CARTA PRIMERA
DE EL PENSADOR AL PAPISTA(1)

 

 

Muy señor mío: no había querido contestar a las dos de usted anteriores a su epístola cuarta, porque ellas mismas me excusaban del trabajo de impugnarlas.(2)Con decirle a usted que, hasta los de capote rabón(3) murmuraban de aquella famosa cuestión de usted "acerca de la luz";(4) de su abundante erudición y eternas citas, de su método, claridad y sencillez, de su apretada lógica y de la oportunidad con que gerundialmente nos embocó un panegírico de santo Tomás,(5) que venía tan al caso como matracas en Nochebuena,(6) le bastará para conocer lo bien recibidas que habrán sido las suyas de este pueblo sensato.

Hubiera, pues, continuado en mi silencio, si usted no abusara de él en su Carta cuarta,(7) en que con fines muy justos trata de manifestarme el más criminal, para probar que este señor provisor(8) hizo santamente en excomulgarme(9) al antojo de ustedes. Si usted y ese otro fraile carmelita,(10) que predicó el 20 de febrero en Catedral,(11) fueron los primeros y más poderosos agentes que se empeñaron en mi ruina. El fraile carmelita con su sermón, y usted con su papel que tituló Cascabeles al gato.(12) Con tan cristianas y piadosas diligencias despertaron ustedes el odio de mis enemigos; y entre todos éstos sorprendieron al señor provisor, obligándolo a cometer un atentado de que no se había dado ejemplar en su clase, ni en España ni en México, ni en lugar alguno de la cristiandad.

Ahora ha visto usted que me sé sacudir el polvo,(13) y que no han caído tan en blandito(14) como pensaban; conoce que no puede salir muy bien el señor provisor; le remuerde la conciencia por el compromiso en que lo ha puesto; quiere salvarlo, y como para esto el único medio que hay es sacarme criminal, se empeña hasta donde, por [h]acinarme crímenes, y juega las ar[t]e[r]ías literarias con la mejor ligereza que puede, para persuadir que el juez obró con rectitud.

Éste es el empeño de usted, señor Papista, y esto es lo que no conseguirá mientras yo viva, pues conozco bien por dónde va la agua. Para que no haya algún pobrete que se alucine con los papelotes de usted, contestaré algo de esta su Cartaúltima; pues para contestarla toda era menester un volumen, y mi contestación será sin orden, pero con tanta claridad que mi razón se meterá por los ojos aun a la vieja más ignorante, con tal que no sea hipócrita ni ilusa. Comencemos.

Doy a usted las gracias por su celo y devoción con que me aconseja que rece las oraciones de la Iglesia.(15) Éstas son muy buenas, pero nada del caso. Bueno es el persignarse antes que comencemos alguna buena obra; ¿y qué nos pareciera si asistiendo a un acto de física en la Universidad, oyéramos que un réplica(16) decía a su actuante:(17) pues vamos a hacer una obra buena, diga usted conmigo, "por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo, amén"? Dígame usted: ¿no nos reiríamos con toda la boca del tal pedante, y lo tendríamos por un hipócrita ridículo? Pues échese usted esa torta en un manguillo.(18)

También le doy las gracias por la facilidad con que me hace yerno de Lutero;(19)mas en obsequio de mi suegro debo advertirle que no se llama el señor Martín Lutero, como usted dice, sino fray Martín Lutero, pues era teólogo, sacerdote y fraile.Conque guarde usted esa otra torta en el otro manguillo.(20)

En la página 9, dice usted: "sólo es pequeño el pobre Pensador Mexicano. Pequeño en facultades, pues está pereciendo de hambre, y por eso escribe para comer."(21) Señor Papista, ¡sea por Dios!, ya no iré con mi ollita tan grande a pedirle a usted un bocadito al mediodía. El escribir para comer nada tiene de particular, lo malo fuera que escribiera para beber. El artesano trabaja, como el labrador, para comer; el comerciante y el militar lo mismo; el abogado y el médico defienden y curan a los hombres para comer; el canónigo se da tan mala vida, para comer; el cura y su vicario administran los sacramentos para comer; y usted, para comer, se metió fraile. Conque, ¿qué extraño se le hace que el escritor trabaje para comer cuando no hay quien no trabaje para lo mismo?

El ser pobre como yo no es un delito. Ni heredé ningún patrimonio de mis padres, ni he malversado ningún caudal ajeno, ni he disipado en vicios la dote de mi mujer. Soy pobre porque mis padres lo fueron, y porque yo no me he arrastrado nunca a bajezas ni picardías para salir de tan miserable estado; ¿qué culpa se me puede imputar?

Además, ¿qué tiene que ver mi pobreza, con él asunto de la cuestión? ¿No son éstas unas personalidades muy extrañas en la pluma de un sabio literato como usted? ¿No acredita usted con esto la poca razón que tiene, pues acábala con sarcasmos y afirma que:

 

Cuando en las obras del sabio
no encuentra defectos,
con la persona cargos
suele hacer el necio?

Ni se crea que yo me tengo por sabio, ni a usted por necio. Repito la coplita de Iriarte(22) para que vea qué mal caen estas personalidades en sujetos como usted. Me acuerdo que el año de doce, un fraile dominico dijo al señor don Carlos Bustamante(23) que era flaco, y este sabio le contestó: "si yo fuera fraile, estaría gordo como cochino lucio." Siempre el que habla mal, oye peor.(24) Yo no diré a usted otro tanto, pero le aseguro que si hubiera sido dos veces provincial de la Merced,(25) no estaría tan pobre, pues o no tuviera familia, o aunque la tuviese no me faltaría con qué sostenerla con descanso; pero, señor Papista:

El que para pobre nace
bien se puede componer,
porque no le han de valer
cuantas diligencias hace.

