AVISOS DE EL PENSADOR

 

He recibido una carta que por ser de un amigo, su objeto
interesante y su estilo no cansado, publico a la letra(1)

 

 

"Señor don Joaquín Fernández de Lizardi. Amigo mío muy amado: sin embargo de habernos usted dicho en su número 13 (último de El Pensador)(2) que se despedía para siempre de todos sus arneses de escritor, creo firmemente que ahora se verá precisado a descolgar su pluma de la estaca, a encender su candil y a habilitar su tintero... No le encargo a usted el rescate de sus libros, porque me parece que el asunto de que va a tratar no necesita de repasar las historias, pues sólo se reduce a desengañar al público y darle una entera satisfacción de varias mentiras que cuatro zaragates(3) han divulgado, y una de ellas con perjuicio de su honor de usted.

"A pesar de hallarme en una cama tolerando mis dolencias, y ser éste suficiente motivo para carecer de todas noticias, no han faltado algunos amigos que me hayan tributado los obsequios de su amistad, aunque sea con visitarme y consolarme en las penas que siempre acompañan a una molesta enfermedad; pero cada uno de éstos lo primero que me decía era de la muerte de El Pensador: yo procuraba desengañarlos con las pocas o ningunas ganas que tenía de hablar; pero ellos porfiaban con tal ardor, que ya me hacían vacilar en una verdad de que estaba tan asegurado. No me valió para sacarlos de su error ni mostrarles la esquelita que usted se dignó mandar a mi esposa cuando supo mi enfermedad, ni otras razones que me parecían suficientes, porque muy distantes del convencimiento que yo deseaba, me porfiaban con el mayor tesón su pretendida fábula, asegurándome el que habían enterrado a usted en la Merced,(4) otros que en San Sebastián,(5) y otros en el camposanto de San Lázaro.(6) De suerte que así que oí la tenacidad y variedad de opiniones, hube de tomar el partido de conceder a todo lo que me decían, considerando que de esto no le podía resultar a usted otra cosa que el participar de las oraciones y sufragios que se hacían por su alma, lo que era bastante bien; pero ¡cuál fue mi sorpresa cuando otro me lo aseguró con unas pruebas que no era posible negarle!, pues me dijo que había dado a uno que había comisionado su familia de usted para ayuda de la mortaja y entierro, y que no sólo él había cooperado para esto, sino también todos los operarios de la maestranza, y que en todos los talleres públicos se andaba colectando limosna para el mismo fin.

"Ya yo me persuadía del fallecimiento de usted y que me lo ocultaban por no agravarme; pero jamás creí que la familia de usted colectara limosna para su funeral, porque a mí me consta que no se halla en esa situación. Por lo que conocí que algún malvado ha tomado este pretexto para salir de algunas apuraciones o contentar sus vicios a costa ajena.

"Y así me parece que para desengañar al público, y que no padezca la reputación de usted, pues tal vez muchos que no lo conocen presumirán que esto ha sido por influjo de usted y que se ha servido de medios indecorosos para socorrer sus urgencias, debe usted volver a hacer uso de los arneses de escritor que ya había abandonado, y hacer patente que todavía tiene la alma en el cuerpo y que hasta ahora no ha hecho siquiera la intención de morirse, y si no es así, lo conjuro y de parte de Dios le mando que me diga si es de esta vida o de la otra, porque si ya es cadáver, yo no quiero contestaciones(7) con los difuntos.

"Alto, amigo: deje usted el oficio de sacristán(8) un corto rato y vuelva a escribir en obsequio de su honor y de un público engañado, y si acaso se halla en la mansión de los muertos, deje el sepulcro unos momentos para satisfacernos de que no se ha juntado para su entierro de parte de sus dolientes.

"Espero que lo más pronto saldrá esta satisfacción con el título de La resurrección de El Pensador, a lo que quedará agradecido su afectísimo amigo J. Ataleo."

 

CONTESTACIÓN

Señor J. Ataleo: Cuando advierto el cuidado que le merece a usted mi existencia y cuánto se interesa por la conservación de mi honor, aun entre las congojas que lo cercan, no puedo menos que conocer es mi verdadero amigo y agradecerle sus finos sentimientos, y así, por complacerlo, haré un paréntesis en mi propósito, rompiendo por un instante las treguas que tengo juradas a mi desafortunada péñola.(9)

Ya habían penetrado estas tenebrosas paredes y herido mis oídos las vulgares noticias de mi fallecimiento; ya estaba yo informado de los varios accidentes de que había muerto; ya sabía que unos aseguraban haberme visto tendido,(10) otros haber asistido a mis exequias, y no sé si alguno me vio en el purgatorio o clamoreando(11) sufragios para salir de mis penas.

