BREVE SUMARIA POR EL PENSADOR MEXICANO AL SEÑOR 
DON ANTONIO LEÓN, EXCOMANDANTE DE OAXACA

 

En respuesta a un papel que acaba de dar contra el autor(1)

 

 

He visto un impreso de Oaxaca,(2) suscrito por don Antonio León,(3) se nombraImpugnación al papel titulado La revolución de Oaxaca, en el que este jefe, o más bien D. Y. M. O., que es su verdadero autor, según que de allá escriben, me pone de asco, tratándome de infatuado, calumniador, escritorcillo vulgar, de hombre que no conozco el verdadero honor, mordaz, ignorante, presuntuoso, y diciendo al fin que “si se hubiesen escarmentado a los Pensadores, quizá ya estuviéramos constituidos”, que es decir que por mí no se ha constituido la nación.

Semejante tempestad de injurias, y una proposición tan absurda, disparatada e incapaz de probarse, no reconocen otro origen sino la carta de Oaxaca(4) que transcribí en mi impreso, que pretende impugnar. Prescindiré de las injurias que me hace y refutaré su mal meditada impugnación.

Me pregunta ¿que cómo me atreví a afirmar que ha faltado, y los oficiales que subscribieron su plan, con éste mismo [sic], al obedecimiento debido a las supremas autoridades?(5) Me admira mucho que lo pregunte: yo le diré cómo; pero antes es preciso copiar el plan del comandante don Antonio León:

 

 

“PLAN 
PARA ASEGURAR LA INDEPENDENCIA

 

“1º que se suspendan de todo mando político, civil y militar a los europeos residentes en el Estado hasta que la España reconozca nuestra independencia, para lo que se les asistirá con medio sueldo del que disfrutan, a no ser que sean tan not[oriamente] desafectos, que en este caso, previa una formación, sumaria averiguación, perderán el empleo y saldrán desterrados.

“2º Todo español o americano desafecto a este plan, será extrañado del territorio de la República con la mayor brevedad, facultándose a los gobernadores de los Estados y comandantes militares para que, de acuerdo, se le extiendan sus pasaportes a cuantos ellos conozcan ser peligrosos en nuestra sociedad.(a)

“3º Que solamente se permita a los que se extrañen o emigren a la Península portar consigo la tercera parte de sus bienes, quedando el resto en clase de préstamo a disposición de la República, cuyos fondos cubrirán estos créditos cuando goce de una plena pacificación y termine la guerra con el gobierno español.(b)

“4º Serán admitidos en los Estados, y merecerán consideración, aquellos españoles que el gobierno de cada Estado califique ser verdaderamente decididos amantes de nuestra emancipación; pero que de ninguna manera se les dará intervención alguna en los ramos del Estado conforme al artículo l.(c)

“5º Que atendiendo al inminente peligro en que se halla la República, tanto porque el Supremo Gobierno se desentiende de los clamores repetidos del pueblo mexicano, como también por la agresión con que la España invade nuestros hogares, es muy justo que, dentro del perentorio término de veinte y cuatro horas, entreguen toda clase de armas al gobierno de los Estados cuantos españoles se hallen residentes en ellos, en inteligencia de que si así no lo verifican, serán considerados como reos de alta traición.(d)

“6º Que todos los bienes pertenecientes a los españoles de ultramar de cualquiera clase y condición que sean, y que se hayan emigrado a la Península desde el inmortal grito de Iguala,(6) sean declarados por legítima autoridad de la República, aplicable a la hacienda nacional, para subvenir a los crecidos gastos de la guerra.(e)

“7º Que a todo español o americano que, no aviniéndose con los artículos del plan indicado, ataquen, ya de palabra, ya por obra o por escrito, al ejército que lo ha pronunciado, además de confiscarle sus bienes a beneficio de los Estados, serán desterrados tan luego como se les justifique el delito perpetrado. Oaxaca, junio 24 de [l]824.”(f)

Cualquiera ve que esto no es una exposición respetuosa sino un decreto imperioso de ley, y presentar éste al Congreso del estado de Oaxaca(7) para su aprobación, siendo él jefe de las armas, es un pedir amenazando, y este pretendido derecho que llama de petición nadie lo tiene. Él solo bastaba para autorizar las rebeliones, ¿y exigir una aprobación que no podía darle aquel Congreso, no es faltar a la obediencia a las supremas autoridades? Menos que eso querían el brigadier Hernández(8) en Cuernavaca,(9) y el señor Lobato en México,(10) y no se les tuvo por virtud; bien que el segundo, luego que se convenció de que es un delito hacer solicitudes con las armas, se redujo al orden, y en un momento hizo cesar la revolución que estaba al estallar. ¡Ojalá y lo imitara el señor León!

