PAJE 1°;
Ahora me estoy acordando
de lo de antier, compañero.
PAJE 2°;
Sí, ¿de qué?
PAJE 1°;
670 ¿Cómo de qué?
Del indio.
PAJE 2°;
Reniego de ellos.
Lo que a mí más me incomoda
es el grande atrevimiento
de venir al tata OBISPO
a fingirle esos enredos.
PAJE 1°
No, yo por eso le dije
lo que hace al caso con éstos.
PAJE 2°
Sí, pues, ¿y qué le dijiste?
PAJE 1°
Que son unos embusteros,
680 brujos y supersticiosos,
ignorantes y hechiceros;
y así, que no será; mucho
que tal vez sea éste uno de ellos.
PAJE 2°
Hiciste bien de decir
la verdad de verbo ad verbum;
con eso tendrá experiencia
y ya no se fiará de ellos;
pero aguarda, ¿no es el indio
el que allí viene?
PAJE 1°
Es el mesmo.
Y ya entra...
JUAN DIEGO
690 ¿Qué hay, pagrecitos?
¿Cómo les va?, ¿lo están güenos?
PAJE 2°
¿Qué hay indio, cómo te va?
¿Vuelves con tus embelecos?
JUAN DIEGO
No, pagre; lo vengo a ver
Al Huey-Teopixqui.
PAJE 1°;
¿Qué es eso?
Los dos quieren verle el envoltorio y él lo excusa.
JUAN DIEGO
Nada; yo lo vengo a trer
no más al pagre grande esto.
PAJE 2°
Y ¿qué es?
JUAN DIEGO
Es ona cosita,
si tú lo vieras..., muy güeno.
PAJE 1°
700 Este indio trae un regalo;
será de oro cuando menos.
PAJE 2°
No, compañero, son flores...
[Mete la mano y no puede coger nada]
pero cogerlas no puedo.
PAJE 1°
¿Qué, están pintadas?
PAJE 2°
Parece;
¿mas su olor...? Aquí hay misterio;
yo voy a avisar al amo,
por ver sólo en qué pára esto.
[Vase]
PAJE 1°
Vaya, ya estamos solitos;
enséñame, indio.
JUAN DIEGO
No puedo,
710 porque quien esto me dio
dice que al Teopixqui mesmo
se las enseñe no más.
PAJE 2°
Que entre ese indio.
JUAN DIEGO
Voy corriendo.
Vista de salón y el SEÑOR OBISPO sentado bajo su dosel; JUAN se hinca, y a poco de hablar se pone en pie.
JUAN DIEGO
Señor pagre, ya otra ve
vengo a mi importunamiento;
yo me jui para mi tierra,
y el niña estaba en el cerro
y yo le dije: que tú
on seña estabas pidiendo
720 para creer, que yo lo soy
del madre so mandadero;
y me dijo que a otro día
juera por ellas; y en esto,
que lo jui a jallar mi tío
de los cocolixtle enfermo;
y ansí, no pude volver
a cumplir so mandamiento.
Esta mañana venía
a Tlaltelolco por verlo
730 on pagre para que fuera
a confesar el enfermo;
me lo acordé de la niña
no lo estuviera en el cerro,
y ansí, para no encontrarlo,
torcí el camino; y en esto
que, tan linda como siempre
me fue a salir al encuentro.
¿Qué querías que hiciera yo?,
más de hincarlos en el suelo,
740 pedirle perdón porque
no se enojara. Allí mesmo
le dije cómo mi tío
se quedaba muy enfermo,
y por eso yo no había
vuelto a cumplir su precepto.
Ella me dijo: anda, Juan,
que ya tu tío está muy bueno;
sube al cerro, corta rosas
y tráemelas aquí luego;
750 yo no replico señor;
subo arriba y, en efeuto,
los hallo toda la cumbre
llenita de rosas fresco.
En mi vida los he visto,
pues aquel pedregalero
solamente espinos da
sin embargo las corté
las flores tan lindo y bello,
760 los llené muy bien el tilma
y bajé luego con ellos;
se los enseñé a María,
y con sus manitas tiernos
los cogió y los volvió a echar
en mi tilma y dijo luego:
anda, vete, que ya llevas
las señas que te pidieron;
estas flores a ninguno
(si no es al OBISPO mesmo)
770 las enseñes, que por ellas
me ha de fabricar el templo.