Confieso a usted que han sido tantas y tan circunstanciadas las noticias que me han dado de mi muerte, que he estado en un tris de creerlo: me he acordado de aquel cuentecillo que trae, me parece que doña María de Zagas en sus Novelas, de aquel tal Lizardo que asistió en vida a sus funerales y a todos los que preguntaba[n] ¿quién era el difunto?, le[s] respondían que él mismo,(12) y como yo soy de una constitución melancólica, y se parece tanto Lizardo a Lizardi, ya estaba por persuadirme que había muerto, y no había llegado a mí noticia.

Pero después de algunas reflexiones, hube de convencerme de mi existencia y creer que estaba vivo por más que me jurasen lo contrario.

Creí asimismo lo que usted, que algún pobrete acosado de la miseria que anda lista, se valió del criminal medio de colectar limosna para mi entierro, abusando de la cristiana piedad de mis conciudadanos.

Todo esto supe y creí; pero siempre ignoré que hubiera hombres tan impostores que fraguaran esta mentira y este robo a la sombra de mi pobre familia, hasta que la amistad de usted se sirvió advertírmelo; y esto sí, no he podido ver con indiferencia, y sería un necio insensible si después de avisado, no saliera a la defensa de mi conducta.

Sí, señores, yo no he muerto: créanlo sin que lo jure, y mi educación no es tan burda que había de haber dejado de avisar una cosa tan grave a mis amigos.

Agradezco íntimamente todos los sufragios, limosnas y actos de caridad que se han dispensado en mi pro. El Dios eterno, por quien se han hecho, ya los tiene escritos en el libro de los méritos y yo retribuiré vuestras tiernas y pías intenciones con dirigir por vosotros mis humildes votos a la misma Majestad; pero estad entendidos en que jamás usaría yo en el mayor abatimiento de mi fortuna de unos arbitrios que, con la apariencia de bufonada, son unos robos verdaderos.

¡Cuántos pobrecitos, cuántas infelices mujeres han dado (con este engaño) el medio real(13) o el tlaco(14) que quizá les faltó en ese mismo día para satisfacer la hambre a sus hijitos!

No, almas piadosas, ni yo ni mi familia somos capaces de tanta bastardía, ni (por la gracia de Dios) estamos aún en el caso de esta mendicidad.

Yo os repito mis agradecimientos, pues éstos crecen al paso que conozco mi ningún mérito y que carezco aun de la más lejana comunicación y conocimiento con vosotros; pero os advierto que con este papel cobréis cuanto habéis dado, y enseñados con esta burla, en adelante no deis limosna para difuntos que no veis, y como aun tendidos y amortajados los pícaros pueden parecer cadáveres, yo os aconsejara no dierais limosna sino para los muertos que no oliscaran(15) como Lázaro.(16) Vuestra prudencia, la burla experimentada y vuestra caridad os dictarán el modo de darla siempre con acierto.

Y vosotros, pillones sin vergüenza, agradeced no saco vuestros nombres a la media naranja(17) de este papel (pues bien los sé): enmendaos, restituid lo que habéis robado y no abuséis jamás de la simplicidad de los piadosos.

Concluí, amigo, deseando que usted se recupere perfectamente, etcétera. El Pensador Vivo, aunque penando.


Alguna cosa útil para llenar el pliego y medio de papel.

 

Cuando nos devora la guerra, nos intimidan las miserias, y nos amenaza la peste,(18) advierto que estamos embutidos en una insensibilidad o insensatez temible, que parece que no se nos da nada de los enojos de Dios o que sobre nosotros no vibra su cuchilla vengadora. Los teatros y paseos se frecuentan y los templos no se visitan. Las galas y profanidades se usan a todo costo, mientras escasean las limosnas en los hospitales para curar y alimentar a los enfermos. Así anda todo, y a la más terrible ocasión, cuando haga crisis la venganza eterna, entonces andaremos con las rogativas, procesiones y lágrimas cobardes y no de compunción; entonces gritaremos a los Cielos y ellos se harán sordos a nuestros clamores. Somos necios, no hay qué hacer: mientras no oímos el trueno del cañón sobre nuestras cabezas, mientras no nos vemos morir de hambre en las calles y el continuo clamor de las campanas no nos avisa la innumerable mortandad de nuestros semejantes, vivimos a rienda suelta, creyendo que con nosotros no hablan las plagas de la guerra, hambre y peste con que Dios ha castigado a tantos pueblos.

