[CAJONCITO 1°](1)

 

EN ESTOS CAJONCITOS GUARDO ALGUNAS FRIOLERILLAS CURIOSAS

PORQUE NO SE PIERDAN, TALES COMOEL PRESENTE: DESAFÍO SOLEMNE,

PROVOCACIÓN CLARA Y GUERRA ETERNA CONTRA

LOS PERIODISTAS CHABACANOS DE MÉXICO

 

Afuera, collones malandrines, afuera, gente descomunal y sacrílega, afuera otra vez y otras mil, periodistas chabacanos, copistas miserables, zurcidores tiñosos, que os andáis arañando sobre quién es más penco y para nada, sobre quién se quita el pan de la boca, y sobre quién tiene más arte para sacar el medio o el real al pobre público con sus copias y boberías.

A vosotros digo, Diarista(2) y Noticiero,(3) que no os tengo ni tantito miedo, ora enarbole el uno su licenciatura, ora esgrima el otro su chirrión en su caballo flaco y desortijado; porque yo, yo el Alacenero os haré ver que ni uno ni otro tiene razón para quejarse de la mala venta de sus paparruchas, ni para vanagloriarse de ella cuando la tenga, porque todo es obra de la chapucería de los compradores. Pero esto ha de ser en orden y por partes. Arma, arma; guerra, guerra, y Cristo con todos.

Venga usted acá, señor Diarero, ¿qué se anda usted quejando de que se le haya metido por un ladito el Noticiero y le haya usurpado el privilegio de copiar? ¿Qué, pensaba que usted lo tenía exclusivo para engañar bobos en México? No, tatita, cada uno es hijo de su madre y se sabe ir a su casa sin que lo lleven. Si usted quiere tener crédito, denos noticias interesantes al público, o unas cositas de su caletre que nos instruyan y diviertan, que no es rana y lo sabe hacer. Lo que sucede es que ha enflojecido y no quiere trabajar, sino copiarnos retazos del Espíritu de los Diarios,(4) trascribirnos trozos de gacetas y embocarnos anécdotas viejas tales cuales las parieron sus autores, y sin más ni más, rascándose la panza, venga acá ese medio. Pues no, señor, así mi galgo las pesca. Trasladar no cuesta trabajo, y para eso bien se pueden meter a periodista el serenero, el zapatero, el carnicero, el hojalatero, el cucharero y todos los acabados en ero; y en tal caso, no hay que chistar palabra, ni colgar la moquita, ni hacer pucheros, sino dejar a cada uno que ensucie papel, y que saque del público su medio o su real lo mejor que pueda, y a quien Dios se la diere, san Pedro se la bendiga, y arrímese usted a un lado.

Venga usted acá ahora, señor Noticiero y Noticiero General ¿qué anda usted alzando el pescuezo ni esponjándose mucho como guajolote de indio? Poco a poco; no se envanezca tanto, ni se glorie de que nos ha dado un periódico admirable porque ha vendido cinco o seis manos(5) de papel de sus primeros números. Sépase, señor copiador bisoño, que esto es cedacito nuevo; pero de aquí a poco tiempo pide usted limosna y llora los desprecios del público lo mismo que el Diarista. La suerte del periódico de este señor es un espejo en que usted se ha de ver, un libro que lo desengaña y un ejemplar que le avisa lo que son las cosas de esta vida. Sí, amigo: cuando la barba de su vecino vea pelar, etcétera. No se lo deseo; pero sí le pronostico que su periódico no ve el día de San Silvestre que tenemos encima; y es muy fundado el pronóstico, porque ¿qué casta de pajarraco es su papelón de usted sino un surcido de noticias heterogéneas tan viejas, tan frías, tan inútiles y tan tantarantantán como las del Diario miserable? ¿Quiere usted que se las desmenuce un poquito? Pues, atención, como dicen los soldados.

Nos avisa usted quién es, o quién fue, que es peor, pues, ya ve que lo que fue, y no es, etcétera, nos avisa quién fue el jefe de día en la plaza, ¿y qué tenemos con que haya sido don N. o don R., etcétera?