¿Pero sólo en esto ha desobedecido al gobierno? No, señor. Cinco órdenes superiores ha desobedecido consecutivamente.

Primera. La orden que se le dio para que saliese con la tropa al cantón de Orizaba.(11) No quiso salir.

Segunda. Recibió otra orden para que se situara en Tehuantepec(12) con la tropa que llevó, y protegiera la libertad del pronunciamiento de Ciudad Real de las Chiapas.(13) No obedeció, y se volvió a Oaxaca sin dejar un soldado en Tehuantepec.

Tercera. Ha mantenido a varios oficiales en los empleos que anuló el Supremo Poder Ejecutivo, entre ellos al señor La Madrid,(14) de quien se asegura que no tiene despachos y ha estado percibiendo el sueldo de teniente coronel y fungiendo como tal.

Cuarta. Lo mandó llamar el Supremo Gobierno, y aunque ofreció venir, no lo cumplió, sino que se previno para revolucionar en las Mixtecas.(15)

Quinta y última, por ahora. Se le mandó entregar el mando de las armas de Oaxaca al coronel don Manuel Valente Gómez,(16) y le hizo una entrega ridícula, cual fue la del archivo, llevándose el resto de la tropa, las armas y la pólvora, dejando aquella ciudad sin ninguna guarnición, de modo que la noche del día de la llamada entrega fue necesario que los paisanos patrullaran para guardar el orden; ¿y que todavía se atreva don Antonio a asegurar que no ha desobedecido a las supremas autoridades?, ¿pues cómo quiere desobedecerlas?

Sobre si el señor La Madrid saqueó en un pueblo las tiendas de los españoles, lo dice la carta, y yo no lo aseguré; sobre las muertes que se cometieron en unos inocentes que veían un ahogado, no cabe duda, porque así fue, y no es calumnia. En este Soberano Congreso se reclamó por un señor diputado un atentado tan atroz.

Dice el señor León que yo creo que viven en los mayores desórdenes y que son incapaces de hacer con buen orden la revolución. A lo primero, que responda el Congreso, las autoridades y los vecinos de Oaxaca, cuyas cartas, que aquí llegan, manifiestan los disgustados y atribulados que se hallan con el señor León y sus compañeros de armas. ¿Por qué será esto? A lo segundo, me estoy en lo dicho, y añado que no sólo no son capaces de llevar al cabo su empresa, pero ni de sostenerse cuatro meses, a pesar del decantado fuerte de Yahuintlán.(17) Las revoluciones se hacen o militarmente en los campos, o tumultuariamente en las ciudades; pero nunca encerrados en las fortalezas, donde los auxilios se agotan, las tropas se enferman, enfadan y desertan, el peligro se teme y se espera, y nada se adelanta. ¿Qué ventajas ha conseguido sobre nosotros el heroico Lemaur(18)encerrado en Ulúa?(19) Gastar mucho dinero, perder mucha gente y exponerse al bloqueo que puede ponérsele muy breve.

Dice el señor León que yo supongo que el pillaje está protegido en aquella provincia, y que en ella se atenta contra la inocencia. Sobre lo primero, que respondan las corporaciones a quienes ha exigido algunos miles, no pocos, de su orden y sin necesidad; que responda don Francisco Pascual, a quien le quitó diez mil pesos(20)de los veinte y cuatro mil que sacó guiados,(21) a pesar de que el juez de letras, que no es gachupín,(22) mandó que se le volvieran íntegros; y que respondan por último los tehuantepequeños después de la expedición del señor León.

Sobre lo segundo, esto es, sobre que se ha atentado contra la inocencia, que respondan los españoles que dejó presos en Oaxaca, incomunicados como sesenta días, y al fin los puso en libertad, porque nada les pudo probar; y prender y atropellar a un ciudadano, sea el que fuere, por meros caprichos, ¿no es atentar contra la inocencia? A lo menos a este modo de obrar yo nunca le llamaré justicia.

