CHAMORRO Y DOMINIQUÍN
DIÁLOGO JOCOSERIO SOBRE ASUNTOS
INTERESANTES Y DEL DIA(1)
DOMINIQUÍN: Amigo Chamorro, seas bienvenido, cuánto ha que no nos vemos. Desde que nos fuimos a la independencia.
CHAMORRO: Es cierto, y ya tenía yo mil deseos de verte para que me digas cómo está el mundo político, pues yo acabo de llegar de tierra adentro, y no sé las novedades de la corte.
DOMINIQUÍN: Todo está bueno, a lo que parece.
CHAMORRO: ¿Cómo a lo qué parece?, ¿pues qué no está bueno en realidad?
DOMINIQUÍN: No, si está bueno; pero como lo que importa en la bondad política es la perseverancia y el aumento, qué sé yo si conseguiremos ambas cosas, y más ahora que se va a instalar el Supremo Congreso de Cortes.(2)
CHAMORRO: Según tu temor, me haces creer que no son buenos los nuevos diputados.
DOMINIQUÍN: No hay tal cosa. Son buenos, inmejorables, pero quién sabe cómo andarán las cosas después.
CHAMORRO: Todo te vuelves énfasis, miedos y preñeces. Explícate si puedes, sin rodeos. ¿Qué es lo que temes?
DOMINIQUÍN: Yo nada temo, sino que soy tonto y no puedo explicarme. Tú, que eres más ladino, platícame lo que quieras, y te contestaré lo que pueda.
CHAMORRO: Eres muy cobarde; pero voy a examinarte políticamente, y de tu conversación sacaré algo de lo que me quieres ocultar. Dime: ¿qué bienes nos han venido con la independencia?
DOMINIQUÍN: El que no nos mande España.
CHAMORRO: ¿Y eso es mucho?
DOMINIQUÍN: Pues ya se ve que sí.
CHAMORRO: Según eso, tú, en siendo independiente, aunque no seas libre.
DOMINIQUÍN: Yo sí soy libre, ¿pues acaso estoy preso?
CHAMORRO: No hablo de la libertad corporal, sino de la civil. Bien pueden los hombres estar libres en sus personas y ser al mismo tiempo unos esclavos de los déspotas. Ni a éstos les tendría cuenta que todos sus vasallos estuviesen presos en las cárceles.
Debes, pues, saber que no es lo mismo la independencia que la libertad civil. Independientes de España son los moros y los asiáticos, y sin embargo no son libres; así es, que si todas las ventajas que hemos de disfrutar se han de ceñir a ser independientes de España, quedando sujetos a sus mismas leyes, a su misma forma de gobierno y aun a sus mismas preocupaciones, por cierto que hemos quedado como el que chifló en la loma.(3) Las verdaderas ventajas que hemos de percibir de nuestra independencia han de ser las que por ellas le deben resultar a toda la América en general, y e[n] particular a todos sus habitantes. Esto se conseguirá sancionando leyes justas, pocas y claras, y estableciendo un gobierno enteramente liberal.
DOMINIQUÍN: ¿Y cuál deberá ser ese gobierno?
CHAMORRO: Yo no te podré decir cuál es el mejor gobierno que nos conviene, porque ni mi talento, ni mi ejercicio, ni mi experiencia me han proporcionado la mejor instrucción para discutir sobre puntos de tanta gravedad; pero sí podré decirte mi opinión, satisfecho de que así pasaremos el rato sin daño de nadie, y de que soy muy libre para exponer mis ideas políticas sobre cualquier materia. Soy muy libre, digo, para pensar de éste o del otro modo, en ésta o en aquella materia; y para hablar sobre lo mismo, pues Dios, Autor y Señor de todo lo criado, el que se reservó la duración de los tiempos y el mando absoluto de los cielos y la tierra, no qui[s]o cautivar mi entendimiento ni mi voluntad a su obediencia, sino que me dejó un albedrío para que con entera libertad pensase y obrase como quisiese, y el don de la palabra para que hablara lo que me diese gana.