Ello, la pobreza, no es un crimen; antes la voluntaria es una virtud evangélica; sin embargo, en lo general es tan mal recibida, que no hay cosa más mal vista ni ultrajada que un pobre; por eso dice el vulgo que la necesidad tiene cara de hereje,(26) y de aquí es como esta necesidad cobija al pobre, no es mucho que este parezca hereje, cismático y endemoniado, como yo he aparecido a ustedes, quienes sin duda con esta salvaguardia me excomulgaron, o me injuriaron escandalosamente, so pretexto de declarar que estaba yo excomulgado por dos papas; aunque sin formalidad de juicio. ¡Qué caridad!

Prevalidos, pues, de mi pobreza, se arrojaron a inferirme la mayor injuria. Si miDefensa de los francmasones(27) hubiera sido escrita por un rico como el conde de la Cortina,(28) es mi última voluntad que me lleven todos los diablos,(29) si ustedes se atreven a excomulgarlo; pero lo escribí yo, que soy un pobre sin representación y sin resortes; y dijeron ustedes aquí no pecamos, con éste nos podemos festejar alegremente, pues ni tiene dinero para promover sus defensas, ni empeños, ni brazos que lo saquen avante. Pero, señor Papista, se han llevado chasco, no soy tan dado:(30) pobre soy de bolsa, no de espíritu. Me he de defender y aclarar la injusticia con que se ha procedido, hasta lo último; y si en la tierra no hubiere justicia, Dios hará que descienda del cielo.

En más de cuarenta y ocho días no se ha servido la comisión de Cortes, en cuyo poder para mi asunto, exponer su dictamen,(31) sin embargo de ser el caso de los más escandalosos y ejecutivos, usted, señor Papista, se ha aprovechado de esta morosidad para escribir su epístola cuarta, creyendo que con ella ha puesto una pica en Flandes,(32) que me ha convencido perfectamente y que saca en triunfo al señor provisor. Mas no hay nada de esto, como lo verá en compendio en el discurso de estas cartas.

No me arrepiento de haber dicho que si hubiera sido rico no me habrían excomulgado. Oiga usted qué prueba. El grito que dio en Iguala el señor Iturbide el año de [18]21,(33) no fue sino el eco fiel del que dio en Dolores el señor Hidalgo en [1]810.(34) El objeto fue el mismo, las circunstancias y los medios diversos.(35) ¿Por qué, pues, excomulgaron al señor Hidalgo(36) y, sus contemporáneos, y no se hizo así con el señor Iturbide y nuestros héroes?

Ni me diga usted que porque éstos proclamaron la religión católica, porque lo mismo hicieron aquéllos; ni tampoco me diga que porque los primeros eran inmorales, pues lo eran mucho peor las tropas del gobierno. Además, que, aunque para que haya excomunión es necesario pecado mortal, no todo pecado mortal trae consigo la pena de censura. De que sigue que las excomuniones recayeron sobre los insurgentes como tales, no como pecadores. Y entonces le pregunto: ¿fueron o no fueron justas las excomuniones que, en aquellos días tenebrosos, fulminaron los señores obispos contra los insurgentes?(37) Si lo primero, ¿quién les ha levantado las censuras a los señores Guerrero,(38) Barragán,(39) Bravo,(40) Victoria,(41)etcétera, etcétera, etcétera; y por qué no se repitieron ahora contra los inmortales Iturbide,(42) Bustámante,(43) Quintanar,(44) Negrete,(45) Filisola,(46) etcétera, etcétera, etcétera, pues siendo la causa que éstos defendían, la misma que la que defendieron aquéllos debería haber producido el mismo efecto? ¿En qué consistió que produjera el contrario? Si lo segundo, esto es: si aquellas censuras fueron injustas, ya ve usted y todo el mundo cómo no es esta la primera zorra que desuella(47) la autoridad eclesiástica en América; quiero decir, que no es mi excomunión la primera injusta e ilegal que se fulmina.

El excelentísimo señor general, y desgraciado sacerdote, don José María Morelos,(48) era tan hereje como usted. Sin embargo, sus encarnizados enemigos, para consumar su más vil y criminal venganza, alucinando de una vez a este pueblo ignorante, lo arrastraron a las inmundas zahúrdas de la Inquisición;(49) y allí, en cuatro días, arrebatadamente, sin juicio, sin proceso, sin delito probado, imputándole las más atroces y contradictorias herejías, lo degradaron, y le hicieron sufrir la ridícula y picaresca mojiganga que llamaban autillo de fe; y después lo entregaron en manos de su verdugo Concha(50) para que lo asesinara.(51) Así salió éste.

Si para salvar estas dificultades dijere usted, como ya lo ha dicho, respondiendo al "Comunicado" que se lee en El Sol,(52) que "aunque los insurgentes incurrían en la excomunión mayor latae sententiae,(53) en el fuero interno; en el externo no incurría por no estar declarados por el juez." Pregunto: ¿qué fue mi delito más atroz y escandaloso que los de los insurgentes? Sí sería, pues a mí se me declaró excomulgado coram populo.(54) ¿Y qué tan grave no sería mi crimen, pues siendo los de los insurgentes tales y tan enormes, que en boca de muchos sacerdotes y en los púlpitos oímos "que la misericordia de Dios no podía perdonarlos", aún tenían los señores obispos y provisores la consideración de no infamarlos a todos públicamente, la que no se tuvo conmigo?

Ya en otra parte(a) he dicho cuáles han sido mis delitos y herejías. Clamar por la reforma de ambos cleros, hacer frente a muchos abusos que notamos, desear que se quite a los curas la soberanía que ejercen en los pueblos, incitar para que el monopolio, el lujo y simonía sean desterrados de la Iglesia católica, etcétera. Éstas, éstas son mis escandalosas herejías y horrorosos pecados; mayores, ¿quién lo duda?, que los de los pobres insurgentes. Éstas me han acarreado la pública censura, y plegue a Dios si alcanzará su misericordia para mí.