“Para que la nación mexicana se penetre de las ocurrencias habidas en Oaxaca —dice el señor León— y de los puros motivos que movieron a las tropas de su guarnición para pedir la remoción de los europeos españoles que tienen mando, diré que lo han hecho convencidas de que la facción borbónica está protegida por ellos, y que, en lo general y de cuantos modos pueden, están patrocinando la execrable causa de la España.” Si esto es tan cierto como lo asegura el señor León, ¿cómo no manifiesta los procesos que resultaron contra los que tuvo presos? Y si es tan general esta facción, ¿por qué no prendió y enjuició generalmente a todos?

Conozco que entre los españoles no faltan muchos que están tan bien hallados con nuestra independencia, como yo lo estuviera con un par de grillos: me han dicho que en Oaxaca hay muchos borbonistas americanos y españoles, y la revolución de Tehuantepec que sofocó el señor León es una prueba incontestable; pero todo esto no vale para perseguir al que no da motivo, para quitarle al otro su dinero, para desobedecer al gobierno, para introducir el desorden en una provincia, ni para amenazar la tranquilidad general de la República. Al gachupín revolucionario que lo destierren y proscriban, al criollo borbonista que lo ahorquen; pero probados que les sean los crímenes, antes no, guárdese con todos la seguridad que la ley les concede.

Sobre lo que cita el señor León de lo acaecido el Sábado de Gloria con los gachupines, será lo que Dios quisiere; pero de Oaxaca con fecha de 16 del último julio, escriben que “fue un pretexto para dar valor a su plan: que hizo fijar en las esquinas unos papeles en que se decía que los gachupines querían proclamar a Fernando VII”, con cuya diligencia (si fue así) se alebrestaron éstos y se fugaron algunos, procediendo el señor León a la prisión de los que se quedaron fiados en su inocencia. Pero ¿qué más?, el mismo señor León en la proclama que dio a su salida de Oaxaca, dice bajo su firma, que a los españoles que dejó presos, los dejó por pura presunción.

Repito que no creo que cuantos españoles viven con nosotros son independientes de veras; siempre la cabra tira al monte, y el hombre al lugar donde nació; pero a más de que esta inclinación por sí sola es inocente, aunque haya muchos gachupines enemigos de nuestro sistema, que deseen restablecer a su Fernando en nuestra [sic] antigua dominación, están libres de toda persecución mientras sofoquen sus deseos en su corazón; porque de lo oculto ni la Iglesia juzga: por sospechas y conjeturas a nadie se debe perseguir. Es menester que el señor don Antonio sepa la trilladísima máxima de que nadie es libre, si no es justo. Si los españoles descubriesen de cualquier modo sus bastardos deseos, entonces es necesario castigarlos pronta y ejecutivamente por traidores y malagradecidos; pero mientras no, no.

Los españoles empleados en Oaxaca que tanto han dado en que entender al señor León, creo que son incapaces de hacer nada por su poco número. Veamos cuántos son:

 

EN LO CIVIL  

               

En el ramo del tabaco el factor 1
En la aduana otro ya jubilado  1
En el ayuntamiento 3
Jueces de partido 1
Administradores foráneos 1
En el resguardo del tabaco 1
En el de la aduana 1

 

EN LO MILITAR

 

Un teniente coronel que viene a pedir su retiro 1
Un teniente 1
Un alférez que está con el señor León 1
Un capitán 1
 

Suma  12

 

 

Son por todos doce hombres, y ¿es creíble que doce hombres se atrevan a hacer una intentona tan grande como sublevar una nación contra su misma libertad? Créalo quien quisiere.

Yo también he sido de la opinión de que no conviene que los españoles tengan entre nosotros empleos civiles ni militares, a lo menos mientras la España no reconozca nuestra independencia; pero a lo último me he convencido de que esto es obra del tiempo y que el gobierno lo hará poco a poco, porque el hábil cirujano va levantando el parche de la llaga con suavidad, pues si lo quiere arrancar con violencia, no sólo levanta el parche sino la carne del enfermo, y la llaga puede enconarse, gangrenarse y hacer el remedio, por tosco, más daño que la misma enfermedad. Yo era de la opinión de los cirujanos aturdidos; he variado y conozco que el mal se curará de raíz con sólo velar sobre la conducta de los empleados presentes, y no dar ningún empleo sino a los hijos beneméritos del país. Así se pueden acabar los frailes sin sentir, cerrando los noviciados.