Semejantes al endurecido Faraón(19) nos damos por satisfechos con cuatro jaculatorias y un propósito hecho de miedo al tiempo del temblor o la calamidad; pero pasado el susto ¿quién se acuerda de lo que dijo o de lo que ofreció?

Si nos vistiéramos de cilicio, si cubriéramos con ceniza nuestras cabezas y maceráramos nuestros cuerpos con el ayuno para suavizar el enojo del Señor, nos parecería mucho; pero éste ha sido el camino por donde alcanzaron sus piedades los judíos, los ninivitas y los de Bethulia.(20)

En consideración a la tibieza de nuestros tiempos, desearían las almas buenas que a lo menos reformáramos algo nuestras costumbres, que hiciéramos públicas deprecaciones en los templos, que manifestáramos nuestra caridad con los pobres (que bastantes hay) y que para lograr la amistad de la Majestad Divina nos reconciliáramos con nuestros hermanos.

Pero esto es lo más difícil (me parece) atendida nuestra depravada malicia y poca fe. ¿Yo amar a quien me aborrece?, dice el impío, ¿yo hacer bien a quien me hace mal? ¡Oh que esto es mucho pedir y la naturaleza lo repugna!

Pues es gana,(21) no hay que cansarnos en indagar la causa de las calamidades que nos rodean; excusado es pretender ni esperar que el reino se tranquilice mientras no depongamos los odios, las malas voluntades y las venganzas.

Nuestra Ley santa está apoyada sobre la base de la caridad. El amor de Dios y del próximo hacen el zócalo sobre que se levanta la religión: destruido este fundamento ha de venir a tierra el edificio, y están tan enlazados estos dos preceptos, que es imposible faltar al uno sin quebrantar el otro. Esto es, no podemos amar a Dios aborreciendo al próximo, ni podemos amar a éste, conforme a la religión que profesamos, sin amar íntimamente a Dios.

No hay precepto más recomendado por su Majestad en las Divinas Letras que el amor a nuestros enemigos, sí, a nuestros enemigos, a los que nos maltratan, a los que nos odian, a los que nos desean mal. A éstos, a éstos debemos amar y hacer bien: esto es lo que nos manda Jesucristo, y en esto estriba el mérito de la religión.

Por san Pablo (Epístola 12 ad romanos) nos dice: "amaos... mutuamente como hermanos verdaderos y procurad anticiparos unos a otros, en las señales de obsequio. Desead toda felicidad a los que os persiguen, hablad bien de ellos, y no volváis mal por mal... no hagáis mal al que os lo ha hecho. Dad de comer y beber a vuestros enemigos, si necesitan de este favor. Procurad, finalmente, que la malicia de vuestros contrarios no sea mayor que vuestra constancia y amor, y que los favores que les hagáis sean superiores a los agravios recibidos."(22) Por elEclesiastés, capítulo 28, versículo 2, nos dice: "perdona a tu prójimo que te ha dañado y entonces, cuando tú pidas perdón, se te perdonará."(23) Por san Mateo: "si perdonareis a los hombres sus injurias, se os perdonarán vuestros pecados; si no, no os perdonará vuestro Padre celestial".(24) Por san Marcos: "cuando vayáis a orar, perdonad primero a vuestro enemigo, para que vuestro Padre os perdone".(25) Por san Lucas: "amad a vuestros enemigos y haced bien a aquellos que os han aborrecido. Bendecid a los que os maldicen y honrad a vuestros calumniadores. Si alguno te diere una bofetada, preséntale la otra mejilla, y si alguno te quita el vestido, dale la túnica o camisa. Haz con los hombres lo que quisieras que ellos hicieran contigo. ¿Qué gracia harás en amar a los que te aman?, cualquier pecador hace lo mismo. Y así, amad a vuestros enemigos, hacedles bien y socorredlos sin ningún interés..."(26) Por  san Juan: "este nuevo mandamiento os doy —esto es, lo mando nuevamente—: que os améis unos a otros, como yo os he amado.(27) Éste es mi precepto... Esto os encargo: que os améis unos a otros. Si el mundo os aborrece, sabed que primero me ha aborrecido a mí..."(28) Al inicuo Judas trató el Señor de amigo, y en la Cruz pidió perdón para sus enemigos.(29)

Estas doctrinas son duras para muchos; pero esto es el Evangelio. Ya se ve que ellos se persuaden que Evangelio es el acto de pasar el misal de un lado a otro en el incruento Sacrificio, y para los que no saben más, ciertamente que ya pasó el Evangelio.

