BARBERO RAPA BARBERO
Acá lo somos de usted, señor Barbero: pase usted adentro, llevará su afeitada,(2)que también entendemos el oficio, y quizá mejor que otros, porque maestro pasa maestro. Conque vaya. Siéntese usted, verá qué navajas tengo tan corrientes. Siéntese, amo, siéntese.
Yo no he provocado a usted jamás ni me he metido para nada con sus papeluchos; sin embargo, usted ya van dos veces que me provoca públicamente en sus barbarismos, barbaridades, o como se llaman los papeles de sus barberías.(3)
En uno dijo usted, hablando de la conclusión de mi tercer Sueño, que era copia.Esto lo imprimió con tamañas letras, y yo con mayores le digo en la mitad de sus barbas que MIENTE, y en este concepto de mentiroso pasará usted en el público mientras no señale el original de donde copié mi dicho Sueño; y a fe que apuesto un barbero contra el yelmo de Mambrino a que no lo señala usted de aquí al día del juicio.(4) Pero parece que está bronca la navaja. La asentaremos... Vamos siguiendo.
Usted advirtió que el público sensato de esta corte y de todo el Imperio admitió con aprecio mis dos Sueños,(5) tentólo Patillas(6) con la maldita envidia, y ya que no pudo desacreditar a su autor impugnándolos, ¿qué hizo? Echó por el atajo, y procuró lograr el mismo fin, diciendo que era copia.(7) Yo me desentendí de tan ridícula e improbable calumnia, y la contesté con el silencio, como debía. Mas usted creyendo que mi prudencia era temor, repitió segunda provocación en su papelote que tituló Miscelánea. No se mueva usted, que lo puedo cortar.
Dice usted en su referido impreso que “nuestro gobierno pidió un préstamo de seiscientos mil pesos, que de éstos cree que no más doscientos se han recogido, y la mayor parte de la provincia de Veracruz,(8) este consulado, ni cazo ni cazuela, quizá creyendo le tocará menos. Usted se acuerda (son palabras de usted) que hemos visto unos donativos muy crecidos en el finado gobierno: unos cien mil pesos,(9) otros ochenta mil, quienes diez mil, y a este tenor resultaban millones enteros, pues hasta el pobrecito Pensador se apuntó con diez pesos para las viudas de los héroes de Cádiz, quién sabe cuántos días no comería este gracioso y caritativo ciudadano.” Hasta aquí lo que me importa.
En primer lugar, amigo, que a nada venía para su asunto el sacar a bailar mipobreza, mis diez pesos, mis gracias, ni mi caridad; solamente se acordó de mí creyendo injuriarme con su nevada ironía, y provocarme con su acostumbrado mal genio. Dispense usted que creo lo he cortado; como tiene las barbas tan ásperas y estas malditas navajas están tan malas...
Pues sepa usted que yo no di mi pequeño donativo para el gobierno de México, sino para las infelices familias de las víctimas de la libertad, sacrificadas en Cádiz,(10) y así vienen tan al caso mis diez pesos, hablando de donativos y préstamos hechos al gobierno español, como si, nombrando yo a los célebres escritores de México, contara entre ellos a El Barbero y su marchante… Otra cortada. ¡Qué diablo de navaja! Voy a mudarla.
En segundo lugar, que a mí no me pidió nadie los dichos diez pesos, ni como préstamo ni como donativo. Ellos tuvieron un objeto diametralmente opuesto a aquel con que se dieron otros cuantiosos, pues se los daban al gobierno pata fomentarlo y que éste fomentara a las tropas españolas, a quienes considerábamos en el silencio como enemigas; y yo di mis diez pesos para socorro de las familias de los que, a lo menos, debíamos presumir que lo eran. Vea usted qué enorme diferencia.
No sólo me apunté con esa pequeñez, escribí un papel titulado: La catástrofe de Cádiz, en el que incité a todos los piadosos a una subscripción para el mismo loable objeto; fui en persona a ver al conde del Venadito,(11) suplicándole se subscribiera el primero, para que, a su ejemplo, se subscribieran los ricos; pero como su merced no era muy amigo de la Constitución,(12) me desairó, a pesar de que lo estuve importunando como un cuarto de hora.
No por esto desmayé, di mi papel, se colectaron como quinientos pesos que se remitieron a Cádiz por conducto del señor coronel don José Ignacio Aguirrevengoa,(13) que está vivo. Si esta acción es censurable, lo será únicamente para los bárbaros, digo, los barberos como usted... Ya se volvió a desafilar la navaja. ¡Tiene usted la barba tan áspera!
