[CAJONCITO 8°]

DICCIONARIO BURLESCO

Sábado 21 de octubre de 1815(1)

B


BALAS. Son unos cuerpos sólidos y esféricos de diferentes metales y tamaños. A su fuerza ceden las más robustas fortalezas, y su violencia es tal que a veces se lleva de encuentro los tratados, leyes y derechos más sagrados, siendo por esta razón los árbitros de las vidas de los hombres, y las que deciden de las ciudades, reinos e imperios.

BAILES. Congregaciones de hombres y mujeres, siempre costosas a sus fomentadores.

BANQUETES. Comidas espléndidas en las que el que queda peor es el que las costea.

BANCAS. Lo mismo que asientos. Son permitidas en los templos, y no se facilitan en las catedrales, sino a las autoridades o particulares corporaciones cuando asisten de convite.

BEATAS. Lo mismo que terceras; aunque hay terceras que no son beatas.

BENEFICIOS. Aquellas acciones que envuelven algún bien en favor de otro. Hay pocos benefactores; aunque no faltan del todo, y hay beneficios que sería mejor no se hicieran, pues en la realidad son unos perjuicios disfrazados con la bondad con que se solapan.

BONITAS. Las mujeres bonitas y pobres tienen mucho adelantado para dejar de serlo cuanto antes.

BOBOS. Se llaman así ciertos peces, y también ciertos hombres.

BUENAS. A las mujeres les está más a cuenta ser buenas que bonitas.

BÚHOS. Aves nocturnas que conocemos bajo los nombres de lechuzas o tecolotes. Están reñidos con la luz, se esconden de día, y de noche salen a buscar la vida. No faltan racionales de uno y otro sexo que las imitan muy al vivo.

BUBAS.(2) Lo mismo que mal venéreo. Esta enfermedad es dolorosa, asquerosa y prolija. No siempre que se manifiesta en un individuo prueba la relajación de sus costumbres, porque no sólo se contrahe por el comercio impuro con el otro sexo; suele adquirirse por un contagio o contacto inadvertido con la ropa de otra persona inficionada, por comer en donde come, o dormir en su cama, etcétera, y así en este caso, como cuando se adquiere por herencia, ya se ve que el mal será el mismo, los mismos sus efectos, y muy diversos los modos de adquirirlos. Ha habido niños de pecho gálicos que se han inficionado con la leche de una nodriza enferma, y otros que desde los vientres de sus madres han nacido ya con sus pústulas venéreas, conque, ¿qué mucho es que advirtamos un religioso ejemplar, una doncella honesta y otras personas semejantes, gálicas de remate, sin la más mínima culpa en su infección?

De esta regla deben recordarse tres advertencias muy útiles. La primera, que ninguna precaución es nimia cuando se trata de precavernos de un contagio. La segunda, conocer lo arriesgado que es fiar a los hijos en los brazos alquilados de una chichigua(3) o ama de leche, pues no siempre la conducta privada de estas pobres es como debía ser; y siendo relajada son fáciles a inficionarse del mal venéreo, y de consiguiente a contagiar a las criaturas que nutren. La tercera advertencia es que no debemos aventurarnos a juzgar mal de nuestros semejantes por lo primero que nos presentan los sentidos; pues nos equivocaremos mil veces en nuestras opiniones, como sucederá siempre que califiquemos de abandonada la conducta de una persona honesta sólo porque la veamos contagiada de gálico, pues ya sabemos que este mal puede adquirirse muchas veces por otros principios inculpables. En pensar siempre bien, nunca hay peligros; en pensar siempre mal, hay no sólo peligro sino daño positivo.

BARATAS. Las bajas que algunos comerciantes hacen en sus efectos.

BARATAS. Aunque el precio sea bajo, si no es correspondiente a la calidad del efecto, no es barata sino engaño y mala fe. Supongamos el pontiví(4) corriente está en todas partes a 8 reales, y el fino y superior a 12 o 14. Bien. Si el baratero me anuncia las tres clases a 7, 10 y 12, y me las da tales, en efecto es legítima barata; pero si ofreciéndome superior a 12, me da un pontiví(4) regular, ¿quién duda que me engaña, pues al mismo precio, y tal vez a menos me lo darán en cualquier parte?

BARATAS. Siendo como deben ser, son útiles y recomendables; pues a más del beneficio general que traen al público, tienen la admirable recomendación de ser lastrabas de la codicia de muchos, pues habiendo legítimos barateros en un pueblo, no puede haber careros; porque, o se sujetan a vender barato, o no venden; esto no pueden hacer porque tienen créditos que cubrir y gastos que erogar; luego es preciso que vendan para tener, y que den barato para vender; de cuya necesidad el público resultaría beneficiado, y todos más expeditos para rendir sus cuentas al Padre Eterno, sin temer muchos alcances. Es una conveniencia que hagan a uno ser arreglado, aunque sea por fuerza o por necesidad. Al fin con este freno se hace menos mal del que se puede, y de consiguiente se tiene menos responsabilidad.