Así como a los cobardes se les zahiere diciéndoles que son hombres porque lo dijo la partera; así a los que ignoran, o se desentienden de estas verdades, se les puede decir que son cristianos porque lo dijo el cura. La fe en éstos se halla muerta, según san Pablo,(30) y tanto que mejor se puede colectar para su entierro que para el mío.

Pero por más que procuren cohonestar sus pasiones con pretextos especiosos y ridículos, llegará el terrible día en que al ronco sonido de una trompeta espantosa conozcan la tremenda violencia de estas eternas verdades.

Y así, amigos, debemos amarnos mutuamente y perdonar a nuestros enemigos. Esta ley es literal, no admite interpretación; es irrevocable, no se deroga; es general, a todos no comprende: al americano, al europeo, al insurgente, al patriota, al noble, al plebeyo, al negro, al blanco y, últimamente, a todos.

Si convencidos, no de mis débiles esfuerzos, sino de la palabra del Eterno, tratáramos de empapar nuestros corazones en estas saludables doctrinas, a Dios insurrección, a Dios guerras, a Dios muertes, a Dios calamidad y a Dios temores. Todo fenecía al instante y en cambio recibiéramos y gozáramos la dulce paz por fruto de las bendiciones del Cielo; pero mientras nos ensordezcamos a sus voces y fomentemos la discordia y el encono con nuestras rivalidades y simplezas, no hay que esperar sino sangre, muertes, hambres, peste y todo género de lacería. En vano el gobierno se develará en nuestra seguridad y conservación, y en vano aquéllos apurarán sus últimos esfuerzos para llevar al cabo sus quiméricos proyectos, porque ¿quién resistirá la mano airada del Omnipotente empeñada en reducirnos a fuerza de latigazos?

En nosotros consiste que cese la guerra y las demás penalidades que nos afligen. ¿Y cómo?, procurando cada uno mantener la paz con nuestros semejantes, y desechando de nuestros corazones toda idea anticristiana, antievangélica, antimoral y antipolítica. En esto haríamos nuestro propio negocio, granjearíamos a Dios y seguiríamos el consejo del apóstol, que dice: "haced cuanto esté de vuestra parte, por tener paz con todos".(31)

No hablo yo aquí con el gobierno: éste debe en justicia mantener la guerra, cuando de ésta se sigue la conservación de las regalías de la Corona, la inmunidad de sus derechos y la quietud del pueblo. Ni hablo con el juez o magistrado que castiga al delincuente, porque esto exige el buen orden público y la recta administración de la justicia; con vosotros hablo, currutaquillos(32) necios, mujercillas habladoras y políticos verdes,(33) con vosotros y otros tales hablo, pues sin ser gobernantes, ni soldados ni soldadas, hacéis una guerra en los estrados con vuestras boberías que no es de creer cuánto daño causáis (acaso sin presentirlo). ¿Quién os ha dicho, bárbaros, que es justo y lícito aborrecer a ningún hombre sea quien fuere? ¿Quién os ha enseñado, insurgentes, que es loable aborrecer al europeo por europeo, al soldado porque os persigue, ni al juez porque os castiga? Y a vosotros, patriotas, ¿quién os persuade ser justo aborrecer y desear mal al insurgente? ¿No advertís cómo la Iglesia santa tiene oraciones propias para pedir a Dios por los herejes, por los infieles, por los cismáticos, y aún por sus mismos enemigos? A Dios le pide que [l]os humille, no que [l]os aniquile, no que [l]os condene, y después ruega por la paz y unidad para todo el pueblo cristiano. Ut cuncto populo cristiano pacem, et unitatem largire digneris. Te rogamus audi nos.(34)

Conque ved qué segura es la opinión que os persuada, que es lícito aborrecer y desear mal a ningún hombre por cualquier motivo que se pretexte. Esta doctrina sólo cabe en boca de los falsos doctores anunciados por san Pablo.(35)

