[CAJONCITO 9°]

FÁBULA

Miércoles 6 de diciembre de 1815(1)

El Viejo y las Pulgas(2)


Nadie crea verse libre de trabajos en la vida

 

Tanto acosaban las pulgas

una noche a un pobre viejo

que no le daban lugar

ni para probar el sueño.

 

Lleno de rabia el anciano

hacía alguaciles sus dedos,

buscando entre las almohadas,

entre la colcha y su cuerpo

a las pulgas, a los pulgos,

y a cuantos juzgaba reos,

no menos de viejicidio,

que era para él sacrilegio.

 

Tuvo, por fin, la fortuna

de azgar(3) junto del pescuezo

una pulga, que al instante

la hizo añicos en sus dedos.

Y como si hiciera entonces

una cosa de provecho,

se acostó más descansado,

pensando dormir sereno;

cuando a poco, llega un pulgo,

y otro, y otro y otros ciento,

cuyos duros aguijones

lo punzaban en extremo.

 

Él es verdad que mataba

pulgas a cada momento,

pero las que no morían

no cesaban del empeño

de urgirle con sus lancetas

por do quiera al pobre viejo.

 

Cada vez que éste mataba

algún miserable insecto,

se daba la enhorabuena,

creyendo lograr el sueño;

mas en vano, porque al punto

sentía enemigos nuevos

que lo hacían estar en vela

y siempre en movimiento.

 

Hasta que desesperado,

incómodo, sin sosiego,

y lleno de rabia, dijo...

Atención que aquí hay misterio.(a)

 

Ocioso es que yo presuma

lograr un tranquilo sueño

pues aunque mil pulgas mate,

vienen otras mil de nuevo.

 

No hay más, pues, que conformarse

con lo que ofreciere el tiempo,

pues los trabajos al hombre

siguen cual la sombra al cuerpo,

de suerte que aunque se libre

de uno, diez, cuarenta, ciento,

quedan a su retaguardia

lo menos, millón y medio.

 

Quisiera que este viejo desengañado,

enseñara paciencia en los trabajos.

 

REMITIDO

 

ENTRE BOBOS ANDA EL JUEGO, PANADEROS Y MOLINEROS

 

Vaya de chisme, señor Pensador, por si parece a usted embocarlo en un Cajoncito de su Alacena.

Es el caso de algunos panaderos bien intencionados quisiéramos muchas veces servir al público dándole una o dos onzas más de pan; pero los molineros no nos lo permiten, antes nos perjudican lo más que pueden, y de camino al público. Sepa usted cómo.

Los más molineros compran sus pegujales y aun cosechas de trigo, según sus proporciones, para revendérnoslas. De esto se siguen dos daños. El primero: que atrasan las ventas de otros trigos que les confían, pues es muy natural que quieran acomodar primero los suyos que los ajenos, como en efecto lo hacen, y aun apocando para esto los trigos encargados, aun siendo mejores que los suyos. Aquí se perjudica a los labradores, y éste es el primer daño.

El segundo es: que con estas compras impiden que los labradores lleguen inmediatamente a nosotros, los panaderos, quienes les compraríamos sus trigos en derechura, a menos precio que a los molineros, pues éstos no compran por tratar, sino por ganar, y esta ganancia que a ellos les queda, podría ser en obsequio del público, pues si comprásemos barato el trigo, daríamos barato el pan.

Otro modo de buscas(4) tienen los molineros más endiablado y es éste. Reciben los trigos pesados y lo entregan pesado hecho harina, descontando en la segunda pesada las mermas que, dicen, tiene que sufrir cada carga de trigo mientras se reduce a polvo, ¿pero qué mermas?, exhorbitantes. Allí se le hace cargo de mermas al tiempo que deseca el trigo, a los ratones que se lo comen, a la piedra que los despolvorea, o desperdicia, a la tara(5) del costal y no sé a cuántas cosas más; pero sepa usted y sepan los molineros, que aunque nosotros somos panaderos, muy bien sabemos el pan que amasan los hermanos molineros. Que algo merma el trigo es cierto, pero no tanto como quieren.

A cada carga de trigo se le computa de mermas sobre doce libras, y fuera de esta falta, sufrimos los panaderos otra más grosera, que importa seis o siete libras más y quedan en poder del molinero, porque cuando éstos reciben el trigo del labrador tienen cuidado de que se les entregue en costales buenos, cuya tara sólo pasan por 10 libras si el costal es de baqueta, y por 7 si es de lechuguilla o arpillera;(6) y cuando nos lo entregan, es en unos costales suyos llenos de gruesos remiendos, cuyo peso reemplaza las libras que se roban. Es menester decirlo así porque este fraude no merece otro nombre.

No es menos el perjuicio que hacen al común de los panaderos los molineros, queindebidamente tienen o panadería o comercio con algunos panaderos, porque por surtir a éstos de harinas, nos dejan a los demás colgados, sufriendo unos grandes quebrantos con estos intermedios.

Conque ya usted ve que tanto por el comercio que los molineros tienen en los trigos, por los que tienen con los panaderos, y por la falta con que remiten las harinas, embarazan el provecho de que el público esté mejor servido que lo que está; y todo o mucho se remediaría con celar a los molineros para que ni comerciasen en trigos, ni tuviesen panaderías. A lo menos, así se hizo en tiempo del excelentísimo señor conde de Revillagigedo.

Yo, en beneficio del público, desearía resucitara esta práctica, y para ello remito a usted este papel, de que hará el uso que le parezca, quedando su afectísimo. E. P.

 


(1) Imprenta de la calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba.

(2) Esta fábula fue editada en el volumen José Joaquín Fernández de Lizardi,Obras I. Poesías y fábulas, op. cit., pp. 362-363.

(3) azgar. Verbo sacado de las formas irregulares de asir. Úsase poco y en estilo familiar. Su significación es más limitada que asir, porque significa asir por sorpresa y por mala parte. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(a) El misterio está en que cuando el hombre está poseído de un gran temor, cólera u otra pasión, descubre su corazón mejor que cuando está sereno, porque entonces si quiere, puede fingir.

(4) buscas. Provecho por lo general ilícito que se saca de algún empleo o cargo, principalmente de carácter público. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(5) taras. Parte del peso que se rebaja en los géneros por razón de la vasija, saco o cosa semejante en que están incluidos.

(6) lechuguilla o arpillera. Tela tosca hecha, por lo general, de fibras de maguey. Sirve para abrigar fardos o cajones y protegerlos de esta forma del agua.