Dice el señor León que presagio que su empresa no puede tener un éxito favorable, fundando tan ridículos vaticinios en que así acaeció con la revolución de Cuernavaca en que me vi complicado, sin considerar que solamente esto era suficiente para que aquella empresa tuviese el desenlace fatal que refiero. Es menester que sepa el señor León que no me hallé en la tal revolución por mi gusto, sino por un compromiso terrible. Yo estaba ausente de México, por Cuernavaca, y mientras, el brigadier Hernández y otros oficiales mis amigos hicieron en mi casa sus juntas, sus planes, los imprimieron y cargaron con mi imprentita. En este caso, o me reunía con ellos a correr su suerte, o si me venía a México era a exponerme a ser víctima del gobierno, pues que toda la presunción estaba contra mí. Elegí lo primero, mas no quise tener voz ni voto en la revolución, porque la conocí descabellada; y pude tenerlo, pues se me daba el empleo de coronel y el de secretario, que por dos veces renuncié, considerando que aquello era una farsa y un barullo que debía terminar desgraciadamente, como terminará la asonada del señor León, quien por esto verá cómo la de Cuernavaca no se perdió por mí.

Nunca negarán los oaxaqueños los servicios que el señor León ha prestado a aquella provincia, cumpliendo en esto con los deberes que le impone la patria; pero estos servicios jamás lo indemnizarán de la nota en que acaba de incurrir, ni le darán ningún derecho sobre aquel Estado, como parece lo pretende; pues reconvenido por el señor Gómez para que le entregase la tropa, respondió que la tropa era suya, y Oaxaca también, que la había ganado por dos veces. Yo no lo oí; pero así se dice aquí públicamente, y si ello es cierto, es el mayor error del señor León, pues quiere arrogarse no menos que el tirano derecho de conquistador de los oaxaqueños. Acuérdese este jefe que Iturbide(23) hizo más, y fue víctima del odio americano por igual causa, esto es, porque quiso enseñorearse de la nación. Ya pasaron los tiempos en que se hacía creer a los hombres que habían nacido para ser propiedades de otros hombres, como los carneros o las mulas; hoy saben que son libres, y mueren por defender su libertad.

Van a salir tropas para esas Mixtecas; el señor León lo que puede hacer es que no se dispare contra ellas un fusil de los que manda, que se sujeten sus soldados a las legítimas autoridades, y que haga la razón oportunamente lo que al fin ha de hacer la fuerza, que se entregue al gobierno el señor León con sus tropas, en lo que manifestará su obediencia, y el generoso gobierno olvidará desde luego un extravío que acaso es hijo de un relevante y exaltado patriotismo.

Por último, sería de desear que el señor León otro día se valga para impugnar mis papeles de otro mentor más hábil, porque éste de quien ahora se valió es muy penco.(24) Dios saque a todos con bien y les de ventura en lides.

 

México, agosto 4 de 1824.


El Pensador.

 

 

P. D. Por el correo de ayer sabemos que el patriota don Antonio León ha jurado su plan en Etla,(25) sin necesidad de la aprobación del Congreso. ¡Qué subordinación de criollo!(26) ¿Si preguntará todavía cómo tengo atrevimiento de asegurar que ha faltado el obedecimiento a las supremas autoridades? No ha hecho esto sólo: ha pedido y exigido con amenazas el 24 del pasado veinte y cinco mil pesos. Casi ha percibido la mayor parte. Esto no es proteger el pillaje, sino hacerlo él mismo. ¿Si entrarán estos saqueos en sus derechos de petición?