Lo que quisiéramos fuera que los regidores salieran como en España a tasar la fruta, la verdura, los huevos y todo lo que venden en la plaza; y no que las perras indias tan bichas como el mejor, saben aprovecharse de la ocasión y estirarnos la golilla bonitamente vendiéndonos sus chismes a como se les da la gana no más de porque son unas resgatonas punibles; y así ha habido vez que nos han dado un huevo por tres cuartillas reales, un jitomate por medio, tres cebollitas, dos aguacates, y así todo; con cuya franqueza se desesperan nuestras mujeres pobres, y nosotros los pobres maridos de las pobres mujeres nos damos a Barrabás sin poderlo remediar; y ya ve usted que no hay razón para esto a juicio del prudente confesor, porque todas esas menestras se dan casi dentro de México, y no se ha menester convoy para que vengan, ni los insurgentes les han declarado la guerra a las gallinas, ni a los nabos, ajos, cebollas y huevos, ni menos a las ollitas y cantaritos que se hacen aquí mismo por los arrabales, que hasta eso han encarecido sin qué ni para qué.

Luego nos avisa usted quién dio la guardia en el hospital. Maldito también lo que nos importa la noticia. Lo que interesa es que los enfermos de todas los hospitales estén bien asistidos; que los curen no practicantillos aprendices comisionados por los médicos, igualados para que se ensayen a matar pobres, como los aprendices de barberos que ensayan a desollar caras con los pobres indios que raspan a cuartillita. Sí, señor Noticiero, esto importa: que curen a los pobres enfermos y los alimenten con amor, eficacia y caridad; no que los abandonen o maltraten, llegando la impiedad a ponerles a los moribundos en algunos hospitales una tablita con un Cristo y una vela a los pies de la cama (que llaman tecolote), echándose a dormir el capellán y los enfermeros y muérete cuando se te dé la gana, que si amanecieres tieso, te llevarán al Caballete(6) o a San Lázaro,(7)(a) y te encajarán en tu jonuco(8)sin cantarte un gori gori.(9) Importará también que aun los médicos legítimos de los hospitales no visitaran a sus pobres enfermos de carrera, como quien pasa revista,(b) pues así, es mentira que puedan cumplir con su obligación, sino que se detuvieran en cada cama lo mismo que se detendrían en la cama de un conde, y que estudiaran sobre cada enfermo pobre lo mismo que si fuera un potentado; lo uno porque Dios lo manda, lo otro porque les pagan el dinero; y si no lo hicieren así se los llevará el diablo de patitas.

En fin, importa que los padres capellanes estén asistentes de día, de noche y a todas horas en los hospitales para auxiliar a los enfermos que estén de viaje; y no que sucede (todo lo que le estoy contando a usted lo sé muy bien, es la purísima verdad, y hay un celemín de testigos) sucede, digo, que no hay más que un capellán en un hospital; éste está o diciendo misa, o comiendo, o durmiendo, o paseando, que todo es fuerza; en esta ausencia se le pone a un enfermo la majadería de morirse, o porque se agravó, o porque se le llegó, o porque él se aburrió de aguantar a los médicos y enfermeros; pide confesión, buscan al padre, no parece, le ponen el tecolote; se le arranca, y marcha su cuitado espíritu sin confesión, quién sabe para qué tierra y cómo y de qué manera. ¿No fuera una providencia muy cristiana, muy santa, y muy en regla que (ya que por la misericordia de Dios tenemos en México tanta copia de sacerdotes) se destacaran uno o dos de cada convento, y dieran su guardia en todos los hospitales lo mismo que todos los regimientos dan su respectiva tropa para la guarnición de la ciudad? Ya ve usted que esto está no sólo en el orden de la caridad, sino en el de su ministerio, y que es muy fácil y utilísimo a tantos pobres que mueren sin auxilio en medio de tantísimos sacerdotes. ¡Ojalá este proyecto llegue a manos del ilustrísimo señor arzobispo electo don Pedro Fonte,(10) que de su providencia y piedad esperamos lo haga poner en práctica!

Cate usted, amigo Noticiero, que esto sí importa al público y mucho más a los pobres de él; a unos porque están, a otros porque pueden estar; pero avisarnos quién da la guardia en un hospital, ¡valiente pampriega!(11)

Nos avisa usted cuáles son los números principales que han salido premiados en el último sorteo. ¡Qué gracias! Sacarnos el premio quisiéramos; que saber el número que se lo sacó nos importa un pito.