Ni esto es decir que debemos conformarnos, defender, ni seguir el partido de los insurgentes, ni de ningún hombre malo. La maldad la debemos detestar donde quiera que se halle, mas que sea en nuestros padres; pero no nos es lícito aborrecer al pecador. El juez debe castigar sin venganza, el general dar la batalla sin ira, y nosotros todos reprochar la iniquidad sin encono, que eso nos aconseja el santo rey David cuando nos dice: "enojaos, pero no queráis pecar." Irascimini, et nolite pec[c]are.(36)

Comencemos a amarnos sencillamente, olvidemos rivalidades y simplezas, conozcamos que todos los hombres somos hechura de un Dios, hijos de un padre y ciertamente hermanos: perdonemos a nuestros enemigos, roguemos por ellos y con esto ya hemos cumplido por nuestra parte para conseguir la paz que tanto se nos retira.

 

 


(1) Imprenta de doña María Fernández de Jáuregui, año de 1812. Dato falso. Como se verá por las alusiones que aparecen en este folleto, fue editado después de enero de 1813.

(2) En el número correspondiente al 10 de enero de 1813, al final escribe: "MI DESPEDIDA. Pensaba yo que para escribir sobraba tener un regular talento y tal cual erudición. Engañéme, porque he sabido que es preciso tener conocimiento del mundo, tino, discreción y prudencia; y he visto que más de cuatro escritores de esta época hemos estado faltos de estas virtudes. En obsequio de tan feliz conocimiento, me despido de mi pluma y demás arneses de escritor, en el siguiente

"SONETO

"Aquí, pluma, te cuelgo de esta estaca,/ apago mi candil de triste moco,/ derramo mi tintero poco a poco/ y la arenilla viértola en la cloaca/ porque de nada sirven a un motroco,/ que si a un Quijote saben volver loco,/ a un pobre Pensador harán matraca./ No soy demente, no, cargue otro el saco,/ mientras a sacristán yo me dedico./ Ya probé de mi espíritu lo flaco/ y no quiero preciarme de borrico./ Y pues para escritor no valgo un tlaco,/ sacristán he de ser, y callo el pico." Cf. Obras III, op. cit. p. 118.

(3) zaragates. Truhanes, pícaros, pillos, tarambanas.

(4) Merced. Anexo al convento del mismo nombre. En 1589 los mercedarios se establecieron por San Lázaro. En 1593 su habitación se convirtió en convento. En 1601 se compraron el terreno que ocupa el actual claustro. En 1602 comenzaron la construcción de este convento. Se modificó y en gran parte se reconstruyó de 1634 a 1654. La iglesia de La Merced fue derribada en el siglo pasado, en su lugar se construyó un mercado de mucho comercio y muy conocido, hasta hace pocos años en que fue sustituido por otro próximo. De La Merced subsiste el claustro del convento que es una joya del barroco mexicano, está en las actuales calles de Uruguay y Jesús María.

(5) San Sebastián. En la iglesia de igual nombre. Estaba en el antiguo barrio de Atzacoalco. Primero se confió a los franciscanos, que la retuvieron hasta 1585; luego, a los carmelitas, y en 1602 a los agustinos. En 1750 pasó al clero secular. En esta iglesia se fundó la Vela Perpetua para caballeros, a semejanza de la de Madrid, en 1793. Nos informa José Rojas Garcidueñas que actualmente está en la placita que durante cuatro siglos llevó este mismo nombre y ahora tiene el de Torres Quintero.

(6) San Lázaro. Cementerio y hospital para leprosos de igual nombre, fundados en el siglo XVI. Estaban en el extremo oriental de la ciudad, en el actual barrio de San Lázaro. El hospital fue clausurado en 1862.

(7) contestaciones. Conversaciones, pláticas, diálogos. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(8) Cf. nota 2. Sacristán es entremetido o ladrón, según el dicho: "Sacristán que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la saca? De la sacristía."

(9) péñola. Pluma de ave para escribir.

(10) tendido. Muerto, cadáver. En este caso de cuerpo presente. Cf. Santamaría,Dic. mej.

(11) clamoreando. Rogando con instancia, quejas o voces.

(12) María de Zayas y Sotomayor (1590-1661) Escritora española. Autora de poesías y comedias. Su fama la debe a sus Novelas ejemplares y amorosas o decamerón español (tenemos una edición accesible de Madrid, Alianza Editorial, Sección Clásicos número 109, cuya selección, prólogo y notas las hizo Eduardo Rincón). La novela aludida es El prevenido engañado, donde aparece Lisardo.

