CARTA SEGUNDA
DE EL PENSADOR AL PAPISTA(1)
Muy señor mío:(2) así pareció que se había sofocado la insurrección, y ya cantaban el triunfo los enemigos de nuestra libertad, sin advertir que el relámpago de libertad de imprenta que alumbró el año de [18]12, y esta misma libertad, mediada y perseguida, que volvió a iluminar nuestros horizontes el año de [18]20,(3) bastó para desengañar a muchos, y entusiasmar a más en favor de la libertad de la patria.
Estos preciosos momentos aprovechó con felicidad nuestro generoso Iturbide,(4)trazando sus planes políticos, reuniendo la opinión y trabajando sin cesar en completar su grande obra. Los jefes militares se le subordinaron gustosos; los pueblos admiraron la moderación del Ejército Trigarante;(5) la victoria siguió la voluntad de los héroes y todo se concluyó en siete meses,(6) sin que ninguna autoridad eclesiástica se atreviese a fulminar excomuniones contra estos nuevos y subordinados insurgentes. ¿Ni cuál hubiera tenido tal arrojo, al ver los rápidos progresos de los sucesores de los Hidalgos(7) y Morelos,(8) de los Matamoros(9) y los Minas,(10) de los Galeanas(11) y los Bravos,(12) etcétera, etcétera? Hubiera perdido las primeras acciones el señor Iturbide, hubiérase visto derrotado, sin gente y errante por los montes; y seguro está que hubiesen faltado teólogos y canonistas que, muy santamente, le habrían dado su voto al primer señor obispo que se lo hubiera pedido para excomulgarlo. Pero viva quien vence, señor mío. Yo quisiera azgar(13) la [h]oja de servicios de usted a la patria, en el tiempo que fue calificador del Santo Oficio,(14) y según dicen, consultor de Venegas,(15) cuando la instalación de la mo[n]struosa Junta unida de tiranos oidores y de piadosos eclesiásticos. Ya veríamos cuáles fueron entonces las opiniones de usted en favor de su patria, y en orden a las excomuniones que tan liberalmente se fulminaron contra los pobres americanos.
Tal vez le parecerá a usted inoportuna esta digresión; pero no viene sino muy al caso, para darle a usted a entender que a los insurgentes se excomulgaba sin temor, porque se consideraron impotentes e incapaces de conseguir su fin. Al señor Iturbide lo respetaron porque se hizo temible, y desde el principio vieron que tenía talento político y militar, que le sobraba valor y expedición, que reunía la opinión prodigiosamente, y que sus triunfos eran precursores infalibles del feliz éxito de su empresa. Pero si por una vicisitud de la guerra, si por un dengue de la fortuna corre mala suerte y se le antoja a algún obispo excomulgarlo, le habrían sobrado doctores, y usted entre ellos, que le habrían dado su voto para el caso. Vea usted y cuánta razón tengo para decir y afirmar que al conde de la Cortina,(16) ni piensan ustedes excomulgarlo por un papel como el mío; y ahora añado que por ninguno. Ya veo que a usted y a más de cuatro les han de parecer muy duras estas verdades; pero son verdades, pese a quien pesare, como lo son las que siguen, y las que yo habría depositado en el silencio si usted no me comprometiera con sus sofismas, calumnias, mentiras y supercherías, que tales son los que le parecen argumentos y razones sólidas, que acaba de estampar en su última Carta.(17) Mucho y muy duro he de decir, porque se me ha injuriado y se me injuria mucho por diversos caminos. Me han arruinado ustedes, han hecho resentir males incalculables a mi larga, pobre e inocente familia;(18) me han hecho daños irreparables; y aun no satisfecha su venganza con haberme inferido tantos agravios a la sombra del Evangelio, de la ley más humana que se ha conocido en el mundo, como dictada por Jesucristo, cuyas entrañas misericordiosas destilan miel y leche sobre todo hombre hechura del Eterno; aún insisten por la pluma de usted en insultarme y calumniarme, imputándome los más groseros errores, las más descaradas blasfemias y el espíritu de cisma, inobediencia y vilipendio a la suprema cabeza visible de la Iglesia, a quien siempre he venerado como debo.
Ha faltado vuestra paternidad, Mercadillo,(19) a la verdad,(20) ¡vive Dios!, y ha faltado injuriándome y calumniándome a la faz del mundo. Ha faltado sin temor de Dios y de los hombres. Ha faltado sin juicio y sin memoria, pues ni advierte ni se acuerda que el papel mío porque me excomulgaron, el titulado Defensa de los francmasones,(21) y de cuyas palabras saca usted los crímenes que me imputa, está impreso, anda en manos de todos y cualquiera puede ver las calumnias de usted, quien ha faltado finalmente, creyendo que se las va a ver con un zote, que se callará la boca por respeto de su carácter y santo hábito, y dirá: cuando el padre lo dice, estudiado lo tiene.
