOMINIQUÍN: Según eso, menos te gustaría una independencia despoticada con sus puntas de Inquisición,(66) supresión de libertad de imprenta,(67)Acordada,(68) Junta de Seguridad(69) y demás dijes del antiguo cuño.
CHAMORRO: Cállate, hombre, ¿a quién le había de gustar esa taza de chocolate?,(70) pero qué ¿se dice algo de eso?
DOMINIQUÍN: Toma, no algo, mucho se ha dicho y se dice cada día.
CHAMORRO: Pues no lo creas, aunque te lo juren. ¿Quién había de ser tan camote(71) que pensara ser cosa fácil el volvernos a echar la cadena antigua?
DOMINIQUÍN: ¡Buena hora es para esa reflexión! Los que han visto la docilidad con que los americanos obedecemos toda clase de gobierno, no tendrían por qué temer que obedezcamos al más tirano despotismo, con tal que se nos diga que Dios lo quiere y el rey, lo manda. ¿No es cierto que Carlos IV se ciñó la diadema, y don Manuelito Godoy empuñó el cetro y nos hizo con él pedazos las costillas?, ¿y qué dijimos? ¡Viva Carlos IV(72) y el Príncipe de la Paz!(73) Abdicó el rey la corona en su augusto hijo, pues ¡Viva Fernando VII!(74) Se fue éste a Bayona, vino el duque de Berg,(75) después José Bonaparte.(76) Silencio. No los admitieron bien los leales españoles, si no, por vida mía que gritamos: ¡Viva el duque de Berg y José I! La Junta de Sevilla se puso al frente del gobierno, pues ¡Viva la Junta de Sevilla! No, señor, ésa no ha de vivir, sino la Central, pues ¡Viva la Central! No, señor, esto no sirve, que haya Cortes, pues eso es lo de menos, ¡Vivan las Cortes!(77) ¡Oh, que ya volvió Fernando VII y se volvieron las Cortes cena de negros!,(78) ¿y qué tenemos con eso? ¡Viva el rey, enhorabuena, y vayan las Cortes enhoramala! Pues no señor, el rey ha querido, y las Cortes se han instalado nuevamente, pues nada se ha perdido, ¡Viva, viva la Constitución!
Todos estos vivas diferentes los hemos dado en el largo espacio de doce a catorce años. ¿Qué quiere decir esto? Sino que somos demasiado pacíficos y dóciles, y que no, queremos metemos en dibujos(79) por una niñería, como es una mudanza de gobierno. Conque mira tú si no gritaremos mañana: ¡Viva la Santa Inquisición!, ¡Viva la Junta de Seguridad!, con el mismo gaznate que hoy gritamos: ¡Viva la Constitución!, ¡Viva la libertad!, y haremos muy bien, porque somos muy cristianos, y sabemos que más vale obedecer que sacrificar. Ello es verdad que hay un juramentillo de por medio, y a todos nos va en el gallo el cumplido, pero en llegando el caso, nos haremos de la vista gorda,(80) a bien que nuestra religión da para todo,(g) y sobrarán padres que nos absuelvan de él, y quizá que nos digan que esta clase de perjurios son pecados veniales que fácilmente se cometen y se perdonan.
CHAMORRO: ¡Bribonazo! Sino supiera que te estabas burlando, no dudara acabar nuestra conversación a puñetazos. Es verdad que los americanos hemos sido dóciles y leales, lo que nunca se nos puede tachar, pero es cierto que ha tenido mucha parte en esta docilidad la cobardía que inspira la fuerza y la ignorancia con que nos abrumaron los gobiernos anteriores; pero la cobardía se nos ha sacudido con la insurrección, y la ignorancia con la Constitución política.
Por tanto, no sucumbiremos en el día a cualquier gobierno con la facilidad que antes, porque ya no somos ni tan cobardes ni tan ignorantes como antes. Así es que, si se intenta dominarnos bajo un yugo opresor, bautizado con este o aquel nombre, no lo sufriríamos, antes nos rendiríamos a la muerte; pero si se nos instalase un gobierno suave y liberal, cooperaríamos a sostenerlo...
DOMINIQUÍN: Eso dices tú, y es bueno para decido en pláticas privadas, o para escribirlo en su bufete cada cual; mas en llegando el caso, todos son egoístas y se ponen del lado del que vence.
