Fábula X
CELIA Y LA MARIPOSA
Estaba Celia hermosa
una noche leyendo entretenida,
cuando una mariposa
entró, vido la luz e, inadvertida,
en torno de ella tantas vueltas daba,
que alguna vez las alas se quemaba.
La ve Celia y la dice:
—Mariposilla incauta, considera
que víctima infelice
morirás en la llama lisonjera
que tanto te apasiona y te provoca.
Desengáñate, pues, y no seas loca.
No te acerques, detente;
huye la cierta ruina que prepara
a tu vida inocente
esa llama brillante, esa luz clara,
entre cuyos ardientes resplandores
no hallarás sino sustos y dolores.
Esa llama es un fuego
inclemente, voraz, violento y duro;
mas tu apetito ciego
te la hace concebir un bien seguro;
y creyendo gozar de mil placeres,
entregarte a la muerte sólo quieres.
Es como amor la llama.
Huye, Mariposilla, su presencia.
Advierte que Celia ama
y te habla con muchísima experiencia.
Amor y fuego lejos disimulan
su veneno, de cerca ya no adulan.
Huye, pues, los voraces
incendios que delicias consideras.
Huye antes que te abrases:
admite mi consejo antes que mueras.
¡Oh, cuántas mariposas racionales
deben aprovechar avisos tales!