No, señor Papista, usted y sus amigos, los muchos que tiene viadores, se han clavado.(22) Yo no soy teólogo, ni canonista, ni cosa que lo valga. Harto ignorante soy, y sin libros ni amigos. ¿Quién será amigo de un pobre que está pereciendo de hambre?(23) Ésta es una ventaja para usted y para mis enemigos por ahora, y un oprobio eterno después; mas a pesar de mi ignorancia, no soy abobado ni me dejo injuriar impunemente. Yo me defenderé ostendam gentibus nuditatem tuam;(24) yo descubriré al pueblo, para su enseñanza, cosas que le han encubierto tantos años, envolviéndolo en la ignorancia y la superstición para dominarlo sobre seguro, así como al caballo generoso se le tapan los ojos para montarlo. Estoy en el caso de vindicarme y defenderme de tamaña injuria, producida por la calumnia más atroz, la más crasa ignorancia y la más vergo[n]zosa venganza.
Hasta la evidencia he de manifestar mi justicia, asegurado en que la ha de oír y proteger la autoridad civil contra el injusto opresor eclesiástico; y si, lo que no es de esperar, se desentendiere de ella y me abandona a la ignominia sin volver por mi honor, los Estados Unidos de la América del Norte me prepararán un buen asilo a mí y a mi familia. Allí tendré menos enemigos, allí, donde saben respetar la humanida[d] afligida, y usar de la hospitalidad sin afectación ni hipocresía, hallaré amigos, trataré sabios, comunicaré con despreocupados, la pasaré mejor y le escribiré a usted o a sus amigos con menos temor de que me excomulguen y persigan. Entre tanto continuemos.
Con sólo el evangélico fin de apocarme y ultrajarme, dice usted en su página 9: "El Pensador es pequeño en instrucción, pues necesita que le enseñen aún la doctrina cristiana".(25) Vea usted aquí una verdad que ha dicho entre muchas mentiras. En efecto, en nada tengo instrucción, y necesito de que me enseñen la doctrina cristiana porque no sé cuál es. Yo veo una en el Evangelio, enseñada por el mismo Jesucristo, y veo otra muy diferente... dije poco, opuesta del todo en la práctica. No sé cuál es, en efecto, la doctrina verdadera, si la que Cristo enseñó o la que se practica en el día. Yo no sé a cuál me he de atener, y deseo que usted o alguno de mis enemigos que, como he dicho,(a) debemos creer que son la flor y nata(26) de la literatura de nuestro clero, me saquen del confuso laberinto de encontradas ideas con que días hace batalla mi pobre entendimiento. Vaya por ahora un par de dudas.
Jesucristo, el supremo legislador de su Iglesia, ante cuyo adorable nombre doblan la rodilla todas las potestades celestes, terrestres e infernales, en el canon sagrado que sancionó acerca de las excomuniones, dice: Si tu hermano pecare, corrígelo en secreto; si no se enmendare, amonéstalo delante de testigos; si aún fuere pertinaz, avísale a la Iglesia; y si no oyere a la Iglesia, tenlo como gentil o publicano, esto es, como separado de su gremio. Si ecclesiae non audierit, sit tibi sicut ethnicus et publicanus.(27)
Éste es el canon soberano imprescriptible, proferido por el mismo Jesucristo, quien no dijo: si tu hermano pecare o a ti te pareciere que pecó, sin hablarle una palabra, excomúlgalo, levántale mil testimonios, infámalo públicamente; concita contra él la execración y el odio de los necios; manda que no lo traten ni comuniquen; haz que le nieguen hasta la salutación común; niégale la entrada en los templos y la participación de los sacramentos que yo instituí en favor de los pecadores a costa de mi sangre; prohíbe que la Iglesia me pida por él; sin embargo de que yo pedí al Eterno Padre por los que me crucificaron; y para que el castigo llegue más allá de la muerte, niégale al excomulgado hasta la sepultura eclesiástica.
Las obras de este divino Maestro estaban en perfecta consonancia con sus palabras. Los samaritanos eran verdaderamente cismáticos entre los judíos: los aborrecían éstos de muerte por la diferencia de sus opiniones religiosas; los tenían por excomulgados y les negaban su trato y comunicación;(28) y Jesucristo, que dijo que "no había venido a destruir la ley de Moisés, sino a perfeccionarla",(29)conversó muy familiarmente con una ramera samaritana, la convirtió,(30) y fue esta célebre ramera y cismática excomulgada, apóstola de Samaria, como la llama Orígenes,(31) y una santa que venera la Iglesia con el nombre de Photina.(32)
¿Ya ve usted, señor Papista, cómo Jesucristo, ni con sus palabras ni con sus obras, previno que al excomulgado se infamase públicamente, se le negase la oración común, el trato, la comunicación ni la salutación? Pues ello es que así lo vemos practicado. Usted me dirá que la Iglesia así lo tiene determinado, y yo le pregunto: ¿por qué no lo determinó Jesucristo?, ¿qué no se le prevendría la necesidad que había de tener su Iglesia de mejorar su canon? Yo respeto y venero mucho las decisiones canónicas de nuestra santa madre Iglesia; pero, ¿haré mal en venerar más las proferidas por la misma boca de Jesucristo?
Duda segunda: Jesucristo nos mandó perdonar las injurias, hacer bien al que nos hace mal, dar de comer al hambriento, de beber al sediento, posada al peregrino, vestir al desnudo. en una palabra, amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, sin que por estos prójimos se entiendan solamente los cristianos no excomulgados, sino todos los hombres, sean de la secta o comunión que fueren, sean o no excomulgados, sean pecadores o justos; y con su ejemplo confirmó su doctrina, tratando afablemente y beneficiando a los publicanos y cismáticos, a los excomulgados y rameras, y haciendo pública oración por los más sacrílegos deicidas.