Ahora advierto en lo que consistió que el año de [18]11, habiendo sido conducido preso en compañía de cien encuerados que llamaron prisioneros de guerra, a todos éstos les levantó la excomunión en la cárcel un padre dieguino, con sus correspondientes varazos; a pesar de que no habían incurrido en el fuero externo, pues no estaban fijados en parte alguna con sus nombres y apellidos, menos a mí. Yo entonces pensé que me habían distinguido por ser el más decente de ropa; pero seguramente sería porque para mí nulla est redemptio.(55)

Pero dejando de humoradas, le digo a usted que a unos levantaban las censuras sin haber incurrido en el fuero externo; y a otros no, ni en el sacramento de la penitencia. Infórmese usted y sabrá cuántos insurgentes, ya prisioneros, ya indultados, viven hoy con nosotros; a los que ni en público ni en secreto les han levantado la excomunión, porque no teniéndose por incursos, jamás se han confesado de esto, ni han pedido la absolución. Al exce1entísimo señor Morelos se la levantaron en la mojiganga que le hizo la Inquisición, muy santamente, para vengarse y adular la venganza de sus enemigos; para que apurara este héroe las heces del último cáliz de amargura. De este atentado horrible fue usted un frío espectador.

He aquí algunos de los procedimientos de nuestra curia eclesiástica. ¿Y no bastarán estos hechos públicos y recientes para probar la precipitación y la injusticia con que se ha procedido contra mí? Los sensatos que viven la conocen, y sólo la defienden las partes interesadas en sostenerla, las viejas hipócritas y los infelices ignorantes; mas poco a poco se irán desengañando.(b)

No me responderá usted, ciertamente, mi pregunta. Pues oiga usted. Cuando el esclarecido Hidalgo proclamó nuestra independencia, estaba la América sumida en la más espantosa ignorancia: todo lo creía y todo le espantaba. Baste decir que el señor Bergosa, obispo de Oaxaca,(56) auxiliado de su célebre secretario, don Casimiro de Osta, publicó una pastoral, en que para alarmar a su diócesis, dijo queel señor Morelos tenía cuernos y cola.(57) ¿Qué tal la vería el obispo de cocida, pues se atrevió a sorprender al infeliz pueblo con tal ridiculez?, y habría infinitos que la creyeran porque la decía un obispo.

A consecuencia de tan torpe ignorancia, no había orden, ni disciplina, ni subordinación en las tropas. Los jefes más ilustrados no pasaban de unos ridículos Quijotes, que cada uno quería erigirse en emperador, o cuando menos en general. Con esto, unos a otros, lejos de auxiliarse mutuamente, se perseguían y aborrecían de muerte. Esta discordia la sostenían las autoridades civiles y eclesiásticas. Las primeras con intrigas y bayonetas; y las segundas, con excomuniones que vomitaban por las uñas, y con premios que dispensaban con larga mano a los eclesiásticos que más se distinguían en asesinos y ladrones. Así es que nos admirábamos de ver un fraile con sus charreteras de capitán en la capilla, o sus galones de coronel en las mangas de la humilde mortaja de san Francisco, y al mismo tiempo condecorados con los títulos de curas de almas, capellanes de honor de su majestad, etcétera.

México vio un fraile de la Merced, de su orden de usted, señor Papista, capitán del regimiento de Lobera, con su uniforme completo de casaca, pantalón, bota, sable, sombrero y charreteras, que no se sabía que era fraile mercedario o mercenario, sino por el escudo de la orden que traía como venera al lado izquierdo.

Asimismo vio México un clérigo teniente coronel de los morados,(58) que manifestaba ser clérigo en el cuello azul. ¡Qué diptongos tan opuestos y ridículos! Como éstos se vieron varios. ¿Y por qué méritos permitían los prelados eclesiásticos estas abominaciones de su estado? Oiga usted algunas que le puedo documentar:

Fray Elías, carmelita, presentaba con una mano el santo Cristo y con la otra tenía una pistola que descargaba sobre el infeliz americano que se le acercaba, fiado en la santidad de su carácter y traje reverendo. El andaluz, fray Antonio Martínez, dieguino, en la Hacienda de Burras,(59) luego que acabó de confesar a un insurgente que estaba herido, le descargó un pistoletazo. El padre Herrera, fraile franciscano observante, era capitán de realistas, y en obsequio de la mujer de un gobernador, tenía en el sombrero, en lugar de escarapela, la oreja de un americano, y otras dos en los hombros que le servían de presilla para las charreteras; este hombre indigno del carácter sacerdotal y del hábito religioso, dijo voz en cuello, en la plaza de Huamantla,(60) a un sacerdote secular que acompañaba a un reo que iba al suplicio: ─No lo exhortes a que pida misericordia, la sangre de Jesucristo no le vale a los insurgentes. Sus obras estaban de acuerdo con sus palabras. En las inmediaciones del pueblo de Tecamachalco,(61) iban a fusilar a unos desgraciados americanos, y el padre Herrera, luego que acababa de confesar uno, decía en presencia de los otros que también se iban a confesar: ─Miren al pícaro, decía que no era insurgente, y tanto tiempo ha que anda con la canalla, ha robado esto y aquéllo, y ha concurrido con tantas mujeres.(62) El reverendo padre fray Pedro de Ronda, íntimo amigo mío, franciscano, hombre sensato y siempre perseguido, amante a su patria, me contó con escándalo que en no sé qué pueblo, en tiempo de la peste del año de [18]12,(63) un fraile de su orden que era comandante militar y cura de su punto, más sanguinario que Herodes, así que se le antojaba hacer de cura, levantaba a las tres o cuatro de la mañana a mi amigo, para que con un solo farolito lo acompañase a dar el viático a los enfermos que ni lo pedían, a una hora incomodísima y con tanta indecencia como si fuera oculto y entre herejes. Mi amigo lo acompañaba de miedo. En una de éstas, entró en la choza de un miserable, y teniendo en sus indignas manos la sagrada forma, después de pronunciar: ecce agnus Dei, ecce qui tollit peccata mundi.(64) Mira aquí al Cordero de Dios, mira al que perdona los pecados no sólo de los insurgentes, sino de todo el mundo; al acercarse a darle la comunión, lo conoció y le dijo: ─¿Tú fuiste insurgente? ─Sí, padre. ─¿Y estás indultado? ─Sí, padre. ─Pues mierda para ti. Con tan sacrílegas e indecentísimas palabras volvió la forma al copón y se salió sin sacramentarlo; mas no sin escandalizarlo.