DOMINIQUÍN: ¿Conque según eso, tú puedes matar al que quieras, y decirle una desvergüenza al mismo señor almirante?
CHAMORRO: Ya se ve que sí.
DOMINIQUÍN: Te castigarán severamente.
CHAMORRO: Eso es otra cosa; y harán muy bien.
DOMINIQUÍN: Pues yo no apetezco esa libertad.
CHAMORRO: Ni yo tampoco; ni esa es la libertad de que te hablo. Los hombres, en el estado natural, nacieron libres para obrar bien o mal; pero, ilustrados por la razón, conocieron que tan absoluta libertad, lejos de proporcionarnos ningunas ventajas, era dañosa a la sociedad y a nosotros mismos: por tanto, se inventaron las leyes que velasen sobre el buen uso que debemos hacer de nuestra libertad, para que no degenere en nuestro daño; y nosotros todos nos sujetamos a ellas, perdiendo una poca de libertad para conservar el resto de la misma, haciéndonos de este modo útiles a los demás, y quedando a cubierto de los daños que nos puedan hacer los que abusen de este convenio o pacto social entre los ciudadanos y los gobiernos.
DOMINIQUÍN: ¿De esa manera cuál es la verdadera libertad, puesto que no podemos hacer todo lo que queramos?
CHAMORRO: La verdadera libertad consiste en poder hacer todo cuanto no prohíba la ley expresamente.
DOMINIQUÍN: Pues entonces, aunque tú puedas pensar y hablar como quieras, pues la ley no prohíbe pensar, ni hablar, a lo menos no puedes publicar tus opiniones por medio de la imprenta, en asuntos de nueva forma de gobierno, pues se publicó, por Bando de 17 de diciembre de [1]821, que "el gobierno será monárquico moderado constitucional", y se dice que "los impresos atacarán estas bases directamente, cuando de intento traten de persuadir que no deben subsistir ni conservarse, ya sea este el fin principal del escrito, o ya se haga incidentemente... cuando proclamen otra clase de gobierno como preferente o mejor, no en lo especulativo y general, sino para el imperio en su estado actual."
Según esto, no te es lícito imprimir una palabra que propenda a persuadir que nos conviene otra clase de gobierno distinta de la que adoptó la Junta Provisional representativa, a saber: monarquía hereditaria, constitucional ymoderada.(4)
CHAMORRO: Confieso que el estrecho es de los apurados; pero, hablando con el decoro debido a tan alta corporación, séanos lícito hacer las reflexiones siguientes...
Por el Plan de Iguala se nos dijo que tocaba a la Junta Gubernativa supletoria, convocar a Cortes y proveer en los casos ejecutivos.(5) Todo lo que sea separarse de este instituto, es arrogarse privilegios que no están en el círculo de sus atribuciones. Fundado en estos principios inconcusos, dig[o]: que ni tenemos Constitución, ni la hemos tenido, ni podemos tenerla nunca, sancionada por una corporación que, aunque muy justa y patriótica, carecía de la autoridad necesaria para sancionarla.
DOMINIQUÍN: ¿Y cuál es esta autoridad?
CHAMORRO: La legítima representación de la soberanía, que únicamente la puede dar la nación,(6) y jamás ningún particular; pues entonces, la soberanía residiría en este particular y no en la nación, lo que sería un absurdo político, según nuestro sistema.
DOMINIQUÍN: Conforme a eso, ni el señor generalísimo pudo autorizar a la Junta para hacer la Constitución de la América ni ésta, en ningún tiempo, pudo llamarse legítimamente soberana; como que en tu sentir carecía de la legítima representación, que debía ser inmediatamente delegada por la nación en quien reside esencialmente la soberanía.
CHAMORRO: Ahora sí que me has entendido. Eso es lo que digo, y eso es lo que dicen todos los sensatos amantes de la patria y de la libertad civil.
DOMINIQUÍN: Todo eso está muy bueno; pero yo no te perdonaré el arrojó de decir que no tenemos Constitución,(7) ni la hemos tenido, ni en la Suprema Junta han residido facultades para formarla; y creo que si te atrevieras a imprimir esto, no te escaparías de una prisión.