BARATEROS. Siendo veraces deben ser estimados en todas las sociedades y considerados como útiles, y más en estos tiempos en que hasta las lavanderas están escasas por falta de camisas. De este conocimiento están penetrados el superior gobierno y el Consulado de México; y así no han prohibido las baratas (como piensan algunos tontos que oyeron cantar el gallo sin saber dónde), pues se opondría a su integridad y dejaría franca la puerta a la codicia. Bien al contrario, persuadidos de la felonía que puede haber bajo el nombre de baratas, y deseando que el público participe el beneficio de las que realmente lo sean, sin que lo puedan alucinar con sólo el nombre. Mandó que, para saberse si efectivamente la baja con los efectos que se anuncian corresponde a su calidad, pasen a la tienda del baratero dos comisionados peritos de parte del Consulado, para que éstos, como instruidos, califiquen si en la realidad es barata o patarata.(5) ¡Bella providencia!, digna de los miembros que la promovieron y del gobierno que la autorizó. Ánimo, barateros; continuad vuestras baratas bajo este plan que en nada os grava; y advertid que ya los maliciosos, viendo vuestra languidez, y que ya no hay baratas, cuando pocos meses hace, todos los días salían baratas y más baratas y contrabaratas, dicen (hear, hear), (oír, oír)(a) que hay gato encerrado en vuestro silencio, ¿que cómo ya no hay baratas?, y otras cosas que no os están muy bien.

Pero ya oigo que me decís: hemos suspendido nuestras baratas porque aunque nos consta el desinterés e integridad de nuestro Consulado, y debemos suponer el mismo en los veedores, al fin como éstos han de ser hombres y comerciantes también, tememos no sea el diantre que alguna vez no las tengan todas consigo, y por granjearse la voluntad de Juan, o hacer su mismo negocio, vayan a malquistar a Pedro con los cónsules y a exponerlo a un desaire. Callad, callad, os diré en castellano, barateros, camaradas del pueblo, ya sé cuánto podéis decirme acerca de esto; pero sería una temeridad pensar que por caso alguno hubiera quien por hacer su negocio, como decís, o el de sus amigos, prostituyera con la mentira la probidad de que lo consideraba caracterizado el Consulado, cuando le fiaba la comisión; pero aun permitido ese remoto caso, todavía no satisfacéis al público que está deseando la continuación de las meras baratas, hear, hear, de las meras digo. Sí, señores, no lo satisfacen; porque contra ese temor pánico o infundado, queda un arbitrio excelente. Quiero permitir un rato que Sancho, Pedro y Diego, comerciantes temerosos de que no los perjudiquéis con vuestras baratas, se valen de corromper a los calificadores o con súplicas o con oro; esto es cuanto podéis temer, pues ahora, dije que contra eso había un arbitrio, y no son sino dos: el primero suplicarle al tribunal nombre los sujetos que han de calificar, y se haga la averiguación en el acto de la solicitud. Esto estorba que se divulgue la noticia, y de consiguiente que se verifique la intriga que teméis.

Mas supongamos que no se pudo hacer el escrutinio de vuestros géneros con la violencia que se deseaba, y que entre tanto sucedió el sucedimiento; entonces queda el segundo arbitrio que es el más eficaz. Decidme, ¿ha prevenido el Consulado que estas calificaciones sean privadas? No. Luego bien podéis hacer que se hagan en presencia de cuatro o seis comerciantes o a puerta abierta a presencia del público interesado, que siendo buenos vuestros efectos y legítimas baratas tanto mayor crédito os darán los muchos testigos, y ya veréis que con ellos, por malos y comprados que estuviesen los aforadores, no les quedaba más recurso que hablar la verdad, pues de lo contrario tenían sobre sí las lenguas de cuantos vieran vuestros géneros.

Conque no, amigos, no hay disculpa: abaratar, porque si no, yo, por mucho que os quiera, no os puedo defender de las bocas maldecientes que profieren lo que os digo y lo que he oído con estas mis orejas que se ha de comer la tierra. De camino os acuerdo que las baratas son buenas cuando lo son, y cuando no, a más del Consulado que celará, quedan don Lesmes, y don Basilio(6) que avisarán lo malo que se les note.

Lo peor es que cuanto he dicho ha sido sin el más mínimo interés, y así bien podéis abaratar o encarecer seguros de que se me da cuidado de nada, porque yo no tengo con qué comprar ni caro ni barato. Si abaratareis, el provecho será para otros, y con eso me contento. Seguiré mi diccionario, que ya se fue la pluma de la mano en este artículo más de lo que yo pensaba.

BARATILLO. El lugar donde se compra y se vende barato. Al de México llaman de los piojos, por los trapos y tiliches sucios y despreciables que en él se venden. Ya la gente está enseñada a ir a buscar al dicho baratillo lo que se les pierde o lo que les roban, como haga poco bulto, y sea de poco valor, porque saben que el precio de lo hallado o robado es baratillo. Lo cierto es que muchas veces se salen con la suya de resarcir allí sus cositas.

BARAJAS. Lo mismo que naipes. Son unos papelitos pintados con que los moderados se divierten, y los que no lo son se pelan las monedas alternativamente.