Ahora bien: los santos papas Clemente XII y Benedicto XIV(33) prohíben que se les dé consejo, auxilio o favor, directa o indirectamente, a los francmasones; y esto bajo la pena más terrible que puede usar la Iglesia.(34) Pregunto: ¿qué no son prójimos nuestros los masones?, ¿un papa puede derogar la ley de Jesucristo y dispensarnos de su observancia?; ¿si yo sé que con título de amistad quieren envenenar unos hombres a una reunión de masones, dándoles en ella un refresco, y por temor de la excomunión y respeto al papa Clemente XII, de buena memoria, los dejo morir a todos y que se pierdan sin remedio, agradará a Dios mucho mi obediencia?, ¿cumpliré así con la ley de Jesucristo y con la natural? Y si por el contrario: les aviso del peligro y los liberto de la muerte, ¿incurriré en la excomunión mayor latae sententiae (35) ipso facto, absque ulla declaratione incurrenda?(36) Si voy navegando en una gran fragata de que soy dueño, y veo embancado un bergantín de francmasones que ya se mueren de hambre, y movido de la natural compasión que inspiran los infelices, acordándome del Evangelio, los paso a mi buque, los alimento, socorro y llevo al puerto, ¿quedaré excomulgado? Esto es, [¿]incurriré en la maldición de Dios Omnipotente por cumplir con el precepto de la caridad, que este mismo Dios me ha impuesto de socorrer, so pena de su indignación, al gravemente necesitado, sea quien fuere?
¿Ya ve usted, señor Papista, cómo dijo la mayor verdad cuando escribió "que soy un ignorante y que necesito que me enseñen la doctrina cristiana"? Pues no hay remedio, así es a mi pesar. Yo no sé la doctrina cristiana y deseo que usted me la enseñe. Ya se acuerda usted que es obra de misericordia enseñar al que no sabe, que las obras de misericordia obligan de justicia en necesidad grave, y que usted como teólogo, sacerdote y maestro de la ley, está obligado a enseñarme la verdadera, mucho más cuando vive satisfecho de mi crasa ignorancia en tan delicada materia. Así pues le ruego, le suplico, lo conjuro por el honor de nuestra religión, por el provecho de mi alma, por su crédito mismo y por su santo hábito, me saque de mis dudas, conciliando éstas que me parecen contradicciones. Pues, pero no con latinorum, con un celemín de citas que no sean del Evangelio, ni con sermones a santo Tomás(37) ni a san Pedro Nolasco,(38) sino clarito, sencillito y con solidez, de modo que lo entendamos los ignorantes y quedemos convencidos de nuestros errores con evidencia. Así Dios lo ayude en cuanto mano ponga. Tengo otras varias dudas, un poco más terribles: si usted se hallara en disposición de permitir que fuera a su celda, y, cerradas las puertas, conferenciáramos los dos sobre ellas, y me satisfaciera, dejando sosegado mi entendimiento, le viviría perpetuamente agradecido; y a pesar de mi pobreza, le regalaría una oncita de oro en una carturina [sic] muy curiosa. Sigamos.
En la misma página 9, dice usted que soy "pequeño en... en... en..." en todo.(39)Es una verdad que no puedo negar; pero si no hubiera pequeños no hubiera grandes, y usted luce su grandeza a costa de mi pequeñez. Sí señor mío: usted es en todo grande. Lo es en talento, en instrucción, en carácter, en grados, en virtud,carita e dempta, en destino, y por ser grande en todo, es grande en edad, y en cuerpo y salud. ¡Bendito sea para siempre tan gran Señor, que crió a usted tan grande, y le ha dado tan gran salud! Su Majestad se la conserve muchos años en su santa gracia. Amén.
Pero después de estos elogios que justamente le tributo, es menester que no sea grande olvidadizo. Tenga usted presente que a este mismo Pensador, que no sabe ni la doctrina cristiana, le hizo usted bastante honor en la calificación que dio a su papel titulado Impugnación y defensa del bosquejo de los fraudes (que al principio traía una apología de nuestra religión,(40) y se imprimió en casa de Benavente),(41)diciendo usted que traté la materia con la destreza que el común de los teólogos, etcéteta.(42)
En el año de 1820, aprobando usted un librito que quise dar a luz, titulado Vida y hechos del famoso caballero don Catrín de la Fachenda, con fecha de 22 de febrero, dice usted a este señor provisor lo que sigue: "La Vida y hechos de don Catrín de la Fachenda, con las notas de El Pensador Americano, es un jocoserio con que se ridiculiza a los viciosos merecedores de este epíteto por su vida libertina, deduciendo una sana moral con que arreglen sus sentimientos y deberes a los de la religión."(43) Trae usted un trozo de erudición y casi me compara con el ilustrísimo Fléchier(44) y con el ingenioso Cervantes;(45) y concluye diciendo: "semejantes ideas (a las de los autores nombrados) adopta El Pensador, las que promueve con destreza, sin contener cosa contraria al dogma y moral."