CHAMORRO: Era mene[st]er que pusieran preso también al [señor] generalísimo, que lo dijo primero que yo.
DOMINIQUÍN: ¿Dónde o a qué horas?
CHAMORRO: Tanto como las horas, no sé; pero en dónde, sí. En su Proclama a sus conciudadanos. Oye, qué cosa tan clara: "El actual gobierno, como supletorio e interino, nunca se propuso dictar leyes permanentes, ni menos entrometerse a formar la Constitución del Estado. Sa[b]e que función tan augusta toca, exclusivamente, en los legítimos representantes de la nación: ellos serán los que con más tiempo, con mayores luces, y con mejor conocimiento del voto público, manifestado por la imprenta, darán la forma conveniente al cuerpo legislativo que en la serie de los siglos conducirá al Imperio al punto eminente de esplendor y de grandeza a que debe aspirar entre los pueblos libres de la tierra." (8)
DOMINIQUÍN: En efecto, que esas palabras no son sino la autorizada comprobación de cuanto has dicho. Pero si en la Suprema Junta no hay facultades para hacer la Constitución del Estado, ¿cómo la misma Junta nos dice, en su Bando de 17 de diciembre, que ya tiene Constitución el Imperio? ¿Quién, o con qué representación y legítima autoridad, pudo hacer tal Constitución y señalar bases fundamentales, antes que la nación se constituya? Si tal pudiera suceder, se seguiría que la Junta Supletoria era más soberana que el Congreso nacional representativo, puesto que ya le fijaba bases, Constitución y leyes, y entonces la Junta era la constituyente, y no el Congreso.
CHAMORRO: A esa dificultad sólo se puede responder diciendo que los gobernantes son hombres, expuestos a equivocarse a cada paso y a olvidar muchas veces algunas cosas. Solo Dios tiene presente todo; nuestra fragilidad es suma y, por más que an[h]elemos por acertar, no siempre corresponden nuestras determinaciones a. nuestros deseos.
Los señores de la Junta, advirtiendo que era una inconsecuencia contra sus principios establecidos, el citado Bando, lo renovaron claramente en el otro del 21 de enero, en el que se invita a los sabios, y a cualquiera, para que escriba sobre la Constitución (futura) de la América. Esto, lejos de degradarlos, los ensalza; porque es privativo de los hombres de ju[ici]o retractar sus opiniones, siempre que advierten que son extraviadas.
DOMIN1QUÍN: ¿Según todo lo dicho, tenemos libertad para discurrir como queramos acerca de la forma de gobierno que nos convenga?
CHAMORRO: Sin duda alguna; y no solo libertad, sino que est[a]mos en obligación de manifestar nuestras ideas y los fundamentos en que las apoyamos, como que de esto resulta el publicarse el voto general, y de consiguiente, el beneficio [de] la patria.
DOMINIQUÍN: ¿Y si nos impugnan?
CHAMORRO: En no siendo con necedades, desvergüenzas y personalidades, como hacen algunos malcriados que no conocen la buena educación, sino con juicio y solidez, debemos oír las impugnaciones con serenidad y gusto. Si no satisfacen contra nuestras razones, la victoria será nuestra; y si nos concluyen, debemos confesarlo, agradeciendo nos saquen de nuestros errores. De modo que, así como del choque del pedernal y el acero resulta el fuego y la luz; así, de[l] choque de las opiniones resulta la verdad y la ilustración de los pueblos, que no tendrían sin estos choques públicos.
DOMINIQUÍN: A mí me parece que más instruyen los folletos con libertad de imprenta que los libros de folio sin ella.
CHAMORRO: No te engañas; pero, pues tenemos cuanta libertad necesitamos para hablar sobre esto, y debemos hacerlo ahora antes que sea la apertura del Congreso, así como se debe tratar de la enfermedad del paciente antes que el médico recete. Dime: ¿qué gobierno te parece el más adaptable en nuestra actual situación?
DOMINIQUÍN: A mí el monárquico moderado, hereditario.