Los infelices oaxaqueños se hallan en la mayor consternación. El gobernador Murguía(27) se ha fugado, lo mismo han hecho varios diputados, el señor Castillo,(28) Vega, el administrador de correos y otros muchos; de suerte que casi están aquellos vecinos sin gobierno, y si el nuestro Supremo no toma vigorosas y prontas providencias para contener esta revolución, puede darle después mucho trabajo. Por ahora tiene León mil y pico de hombres, los de Gómez y doscientos de Luna. Ya se acabó el decir Dios y libertad;(29) ahora se dice: diablos y esclavitud (Carta particular).

 

 


(1) México, Imprenta de Mariano Ontiveros, 1824 [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) Oaxaca. Cf. nota 40 a La tragedia de los gatos...

(3) Antonio León (1794-1847). Nació en Huajuapan, Oaxaca. En 1821 se pasó al bando iturbidista. Al vencer varias veces, Iturbide lo nombró comandante de las Mixtecas. Tomó el fuerte Yanhuitlán, y ahí, Obeso, comandante realista, le entregó las municiones de guerra que obraban en su poder; gracias a esta victoria los independentistas tomaron Oaxaca. A la proclamación de Iturbide se pronunció, el 14 de enero de 1823, a favor de la república. Ocupó varios cargos públicos, incluyendo el de diputado. Pacificó diversas rebeliones de indígenas y de federalistas. Murió defendiendo el Molino del Rey contra la invasión norteamericana. Los hermanos Antonio y Manuel León resucitaron el proyecto de despojar a los españoles de sus empleos. Estuvo implicado el sargento Trinidad Reina quien asesinó a Cayetano Maldonado, quien era recabador de alcabalas de Huajuapan. Reina procedió por órdenes de Guadalupe La Madrid y éste, a su vez, por las de los hermanos León. La Madrid y Reina fueron condenados a la pena capital. Guadalupe La Madrid era jefe de una partida llamada Compañía de Asesinos. Manuel León fue partidario del federalismo. “He visto carta de persona respetable del Congreso de Oaxaca que dice que para la Pascua se esperaba que estallase allí una revolución contra los europeos en la que sería proclamado León gobernador de aquel Estado: que al efecto había precedido reimprimir allí un papel de la Ruina de los gachupines en Sombrerete el qual se había repartido en los Barrios para inflamarlos: que León había hecho varios movimientos. El Ministro de la Guerra Terán presume que León se extiende hasta robar una Conducta de 250 mil pesos en plata que por cuenta del comercio de granos han marchado para aquella provincia... León estaba en el caso de que pensemos de él lo peor, y no seamos temerarios.” Carlos María de Bustamante escribió esto el 21 de abril de 1824 en el Diario histórico de México, op. cit., t. II, p. 56. Vuelve a escribir, el 19 de agosto del mismo año, lo siguiente: “En la sesión del Congreso General há dado cuenta el Ministro de Relaciones con el parte original del General Victoria datado en Yzúcar en 16 del corriente en que dice que los Leones Antonio y Manuel cediendo á las insinuaciones que les hizo en cartas confidenciales desde luego se han puesto á discreción del Gobierno sin exhijir [sic] condición ni garantía alguna. Que iba á marchar a Huaxuapam para acabar de arreglar el orden de las cosas y que esperaba se le presentasen dichos leopardos.”Op. cit., t. II, pp. 115-116. Del miércoles 25 del mismo mes y año es la siguiente noticia: “Anoche han llegado los Leones presos á disposición del Gobierno y ambos están con centinela de vista en una de las Salas baxas de Palacio; vinieron a las órdenes del Brigadier Parres”, ibid., p. 121. Bustamante escribió también lo siguiente: “Manuel León que tanto daño há causado en Oaxaca asociado con su hermano Antonio... Bien pueden ambos diputados retirarse al seno de sus familias bien seguros de que en las Actas del Congreso quedan bien marcados por sus mismas obras con la ignominia que seguramente no les resultará de contribuir á calmar una tempestad qual es la que ellos mismos han suscitado.” Ibid., pp. 146-147.

(4) carta de Oaxaca. Cf. La revolución de Oaxaca en Obras XII, op. cit., pp. 265-266.

(5) supremas autoridades. El artículo 9º de la Constitución de 1824 dice: “El poder supremo de la federación se divide, para su ejercicio, en legislativo, ejecutivo y judicial; y jamás podrán reunirse dos o más de éstos en una corporación o persona, ni depositarse el legislativo en un individuo.” Felipe Tena Ramírez, op. cit., p. 155. Cf. nota 8 a La tragedia de los gatos...