CHAMORRO: Ésa es una verdad, pero yo respondo por mí. Si la mayor parte de mis compatriotas fuere, por desgracia, tan fanática y servil como el año de [1]808, que sufra enhorabuena las cadenas.
Esta seductora voz de independencia está muy a mano para hacernos verdaderamente dichosos o desgraciados. Si la tal independencia se concilia con la soberanía de la nación, con los sagrados derechos del hombre libre, y con el honor de España y América, santa santísima. No hay cosa más feliz que esperar bajo la zona tórrida; pero si esta independencia es nominativa y fantástica, si es aparente, si se nos quiere separar de la España, so pretexto de hacernos felices, para uncirnos con más fuertes coyundas al negro carro del antiguo servilismo, nada hay más cruel, nada más injusto, nada más abominable ni opresor.
Alerta pues, americanos todos; el rayo cuyos relámpagos veis, va a tronar en vuestros oídos; cuidado con dejarnos seducir y con obrar maquinalmente. Toda independencia que se os proponga sin reconocer la soberanía en la nación, la libertad individual del ciudadano, su igualdad ante la ley, la libertad de imprenta, la extinción del Tribunal llamado de la Fe y la facultad de instalar vosotros vuestras leyes, no es independencia, no lo es, vive Dios. Es el anzuelo de la esclavitud más ignominiosa. Detestadlo. Muramos todos, y yo el primero, antes que ser esclavos.
Entre legítima independencia o rigorosa Constitución no haya medio. Si es posible la independencia, sea verdadera y no política; y si no, no la queremos. Estamos bien hallados con la Constitución, y mejor queremos ser dependientes de España y constitucionales, que independientes de ella, pero esclavos y dependientes de cuatro tiranos mandarines colocados al frente del gobierno contra nuestra voluntad.
Excelentísimo jefe, salvadnos y descubridnos vuestras disposiciones sin recelo. Todo gobierno que no cuenta con el pueblo es sospechoso. La causa es común y deben ser notoriamente comunes los medios que se pongan para salvar la patria. Ésta se halla en peligro. Vuestra excelencia vale mucho, pero no tanto como la patria. El pueblo se halla hoy dividido en opiniones y lleno de temor y sobresaltos. Es fuerza pues, es justicia que sepa los arcanos del gobierno; como que le interesa, y es al fin quien ha de tomar al mismo gobierno residencia.
Una nación vale mucho para dejar de respetarla. ¿Qué cosa más sagrada que ella misma?, y ella no se esconde de sí para decretar sus leyes. En el augusto Congreso todo es público, todo es a puerta abierta; la sílaba mal pronunciada no se escapa de la pluma de los taquígrafos, ni del plomo de las prensas. Todo se oye, todo se dice, todo se imprime y, sobre todo, se discute.
¿Por qué, pues, en México ha de haber cabildos secretos, juntas privadas y determinaciones escondidas? Sea público antes lo que se ha de saber después.
Padres de la patria. Vocales de la Junta Provincial,(81) regidores de México,(82) votos de la Junta de Censura,(83) no estéis de testaférrea,(84)no seáis negligentes, no estéis pintados ni llevéis esos nombres por el oropel del relumbrón de los bordados o por el título colorado(85) que os distingue. Cumplid con vuestras obligaciones sin miedo y sin adulación.
Ilustrísimo prelado diocesano, hablad algo en favor de vuestra grey, de la grey que os recomienda Jesucristo, y de cuya sangre os pedirá cuenta en expresión de su profeta.
Europeos, hermanos nuestros, unámonos en la opinión. Si la dividimos, vosotros y nosotros pereceremos los unos a manos de los otros. Afuera ridículas denominaciones de gachupín y criollo.(86) Todos somos españoles de aquí o de allá, y nada más. Unámonos de corazón y ni al infierno temeremos. Donde no, vosotros y nosotros vamos a ser víctimas de la anarquía. Unión, fraternidad y paz es lo que a todos desea El Pensador... No me acordaba de que estaba hablando Chamorro.
México, marzo 1º de 1821.