Nos copia usted noticias de Europa remitiéndose a cartas y papeletas que no hemos visto. Creemos que usted no sabe mentir; pero las papeletas son datos muy falibles y contingentes; y aun cuando fueran papeles de oficio, poco o nada importan al común estas noticias.(c)

Nos copia usted pedazos de Gaceta que ya vimos. Nos avisa de los géneros que entran y salen, como [si] tuviéramos con qué comprar, o qué vender; mas que usted no se tomara ese trabajo, ya sabríamos hacer nuestro negocio. Nos dice qué comedia se ha representado uno que otro día. Como sean buenas, gustarán a los espectadores; a más que en el Coliseo en la víspera y en el cartel en el día tienen ese cuidado sin que usted los ayude. En fin, acuña usted su periódico con algunas otras noticias de esquina, y un Laus Deo.

Esto es lo que hacen usted y el Diarero. Pues, hermanos, mientras no hagan más, nada hacen ni útil, ni curioso, ni entretenido para el público. Nos son más que unos remendones, y si viniera el Espíritu de los Diarios por sus discursos y anécdotas, losimpresos de España, por sus noticias, la Gaceta por sus partes, la lotería por su lista, el cartel por su título, etcétera¡A Dios Diario y Noticioso! Se quedaban blancos y pelados como la corneja de la fábula; porque como no tienen nada suyo, sino que todas sus plumas son ajenas, en un instante se quedaban in puribus.

Vean ustedes: así se trabaja, así se da un periódico original, no copiado; así se embarra un pliego de papel con utilidad y diversión, no con fanfurriñas; así se gana el medio o el real con algún trabajo, y el lector lo afloja con gusto porque ve que el autor sigue el parecer del señor don Horacio.


Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, lectorem delectando, pariterque monendo.(12)

 

Así se encaja una erudición y un latinorum, y así, por fin, se alaba un autor a sí mismo sin necesidad de que otro se encargue de sus honras.

 

¿A que ninguno esperaba
que yo me elogiara, eh?
Eso es pluma, alábate
por si ninguno te alaba.

 

De paso pueden ustedes aprender esta leccioncita para no apurarse si no los elogian en la vida; aunque nadie tiene para qué, pues no hacen nada, y en caso de elogiar deberían dirigir sus elogios a la Gaceta, o los impresos de España, y a los originales de donde ustedes copian.

Si ustedes dicen que yo soy un tonto, un perro, un cochino, un gato, un frangollón, un frión, un faceto y un entremetido, dirán muy bien. Digan cuanto se les dé la gana ora sea con la lengua, ora con la pluma, que yo haré al tanto siempre que las suyas viere; pero ya saben que todo es una chanzoneta,(13) pues somos amigos; no hay que atufarse, ni que gruñirme ni que jurarme palos ni manteamientos. Yo quiero a ustedes mucho; pero no quiero que sean periodistas copiantes, ni que saquen al público el mediecito o el realito con impertinencias y vejestorias. No obstante, les pido perdón si los he ofendido, aunque si ustedes no varían de sistema, yo tampoco les prometo la enmienda.

Escriban norabuena; pero trabajen, no copien.

Aunque los sabios de esta ciudad no les hagan el favor de ayudarlos con sus producciones, no les dé cuidado, como no se me da a mí; sin embargo de que los convide con mi periódico por cumplimiento; pero ya ven como yo solito lo lleno y me sobra material para más, sin necesitarlos para nada, pues si ellos saben, yo también sé lo que he de escribir y no me hago del rogar. Conque agur, amigos, hasta otra vista.

J[osé] F[ernández] [de] L[izardi]

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui. Años de 1815 a 1816. Suplementos de la Alacena de Frioleras. Los Cajoncitos son once números (58 páginas más dos que incluyen el índice de ambos periódicos), de numeración corrida en 4°. El número 1 no registra fecha de aparición (posiblemente sea el martes 8 de agosto de 1815). A partir del número 2 sí se registra fecha. Del 1 al 10 corresponden a 1815, y el 11 aparece en 1816Hay algunas interrupciones, las más notorias son entre el número 8 del sábado 21 de octubre de 1815 y el 9 del miércoles 6 de diciembre de 1815; y entre el número 10 del miércoles 6 de diciembre de 1815 y el 11 del jueves 4 de abril de 1816.