(a) Si habían de salir desterrados cuantos fueran desafectos al plan, ¿cuántos españoles, deudos y dependientes de ellos se quedaran? La emigración sería más numerosa que la de los israelitas de Egipto. Pero pregunto: ¿quién facultaba los gobernadores para hacer efectiva esta ley, el Congreso de Oaxaca o el señor León? El Congreso no tiene facultades ni el señor León tampoco, luego este artículo es ridículo o despótico.

(b) Disponer de los bienes de los particulares y de los créditos de una nación es una prerrogativa de reyes absolutos o dictadores temporales.

(c) Estando calificados a satisfacción de los gobiernos de verdaderamente amantes de nuestra emancipación, es un capricho negar los empleos al mérito y a la virtud.

(d) Quitando la puerta con que hiere al gobierno este artículo, en lo demás es racional; pero no debía limitarse a sólo los españoles, sino ser extensivo a los criollos chaquetas, que no hay pocos que son más animales [chaquetas. Apodo con que eran conocidos, durante la guerra de Independencia y aun después, los partidarios de los españoles. “Había en la Colonia batallones permanentes de voluntarios formados por los gremios, así los había de curtidores, panaderos, etc., el de comercio lo componían los dependientes de las tiendas, y éstos fueron los que en el año de 1808 depusieron al virrey don José de Iturrigaray. El uniforme que usaron estos batallones desde 1792 eran unas vistosas chaquetas, lo que dio lugar a que el pueblo les llamara pastores de Nochebuena. El decir chaquetas era sinónimo de realista, en contraposición de insurgente.” Artemio de Valle-Arizpe,Historia de la Ciudad de México según el relato de sus cronistas, 4ª ed. corregida y aumentada y con ilustraciones, México, Pedro Robredo, 1946, nota 2 de la p. 439. “Denominóse chaquetas por ser el traje que usaban, á los dependientes del comercio que formaron, por invitación de D. Gabriel Yermo, las compañías de ‘Voluntarios de Fernando VII’.” Enrique de Olavarría y Ferrari, Episodios históricos mexicanos. Novelas históricas nacionales, Barcelona, Ramón S. N. Araluce, s/f., t. I, Primera parte, p. 122].

(6) Iguala. Cf. nota 35 a La tragedia de los gatos... Por asimilación o analogía con el movimiento que se inició en Dolores llama a esta sublevación “el grito de Iguala.”

(e) Este artículo, si no tuviera impedimentos políticos y lo decretara el Soberano Congreso, era muy del caso ponerlo en práctica, pues que los españoles que, abandonando sus bienes raíces y familia, se marcharon con mucho oro por no ser independientes, debieran reputarse por enemigos indignos de toda consideración; pero pues que el gobierno no lo dispone, razones de más peso tendrá en contrario.

(f) Este artículo es reproducción de los anteriores, y el estilo del plan no es el de un ciudadano que suplica, sino de un jefe que capitula con una plaza que se rinde, o de un conquistador que impone leyes.

(7) Congreso de Oaxaca. “El Congreso de Oaxaca há logrado reunirse después de la dispersión que le causó León con ocho individuos. Durante el Ynterregno que parece fué de 3 días tomó el Gobierno el Ayuntamiento y se conduxo con actividad y acierto, encargándose de recaudar los 25 mil pesos pedidos de limosna con bayonetas por León, con quien pactó que cuidaría de mandarle el situado mensual con tal de que allí no quedase sus asesinos; ya se vé que ésto durará mientras las tropas de Xamiltepec y Ometepec, con los de Xicayan ocupan a Oaxaca viniendo por el sur, mientras Victoria, ataca por occidente dexando á los Leones en Huaxuapan y Yanhuitlan verdaderamente cortado según los Planes del Gobierno.” Carlos Ma. de Bustamante, en una noticia del 10 de agosto de 1824, en Diario histórico de México, op. cit., t. II, p. 113.

(8) brigadier Hernández. Cf. nota 81 a Impugnación que los gatos...

(9) Cuernavaca. Cf. nota 30 a La tragedia de los gatos...