Muy bien, padre maestro: yo pude volverme hereje del año de [18]20 acá; pero ¿es posible que en tan corto tiempo y sin volverme loco, se me apagaron todas las luces, y me quedé hecho un burro de repente? ¿Cuándo se equivocó usted, confiéselo con ingenuidad, cuando me tuvo por teólogo, diestro crítico y sano moralista; o ahora que me califica de un tontonazo(46) que no sabe ni la doctrina? Usted dirá lo que le estuviere mejor acerca de esto, mientras paso a demostrarle que la excomunión fulminada contra mí es injusta por el falso supuesto en que estribó el juez, a quien quizá aturdió usted con su Cascabel(47) y calificación,(48)llenos, lo mismo que sus demás papeles, de falsedades y calumnias. Tenga usted paciencia y vaya oyendo.
Proposición. La censura es injusta por haberse fulminado sobre supuesto falso.
Éste es que yo notoriamente "auxilio, favorezco, propago y fomento cuanto la silla apostólica condenó y prohibió bajo la pena expresa de excomunión." Así lo dicen los rotulones infamatorios.(49) No es necesario sino leer una vez las Bulas y mi impreso para conocer la falsedad de la suposición. Los pontífices Clemente XII y Benedicto XIV, lo que prohibieron en sus Bulas fue "que de modo alguno se les diese auxilio, ayuda o favor a los masones; que les aconsejasen o aumentasen sus reuniones, o les prestase alguno sus casas, o asistiese a sus asambleas; que formen, propaguen o fomenten sus sociedades; que se alisten o incorporen en ellas; que les proporcionen reunirse en parte alguna, ni suministrarles cosa alguna, ni provocar a otros a que se alisten en sus sociedades o las presencien, ni de modo alguno las ayuden o fomenten."(50)
Esto es cuanto la silla apostólica prohibió y condenó, y todo esto hice yo con un pliego de papel, según dicen los rotulones. De manera que, con sólo mi impreso, fomento, auxilio, favorezco y propago la masonería. Con él oculto a los francmasones, los socorro, los aconsejo, les presto mi casa para sus asambleas, induzco y provoco a otros para que se alisten en ellas, asisto yo mismo, y me he incorporado a sus sociedades. En una palabra, con solo mi papel basta para deducir que soy no sólo francmasón sino uno de los mejores patronos y auxiliares de los masones, pues en su obsequio hice cuanto la silla apostólica prohibió; y lo hice todocon un pliego de papel, lo hice sin conocerlos, y lo hice, finalmente, convidando a "averiguar sus errores para combatirlos y refutarlos." (página 5 de mi Defensa de los francmasones)(51)
Desafío a todos los lógicos del mundo a ver cómo deducen semejantes desatinos, absurdos, criminalidades y calumnias de un papel que así defiende; auxilia ni favorece de modo alguno a los francmasones, como la obra de monsieur de Pradt(52) a los capitulados en Veracruz.(53) Sin embargo de la notoria falsedad de la suposición, será preciso creerla porque lo ha dicho el señor provisor,(54) porque usted y sus compadres se lo persuadieron, porque lo han escrito con tamañas letras y lo han fijado en las puertas de Catedral,(55) y porque ustedes dicen: Sic volo, sic jubeo, sic pro ratione voluntas.(56) ¿No es esto?
Ocioso es que se canse usted, señor Papista, para combatir contra la verdad y la razón nunca bastan los libros, las borlas, los grados ni los empleos más elevados. La razón triunfa de sus enemigos, y la verdad vence desnuda a sus más condecorados opresores. ¿De dónde salen de mi papel la inobservancia de las Bulas, el favor generalmente prestado por mí a los masones, mi asistencia e incorporación a sus juntas, de que tan francamente me acusan esos libelos infamatorios que llaman rotulortes jurídicos; ni menos el que yo ultraje, vilipendie, mofe y niegue al papa la primacía de la Iglesia; que incite a su desobediencia, que lo desautorice, que trate de establecer el cisma y el indiferentismo sobre religiones, como temerariamente han asegurado usted y sus concalificadores de mi impreso? ¿Con qué lógica sacan ustedes tan malditas consecuencias de un papel, en todas sus partes inocente? ¿De un papel que está muy impreso, y del que corren en manos de todos muchos ejemplares que desmienten las maliciosas falsedades y calumnias de ustedes? ¿Con qué alma, finalmente, con qué caridad, con qué conciencia se atreven los maestros de la ley, los ministros del Dios de la paz, los pastores de Israel a excomulgar, a infamar y a exponer a que se aleje del rebaño de la Iglesia una oveja redimida con la inestimable sangre de Jesucristo, y esto sin delito, sin juicio, sin jurisdicción, sino sólo por capricho, por venganza, valiéndose de la lógica más absurda, amontonando las más falsas y atroces calumnias, tratando de sostener el yerro más escandaloso de esta curia, a pesar del íntimo convencimiento de la verdad, sembrando la cizaña en un pueblo ignorante y religioso, y proporcionando la ocasión de daños espirituales y temporales contra la inocente sociedad? Honor es de la nación mexicana el defender a un ciudadano pobre, pero honrado, constante defensor de sus derechos, y que se ha expuesto a ser víctima en tantas persecuciones como ha sufrido por su patria. Ultrajes, dicterios, pobrezas, sacrificios costosos, cárceles, sonrojos, amenazas de horcas y presidios, tengo sufridos, y no me pesa, lograda la libertad e independencia de mi patria. Faltábame ser perseguido y herido en el honor por los eclesiásticos; por aquellos mismos eclesiásticos cuya inmunidad defendí cara a cara, y con la mayor valentía, en los días más ensangrentados del despotismo, ante un Venegas, cuando no hubo un eclesiástico que se atreviera a decir la quinta parte de lo que yo en favor del clero, públicamente; cuando una porción de eclesiásticos, creyendo haber hecho mucho, se interesaron en que les hiciese una privada representación un abogado secular, que se las hizo y tuvo que fugarse, retractando sus firmas muchos eclesiásticos que las habían prestado, suponiéndose sorprendidos e ignorantes de lo que firmaron.