Hubo también por la Nueva Galicia,(65) un sacerdote comandante llamado D.L.A., tan sanguinario, que si tenía que fusilar a veinte o treinta insurgentes, no los mataba de una vez, sino a pausas en cinco o seis días, para prolongar el martirio a estos infelices, haciéndolos presenciar el suplicio de sus compañeros y amigos. La tiranía de este excomulgado sacerdote era tal, que encerraba en sus chozas a los miserables que cogía en un pueblo, hombres y mujeres, niños y viejos, y así indefensos hacía prender fuego a las casitas, y decía: "Hasta que hieda a chicharrón", por cuyas humanas virtudes fue conocido con el epíteto del padre Chicharronero...(66) La pluma se aparta del papel, resentida de trasladar tales crueldades.

¿Qué le parece a usted, señor Papista, qué clase de eclesiásticos hemos tenido, y por qué medios se hacían dignos de la estimación y premios de las autoridades civiles y eclesiásticas?

No vaya usted a reclamarme citas. Puedo comprobar cuanto digo con documentos impresos, y con el autor de algunos, que es sabio y eclesiástico, fue insurgente, testigo de mucho, vive en México y ocupa dignamente una silla en nuestro augusto Congreso.(67) Conque no hay qué buscar efugios o disculpas a estos sacrílegos, recientes, comprobados y horrorosos crímenes de los sacerdotes chaquetas;(68) que no tienen iguales, en los excesos, de los sacerdotes insurgentes.

¿Pero qué podían hacer esos sacerdotes guiados por los ejemplos que les daban sus obispos? Ellos dieron orden para que los párrocos abandonaran sus feligresías: tres de ellos desampararon sus diócesis por no contestar(69) con los insurgentes, lo que no hicieron los santos papas Pío VI(70) y VII,(71) amenazados de los franceses; algunos autorizaron la rebautización, como el papa san Cipriano,(72) teniendo a los insurgentes por herejes, y asegurando que el bautismo dado por éstos era inválido.

Finalmente, los obispos de la América, con sus manos ungidas, sostuvieron los brazos de los comandantes para que no cayesen y estuviesen levantados contra sus ovejas, hasta que las derrotasen o dejasen muertas a los filos de sus espadas: el ex-obispo electo de Michoacán, don Manuel Abad y Queipo,(73) consultó al virrey que derramara la sangre de los americanos, desde la edad de siete años hasta la de setenta, y al mismo tiempo permitió se nombrara Generala Nuestra Señora de la Soledad, autorizada con banda y espada desnuda.(74) Don Manuel González del Campillo, obispo de Puebla,(75) le dio dictamen para que fusilara sacerdotes sin dar cuenta a su prelado, y sin que precediera el rito de la degradación; él mismo costeó una expedición militar contra el pueblo de Izúcar;(76) y otro señor obispo, cuyo nombre reservo, contribuyó con su dinero y autorizó con su presencia varias expediciones contra los infelices americanos, defensores de nuestra libertad.(77) El señor Bergosa pidió a sus curas de Oaxaca(78) una contribución para premiar a los soldados que matasen a sus feligreses: levantó un regimiento en que había muchos eclesiásticos con grados militares, cuyo regimiento se llamó de la mermelada, que expedicionó bajo las órdenes del sanguinario Régules; y algunas veces con sus mismas manos, el señor obispo repartió gratificaciones a su amada tropa.(79) En sus pastorales impresas y firmadas de su puño, ofreció promover a los sagrados órdenes al lego que matara más insurgentes, y dar curato al sacerdote que más se distinguiera en la guerra.

¿Qué le parece a usted, hermano Papista, del cristiano y piadoso proceder de infinitos eclesiásticos, y de casi todos los obispos de América en aquel tiempo? ¿Y sabe usted por qué eran tan bravos y tan enemigos de la patria? Porque entoncesvivía Fernando VII,(80) tenía el patronato, daba las mitras, las canonjías y los curatos;(81) era preciso complacerlo, contemporizando con las máximas sanguinarias y crueles de sus representantes, y para esto no hubo canon que no atropellasen, ni derechos de gentes que no pisasen con escándalo. De esta manera introdujeron el horror entre los pacíficos, y la desesperación, el desorden y desunión entre los insurgentes.

Ya estará usted, señor Papista, avergonzado y quizá arrepentido de haber dado su voto para que me excomulgaran. Tenga usted paciencia, que le falta mucho que oír, y muy duro. Éste es el fruto de las excomuniones. Entre tanto concluyo, me repito su servidor, que besa su mano.


[José] Joaquín Fernández de Lizardi


 

 


(1) México, Oficina de Betancourt, 1822, 16 pp. En el extraemo superior izquierdo de la primera página está impreso: "Vale real y medio." Antes del pie de imprenta se puede leer lo siguiente: "La segunda Carta, de dos pliegos, saldrá el viernes 3 de mayo."

(2) Las Cartas de El Papista fueron las siguientes: [1ª] Cascabeles al gato(Imprenta de D. Mariano Ontiveros, 1822); [2ª] Contestación del Papista a El Pensador Mexicano. Primera Parte (Imp. de D. Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1822), está fechada en febrero 25 y responde al folleto Si el gato saca las uñas... de Lizardi, que a su vez respondía a Cascabeles al gato; [3ª] Carta tercera del Papista a El Pensador Mexicano (Imp. de D. Mariano Ontiveros, 1822), fechada en marzo 4, y en donde El Papista aclara en una nota: "He titulado así esta segunda parte de mi Contestación a El Pensador por seguir el orden en la numeración desde la carta primera, que llevó el epígrafe de Cascabeles al gato, y con el mismo seguiré en las que medito dar a luz sobre este asunto, si Dios lo quiere y el público se digna recibir con aprecio mi corto trabajo"; [4ª] Carta IV del Papista a El Pensador Mexicano (Imp. Imperial de D. Alejandro Valdés, 1822), fechada en marzo 22, con una larga posdata fechada en 4 de abril; [5ª] Carta V del Papista a El Pensador Mexicano (Imp. Imperial de D. Alejandro Valdés, 1822), fechada en abril 6, con una posdata del 6 de mayo. El Papista fue el seudónimo que utilizara Juan Díaz Calvillo: cf. las notas 2 y 34 a Si el gato saca las uñas...