Amigo, yo no distingo a los hombres por el lugar de su nacimiento; ni los aprecio por sus cualidades accidentales, sino por sus virtudes. Donde hay un virtuoso, allí veo un amigo. También sé que Dios me manda y la naturaleza me inspira ser benéfico con todos los hombres, pues todos son mis semejantes; y así tengo mucha satisfacción en recordar que algunas familias enjugaron sus lágrimas por mi solicitud, y que con mis tristes diez pesos acaso comió un día una pobre madre con sus hijos. ¡Ojalá yo pudiera repetir estos hechos, mas que usted repitiera su mordaz murmuración! Ya está usted bien raspado, váyase.
Si quiere escribir más contra mí, no sea miedoso, fírmese como yo, y el día que vea un papel firmado con su nombre y apellido, le dejaré en la imprenta dos pesillos para que [se] refresque a mi nombre; pero si no se firma, haré lo que los mastines cuando les ladra un escuintle,(14) que lo ven, lo mean y no le hacen caso.
[José] Joaquín Fernández [de] Lizardi.
(1) México, Oficina de Betancourt, 1822.
(2) llevará su afeitada. Lo fastidiará o perjudicará. En Rociada de El Pensador a sus débiles rivales escribió: “dejemos al viejo tonto, porque esperan su afeitada otros marchantes”, es decir, que se dedicará a fastidiar a otros. Obras X, op. cit., p. 316.
(3) El Pensador se refiere a uno de dos folletos publicados por el Barbero: Cuelga del Barbero y su marchante a El Pensador, México, Imprenta de D. J. M. Benavente y Socios, 1820, 4 pp., o El nuevo Barbero y su marchante, de 1822, México, Imprenta de D. J. M. Benavente y Socios. Cf. nota 2 a Alerta mexicanos…
(4) En El nuevo Barbero y su marchante puede leerse: “—Barbero: Dice usted muy bien. Otro día estaremos más despacio; pero... una palabra: ¿Ha visto usted la conclusión del número 2 del Sueño de El Pensador? ¿Qué le parece? —Marchante:Leo muy pocos papeles, pero éste por casualidad lo vi. ES COPIA. Abur, maestrito.” En Cuelga del Barbero y su marchante a El Pensador (folleto posterior a El nuevo Barbero), El Barbero escribió lo siguiente: “Asentado, pues, que yo soy El Barbero y no la Miscelánea, sólo me incumbe contestar a usted porque se me antoja, y no porque el santo lo merece, sobre haber dicho yo que el Sueño tercero de usted es copia. Sí, señorito: COPIA y muy COPIA. Retire usted su apuesta del yelmo de Mambrino porque la pierde ciertamente.” “Mire usted: yo convendré en que la primera parte de su Sueño tercero es suya, y muy suya, hija de sus entrañas. Eso, ¿quién lo duda? Pero la segunda, si no es ajena, bautícela usted con el nombre que quiera. Yo no me quise detener en esta alcurnia de partos, porque con sólo decir COPIA, decía todo para quien entendiera.” Cf. pp. 2 y 3 de dicho folleto.
(5) Fernández de Lizardi había escrito sus tres Sueños. Cf. nota 37 a Concluye el sueño…
(6) tentólo Patillas. Patillas es el nombre que se da vulgarmente al demonio, “sin duda porque comúnmente le pintan con unos pies o patas mui disformes y feas.”Dic. de autoridades.
(7) En Cuelga del Barbero y su marchante: “Dice usted [Lizardi] que como ‘advertí [Barbero] que el público... admitió con aprecio sus dos Sueños, me tentó Patillas con la maldita envidia... y para desacreditarlo... dije que era copia...’ Optime quidem!”, p. 3.
(8) Veracruz. Cf. nota 41 a Segundo sueño…
(9) pesos. Cf. nota 8 a El cucharero político…
(10) En La catástrofe de Cádiz, folleto de 1820, Lizardi invitó a una suscripción para dar un donativo a las víctimas de Cádiz: “Queda abierta desde hoy para el socorro de aquellos desgraciados, en la librería de don Juan Bautista de Arizpe, calle de la Monterilla, quien dará a los señores subscriptores sus correspondientes recibos, sea cual fuere la cantidad con que se subscribieron. Por ahora se ha subscrito El Pensador con... 10 pesos. El dinero que se colectare quedará a disposición del señor coronel y alcalde de primer voto don José Ignacio de Aguirrevengoa, quien lo remitirá a Cádiz para que se destine a su objeto.” Obras X, op. cit., pp. 222-223.