(2) Jacobo Villaurrutia (1757-1833). Periodista, abogado y político de origen dominicano. En 1785 figura entre los fundadores de la Academia de literatos españoles, y como colaborador del Correo de Madrid. En México, fungió como Regente de la Audiencia de la Capital. Autor de los ensayos Pensamientos escogidos de las máximas filosóficas de Marco Aurelio y de Federico II de Prusia (1786). Con el seudónimo de "Diego Rulavit y Laur", publicó La escuela de la felicidad (también usó el sobrenombre de "Jaime Villa López"). En 1807 publicó sus artículos sobre un Sistema de instrucción pública. Fundó y colaboró en el Diario de México, varios de sus artículos se hallan firmados con el seudónimo de "Diarista".

(3) El dato más aproximado que se ha obtenido es Noticioso General. Periódico publicado en la Ciudad de México del lunes 24 de julio de 1815 al lunes 31 de diciembre de 1821. Aparecía cada tercer día. El "Prospecto" está firmado por "J. C."

(4) Espíritu de los Diarios. Publicado en 1787 a 1790, según se tiene noticia, aunque pudiera haberse prolongado su edición hasta 1815. Periódico cuatrisemanal que extractaba noticias entresacadas de periódicos de España y otros países de Europa. El autor fue Cristóbal Cladera y el impresor Manuel González.

(5) manos. Del azteca maitl, mano. Antigua unidad que abarcaba cinco cosas de la misma especie. La libra tiene cinco manos más o menos. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(6) caballete. José Ma. Marroqui habla del Caballete: "Llámase así un amplio terreno erizado que sirve hoy de muladar, y antes sirvió de camposanto. Está situado al lado de acá de la acequia que se conserva al lado Sur de la Ciudad, en lo más lejano del barrio de San Salvador el Verde. Triste es la historia de este lugar: fue un barrio de la parcialidad de San Juan, llamado Xiutenco o Xuhuitongo, regularmente poblado hasta fines del año 1736 en que la desoladora epidemia de Matlazáhuatl le acabó casi por completo. La epidemia continuó en los cuatro primeros meses del año siguiente, y no siendo ya bastantes los templos ni sus cementerios para sepultar el crecido número de personas que diariamente morían, la autoridad civil, de acuerdo con la eclesiástica, determinó abrir cuatro camposantos en diversos rumbos de la Ciudad, uno de ellos es éste; de suerte que en realidad, y sin hipérbole, la epidemia dejó convertido el barrio en camposanto." Cf. José Ma. Marroqui, La Ciudad de México, México, Tip. y Lit. "La Europea" de J. Aguilar Vera y Ca. (S. en C.), 1900, t. II, p. 5.

(7) San Lázaro. Un cementerio adjunto a la iglesia del mismo nombre.

(a) camposantos donde se entierran los cadáveres.

(8) jonuco. En Dic. mej., Santamaría dice que es un espacio o pieza oscura debajo de la escalera de las casas, covacho. Sin embargo, ¿no es una variante de conuco? Y esto último no es un terreno chico aunque sí es una habitación arrinconada, covacha, pero no "debajo de la escalera".

(9) gori, gori. Voz con que se alude al canto lúgubre de los entierros.

(b) Hablamos de las revistas de ceremonia como las de la parada, pues ya se holgarán los enfermos de ser visitados con la eficacia y escrupulosidad que se revista, y ya quisieran que el médico inspeccionara sus naturalezas con el cuidado que un sargento registra la mochila de un soldado.

(10) Pedro José de Fonte y Hernández Miravete (1777-1839). Último arzobispo español en México. Doctor en cánones y canónigo penitenciario en Zaragoza. En México, juez de testamentos, provisor, vicario general, cura del Sagrario, canónigo doctoral, inquisidor honorario y primer catedrático de disciplina eclesiástica en la Universidad. Se opuso a la Independencia. En 1821 la reconoció condicionalmente y colaboró a su implantación. Al deshacerse el Tratado de Córdoba, en España, se retiró a Cuernavaca, después se embarcó en Tampico para España. No volvió ni renunció hasta que lo obligó la Santa Sede.

(11) pampriega. Quizá una forma dialectal de pamplina.

(c) No se quiere decir que estas noticias nada importan a ninguna clase de gentes; lo que se dice es que al común, esto es, a los más del estado llano y toda la plebe, pues es claro que aun de las noticias más importantes de la Europa, estos hermanos no procuran ni tener noticia.

(12) Horacio, De arte Poética, vers. 343-344.

(13) chanzoneta. Chanza.