[CAJONCITO 10°]
LA GRAN BARATA DEL PENSADOR MEXICANO
Miércoles 20 de diciembre de 1815(1)
Esta barata procedió del siguiente diálogo que pasó entre mi mujer y yo.
Supondremos que ella se llama Lucinda, y así los interlocutores serán
Lucinda y El Pensador
PENSADOR: Es gana, si yo no peino cabeza que no me salga tiñosa ... ¡Voto a...!
LUCINDA: ¿Qué tienes, hombre, que vienes tan incómodo? ¿Qué te ha sucedido?
PENSADOR: Quién sabe. Déjame. Vete a ver si se han quemado los frijoles, y no me muelas.
LUCINDA: Ahora sí, ¿conque en la calle tienes tus incomodidades, y vienes a desquitarlas conmigo?
PENSADOR: ¿Y eso te admira? ¿No ves que así lo hacen los más hombres?
LUCINDA: Eso serán los pícaros; pero no los hombres de bien, y yo por tal te he tenido hasta ahora; y aun esos hacen muy mal, porque ¿qué razón hay para que si un hombre tiene alguna molestia en la calle, quiera desahogarse en su casa maltratando o riñendo con su mujer que en nada se ha metido?
PENSADOR: Pues tengan o no tengan razón, a mí nada me importa eso. Lo que me importa es que me dejes.
LUCINDA: Pero dime qué te ha sucedido, a ver si entre los dos se puede remediar.
PENSADOR: ¡Qué remediar, ni qué calabaza! ¿Remediarás la calma que les ha entrado a mis Pronósticos, que han tenido de costo en su impresión como cincuenta pesos, y maldito si se han vendido cuatro?
LUCINDA: ¿Y eso te apura?
PENSADOR: ¿Pues no me ha de apurar, que ya hoy estamos a diez y nueve de diciembre, y si no se venden en este mes, se me quedan en el cuerpo?
LUCINDA: Pero ¿por qué se te han de quedar?
PENSADOR: ¡Ésa es otra! Porque no se venden, ¿por qué ha de ser?
LUCINDA: Pero aunque no se vendan, no se quedarán en el cuerpo, ¿pues que los boticarios y los tenderos les harán el desaire?
PENSADOR: Ya se ve que no; mas eso es lo que yo no quiero. Sobre todo, anda mira tus frijoles o tu almohadilla y no me estés incomodando.
LUCINDA: Mira: sosiégate, yo estoy pensando un modo con el que cuando no ganes nada, a lo menos, no pierdas en tu pronóstico.
PENSADOR: ¡Ojalá y fuera bueno el pensamiento! Entonces serías tú, mejor pensadora que yo. A ver, di qué has pensado.
LUCINDA: Que hagas una barata de Pronósticos y la anuncies al público en unCajoncito, que ya tú ves que siempre la gente se va a lo barato.
PENSADOR: Dices muy bien; pero temo que la diligencia será vana, porque todas las cosas necesitan el tiempo de su fervor. Ya has visto lo que sucedió poco hace con las baratas de trapos que todos los días nos las anunciaban a pares, y en cuanto el Consulado metió la mano, a Dios baratas, ni quien las miente.
LUCINDA: Pero a mí me han dicho que eso no es porque faltan barateros; antes sé de algunos que han pretendido anunciar sus baratas al público, y con arreglo a la orden del Consulado, han gastado el dinero en la pretensión y no han logrado nada.
PENSADOR: ¿Pero en qué estará eso? Porque ciertamente es chocante la noticia. ¿Cada uno no es dueño de lo suyo para hacer con ello lo que quiera? Y fuera de eso, en dando las baratas con arreglo a lo últimamente mandado por el superior gobierno, ¿quién podrá embarazárselo a nadie, se entiende con justicia? Vamos, te habrán engañado, o tú no te sabrás explicar.
LUCINDA: No, no me han engañado. Es así como te lo digo; pero esto no te importa, lo que debes hacer es poner tu barata de Pronósticos, y tú te acordarás de mí.
PENSADOR: Dices bien, el consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma dice el refrán que es loco. Conque vamos a ver, manos a la obra.
LUCINDA: Pues pon tu barata, mientras voy a ver si ya hizo la sopa la muchacha...
Luego, que se fue mi esposa a la cocina, doblé mi papel, y como con el anuncio de dicha barata solamente, no se llenaba el pliego, me propuse escribir toda nuestra conversación, según se ha visto, y luego escribí:
MI GRAN BARATA
Primeramente: dos pliegos de buen papel que solos ellos valen medio real.
Item. Una carátula muy curiosa, en la que se dice lisa y llanamente una cosa poco confesada, aunque bien conocida por los pronosticadores.
Item. Cinco décimas en las que se adivina al estilo de Pero Grullo.
Item. Sus aprobaciones y sus licencias.
Item. Unas notas cronológicas exquisitas no vistas hasta el día.
Item. Un juicio del año favorable y exactísimo.
Item. La explicación del cómputo eclesiástico, para que muchísimos de los que se quedan en ayunas al leer en los calendarios: Áureo número, Epacta, Ciclo solar, letra Dominical tengan alguna noción de lo que son estas cosas.