(3) rabón. Corto o zancón, referido a la vestimenta femenina, o la masculina, trátese de pantalón, chaleco, chaqueta, saco, o capote, como lo aplica Lizardi aquí; aunque más bien éste hace un juego de palabras al utilizar otra acepción de rabón,como mezquino o de poca importancia.

(4) Sobre la "cuestión de la luz" cf. la nota 22 a Si el gato saca las uñas...

(5) "Negar al papa este derecho de mandar, es herejía calificada y opuesta contradictoriamente a dogma expreso de fe. Al derecho de mandar en el papa, es correlativa la obligación de obedecer en los fieles, sean estos quienes fueren; pues cosa bien ridícula sería un superior con potestad de imponer leyes y preceptos, si debía experimentar el desaire de aquéllas y de éstas por quienes no tienen estrecha necesidad absoluta para nuestra salvación, dice mi amigo santo Tomás de Aquino (Opusc. 1, c. 66), el sujetarse y obedecer al romano pontífice." Carta IV del Papista a El Pensador Mexicano, p. 3.

(6) matraca. "Cierto instrumento de madera con unas aldabas o mazos, con que se forma un ruido grande y desapacible. Usan de ella los religiosos para hacer señal a los maitines: y asimismo sirve en lugar de campana en los tres días de la Semana Santa". Dic. de autoridades. En México se acostumbraban, todavía hace unos cuantos años, como juguete popular, ya que solía comprárseles afuera de los templos, en las plazas y calles. Lizardi utiliza la expresión "matracas en Nochebuena", para referirse a un despropósito o incongruencia, ya que las matracas se acostumbraban en Semana Santa y no en Nochebuena. Utiliza una frase similar en un Suplemento a El Pensador Mexicano (1814): "Sí, digo yo, el demonio son estos sabios; pero aun cuando fuera de aquí o de allí, la noticia cierto que viene al caso como matracas en día de muertos." Obras III, op. cit., p. 486.

(7) Cf. la nota 2 a este folleto.

(8) Félix Flores Alatorre. Cf. nota 16 a Exposición del ciudadano...

(9) excomulgarme. Cf. nota 2 a Demostración de la justicia...

(10) fraile carmelita. Cf. nota 39 a Exposición del ciudadano...

(11) Catedral. Cf. nota 2 a Papeles contra sermones.

(12) Cf. la nota 2 a este folleto.

(13) sacudir el polvo. Impugnar o rebatir fuertemente.

(14) dar o caer en blando. No hallar resistencia para conseguir lo que se pretende.

(15) "Ruego a usted, encarecidamente, haga, antes de entrar en materia, y juntamente conmigo, esta breve oración de la misma Iglesia: 'Os rogamos, Señor que el Espíritu paráclito que de Vos procede, ilumine nuestros entendimientos y nos traiga al conocimiento de toda verdad, según lo prometió vuestro Hijo. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén'." Contestación del Papista a El Pensador Mexicano, p. 2. "Con un corazón sencillo y fervoroso, digamos juntos esta cortísima, pero eficaz súplica de la Iglesia: 'Acomoda, Señor, tu oído a nuestras plegarias, y con la gracia de tu luz disipa las tinieblas de nuestros entendimientos. Que vives y reinas eternamente. Amén'." Carta tercera del Papista a El Pensador Mexicano, p. 1. "Hagamos usted y yo, y también el amigo de usted, su defensor P. V., si quiere acompañamos; hagamos, repito, con humildad y devoción, la siguiente súplica de que usa la iglesia católica en la vigilia de nuestro padre san Pedro; primer poseedor de dichos privilegios: 'Os rogamos, Señor, nos concedáis que ninguna perturbación nos haga titubear...'"Carta IV del Papista a El Pensador Mexicano, p. 2.

(16) réplica. Examinador, sinodal, jurado de examen en facultades científicas. Usual como americanismo, menos en Méjico. Es arcaísmo de la lengua conservado aquende el mar. Santamaría. Como podemos ver, era usual en México en la época de Lizardi.

(17) actuante. "La significación de este participio, que en lo literál significa el que actúa, en Castellano se toma especificamente por el Estudiante, o Cursante en las Universidádes, o Estudios generáles, que tiene el acto público de conclusiones, y las defiende, y sustenta." Dic. de autoridades.

(18) échese esa torta en un manguillo. En otro folleto intitulado Otra afeitada de El Pensador al licenciado Barbitas (1822) utiliza esta otra frase: échese esa ventosa en el ombligo," ambas frases equivaldrían a esta otra: échese ese trompo en la uña, es decir, tráguese esa temeridad, o sea barbaridad, ese despropósito, etcétera. Santamaría, Dic. mej.

(19) Martín Lutero. Cf. nota 17 a Impugnación y defensa... Apología...

(20) manguillo. Portaplumas. Santamaría, Dic. mej.

(21) Carta IV del Papista a El Pensador Mexicano.

(22) "Cuando en las obras del sabio / no encuentra defectos, / contra la persona cargos / suele hacer el necio." Se trata de "El Cuervo y el Pavo", de Tomás de Iriarte, Poesías, op. cit., p. 45.

(23) Carlos María de Bustamante. Cf. nota 21 a Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo...

(24) Este refrán tiene algunas variantes: quien mal dice, peor oye; quien mal habla, mal oye; quien mal dice, mal oye; quien mal habla, peor ha de oír; quien al habla, peor oye...