OBISPO
A ver las flores...
Suelta JUAN el lienzo, en que estará pintada la santísima imagen; se hinca el OBISPO y todos.
LOS DOS PAJES
¡Jesús!
¿Quién ha visto tal portento?
OBISPO
¡Sacra, divina, celestial María!
¡Purísimo de Dios templo sagrado!
Feliz yo, feliz reino, que a porfía
tan singular favor hemos logrado.
Alábete la alada jerarquía;
bendígate Dios trino que te ha criado,
780 y gratos veneremos estos dones
que jamás dispensaste a otras naciones.
[El OBISPO en pie]
¡Feliz indio! a quien María
hoy ha quitado el ayate,
no ya como la mujer
de Putífar, por vengarse
del casto José, la capa
le quitó y fraguó el ultraje
más horroroso, sino
para mostrársenos madre
790 y ampararnos liberal
en nuestras necesidades;
deja que yo, con respeto
a tan celestial imagen,
te la quite de los hombros
y (mientras el templo se hace)
la ponga en el oratorio,
donde esté presea tan grande,
si no como ella merece,
a lo menos como es dable.
Mientras desata el OBISPO la tilma, a JUAN DIEGO dicen los pajes:
PAJE 1°
800 Indio, ¡qué Virgen tan linda!
JUAN DIEGO
Ansí lo vi en Tepeyaque.
PAJE 2°
Eres dichoso, Juan Diego.
JUAN DIEGO
¿No lo decías que era fraude?
OBISPO
A ver unas luces presto;
que vengan los familiares,
para que con la decencia
posible ahora se traslade
imagen tan soberana
al oratorio, y cantadle
810 conmigo en acción de gracias
la propia antífona:
[Canta el OBISPO]
SALVE
Dios te salve, reina
y amorosa madre
de misericordia,
fuente inagotable.
A ti suspiramos,
llorando en el valle
de la triste culpa
los funestos males.
820 Vuelve a nos tus ojos
llenos de piedades,
y como a tus hijos,
no nos desampares.
Ruega por nosotros
al Hijo del Padre,
para que gocemos
de tu vista amable.
Salen los que puedan con hachas y el OBISPO traerá la santa imagen; detrás JUAN DIEGO; dan vuelta al teatro y, entre tanto, cantan la antecedente Salve. Éntranse todos, y salen después el OBISPO, JUAN DIEGO y LOS DOS PAJES.
OBISPO
Ahora nos resta, hijo mío,
que tú nos guíes por delante
830 al lugar donde te habló
la original de esta imagen,
y nos muestres el lugar
donde quiere se le labre
el templo.
JUAN DIEGO
Con mucho gusto.
¿Vamos ahora, mi pagre?
OBISPO
Vamos, hijo, en hora buena.
PAJE 1°
Pues anda, Juan, por delante.
[Vanse]
Vista primera y salen todos, y conforme va andando JUAN DIEGO, les va mostrando los lugares.
JUAN DIEGO
Ya gracias a Dios llegamos
a Tepeyácac, mi pagre.
840 Mira, aquí fue primero
donde lo vide a mi magre;
aquí lo vi por segunda;
aquí lo vide antier tarde;
aquí ayer de mañanita;
allí están los pedregales
donde yo corté las flores;
¿ya lo ves cómo ahí no salen
sino espinas y tal cual
mala yerbas y nopales?
850 Pues allí fue donde yo
corté rosas tan fragantes.
OBISPO
Bendigan todos de Dios
y de María las piedades.
PAJE 1°
Bendigámoslas por siempre.
PAJE 2°
Sean por las eternidades.
JUAN DIEGO
Aquí junto de este pozo
con sos aguas minerales
fue donde María señora
cogió el rosas, y en mi ayate
860 me las volvió a echar dieciendo,
Huey-Teopixqui, lo que sabes;
y por aquí, dice que
tú so casita le labres;
y pues ya te obedecí,
dame to licencia, pagre,
para ir a ver a mi tío.