Entonces fue cuando El Pensador Mexicano, este pícaro, impío, irreligioso, inmoral, hereje, cismático y excomulgado, epítetos muy dignos con que hoy me honran mis enemigos. Entonces fue, repito, cuando este antieclesiástico sacó la cara por el clero acobardado y le hizo ver a Venegas, que su Bando de 25 de junio era injusto, antipolítico y sacrílego;(57) que no se fiara en el voto consultivo que le dieron su acuerdo de oidores, muchos canónigos, el obispo Campillo,(58) etcétera. Díjele que los aduladores daban opinión a los príncipes para cometer los más escandalosos excesos, que no se fiara de éstos, porque hallaría teólogos y canonistas que contemporizarían con cuanto él quisiese; procuré que desconfiara de sí mismo; díjele que era un hombre mortal lleno de ignorancia y de pasiones, un miserable y un átomo despreciable a la faz del Todopoderoso, verdades que sólo por mi pluma se dijeron a vir[r]ey alguno de Nueva España; engrandecí hasta el cielo la dignidad sacerdotal; amenacé con un infierno a un Venegas; y concluí suplicándole revocara el citado Bando; que si no lo hizo públicamente, disimuló sus infracciones, pues mi papel hizo tanto ruido, y se repartieron tantos ejemplares, que acaso no hubo un comandante de tropa que no lo tu[vi]era; e intimidado con las verdades que contenía, no se abstuviera de obrar contra los sacerdotes. Algunos de estos mismos comandantes me lo han asegurado con estas palabras: "estaba yo tan preocupado y ciego, que si no leo el papel de usted, más de cuatro clérigos y frailes despacho por mi mano." Esto fue haber conseguido indirectamente mi fin y libertado la vida a varios sacerdotes de ambos cleros.
¿Y cuáles fueron las consecuencias de este servicio? Haberse hecho un acuerdo en que Bataller,(59) con sus dignos socios, alarmaron a Venegas para que sancionase sus crímenes,(b) haciéndolo publicar un Bando extemporáneo en que, perjurándose como un chino,(60) suprimió la libertad de imprenta y decretó mi prisión,(61) a la que fui arrastrado a las tres de la mañana del 7 de diciembre de [1]812, acompañado del receptor Roldán(62) y otros pajarracos de su calaña que viven. Se me sorprendió con más de sesenta hombres. ¡Tanto era el temor que me tenían por mi opinión! A esa hora me condujeron a la Cárcel de Corte,(63) al cuarto de prisiones, es decir, a un calabozo estrecho, en donde luego que comenzó a rayar la aurora y entró alguna luz por la pequeña ventanilla que tiene, me vi rodeado de los horrores de la muerte y de la infamia, porque no veía sino sacos de ajusticiados, cadenas, grillos, cordeles, mascadas, cubas y serones, pronósticos todos de mi última existencia.(c)
A las cinco, fue el carcelero Varrón, haciendo un tremendo ruido con las llaves, que yo creí precursor de grillos y cadenas que me iban a poner. Sacóme, y preguntándole a dónde me llevaba, me dijo: a la capilla. Considérese cuál sería mi sorpresa. Llevóme, en efecto, al olvido, un cuartito que hay en la capilla donde se depositan los ajusticiados. Por horas esperaba yo al sacerdote que me había de auxiliar, considerándome ya ahorcado, mirando el altar donde les dan el viático a estos infelices, la tarimita donde duermen, el confesonario donde se confiesan, la silla donde se sientan, etcétera.