(25) Merced. El primer mercedario que pisó la Nueva España fue Bartolomé de Olmedo, capellán de Hernán Cortés. En 1530 llegó fray Juan de las Varillas, con diez religiosos más; se establecieron en Guatemala y en 1589 vinieron a México algunos de ellos, con el fin de estudiar en la Universidad. En 1598, fray Baltasar Camacho presentó al virrey una cédula para solicitar con más formalidad su establecimiento y poder fundar un colegio. Al fin fue erigida su provincia de la Visitación en 1619. Habían multiplicado ya sus fundaciones, llegaron a contar con 21 casas: México (La Merced, Colegios de San Pedro Pascual y San Ramón, Merced de las Huertas), Puebla, Oaxaca, Valladolid, Colima, Veracruz, Atlixco, San Luis Potosí, Guadalajara, Aguascalientes, Lagos, Zacatecas, Querétaro, Mellado (Guanajuato), San Cristóbal (Chiapas), Toluca, Celaya y Valle de Santiago. Cf. la nota; 20 a Impugnación y defensa... Apología...

(26) la necesidad tiene cara de hereje. "Modo de hablar festivo, con que el vulgo traduce la sentencia latina, que la necesidad carece de ley, tomándola por el sonido que hace en el latín: necessitas raret lege." Dic. de autoridades.

(27) Véase en este volumen.

(28) José Augusto Gómez de la Cortina (1799-1860). Más conocido por su título de conde de la Cortina.

(29) que me lleven todos los diablos. Lo mismo que darse uno al diablo, o sea irritarse, enfurecerse o desesperarse. Lizardi muestra aquí una cólera extrema. Trasladamos lo que Santamaría escribió al respecto: "Llevárselo a uno el diablo. 'Es bárbara la frase. Dígase darse uno al diablo', dice Sundheim. Poca cosa va de darse allevárselo a uno, que es lo mismo que quedar en poder del diablo; de suerte que no vemos por dónde la frase es bárbara." Dic. mej.

(30) estar uno dado. Estar rendido o entregado a discreción, sin resistencia alguna.Estoy dado, exclama el que se rinde en una contienda. Estar uno dado a la trampa,quiere decir estar en malas condiciones sociales, pecuniarias o de cualquiera otra clase. Santamaría, Dic. mej. Lizardi juega con estas dos expresiones: por un lado, reconoce estar dado a la trampa, y, por el otro, dice no ser tan dado, es decir, que está pobre pero no rendido.

(31) Cf. notas 3 a Exposición del ciudadano..., 2 y 3 a Demostración de la justicia...

(32) poner una pica en Flandes. Frase que expresa el esfuerzo o dificultad que ha costado ejecutar alguna cosa.

(33) Cf. las notas 2 y 3 de A las valientes tropas... y la nota 19 a Ideas políticas...2.

(34) Miguel Hidalgo y Costilla. Cf. nota 7 a Reflexiones interesantes...

(35) La contrariedad de opiniones entre Bustamante y Alamán, ambos historiadores de la revolución de Independencia, "por haber sido el uno militar insurgente, y el otro, el amigo de los virreyes y empleado público en el gobierno realista, ha producido en nuestra nación cinco opiniones y cinco clases de opinantes sobre la materia [...]. La primera es la de los alamanistas de buena fe, que son los que han leído la Historia de Alamán, la han entendido y, por tener unas afecciones y opiniones políticas idénticas o muy semejantes a las del señor Alamán y la misma preocupación que él, profesan de buena fe los principios de dicho historiador, que son los siguientes: 1ª La revolución de Independencia no tuvo ninguna relación con la nación india del tiempo de Moctezuma Xocoyotzin. 2ª La revolución de Hidalgo y de sus seguidores durante once años fue diversa de la revolución de Iturbide, esta revolución no tiene relación con aquélla, la cual acabó en 1818; la revolución de Iturbide fue una revolución enteramente nueva, y a Iturbide se debe exclusivamente la Independencia de México. 3ª La creencia de que la Independencia se debe a Hidalgo y a los demás jefes anteriores a 1821, es un error vulgar. 4ª Hidalgo al proclamar la Independencia no tuvo ningún principio político como lo tuvo Iturbide, que fue el Plan de Iguala. 5ª Unos fueron los medios con que hicieron la revolución Hidalgo, Allende, Morelos y los demás jefes hasta Guerrero, y otros fueron los medios con que hicieron la revolución Iturbide y sus subalternos los ex-realistas Pedro Celestino Negrete, Vicente Filisola, Antonio López de Santa Anna, Anastasio Bustamante, Luis Quintanar, Luis Cortázar, Miguel Barragán y José Joaquín de Herrera, y los antiguos independientes Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Ramón Rayón. 6ª Si hubieran triunfado los jefes de la Independencia antes de 1821, probablemente el gobierno que hubieran establecido hubiera causado más males que el Imperio de Iturbide. 7ª Atenuar demasiado los crímenes de los realistas y exagerar los de los insurgentes. De seguro que los alamanistas no formulan este principio, porque estando preocupados, ni perciben claramente lo parcial de sus apreciaciones al atenuar unos crímenes y exagerar otros; mas el conjunto de esas apreciaciones forma otro de los principios, capítulos y distintivos de la opinión alamanista. Poquísimos pertenecen a esta primera clase. La segunda clase es la de los bustamantistas de buena fe, que son los que, habiendo leído el Cuadro históricode Bustamante, habiéndolo entendido, teniendo unas afecciones y opiniones políticas idénticas o muy semejantes a la del licenciado Bustamante, y estando preocupados como él, profesan los principios de dicho historiador, que son los siguientes: 1º La revolución de Independencia tuvo una estrecha relación con la nación india del tiempo de Moctezuma. 2º La revolución de Iturbide fue la misma revolución de Hidalgo, comenzada por éste, sostenida por sus seguidores once años y consumada por Iturbide. 3º El juicio de que Hidalgo proclamó la Independencia, Allende, Morelos y demás jefes hasta Guerrero la sostuvieron durante once años e Iturbide la consumó, no es un error vulgar, sino un juicio cierto y un sentimiento nacional. 4º Hidalgo al proclamar la Independencia tuvo y expresó un principio político. 5º La revolución de Hidalgo y la revolución de Iturbide fueron diversas en cuanto a un accidente, que fue la forma de gobierno que se proclamaba. 6º Los medios con que Hidalgo y sus seguidores hicieron la revolución fueron unos, y los medios con que Iturbide hizo la revolución fueron otros. 7º Si hubieran triunfado los jefes de la Independencia antes de 1821, probablemente el gobierno que hubieran establecido habría tenido poco más o menos los mismos resultados que el Imperio de Iturbide, 8º Atenuar demasiado los crímenes de los insurgentes y exagerar los de los realistas. Sin duda que los bustamantistas no formulan este principio, porque estando preocupados, ni perciben claramente lo parcial de sus apreciaciones al atenuar unos crímenes y exagerar otros; mas el conjunto de esas apreciaciones forma otro de los principios, capítulos y distintivos de opinión bustamantista." Agustín Rivera, Principios críticos sobre el Virreinato de la Nueva España, op. cit., t. 1º pp. 4-6.