CHAMORRO: Pues a mí no me parece el mejor para nosotros.
DOMINIQUÍN: ¿Por qué?
CHAMORRO: Acaso será porque me ha dejado el gobierno monárquico tan escarmentado, que estoy como los romanos cuando la expulsión de los tarquinos, que hasta el nombre de rey aborrecieron. Los monarcas están muy propensos a ser déspotas. Aunque a los principios sean buenos, después el fausto, la opulencia y la servil adulación los hacen prevaricar y abusar del poder que se les ha confiado, con notable daño de los pueblos. Nerón era tan piadoso a los principios de su reinado que, cuando tenía que firmar alguna sentencia de muerte, exclamaba enternecido: "¡Oh, quién no supiera escribir!"(9) Y después fue tan tirano que llegó a divertirse con verle sacar las entrañas a su madre.
DOMINIQUÍN: Pero ese riesgo está en las monarquías absolutas; no en las moderadas.
CHAMORRO: ¡Ay, hermano! El que una vez se empachó con carne de puerco media cocida, no la quiere después ni des [h]aciéndose. Nosotros nos empachamos allá de luengos tiempos con la monarquía absoluta, vino la moderada con la Constitución, y no se nos pudo arrancar el empacho; y ahora que nos lo arrancó el señor Iturbide, Dios le de el cielo y por sus hijos lo vea, haremos muy mal si nos dejamos enmonarcar otra vez.
DOMINIQUÍN: Hombre, pues a ti no te entra la monarquía ni con confites.
CHAMORRO: Con razón, hijo: el gato escaldado... ya sabes.
DOMINIQUÍN: Pues la verdad, no tienes razón. Es un capricho oponerse a la monarquía moderada, porque con las trabas que ponga la Constitución a los reyes, están estos sujetos y la patria segura.
CHAMORRO: Ahora sí, acabo de conocer que eres un camote.(10) ¿No ves que esa moderación siempre será violenta a un hombre entronizado, y que el día que pueda, romperá las trabas y dará una estampida que no lo alcanzarán los galgos más corredores?
A más de esto, supongamos que nuestro primer emperador es magnánimo, justo, prudente, desinteresado... vamos: de mantequilla y tal cual se puede apetecer. Empero, ¿quién nos asegura que todos sus descendientes serán iguales? Del despotismo se retiran los monarcas a garrochazos y se acercan a él a brincos. El hijo del déspota, por lo regular, es más déspota que el padre, el nieto más que el abuelo, y así los demás hasta llegar a tiranos. Acuérdome de aquella vieja que pedía a Dios muy fervorosamente por la vida y salud del rey don Pedro el Cruel en Aragón. Oyóla este monarca una noche, y admirado, pues todos lo odiaban, llamó a otro día a la vieja, quien preguntada por la razón de sus plegarias, le dijo: "señor, yo soy muy vieja, conocí al abuelo de vuestra majestad, era malísimo; murió, y el padre de vuestra majestad salió peor que él. Ahora, vuestra majestad es el mismo diablo; y si se muere, vendrá otro que acabará con todo el reino; y así, por eso le ruego a Dios le conserve la vida, porque el que venga atrás de vuestra majestad, quién sabe si dejará con alma a alguno de sus vasallos."
DOMINIQUÍN: Esos son temores pánicos;(11) no siempre lo peor es cierto, y mil veces vemos hijos buenos de padres malos.
CHAMORRO: No, no muchas veces. Es verdad que se han dado tales ejemplares, pero en el orden extraordinario; en el común está que el hijo sea como el padre. Hijo de gato caza ratón,(12) y esto es lo más seguro y normal.