A las nueve del día 8 fue Roldán y otros ministriles a sacarme. Lleváronme a la casa del ministro Bataller, quien estaba con otro de tan piadoso corazón como él, y era el alcalde de corte don Felipe Martínez. Recibióme Bataller, no como un juez imparcial y circunspecto, sino como un borracho baladrón, llenándome de injurias e improperios. Entre los dos ministros me tomaron la declaración preparatoria, de que resultó que me levantasen la excomunión carcelera o el separo; no por sus buenos corazones, sino mi tal cual penetración. No creía Bataller que fuera yo el autor de nueve papeles(64) que decía haber hecho más daño que Morelos con todos sus cañones, porque había dividido la opinión; y no lo creía porque me vio flaco, descolorido, de mala figura, con mi capote negro revolcado del calabozo, que no tuve la precaución de limpiarlo. En estas apariencias se fundó el gran sabio ministro Bataller para no persuadirse a que yo era el mismo Pensador Mexicano, en cuerpo y alma, como su madre lo parió. ¿Qué dice usted, señor Papista: cómo ignoraba este literato, que debajo de una mala capa suele haber un buen bebedor?(65) Vamos al caso. Viendo yo el flanco que me dejaba descubierto, le ataqué por él, y me le fingí más ignorante de lo que soy, y lo creyó, de modo que se compadeció de mí, me levantó el separo, y me volví a la cárcel y a la sociedad de mis presos compañeros insurgentes, ¿y a qué?, a defenderme de él, que lo temía de muerte, como que acababa de asesinar en la plaza de Mixcalco(66) al infeliz licenciado Ferrer,(67) con tanta justicia, formalidad de juicio y delito probado, como con la que me excomulgó el señor provisor de México(68) por dictamen de usted y sus camaradas. Lo sentenció a muerte este juez, sin justificarle el crimen de conspiración; por una denuncia mal fundada, sin substanciación de causa, pues faltaba evacuar una cita, producida por su enemigo, don Antonio Terán,(69) cual era la de Alquisira; y lo más criminal, después que el señor fiscal Ossés, hombre de bien deveras, pidió que por sospecha vehemente se confinara a Ferrer a un presidio por diez años.(70) Dios guarde a usted muchos años.
México, 3 de mayo de 1822.
S.C.
[José] Joaquín Fernández de Lizardi
ERRATAS
En la carta anterior, equivocadamente se dijo que el señor Queipo(71) había permitido se le pusiera espada en mano a Nuestra Señora de la Soledad. No fue este canónigo quien lo hizo, sino el señor Bergosa, en Oaxaca.(72) Don Manuel Queipo, entre sus gracias, contará haber autorizado sin autoridad al sacrílego Trujillo, para que fusilara al virtuoso sacerdote don José Guadalupe Salto, como se verificó, sacándolo mortalmente herido, en camilla, al suplicio, donde después de bien martirizado, lo balearon. Esto fue con todo consentimiento del ex-obispo electo.(73)
(1) México, s./imp., [1822], 16 pp. En el extremo superior izquierdo está impreso: "Vale real y medio." González Obregón, en Novelistas mexicanos, señala que fue impresa en la Oficina de Betancourt.
(2) El Papista. Cf. notas 2 y 34 a Si el gato saca las uñas...
(3) "Con la correspondencia detenida en Veracruz, de que trajo Llano 42 cajones cuando regresó con el convoy que condujo a aquella plaza, recibió el virrey Venegas en 6 de septiembre de 1812 la nueva Constitución y la orden para publicarla y cumplirla. Publicábanse con frecuencia bandos con las prevenciones necesarias para ir adaptando todo a las formas y lenguaje del nuevo sistema. Cada una de estas novedades era de las más trascendentales consecuencias, aun en tiempos tranquilos: ¿qué no debían producir todas juntas, en el momento de una revolución como la que actualmente desolaba el país? Faltaban todavía las más importantes, que eran el establecimiento de la libertad de imprenta y las elecciones populares para nombrar el Ayuntamiento que había de entrar en lugar del perpetuo, cuyas funciones cesaban. Aunque se había declarado la libertad de la prensa desde los primeros días de la reunión de las Cortes, que la reglamentaron por su decreto de 10 de noviembre de 1810, no había todavía llegado a tener efecto en México [...]. El virrey, previendo que con la libertad de imprenta en las circunstancias en que el país se hallaba, iba a darse grande impulso a la revolución, se aprovechó para no establecerla de un incidente de poca importancia: Había sido designado como miembro de la junta de censura de México Guillermo Aguirre, quien había muerto al momento de llegar su nombramiento; el virrey, dando cuenta a la regencia, esperó a que se nombrase el individuo que había de reemplazarlo, lo que la regencia no se apresuró a promover. Los diputados mexicanos en las Cortes, vieron que los impresos que recibían de su país llevaban la nota de haberse publicado 'con las licencias necesarias', y con esto y con lo que sobre ello les escribían, pidió Ramos Arizpe en la sesión de 16 de enero de 1812, que se diese orden al virrey de México para que procediese sin demora a publicar el decreto que estableció la libertad de imprenta, si aun no lo hubiese hecho." Alamán, Historia de México, op. cit., t. III, pp. 211, 213 y 214. Ya establecida la libertad de imprenta, Venegas tomó como pretexto la petición de Lizardi acerca de revocar el Bando de 25 de junio para suspenderla. Cf. notas 67 a Chamorro y Dominiquín... independencia... y 3 a Proyecto sobre libertad...
(4) Agustín de Iturbide. Cf. notas 2 y 6 a Contestación de El Pensador...
(5) Ejército Trigarante. Cf. nota 2 de A las valientes tropas...
(6) Cf. la nota 19 a Ideas políticas... 2.
(7) Miguel Hidalgo y Costilla. Cf. nota 7 a Reflexiones interesantes...
(8) José María Morelos y Pavón. Cf. nota 46 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(9) Mariano Matamoros. Cf. nota 47 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(10) Francisco Javier Mina. Cf. nota 48 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(11) Hermenegildo Galeana. Cf. nota 45 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(12) Nicolás Bravo. Cf. nota 44 a Chamorro y Dominiquín... independencia...
(13) azgar. Verbo sacado de las formas irregulares de asir. Úsase poco y en sentido familiar. Su significación es más limitada que asir, porque significa asir por sorpresa y por mala parte. Santamaría, Dic. mej.