(36) Cf. nota d a Reflexiones interesantes... y nota 22 a Las tertulias de los muertos...

(37) Cf. nota 12 a Reflexiones interesantes...

(38) Vicente Guerrero. Cf. nota 8 a Ideas políticas... 2.

(39) Miguel Francisco Barragán. Cf. nota 26 a El sueño de El Pensador...

(40) Nicolás Bravo. Cf. nota 44 a Chamorro y Dominiquín... independencia...

(41) Guadalupe Victoria. Cf. nota 13 a Ideas políticas... 2.

(42) Agustín de Iturbide. Cf. notas 2 y 6 a Contestación de El Pensador... y 32 aChamorro y Dominiquín. Segundo diálogo...

(43) Anastasio Bustamante. Cf. nota 5 de A las valientes tropas...

(44) Luis Quintanar. Cf. nota 4 de A las valientes tropas...

(45) Pedro Celestino Negrete. Cf. nota 7 a Ni están todos los que son...

(46) Vicente Filisola. Cf. nota 12 a Ni están todos los que son...

(47) no es la primera zorra que ha desollado. Frase que se utiliza para hacer notar la habilidad que alguno tiene y da a entender por alguna acción.

(48) José María Morelos y Pavón. Cf. nota 46 a Chamorro y Dominiquín... independencia...

(49) Inquisición. Cf. nota 20 a Quien mal pleito tiene...

(50) Manuel de la Concha. Cf. nota 5 a Gloria al Dios de los ejércitos...

(51) Cf. notas 27, 32, 38 y 39 a Las tertulias de los muertos....

(52) El Sol. Cf. nota 4 a Defensa de los francmasones...

(53) excomunión latae sententiae. Cf. nota 12 a Exposición del ciudadano...

(54) coram populo. Ante el pueblo, en público.

(a) En mi primera Exposición al Soberano Congreso, páginas 28, 29 y 30 [Exposición del ciudadano...].

(55) nulla est redemptio. No hay redención.

(b) Lo peor es que estos ignorantes hay no pocos de capotes largos y que hablan en latín. ¡Quien lo creerá!

(56) Antonio Bergosa y Jordán. Nació en la ciudad de Jaca (Aragón). Fue doctor en canónes y relator de la Inquisición. Nombrado inquisidor, duró en su puesto hasta 1800, al ser elegido obispo de Oaxaca. El 13 de marzo de 1813 fue nombrado arzobispo de México: "persiguió acremente á los sacerdotes insurgentes é inspiró muchos de los actos de Calleja contra ellos." Regresó a su obispado de Oaxaca y salió finalmente de México en 1817. Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Dic. de geografía, historia y biografía mexicanas, op. cit., p. 96.

(57) "Pero vino a poner el colmo a todos estos abusos de autoridad don Antonio Bergosa, obispo de Oaxaca, con un edicto lleno de bajezas y adulaciones al virrey y al gobierno de Cádiz que éste representaba, y con las pueriles patrañas de representar a los insurgentes como otros tantos monstruos con alas, cuernos, picos y plumas, como los seres fantásticos de la fábula, creados por el capricho de la imaginación de los poetas y denominados grifos." José Mª Luis Mora, México y sus revoluciones, op. cit., t. III, pp. 62-63.

(58) Los Morados. Así se les llamaba a los integrantes del Regimiento de Infantería Fijo de Puebla.

(59) Hacienda de Burras. En el estado de Guanajuato. Cf. nota 8 a Quien mal pleito tiene...

(60) Huamantla. Cuidad perteneciente a Tlaxcala, estado de la República Mexicana que limita al suroeste y noreste con el estado de Puebla, al norte con el de Hidalgo y al oeste con el de México.

(61) Tecamachalco. En el estado de Puebla. Cf. nota 10 a Quien mal pleito tiene...