(1) México, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios, 1821. Fernández de Lizardi escribió este folleto el día 1º de marzo; el día 7 del mismo mes escribió otro:Contestación de El Pensador a la Carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín [de] Iturbide. Ambos fueron calificados como sediciosos por la Junta de Censura, fueron prohibidos y su autor encarcelado el día 9. Desde la Cárcel de Corte escribió dos apelaciones: Defensa que El Pensador Mexicano presentó a la Junta de Censura de esta capital sobre sus papeles titulados, el primero: Chamorro y Dominiquín; y el segundo: Contestación a la Carta que se dice dirigida a él por el coronel don Agustín [de] Iturbide, los que calificó de sediciosos la expresada Junta, con fecha 11 de marzo, yObservaciones político-legales que en abono de sus impresos hace El Pensador Mexicano,con fecha 26 del mismo mes.
(a) Los que menos leen son los que más ignoran, y éstos llaman papeluchos a todos los papeles. Siempre fue orgullosa la ignorancia.
(2) Nullum esse librum tam malum, ut non aliqua parte prodesset: "que no había un libro tan malo que en alguna de sus partes no pudiese ser útil." Lo cita Plinio el Joven de su tío Plinio el Viejo. Vicente Vega, Diccionario ilustrado de frases, op. cit., p. 379. "No hay libro tan malo ─dijo el bachiller─ que no tenga algo bueno." Es una frase que utilizó Cervantes en el capítulo III de la Parte II del Quijote (Madrid, Espasa-Calpe [1976], p. 349). Fernández de Lizardi cita la frase en El Pensador Mexicano, t. I, núm. 1 (1812), véase en Obras III, op. .cit., p. 33.
(3) "Pocos libros aparecen: volúmenes gruesos, ninguno, y, sin embargo, todo el mundo lee; él, sólo el pueblo es quien lee, y también el único instruído de lo que se debe saber para no obedecer más que a las leyes. Las hojas impresas, circulando, a diario en número infinito, realizan una enseñanza mutua y de todas las edades; porque casi todo el mundo escribe en los periódicos, pero sin ligereza, sin frases picantes, sin giros ingeniosos; la expresión desnuda y clara basta a aquellas gentes. Trátese de una reforma en el Estado, de un peligro, de una coalición de las potencias europeas contra la libertad o del mejor terreno para sembrar nabos, el estilo no difiere y la cosa está bien dicha desde que todos la entienden, tanto mejor dicha cuanto más brevemente; mérito no común, ¿sabéis?, ni fácil encerrar en pocas palabras abundancia de sentido. ¡Oh, qué rara es una página plena en un libro y qué pocos los capaces de escribir diez sin tonterías!" Paul-Louis Courier, "Panfleto de los panfletos", en Panfletos políticos (1816-1824), traducción del francés por Fernando Vela, Madrid, Revista de Occidente [1936] (Libros del Siglo XIX), p. 202.
(4) "De esta suerte, en América, sin saber lo que es ni escritor ni autor, se escribe, se imprime, se lee tanto o más que en ninguna parte, y de cosas útiles, porque allí hay verdaderamente asuntos públicos, de los que el público se ocupa con pleno conocimiento y sobre los cuales todo el mundo, consultado, opina y da su consejo. La nación, como si estuviera siempre reunida, recoge los votos y no cesa de deliberar sobre cada punto de interés común y forma sus resoluciones con la opinión que prevalece en el pueblo, en el pueblo entero, sin excepción de nadie; es el buen sentido de Franklin." Courier, "Panfleto de los panfletos", en Panfletos políticos, op. cit., p. 203. Paul-Louis Courier de Méré (1772-1825), conocido también como "Viñador", escritor y polemista político francés, que murió asesinado en el bosque de Larçay; fue famoso por sus libelos contra el gobierno de la Restauración, entre los que destacaron: Pétition pour des villageois que l'on empêche de danser (1820); Le simple discours (1822) y Le pamphlet des pamphlets (1824). Fue enemigo de la monarquía borbónica y de espíritu profundamente irreligioso, combatió sin cesar la influencia de la corte y de la Iglesia, que suponía opresora del pueblo trabajador. Un tanto parecido al espíritu de Lizardi, excluyendo el profundo cristianismo de El Pensador. Sus obras completas aparecieron en 1826, con el título de Collection complète des pamphlets politiques et opuscules littéraires de P. L. Courier.
(5) Manuel de Vidaurre. Cf. la nota 17 a Impugnación y defensa... prospecto...
(6) Juan de Dios Cañedo. Cf. la nota 18 a Impugnación y defensa... prospecto...