(14) Tribunal de la Inquisición o del Santo Oficio. Cf. nota 20 a Quien mal pleito tiene...
(15) Francisco Javier Venegas. Cf. nota 29 a Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo...
(16) conde de la Cortina. Cf. nota 28 a Carta primera...
(17) Carta IV del Papista a El Pensador Mexicano. Cf. nota 2 a Carta primera...
(18) Cf. nota 11 a Contestación de El Pensador....
(19) Manuel Mercadillo. Cf. nota 21 a Impugnación y defensa... Apología... Lizardi creía que El Papista era Mercadillo: cf. nota 74 a Exposición del ciudadano...
(20) faltar a la verdad. Referir maliciosamente alguna cosa de manera diferente como pasó; ya sea para engañar a alguien o para excusarse de alguna culpa.
(22) clavar. Engañar; comprometer o perjudicar los intereses de una persona o los propios. Santamaria, Dic. mej.
(23) Cf. nota 21 a Carta primera...
(24) Mostraré a las gentes la desnudez tuya. Nahum 3, 5.
(25) En Carta IV del Papista...
(a) En mi primera Exposición al Soberano Congreso [Exposición del ciudadano don José Joaquín Fernández de Lizardi...].
(26) la flor y nata. Cf. nota 43 a Exposición del ciudadano...
(31) Orígenes. Cf. nota 50 a Exposición del ciudadano...
(32) santa Fotina. La "Samaritana a quien convirtió el Señor en la fuente y sus hijos, José y Víctor"; cuya fiesta celebra la Iglesia el 20 de marzo, según el 162ºCalendario del más antiguo Galván para el año bisiesto de 1988, México, Librería y Ediciones Murguía, S. A., 1987, p. 39.
(33) Clemente XII y Benedicto XIV. Cf. notas 3 y 5 a Defensa de los francmasones.
(34) Cf. la nota j a Exposición del ciudadano...
(35) latae sententiae. Cf. nota 12 a Exposición del ciudadano...
(36) ipso facto, absque ulla declaratione incurrenda. Cf. nota 18 a Exposición del ciudadano...
(37) Cf. nota 5 a Carta primera...
(38) San Pedro Nolasco. Nació en el último cuarto del siglo XII y murió en la víspera del día de Navidad del año 1256. Francés de origen, empezó a practicar en Barcelona las obras de misericordia con el prójimo, principalmente con los cautivos, que abundaban por entonces en España y en las costas africanas. Fue el primero en vestir el hábito blanco de la Orden de Santa María de la Misericordia o de la Merced de los Cautivos.
(41) Oficina de Benavente. Cf. nota 25 a Impugnación y defensa... prospecto...
(42) En efecto, Manuel Mercadillo fue el autor de un "Dictamen" que Lizardi publicó con su Impugnación y defensa del Bosquejo...
(43) don Catrín de la Fachenda. Cf. la nota 12 a Hemos dado en ser borricos...
(44) Valentin-Esprit Fléchier (1632-1710). Prelado, escritor y orador sagrado francés. Fue director de la Academia de Nimes, que adquirió con él gran importancia. Miembro de la Academia Francesa en 1673. Entre todos los predicadores del siglo XVII fue el único que dio a la imprenta sus sermones. Su obra capital es la colección de sus Oraisons funèbres. Las Obras completas de Fléchier fueron editadas en Nimes en 1782.
(45) Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Lizardi gustaba de compararse con don Quijote. Cf. Obras III, op. cit., p. 283.
(46) tontonazo. O tontazo. "El mui tonto." Dic. de autoridades.
(47) Cascabeles al gato. Cf. nota 2 a Carta primera...
(48) "Dictamen" de Mercadillo. Cf. nota 42 a este folleto.
(49) Véase la "Copia de los rotulones" en Exposición del ciudadano...
(50) Cf. nota i a Exposición del ciudadano...
(52) Dominique Dufour de Pradt. Cf. nota 14 a Defensa que El Pensador...
(53) Cf. la nota 27 a Cincuenta preguntas...
(54) señor provisor. Cf. nota 16 a Exposición del ciudadano...
(55) Cf. notas 2 y 14 a Demostración de la justicia...
(56) Sic volo. Cf. nota 21 a Las esperanzas de don Antonio...
(57) Cf. nota 10 a Reflexiones interesantes... y nota 7 a Ideas políticas... 1.
(58) Manuel Ignacio González del Campillo. Cf. nota 75 a Carta primera...
(59) "Más asesino fue este juez inicuo [se refiere a Miguel Bataller], que mató en la zanja cuadrada o foso de México en dos años más de tres mil hombres, como debe constar en el archivo de la sala del crimen, que yo mismo vi cuando era receptor el alguacil Roldán, tirapie fidelísimo de Bataller; allí deben existir las listas de los muertos; si no las han quemado los verdugos de los mismos americanos." Andre Lopes, Tristes recuerdos de los terribles insultos que sufrió en esta capital el mes de diciembre de 1815 el héroe más distinguido de la América, el excelentísimo señor ciudadano presbítero José María Morelos; y muerte y resurrección del ciudadano brigadier Lobato, México, Imprenta de D. Mariano Ontiveros, 1823, p. 5.