Item. Algunas notas curiosas que explican lo que son sextiles,(2) trinos,(3)cuadrados,(4) conjunciones,(5) etcétera.
Item. Las notas eclesiásticas.
Item. Otras notas para advertir que se señalan, en los días festivos, las iglesias donde se expone el santísimo sacramento.
Item. La tabla de las fiestas movibles, las témporas del año, y un eclipse más grande que una casa.
Item. Doce meses con trescientos sesenta y seis días con sus noches muy cabales, y en ellos todos sus aspectos de luna, y doce versos que nada menos son que otras tantas recetas médicas y utilísimas pertenecientes a la higiene. Esta señora es aquella parte de la medicina que trata de la conservación de la salud, enseñándonos los modos de precavernos de las enfermedades. Ya se ve que sólo estas recetas valen el dinero.
Item. Unas lunitas curiosísimas que parecen borroncitos hechos a propósito.
Últimamente: un sinnúmero de mentiras envueltas en aire, agua, nubes, granizo, escarchas, hielos, truenos y rayos.
Todo lo dicho se hallará en la librería de la esquina de la calle de Tacuba y en los puestos del Portal y en otras partes, a un real y medio. No puede ser cosa más barata.
Luego que concluí mi anuncio, llamé a mi mujer para leérselo, y le comencé a leer el diálogo; pero ¡qué enojada se dio por esto! Anda, me decía, ¡vea usted qué dirá la gente de que también quieras jugar conmigo, poniéndome nombres y levantándome testimonios! ¿Cuándo yo te he dicho tantas mentiras como has puesto? ¿Ni qué sé yo de baratas ni de Consulados ni nada? Lo que te dije sólo fue que abarataras tus Pronósticos a ver si se vendían, no tanto chisme como has añadido, y así no: ya puedes borrar esos embustes, o fingir otro personaje con quién enredar tu conversación, que no quiero yo andar también, como tú, en las bocas de los lectores.
—Anda, tonta, le dije, no sabes lo que hablas. ¿Qué, te parece poco andar en letras de molde, y comenzar a tener fama de autora? Ésa es la cosa más grande del mundo. —Sí, decía mi compañera, por eso estás tan medrado. Cinco años hace que tienes fama de autor, y ya ves qué lucido estás.
—Eso está bien, le dije, pero ¿y la fama póstuma te parece poco?
—¿Qué es eso de póstuma?, háblame en castellano.
—La fama póstuma, hija, es que no se olvidará mi nombre en muchos años después de mi muerte, y ésta es la mayor satisfacción que puede tener un autor. Ésta es la gloria a que han aspirado los hombres que se han hecho grandes por las armas y por las letras en todos tiempos, éste es el modo de inmortalizarse los hombres; y ha llegado a tan alto grado este deseo que hubo uno que quemó el templo de Diana en Éfeso, que era una de las maravillas del orbe, sólo porque no se olvidara su nombre.
—¿Y qué le hicieron a ese incendiario?, preguntó mi esposa.
—¿Qué le habían de hacer?, la contesté, lo quemaron vivo.
—Muy bien hecho por loco, y soberbio, ¿y por fin, ni se sabe cómo se llamaba?
—Sí, hija, aunque el gobierno impuso pena de la vida para quien mentara su nombre, no se pudo ocultar, y sabemos que se llamaba Eróstrato; y así, él murió, pero logró su deseo.
—¿Pero dime, decía mi Lucinda, eso lo sabrá él en el infierno?, y si lo sabe ¿le servirá de algún consuelo?
—Que lo sepa, lo ignoro; pero que le sirva de consuelo de ningún modo.
—¡Oh!, dijo mi mujer, ¿pues entonces de qué sirven esas famas? Yo soy una tonta; pero pienso que toda esa esperanza de que se acuerden de uno después que muere, es una faramalla. ¿Qué se me dará a mí, si tú mueres y quedo pobre, de que se acuerden de ti, aunque dejes un celemín de libros? Seguramente que en ninguna tienda me fiarán un real sobre tu fama póstuma. Yo más bien quisiera que por ahora se vendieran todos los Pronósticos y Alacenas que escribes, que no esa boba esperanza que me dices.
—Pues sabes, le dije, que ya vas pensando mejor que yo; pero todo eso no te valdrá para no hacer tu papel en un Cajoncito.
—Pues no, eso no quiero, decía mi aconsejadora, anda a jugar con tierra, y no conmigo.
—Eso ya lo veremos, le respondí, no se libran los toros y los caballos, los monos y los pericos de hablar en mi pluma públicamente, y te habías tú de escapar... mas que ya es tarde. Vamos a comer.
(1) Imprenta de la calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba.
(2) sextiles. Aspecto sextil, en astrología, significa cuando queda una casa celeste vacía entre dos astros.
(3) trinos. En astrología, aspecto de trino es cuando quedan tres casas celestes vacías entre dos astros.
(4) cuadrados. En astrología, aspecto cuadrado es cuando quedan dos casas celestes vacías entre dos astros.
(5) conjunciones. Aspecto de dos astros que ocupan una misma casa celeste.