(7) Joaquín Infante. Abogado cubano nacido en Bayamo, que intervino en las conspiraciones de los primeros años del siglo XIX contra España. Fue autor del primer Proyecto de Constitución para la Isla de Cuba (1812), y de la Solución a la cuestión de derecho sobre la emancipación de América. Impreso en Cádiz, reimpreso en Puebla, y por su original en México, en la Oficina de D. José María Betancourt, 1821, 19 pp. La primera impresión fue de 1820; la reimpresión poblana de 1820 también, y la que consultamos de 1821.
(8) Noticioso General. Periódico fundado el 24 de julio de 1815; el "Prospecto" está firmado por J. C. (Nicolás Rangel se pregunta si serían las siglas de Joaquín Conde). Primero salía dos veces por semana, y luego los lunes, miércoles y viernes durando su publicación hasta el año de 1824. Nicolás Rangel, "Folletos y periódicos", en el Apéndice a la Antología del Centenario, Primera parte, volumen segundo, op. cit., p. 1072.
(9) acatarrar. Importunar, hostigar. Santamaría, Dic. mej.
(10) les va mucho en el gallo. Lo contrario a "no irle a uno nada en el gallo": no tener interés alguno en un asunto. Santamaría, Dic. mej.
(11) de cuerito a cuerito. De cabo a rabo; desde el principio hasta el fin (Entre muchachos de escuela que se aprendían los libros de memoria, de cuerito a cuerito,es decir de pasta a pasta, de la primera hoja a la última, nació la frase). Santamaría,Dic. mej.
(12) Del 13 de agosto de 1521, fecha en que la ciudad de Tenochtitlán fue tomada por los españoles, con Hernán Cortés a la cabeza, hasta el 27 de septiembre de 1821, fecha de la consumación de la Independencia de México, pasaron trescientos años.
(13) Morro de La Habana. Antes llamado de los Tres Reyes. Castillo en la entrada del puerto de La Habana. Comenzó su edificación en el año de 1589 por el ingeniero Antonelli, bajo la dirección de Juan de Tejeda. Durante la época virreinal funcionó como cárcel.
(14) creer en el tecolote. Creer en el tecolote es una expresión familiar que denota la creencia en consejas o cuentos. Empleada aquí con el sentido de creer cuentos o mentiras. Santamaría, Dic. mej. "Si el tecolote [lechuza] canta el indio muere; esto no será cierto, pero sucede. El canto del búho era de mal agüero para los primitivos mexicanos; desde tales épocas tomó forma la superstición que se ha convertido en el refrán que consigno." Darío Rubio, Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, op. cit., p. 418. "La Nueva España era una sociedad que no marchaba bien porque se componía de elementos heterogéneos, de los cuales cada uno tendía a diverso objeto. Era una sociedad parecida a la siembra que se hace con un buei i un asno juntos, siembra prohibida por el Deuteronomio, porque no daba buen resultado [Non arabis in bove simul et asino. Dt. 22, 10]. Importa mucho hablar bien el idioma castellano: una cosa es junta i otra, cosa es unión. Los españoles i los indios vivían juntos en la Nueva España, pero no unidos; porque aunque, por ejemplo, unos i otros creían en el misterio de la Santísima Trinidad, en lo social tenían diversas tradiciones, diversos pensamientos i diversos intereses, i aun en lo religioso en algunos puntos tenían creencias diversas, verbi gracia, los indios creían en el tecolote i los españoles en brujas." Agustín Rivera, "Población de la Nueva España", en Principios críticos sobre el Virreinato de la Nueva España i sobre la Revolución de Independencia, San Juan de los Lagos, Tipografía de José Martín Hermosillo, 1884, t. 1º, p. 92.
(15) harto. Mucho, demasiado, muchísimo. Muy usado en lenguaje familiar y popular. Santamaría, Dic. mej.
(16) pesos. Cf. nota 15 a Satisfacción al público...
(17) Bajío. Región de la República Mexicana, en la cuenca del río Lerma, que abarca gran parte del estado de Guanajuato y que alcanza algunas partes de los estados de Querétaro y Michoacán. Generalmente se entiende por Bajío al conjunto de los valles de Celaya, Acámbaro, Salvatierra, Pénjamo, Salamanca, Irapuato, Jaral del Progreso, Santiago y Piedad de Cabadas.
(18) darse cata. Frase usada antiguamente; significaba notar, echar de ver, darse cuenta de alguna cosa.
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