Ahora: o el rey constitucional ha de tener algunas prerrogativas de soberano, como declarar la guerra, hacer la paz, mandar las armas y conferir los empleos civiles y militares; o no ha de tener ningunas facultades, sino las de firmar lo que le mandan las Cortes. Si lo primero, ya tienes a la nación en un continuo sobresalto, temiendo no le usurpen su soberanía; y el Congreso en un continuo celo, siempre con la barba sobre el hombro,(13) atisbando la conducta del monarca y de sus criaturas y aliados, lo que es una fatiga insoportable. En el corto tiempo que cuentan los españoles de esta clase de gobierno, ¡qué de conmociones, qué de intrigas no se han experimentado!, ¡qué de sustos no ha tenido el Congreso!, y con cuánto cuidado, sacrificios y fatigas no ha sostenido y sostiene la libertad de la nación, y al fin, al fin quién sabe en qué vendrá a parar.
Tal sería nuestra desconfianza, nuestro temor y nuestro peligro si el monarca tenía algunos gajes de soberano. Si no tenía ningunos, sino que era un fantasma de rey, nos era un hombre gravoso, a quien sin necesidad debía tributar la nación considerables sumas para mantener el lujo de su alta dignidad. Conque si el rey podía algo, era temible; si no, no podía nada, era gravoso. Demos otro paso.
Más se siente lo que se cría que lo que se pare, dice un refrancillo casero. La España ha criado a la América trescientos años ha, y en tan largo tiempo ha estado percibiendo sus inmensos tesoros y riquezas: ella sabe lo que ha perdido, y nosotros aún no sabemos lo que hemos ganado. Se(14)
(1) México, 1822. Conseguimos una copia, incompleta, de Yale University Library, sin pie de imprenta.
(2) El Primer Congreso Constituyente se instaló el 24 de febrero de 1822.
(3) quedar como el que chifló en la loma. Llevarse por torpeza un gran chasco, salir deslucido de un empeño o negocio. Santamaría, Dic. mej.
(4) En el Proyecto de Reglamento Provisional Político del Imperio Mexicano, sección primera, capítulo único, artículo 5: "La nación mexicana es libre, independiente y soberana: reconoce iguales derechos en las demás que habitan el globo: y su gobierno es monárquico-constitucional representativo y hereditario, con el nombre de imperio mexicano." En los Tratados de Córdoba, en el artículo 20: "El gobierno del imperio será monárquico, constitucional moderado." Felipe Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, op. cit., pp. 116 y 126.
(5) En los artículos siguientes: "5. Habrá una junta; ínterin se reúnen Cortes que hagan efectivo este plan. 6. Esta se nombrará gubernativa y se compondrá de los vocales ya propuestos al señor Virrey. 7. Gobernará en virtud del juramento que tiene prestado al Rey, ínterin éste se presenta en México y lo presta, y entonces se suspenderán todas las ulteriores órdenes. 8. Si Fernando VII no se resolviere a venir a México, la junta o la regencia mandará a nombre de la nación, mientras se resuelve la testa que deba coronarse." En F. Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, op. cit., p. 115.
(6) Cf. nota 9 a Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo...
(7) Constitución. Cf. nota 27 a Quien mal pleito tiene...
(8) Proclama del generalísimo a sus conciudadanos para la convocatoria del Congreso,México, Imprenta Imperial de D. Alejandro Valdés, 1821; también: Puebla, reimpresa en la Oficina de D. Pedro de la Rosa, impresor de Gobierno (29 de noviembre de 1821).
(9) "Se sabe la buena palabra de Nerón, que comenzó tambien [sic], y acabó tan mal. Un día que le presentaban para firmar una sentencia de una persona condenada a muerte, dijo: Yo quisiera no saber escribir." Blanchard, Escuela de costumbres. O reflexiones morales e históricas sobre las máximas de la sabiduría, traducida por don Ignacio García Malo, corregida en esta segunda impresión, Madrid, Imprenta de Villalpando, 1797, t. I, p. 325.
(10) camote. Cf. nota 71 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(11) temores pánicos. Cf. nota 51 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(12) hijo de gato caza ratón. Cf. nota 14 a Quien mal pleito tiene...
(13) andar con la barba sobre el hombro. "Es mirar de lado, con el pescuezo torcido, y vuelto el rostro a la parte izquierda: lo que de ordinário hacen los que miran con particulár estúdio y cuidádo a otro para reconocerle, o por motivo de estar mal avenído con él." Dic. de autoridades.