(62) Carlos Mª de Bustamante relató lo siguiente: "figúrese a un fray Juan de San Elías que iba de guerrilla asesinando infelices indios y ya que los veía moribundos les exigía que se confesasen con él. Figúreselo yendo luego a decir misa con las manos teñidas de sangre en la división de García Conde de que era capellán. Figúrese a un fraile llamado el Padre chicharronero porque frió a un insurgente como a un cochino en una paila. Figúrese a un fray Juan Herrera, franciscano, guardián del convento de Tlaxcala que salía a matar indios y volvía a su convento llevando en su sombrero por escarapela las orejas de los que pillaba. Figúreselo revelando la confesión sacramental del Capitán Buen Brazo y sus compañeros en el pueblo de Tecamachalco, provincia de Puebla, diciendo al comandante don Calixto González de Mendoza... 'éste no merece la muerte por insurgente, pero sí porque ha vivido amancebado doce años', y excitándolo a que los fusilase con la mayor premura temeroso de que los perdonase... Figúrese a un cura Terrón de Pápalo en el Obispado de Oaxaca, cantando una misa de gracias por la derrota que había dado a una indecente partida de insurgentes. Pero mejor sería que el lector se figure a todos los diablos y furias del Cocito, o a los ángeles del Apocalipsis desparramados por este Continente derramando sobre él el vaso de la cólera de Dios y se formará la más cabal idea. ¡Oh Anáhuac, oh cara patria mía! Por doquiera que tiendo la vista en toda tu inmensa extensión, no hallo un palmo de tierra que no esté regado, o con la sangre, o con las lágrimas, o con el sudor congojoso de tus hijos y mis hermanos. ¿Hasta cuándo Señor, hasta cuándo?.. ¿Y qué diré del señor obispo Bergosa de Oaxaca que levantó un batallón de clérigos y frailes y mandó a los que pretendían órdenes, que si querían ganar su confianza fuesen a la guerra y que su favor sería a proporción de las víctimas que inmolasen para venir después a recibir en aquellas manos, manos manchadas con la sangre humana, el óleo santo, y ofrecer con ellas la víctima de propiciación?" El indio mexicano. O avisos al rey Fernando Séptimo para la pacificación de la América septentrional. Obra redactada en dos opúsculos durante la permanencia del autor en la prisión del castillo de San Juan de Ulúa, en los años 1817-18. Seguidos del discurso Motivos de mi afecto a la Constitución, escritos por el licenciado Carlos Mª de Bustamante, estudio y coordinación de paleografía de Manuel Arellano Zavaleta, México, Instituto Mexicano del Seguro Social, 1981, p. 112.

(63) peste de 1812. "En los años de 1812 y 1813 sufrió el reino de Nueva España una peste horrible que comenzó en el sitio de Cuautla, Amilpas, y cundió por la provincia de La Puebla, y por las de Veracruz, México, Guanajuato y Valladolid. Las provincias de San Luis Potosí y la Nueva Galicia no sufrieron aquella plaga desoladora por las atinadas providencias del general Cruz. La población disminuyó mucho en las provincias apestadas: en La Puebla murieron 17,000 personas, y en México más de 20,000. Sin esta pérdida, México habría dado 190,000 almas para el padrón del año de 1816; pero este aumento no es de población estante y permanente, sino eventual, a causa de la gran seguridad que ofrecía aquella capital a los habitantes de todo el reino que emigraban huyendo de la guerra civil que tan encarnizadamente se ha hecho por dos partidos implacables desde el año de 1810." "Nota del Editor." de la edición de 1822 del Ensayo político de Humboldt (Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, ed. cit., p. 130).

(64) He aquí el Cordero de Dios, ved aquí el que quita los pecados del mundo. Jn 1, 29.

(65) Nueva Galicia. Cf. nota 6 a Quien mal pleito tiene...

(66) Padre Chicharronero. Cf. nota 62 a este folleto.

(67) Tal vez se refiere Lizardi a Carlos Mª de Bustamante, que aunque no recibió las órdenes sagradas, sí estudió en clase de capense en el Seminario de Oaxaca, y se graduó en teología en 1800. Luchó al lado de Morelos y tomó asiento en elCongreso como diputado por Oaxaca. También narró algunos de los hechos que Fernández de Lizardi menciona, en el "Opúsculo Segundo" de El indio mexicano; Cf. nota 62 a este folleto.

(68) chaquetas. Cf. nota 13 a Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo...

(69) contestar. Conversar. Además significa impugnar, replicar, contradecir, discutir. También se dice averiguar. Santamaría, Dic. mej.

(70) Pío VI. Fue papa de 1775 a 1799. Por orden del Directorio fue apresado y llevado a Francia, donde murió. Cf. la nota 35 a Papeles contra sermones.

(71) Pío VII. Fue papa de 1800 a 1823. Firmó el Concordato con Francia (1801) y fue a París para coronar a Napoleón. Después fue llevado preso a Fontainebleau volviendo a Roma en 1814. Cf. Reflexiones interesantes sobre la Carta que se dice dirigida por nuestro santísimo padre, el señor Pío VII, al señor don Fernando VII, con fecha 15 septiembre de 1820.

(72) Cf. la nota 31 a Exposición del ciudadano....

(73) Manuel Abad y Queipo (1751-1825). Nació en Villapedre (Asturias) y murió en Toledo. En Valladolid (hoy Morelia) fue juez de testamentos, canónigo penitenciario, provisor, vicario general y obispo electo nombrado por la Regencia. Declaró a Hidalgo incurso en la correspondiente excomunión canónica. Cf. nota 12 aReflexiones interesantes...

(74) Véanse las "Erratas" que vienen en la Carta segunda de El Pensador al Papista,donde dijo Lizardi que no fue Abad y Queipo sino el señor Bergosa en Oaxaca.

(75) Manuel Ignacio González del Campillo (1740-1813). Obispo de Puebla. Fue uno de los prelados que combatieron la causa de la independencia con más ardor, pues hasta llegó a dar sumas considerables para los gastos de guerra.

(76) Izúcar. Ciudad en el estado de Puebla (Cf. nota 10 a Quien mal pleito tiene.), famosa por las batallas que se dieron ahí en 1811 por las fuerzas de Morelos y las tropas realistas; y en 1812 por las de Vicente Guerrero y Ciriaco de Llano.

(77) Probablemente se trate de Juan Cruz Ruiz de Cabañas (1752-1824), obispo de Guadalajara, pues si en un principio se mostró reacio a la lucha por la independencia, al final ayudó a Iturbide para su consumación; quizá por esto último Lizardi se reservó su nombre. Respecto de lo que aquí escribió tenemos el dato siguiente: "El obispo diocesano Ruiz de Cabañas no creyó que hacía bastante con las exhortaciones y preceptos a su clero para que predicasen contra la insurrección y sus jefes, sino que levantó un cuerpo militar que llamó cruzada, compuesto en su mayor parte de eclesiásticos seculares y regulares<