(11) Juan Ruiz de Apodaca (1754-1835). Fue teniente general de la Real Armada española, gobernador y capitán general de Cuba, embajador de España en Inglaterra y 61° virrey de la Nueva España. Tomó este cargo en 1816 yfue destituido el 5 de julio de 1821, embarcándose para España el 25 de septiembre de ese año. Hombre instruido, como lo demuestra su opúsculo sobre la aplicación de los pararrayos a los buques. Obtuvo el título nobiliario de conde del Venadito como premio a la campaña que dirigió y apoyó contra Mina desde su cargo de autoridad suprema de la Nueva España. En un folleto de 1821 Lizardi escribió sobre Apodaca algún elogio: “prudente, recto, carácter dulce y humano; su nombre será siempre grato a los americanos.” Chamorro y Dominiquín. Segundo diálogo jocoserio sobre el cuaderno titulado: Verdadero origen, carácter, causas, resortes, fines y progresos de la revolución de Nueva España, y defensa de los europeos en general, y especialmente de los autores de la aprehensión y destitución del virrey don José de Iturrigaray en la noche del 15 de septiembre de 1808..., México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1821. Sobre la interesante personalidad del conde del Venadito, José Ma. Luis Mora escribió lo siguiente: “El más despótico gobierno en estado de paz siempre protege a los particulares y fomenta la prosperidad pública; al mismo tiempo que el más libre en sus principios pero en estado de guerra, jamás deja de ser una carga insoportable para el público, puesto que todo lo sacrifica a su propia existencia, sin miramiento a las leyes de la justicia. Esto ha sucedido en México con todos los que lo han gobernado desde el año de 1810 hasta el de 20 sin otra excepción que la del virrey Apodaca que con ánimo sincero promovió eficazmente y obtuvo la paz, a pesar del peso inmenso de la opinión que promovía la independencia del país. Este hombre de poco mérito político si se quiere pero de un corazón muy recto y de intenciones muy puras, jamás fue animado por el espíritu de venganza que ha sido el primer móvil de los más de los gobiernos que han existido antes y después de efectuada la independencia, desde que se levantó la bandera por ella en 1810; prodigó perdones, descargó considerablemente el erario, e hizo por el bien público cuanto podía un virrey bajo el sistema suspicaz y mezquino que para el régimen de sus colonias tenía establecido la nación española y el gabinete de Madrid.” México y sus revoluciones, ed. y pról. de Agustín Yáñez, México, Editorial Porrúa, 1950 (Colección de Escritores Mexicanos, 59), t. I, pp. 148-149.
(12) Constitución. Fue promulgada y jurada en Cádiz el día 19 de marzo de 1812, y en la Nueva España el 30 de septiembre del mismo año. Estuvo en vigor poco tiempo ya que el virrey Venegas la suspendió; el virrey Calleja la restableció al año siguiente. Fue derogada por Fernando VII en 1814, pues desconoció a las Cortes al regresar al absolutismo. Con el triunfo de los liberales en 1820 fue restablecida y jurada por Ruiz de Apodaca el 31 de mayo de ese año.
(13) José Ignacio de Aguirrevengoa fue capitán de la Quinta Compañía del Segundo Batallón de Patriotas Distinguidos de Fernando VII, de la ciudad de México, en 1811. Más tarde fue coronel y miembro del Ayuntamiento Constitucional con el cargo de alcalde, junto con el conde de Alcaraz, según consta en la lista de los “Ciudadanos elegidos en este día por los electores parroquiales de esta capital para el Ayuntamiento Constitucional”, en el Suplemento al Noticioso General número 699, de 21 de junio de 1820.
(14) escuintle. La palabra viene del mexicano itzcuintli, perro. Se trata de un can, casi extinguido por completo. Las características de esa raza son las siguientes: Es animalito tímido, enemigo de pleitos; no ladra; y el chillido que emite en nada se parece al ladrido del perro común; mide unos treinta o treinta y cinco centímetros de largo y quince o veinte de altura; cuerpo liso, poblado de cerdas ralas; de color aplomado casi negro, lustrosa piel y jorobado, Santamaría, Dic. mej.