OBISPO
Anda, hijito, Dios te guarde;
[A los pajes] y vosotros, id con él;
si en efecto sano hallaren
870 a su tío, traedlo, que quiero
despacio de él informarme.
LOS DOS PAJES
Guarde Dios a vueseñoría.
OBISPO
Su bendición os alcance.
MÚSICA
Plácemes y enhorabuenas
démonos en este día,
que santificó este reino
la presencia de María;
y sea de la gratitud
la obligación más precisa
880 ofrecernos por muy suyos
con demostraciones finas.
Y a tanta gloria
y a tanta dicha,
digamos todos
con melodía:
Madre y Señora,
seas bien venida,
y eternamente
vive en las Indias.
Salen JUAN DIEGO, JUAN BERNARDINO y LOS DOS PAJES.
Vista de la sala del señor obispo.
PAJE 1°
890 Ya estamos en el palacio;
esperaos mientras aviso.
[Éntrase uno]
PAJE 2°
¿Qué te parece esta casa?
BERNARDINO
Señor, está muy bonito.
PAJE 2°
¿Quisieras vivir aquí?
BERNARDINO
No, señor, los probes indio
mejor nos acomodamos
allá en nuestros jacalitos.
PAJE 2°
Y ¿eso es ahora?
BERNARDINO
No, señor,
sino desde el gentilismo.
900 Los reyes, los capitanes,
los nobles, los hombres ricos
vivían en casas como ésta
con so hijo respetivo;
pero los probe onde quiera
viven muy obscurecido.
PAJE 2°
Ya sale su señoría.
BERNARDINO
¿El Huey-Teopixqui?
PAJE 2°
Sí, el mismo.
Sale el OBISPO con criados, y al hablarle se hincan los indios, y así que los bendice, se paran.
BERNARDINO
Dios te guarde, Huey-Teopixqui.
JUAN DIEGO
Dios te guarde, pagrecito.
OBISPO
910 La bendición de Dios Padre,
de Dios Hijo y del Divino
Espíritu os felicite
por los siglos de los siglos.
Con que, hijitos, ¿cómo va?
¿Qué hace mi buen Bernardino?
BERNARDINO
Señor pagre, siempre bien
lo estoy para tu servicio.
OBISPO
¿Conque tú estuviste enfermo?
BERNARDINO
Es verdá, mi pagrecito.
OBISPO
¿Y qué tenías?
BERNARDINO
Cocolixtle,
que lo llaman tabardillo
los españoles.
OBISPO
Y bien,
¿cómo sanaste?
BERNARDINO
Un prodigio
fue el que la vida me dio.
OBISPO
Di cuál, que gustaré de oírlo.
BERNARDINO
Ya lo estaba yo acabando
del mal; la vida en un hilo
lo tenía; de tal manera
que le dije a mi sobrino
930 que viniera a la ciudá
a ver on pagre francisco
para que me confesara
como manda Jesucristo;
él al instante obedece
mis ruegos, el probecito;
y aquella misma mañana
no lo tenía yo delirio,
sino que estaba cabal
con todos cinco sentidos,
940 cuando vide on resplandor
dentro de mi jacalito,
que le faltaba de fuego
lo que le sobraba de brillo;
vide dentro del jacal
volando onos mochachitos
tan alegre, tan contentos,
tan robusto, tan bonitos,
que cantaban no sé qué
que no me cansaba oyirlos;
950 en esto vide ona niña,
¡Jesús, qué cosa tan linda!,
que estaba dentro del sol
o el sol era su vestido;
eran sus ojos... yo, pagre,
¡qué capaz soy de decirlo!,
sólo sí te digo que,
al instante que me vido,
me encontré tan güeno como
si nada hubiera tenido.