(13) medio real. Cf. nota 10 a El muerto y el sacristán.

(14) tlaco. Voz azteca que significa medio o mitad. Era la octava parte de un real en las monedas circulantes en 1824.

(15) oliscarán. Cf. nota 22 a El sacristán enfermo.

(16) Jn. 11, 39.

(17) sacar la media naranja. Equivale a sacar a la plaza o a la calle.

(18) peste. La peste de 1813 fue "una asoladora epidemia de fiebres malignas nacida, según se creyó, en el sitio de Cuautla, comunicada luego á Puebla, y que apareció en la capital con la primavera, exacerbándose en el curso del mes de mayo, sin que bastasen á combatirla con éxito las activas disposiciones de la nueva corporación municipal. Recurrióse también á las procesiones religiosas y rogativas en los templos, pero los verdaderos remedios, esto es, las provincias [sic] del ayuntamiento para auxiliar á la clase menesterosa produjeron sus naturales efectos: formáronse lazaretos en cada cuartel ó división administrativa de la ciudad, en los que hallaban asilo, asistencia y medicinas los enfermos pobres, bajo la vigilancia y cuidado de un regidor; y se abrió una suscrición [sic] con los cuantiosos donativos que para futilezas y vanalidades habían contribuído antes los ricos comerciantes y acaudalados propietarios españoles, y atribuyóse esta poca disposición á concurrir al alivio de los desgraciados enfermos, dice Alamán, á que siendo en lo general los europeos los que en todos tiempos y en estos casos se distinguían por su liberalidad, ofendidos ahora por el resultado de las elecciones, vieron con indiferencia, si no con gusto, la destrucción de un pueblo que tan hostil se había manifestado hacia ellos. La epidemia siguió creciendo durante la estación de aguas y declinó al principió del invierno, propagándose luego en el rumbo del interior, después de arrebatar á la capital más de catorce mil individuos. Cf. México a través de los siglos, México, Publicaciones Herrerías, s/a. t. iii, p. 380.

(19) Faraón. Quizá el faraón —Ramsés II— en cuyo reinado nació Moisés. O bien Faón, el batelero de Mitilene, en la isla de Lesbos, por quien se peleaban las mujeres de ese lugar y él era frío a todas. Safo lo siguió y sufrió siempre sus desprecios, hasta que se suicidó por él. En Vida y hechos del famoso caballero don Catrín de la Fachenda, capítulo "Conclusión hecha por el practicante", Fernández de Lizardi escribe: "su corazón estaba endurecido como el de Faraón".

(20) Nínive era la capital de los asirios, a orillas del Tigris. Betulia es Palestina. Eran gestos delatores de luto, tristeza o penitencia sentarse en la ceniza o derramarla por la cabeza. Véase: 2 Sm. 13, 19; Is. 58, 5 y 61, 3; Jer. 6, 26 (¡Oh Jerusalén!, hija del pueblo mío, vístete de cilicio, cúbrete de ceniza), Lm. 13, 16; Ez. 27, 30-31; Jon. 3, 5-6; Jer. 2, 37; y Mt. 11, 21.

(21) es gana. Es inútil, es imposible. Cf. Santamaría, Dic. mej.

(22) Ro. 12, 9-21. La parte de "Si tuviere hambre tu enemigo, dale de comer, si tuviere sed, dale de beber", la toma de san Pablo, Pr. 25, 21.

(23) No es Eclesiastés, sino Eclesiástico, Ecli. 28, 2.

(24) Mt. 6, 14-15.

(25) Mr. 11, 25.

(26) Lc. 6, 27-34.

(27) Jn. 13, 34 y 15, 12.

(28) Jn. 15, 17-18.

(29) No es en la Cruz. En Jn. 15, llama amigos a todos sus discípulos.

(30) Véase sobre el tema Ro. capítulos 2, 3 y 4.

(31) He. 12, 14.

(32) currutaquillos. Afectados en el uso de las modas.

(33) verdes. Según algunos esta palabra se remonta a la fábula de la zorra y las uvas.

(34) Letanía de Todos los Santos.

(35) I. Ti. 1, 5-7.

(36) San Pablo: Irascimi, et nolite peccare: sol non occidat super iracundiam vestram. Ef. 4, 26. Véase también Sal. 4, 5: Irascimi, et nolite peccare; Quae dicitis in cordibus vestris, in cubilibus vestris compungimini.