(10) José María Lobato (1785-1829). General de brigada. En 1821 fueron reformados los cuerpos de infantería y se crearon nuevos regimientos; entre los coroneles que se nombraron para tales regimientos se encontraba Lobato, en el quinto. Cuando se dio la insurrección de Santa-Anna, Lobato, Echávarri y Cortázar estuvieron al mando de algunas fuerzas para combatirla. A fines de enero de 1824, Lobato emprendió una revuelta en la capital de la República Mexicana. Secundaba el plan de Hernández para despojar a los españoles de su empleo y correrlos del territorio; pero viendo las amenazas del Congreso y la deserción de las tropas, depuso las armas.

(11) Orizaba. Municipio y ciudad del estado de Veracruz.

(12) Tehuantepec. Distrito y ciudad del estado de Oaxaca.

(13) Ciudad Real de las Chiapas. San Cristóbal de las Casas, que también tuvo los nombres de Villa Real, Villa Viciosa (título otorgado por Carlos V), San Cristóbal de los Llanos y el mencionado, de 1536 a 1829; fue capital del estado de Chiapas desde su fundación en 1527 hasta 1892 en que la sede de los poderes se trasladó a Tuxtla Gutiérrez. Los actuales límites del estado son: al norte, Tabasco; al este, Guatemala; al oeste, Veracruz y Oaxaca; y al suroeste, el Océano Pacífico.

(14) La Madrid. Cf. la nota 3 a este folleto.

(15) Mixtecos. La cultura mixteca se encuentra distribuida en tres zonas conocidas como Mixteca Alta, Baja y de la Costa, que se extienden del estado de Oaxaca hacia los estados de Guerrero y Puebla.

(16) Manuel Valente Gómez fue el oficial realista que en 1821 se unió a las fuerzas insurgentes con ciento cincuenta dragones, poniéndose a las órdenes de Nicolás Bravo.

(17) Yahuintlán. Por Yanhuitlán. Pueblo cabecera de la municipalidad de su nombre. Distrito de Nochixtlán. La iglesia del pueblo está construida sobre los restos de una gran construcción indígena.

(18) Lemaur. Cf. notas 50 y 55 a Impugnación que los gatos...

(19) San Juan de Ulúa. Cf. nota 50 y 55 a Impugnación que los gatos...

(20) pesos. Cf. nota 4 a Mañas viejas...

(21) guiados. Con guía o póliza.

(22) gachupín. Ya en 1810 era sinónimo, más o menos despectivo, de español. “Cactzopin. Significa ‘el que punza o pica con el zapato’ aludiendo a las espuelas; según la interpretación del ilustrado licenciado don Faustino Chimalpopoca.” Francisco de Paula Arrangoiz y Berzábal, México desde 1808 hasta 1867, pról. Martín Quirarte, 3ª ed., México, Porrúa, 1974 (“Sepan Cuantos...” 82), p. 13.

(23) Iturbide. Cf. nota 17 a La tragedia de los gatos...

(24) penco. Contracción eufémica de pendejo. Santamaría, Dic. mej.

(25) Etla. Valle en el estado de Oaxaca. Se inicia en Las Sedas, extendiéndose hacia el sureste y llega hasta el estrechamiento que se forma entre el cerro de Fortín y las colinas de Monte Albán. Lo limitan por el noreste la Sierra de Ixtlán y por el suroeste la sierra que prolonga hacia el noreste las colinas de Monte Albán.

(26) criollo. Cf. nota 33 a La tragedia de los gatos...

(27) José Ma. Murguía y Galardi. Nombrado intendente de Oaxaca por Morelos. Miembro del Congreso de Chilpancingo (1813). En las Cortes españolas, diputado por la Nueva España (1820 y 1821). Gobernador de Oaxaca en 1824; renunció y fue sustituido por el licenciado José Ignacio Morales. Autor de estadísticas de Oaxaca en varios tomos.

(28) Demetrio Castillo. Senador por Oaxaca en la legislatura. Junto con Juan de Dios Rodríguez se opuso a un proyecto de ley contra los masones que propuso Cevallos.

(29) Dios y libertad. Fórmula con que, después de establecida la República, se usaba para terminar comunicaciones oficiales, en vez de la antigua “Dios guarde a usted muchos años.” Santamaría, Dic. mej.