960 ¡Qué ojos pagre, qué miradas
derramaban de cariño!,
¡qué nariz tan bien formada!,
¡qué sonrosados carrrillos!,
¡qué boquita!, los corales
no lo están tan encendido;
¡qué barba!, ¡qué frente! Todo
era on asombro, on prodigio;
Yo no puedo, yo no puedo
decir cómo era tan lindo:
970 ona tónica rosada
vestía de oro guarnecido,
y ataba con una cita
debajo de sus bracitos;
on manto de azul celeste,
ribeteado de lo mismo,
tenía desde la cabeza
hasta sus pies peregrinos,
con cuarenta y seis estrellas
que lo parecían zafiros;
980 ona corona imperial
tenía so cabeza lindo,
o servía a tan grande belleza
on luna negra de piso
(que delante de María
está oscuro todo brillo);
también lo estaba sus pies
on hermoso mochachito,
contento como la pascua
de estar en tan buen servicio.
990 Esta reina, esta señora,
esta niña, este prodigio
de gracia, de santidad,
de belleza y de cariño,
mirándome con ternura
me dijo: "Oyes, Bernardino;
ya estás sano; le dirás
tú también al padre Obispo
que te he visitado yo;
que tú también eres mi hijo;
1000 que me labren el templo que
le digo por tu sobrino,
y que quiero se me dé
en él el culto debido
bajo de la advocación
"Dios te guarde." Y al momento
despareció el prodigio
y yo quedé sano y bueno,
y los hay mochos testigos
1010 de cómo lo estaba antier
de gravísimo peligro;
y ésta es, pagre, la verdad.
OBISPO
Sea para siempre bendito
el poder y la piedad
de Dios, que nos ha querido
enriquecer con la joya
de valor tan infinito,
y sea bendita María
por los siglos de los siglos,
1020 que favor tan singular
dispensarnos ha querido.
Vosotros, indios felices,
vosotros, queridos hijos,
id en paz, y procurad
merecer más sus cariños,
no olvidando en la virtud
el aumento y el cultivo.
Y tú, América dichosa;
tú, pueblo el más distinguido
1030 de todo el mundo, engrandece
tan especial beneficio,
que no lo ha hecho a otra nación
María por tan raro estilo.
Bendícela, hónrala siempre
con cultos, con laudes e himnos;
no olvides, no, tal ternura,
tal piedad, tan exquisito
favor; anhela devota
por mostrar tu agradecido
1040 amor, porque de este modo
la obligues al desempeño
del prometido cariño,
para que con tan grande madre
yo logre, y todos tus hijos,
verla en la celeste Sion
por innumerables siglos.
(14) cuanehuales. Es quanélhuatl: "troncos, raíces duras".
(a) Aunque en Extremadura hay una imagen conocida también con la advocación de Guadalupe, en un pueblo que lo toma del río de Guadalupe, que en arábigo significa "río de lobos", es diferentísima de la nuestra, pues aquella es de bulto con un niño en los brazos; ésta, pintada y sin niño; aquélla es hecha, según noticia, por San Lucas; ésta, o por sí misma o por los ángeles. Es opinión también que la Nuestra Señora dijo a Juan Bernardino se le llamase Nuestra Señora de Cuatlalapan o Tecuantlazopelih, por nombrarse así el lugar donde se apareció; y los españoles, ignorantes del idioma mexicano, corrompieron la voz. Véase al padre Florencia. [Francisco de Florencia (c.1620- 1695), jesuita español que residió en México largos años. Autor, entre otros libros, de La estrella del norte de México, aparecida al rayar el día de la luz evangélica en este Nuevo Mundo, en la cumbre del cerro del Tepeyac, orilla del mar tezcucano, a un natural recién convertido; pintada tres días después en su tilma o capa de lienzo delante del obispo y de su familia, en su casa obispal, para luz en la fe de los indios; para rumbo cierto a los españoles en la virtud; para serenidad de las tempestuosas inundaciones de la laguna. En la historia de la milagrosa imagen de María Santísima de Guadalupe, que apareció en la manta de Juan Diego. México, 1688. Verosímilmente Lizardi consultaría, como más asequible, un ejemplar de la edición de Madrid, 1785. El "mar tezcucano" es el lago de Texcoco, o sea la "laguna" también mencionada en el título; en el siglo XVI sus aguas llegaban casi hasta el pie de la pequeña cordillera que termina en el Tepeyac.]