(b) Yo mismo le llevé al virrey un ejemplar de mi papel; lo leyó y me dio las gracias; pero después lo alborotaron los oidores y me persiguió. Lo mismo ha hecho ahora este señor provisor, seducido por usted, el fraile carmelita y otros [cf. la nota 39 aExposición del ciudadano...]. Si no hubiera atizadores, no se levantara la llama muchas veces.
(60) como un chino. Existe la frase engañar a uno como a un chino, usada para referirse a una persona crédula, ya que infundadamente se dice que los chinos son tontos. Pero no creemos que sea éste el sentido de la frase de Lizardi. En suDiccionario de mejicanismos, Santamaría dice que la "expresión da la medida de la forma en que se engaña a los pobres chinos o chinos pobres." Podría tener nexos, esta frase, con aquella de quedar uno como un chino, es decir, "quedar mal; quedar a la altura del betún", registrada por el mismo autor en su Diccionario de americanismos.
(61) por medio del siguiente documento: Voto consultivo del Real Acuerdo pleno que se reunió, por disposición del Virrey Venegas, previa consulta de la Junta de Seguridad y Buen Orden, con motivo de la publicación del Nº 9 de "El Pensador Mexicano"; el cual voto dió por resultado la suspensión de la libertad de imprenta y que se instruyera proceso de infidencia á D. Joaquín Fernández de Lizardi, está fechado en México a 4 de diciembre de 1812, y rubricado por el virrey y el regente Calderón; por los oidores Mesia, Bataller, Foncerrada, Campo Rivas, Llave, Modet, Puente, Bachiller; por los alcaldes del Crimen, Yáñez, Martínez, Torres Torija; los fiscales Sagarzurieta, Robleda y Ossés. Dicho documento consta en el tomo 116 del ramo de Infidencias en el Archivo General de la Nación, expediente núm. 12, y fue publicado en el tomo 2º de La Constitución de 1812 en la Nueva España, op. cit., pp. 214-216.
(62) Cf. la nota 59 a este folleto.
(63) Cárcel de Corte. Cf. nota 4 a Observaciones político-legales...
(c) A esto alude la primera de mis Noches tristes [la primera edición de las Noches tristes, de 1818, fue impresa en la Oficina de Mariano de Zúñiga y Ontiveros. Lizardi se refiere aquí a lo que es la "Noche primera" o primer capítulo de esa novela].
(64) Se refiere a los primeros números de El Pensador Mexicano (véanse en Obras III, op. cit.).
(65) debajo de una mala capa hay un buen bebedor. Refrán que denota que no nos hemos de parar en las exterioridades, pues donde menos se piensa se oculta mucho bien, o mucho mal.
(66) Plaza de Mixcalco. Servía para las ejecuciones en la horca. Situada hacia atrás del Palacio Nacional, quedaría entre las calles de Guatemala y Soledad, antes de llegar a lo que era Anillo de Circunvalación (y hoy es un eje vial).
(67) Antonio Ferrer tenía un empleo en el Juzgado de Bienes de Difuntos. Tuvo participación "en la conjura revolucionaria cuya finalidad era apoderarse del virrey Venegas y trasladado a Zitácuaro, donde estaba la Junta insurgente presidida por Ignacio López Rayón. El complot había de tener lugar el día 3 de agosto de 1811. La conjura fue descubierta por denuncia de Cristóbal Morante y el plan, naturalmente, fracasó. Entre los que se encontraban complicados en ella estaban, entre otros muchos, Rafael Mendoza y Mariano Hernández, los cuales debían asaltar la cárcel de la Acordada y poner en libertad a los presos y con ellos intentar el asalto a palacio. En la mañana del día señalado para la ejecución del plan, Ferrer se presentó a Manuel Terán, oficial de la Sría. de Cámara del virreinato, invitándole a la acción que había de tener lugar la misma tarde. Terán dio parte de todo lo comunicado por Ferrer al presidente de la Junta de Seguridad y Buen Orden, el cual ya estaba en antecedente de la trama por el mismo virrey, quien la supo, a su vez, por el denunciante Cristóbal Morante. El presidente de la Junta procedió inmediatamente a la prisión de los conjurados y, entre ellos, a la de Antonio Ferrer. Instruyóse con toda celeridad la causa en la que el fiscal pidió, para Ferrer, tan sólo la pena de 10 años de prisión. Los elementos españoles, descontentos, solicitaron del virrey el máximo rigor para Ferrer y cómplices, cosa que prometió Venegas, deseoso también de hacer un castigo ejemplar. Ferrer fue al fin sentenciado a muerte y ejecutado en la ciudad de México el 29 de agosto de 1811." Miquel i Vergés, Diccionario de insurgentes, op. cit., p. 197. Ferrer, "joven abogado de instrucción y apreciado entre sus conciudadanos por sus virtudes y patriotismo, fue conducido al suplido en medio de un duelo general y ejecutado en la plaza de Mixcalco." L. de Zavala, Umbral de la independencia, op. cit., p. 80.
(68) Cf. nota 2 a Demostración de la justicia...
(69) ¿Equivocaría el nombre Lizardi? Cf. la nota 67 a este folleto.
(70) Cf. nota 67 a este folleto.
(71) Manuel Abad y Queipo. Cf. nota 73 a Carta primera...