BARAJAS. En las manos de los fulleros suplen por ganzúas, cordeles, escalas, pistolas y trabucos, pues con ellas roban sin riesgo al que se descuida. A mí me consta de algunas bolseadas que han dado a varios conocidos míos estos avanzadores.

BARBA. La parte de la mandíbula inferior que cuelga bajo la boca.

BARBA. El pelo que en la pubertad comienza a poblar los rostros de los hombres. Hacer la barba llaman los barberos cuando rasuran la cara para quitar de ellas dicho pelo. Mejor dijeran quitar la barba, porque tampoco se explica bien estas raspadas con la voz afeitar, esto significa componerse, pintarse y adornarse el rostro, lo que también hacen las mujeres sin barberos.

BARBA. En los teatros de comedias significa viejo. En el teatro del mundo hay infinitos que sin ser viejos hacen unos papeles de barba prodigiosos. Por lo ordinario éstos lo pasan mejor que muchos hombres de bien que no tienen esa gracia, porque para hacer una buena barba es menester gracia aparte.

BARBEROS. Vide aduladores.

BARBAJANES. Nombre que se da por apodo a los hombres inciviles, toscos y groseros por educación o por naturaleza.

BÁRBAROS. Se llaman a los hombres nacidos y criados en los montes y selvas, sin más sociedad que las de las fieras. De donde también se dicen montaraces, salvajes y feroces.

BÁRBARAS NACIONES. No hay ninguna que no pueda civilizarse si tiene maestros.

BARBARIE. Lo mismo que crueldad.

BARBARISMOS. Errores que comete la pluma o la lengua, pronunciando unas cosas por otras, o con distintas letras de las que le corresponde, como las que conocemos por cuatros(7) entre los indios. Estos barbarismos hablados son comunísimos y casi inevitables en todos los que hablan en idioma que no les es natural. Si nosotros habláramos con los indios en su idioma, a mal aprender, ellos se reirían de nuestroscuatros con la misma razón que nosotros nos reímos de ellos, que es ninguna.

Los barbarismos por escrito son menos disculpables, y mucho menos si se cometen en el idioma nativo, y muchísimo menos por personas instruidas, y mucho más que muchísimo menos son tolerables si se dan a la prensa. ¿Quién sufrirá que le impriman que el cura de su tierra salió a casar conejos? Lo cierto es que este género de barbarismos es frecuentísimo en lo escrito. Yo he leído en letras de molde que un marido ausente de su cara esposa le escribió no sé qué, y firmó: tu buen esposo, ciervo, etcétera, y asegura la leyenda que no mintió. ¡Válgame Dios! ¿Cuántos barbarismos habré yo escrito, y habrán escrito por mí los tipógrafos?

BALIJAS.(8) Coberteras de baqueta donde se guardan las cartas de correspondencia que llevan los correos de unas partes a otras. Lo que hay que advertir en este artículo es la gran confianza que tienen los hombres entre sí, pues a lo débil de una oblea y a lo expuesto de una balija fían su honor, su hacienda y su vida. Bien que algunas veces le ha costado caro esta confianza. Que lo diga por todos... pero no lo diga ninguno, porque son tantos que sobre quien lo ha de decir habrá pendencia entre los muertos, pues yo no iba a citar a ningún vivo.

BRUJASViejas que tienen los ojos con filetes encarnados, pobres y malvadas, que tienen pacto explícito con el demonio, y lo adoran y le besan bajo de la cola en una cueva donde se les aparece en figura de cabrón, y después que dejan las piernas en el tlecuile(9) o fogón, se van a volar por esos aires, y a chuparse a las criaturas de pecho. Gracias a Dios que algo se han olvidado estas brujerías.

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui.

(2) bubas. No toda enfermedad venérea eran bubas. Se refiere concretamente a la sífilis.

(3) chichigua. Voz mexicana equivalente a nodriza. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(4) pontiví. Cf. Alacena de Frioleras, nota 2 al número 15.

(5)patarata. Cosa ridícula, despreciable.

(a) No sé en qué papel de los del día he visto estas expresiones y las de hurra,hurra traducidas, lo que manifiesta que hay entre nosotros quien entienda el inglés, que no es poca fortuna. Sin embargo, es menester que no se repitan estas palabras muy seguido, no sea que los cajistas se equivoquen, y por poner hear hurra vayan a poner arre burra, lo que no es muy difícil con la destreza de nuestros elzeririanos [alusión irónica a las ediciones hechas por los Elzevirios, impresores que vivieron en Leyden, Amsterdam (1583-1680). Por extensión se llama así a las impresoras modernas].

(6) Don Lesmes y don Basilio. Alude a los personajes que aparecen en la Alacena de Frioleras del sábado 24 de junio de 1815.

(7) cuatros. Barbarismo, solecismo, disparate, especialmente los que profieren los indios al hablar castellano. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(8) Balijas. Conservamos la grafía original.

(9) tlecuile. Aztequismo proveniente de tlecuilli, usado en el país para significar hogar, brasero, hornilla, por alusión al de los antiguos mexicanos formado por tres tenamastes colocados en triángulo, con la lumbre en medio, sobre los cuales se coloca la olla o comal. Cf. Santamaría, Dic. mej.