ATAQUE AL CASTILLO DE VERACRUZ Y PREVENCIONES
POLÍTICAS CONTRA LAS SANTAS LIGAS(1)
Dedica este papel El Pensador a los ciudadanos L. C. J. J. B. y T.
vecinos de la Villa de Jerez(2)
Cuando la patria peligra, el silencio es criminal. Yo advierto que dormimos muy tranquilos en la cama de la confianza, como si disfrutáramos una paz octaviana, y no creo que hay cosa que la garantice. Tengo, pues, de levantar mi bronco grito para que esta patria sacuda el letargo en que yace.
Nos juzgamos, digo, muy seguros, y no lo estamos tanto como parece. Dos santas Ligas nos amenazan muy de cerca, una exterior y otra interior.(3) La primera ha dominado si no toda, casi la mayor parte de la España. Si, lo que Dios impida, logra el darle la ley a su antojo, las columnas de Hércules no contendrán su ambición, ni el océano impedirá que tienten contra nosotros sus designios.
Éstos no son otros que sofocar en todas partes la representación nacional. Éste es todo su interés: advierten los reyes que si progresa la ilustración, todas las naciones conocerán sus derechos, ansiarán por su libertad y derrocarán los más antiguos tronos.
Estos mismos reyes, olvidados del principio de las convenciones sociales, se creen absolutos dueños de los hombres, de sus fortunas y vidas, como lo son de los caballos de sus carros.
Nacidos entre un enjambre de viles lisonjeros, se juzgan dueños del mundo, y alegan para poseerlo unos pretendidos derechos que ni Dios, ni la naturaleza ni los hombres jamás les concedieron, sino únicamente la opresión y la fuerza; de otra manera ningún tirano habría reinado impunemente. La conquista, es decir, la usurpación sostenida con las armas, es todo el código que siempre han alegado para dominar los pueblos. Los sacerdotes de éstos han contribuido no poco a autorizar a los tiranos y hacerlos pasar no menos que como dioses de la Tierra.
De que se sigue que, no teniendo los reyes mayor apoyo para enseñorearse de los pueblos que la fuerza, la emplean frecuentemente a su favor; y por esto, ahora se ligan contra los pueblos libres, sin dar otra razón que la fuerza, que es la última y la concluyente que tienen: ultima ratio reguum.(4)
¿Y se olvidará la Santa Liga de las Américas? ¿No le causará temores y recelos su independencia de España? ¿Disimulará su representación nacional? ¡Ah!, las Américas han sido para la Europa las niñas ricas y bonitas, a cuya posesión ha aspirado. So color de reintegrar a Fernando VII en sus derechos, hace la Liga a los liberales de España la más injusta guerra; allá se disparan ahora los tiros, pero acá tienen la puntería. ¿Qué otra cosa significa la reinstalación del Consejo de Indias(5)sino que no reconoce nuestra independencia, que la tiene por usurpación o rebelión, y que no perderá tiempo para hacernos la guerra más hostil y reconquistamos para sí y para España?
¿Y se puede concebir el más mínimo embarazo para que lo verifique? Yo, a la verdad, no advierto ningún impedimento; antes sí, la facilidad más imaginable. Con un puñado de valientes vino el general Mina(6) e hizo destrozos en los ejércitos realistas, cuando había ejército, mucho dinero y no tanta división de partidos. Si viene con cinco mil hombres, nada le deja que hacer al señor Iturbide;(7) pues en menos tiempo de siete meses habría consolidado la opinión y emancipado la América.
Este hecho tan notorio y reciente aumenta mis temores con justicia. Si estos reyes forman una expedición de veinte mil hombres contra nosotros, ¿quién les resiste? ¿Dónde está nuestra armada, nuestro ejército, nuestro erario, ni nuestra unión? Todo falta. Y si, como es creíble, se pone un señor borbón a la cabeza del ejército de la Liga, es la pérdida más segura. Nos hallamos divididos en mil partidos. Hay borbonistas, iturbidistas, centralistas, federalistas, absolutos y constitucionales. Esta división de opiniones nos envolverá en una confusión que no podremos entendernos. La muerte, los saqueos, los suplicios y la desolación serán los precursores de nuestra eterna esclavitud.
Por otra parte, temo mucho que si la Liga lograse invadir una pequeña parte de nuestro país, contaría desde luego con los malcontentos que tenemos, y que ciertamente se declararían sus auxiliares y venderían la patria sin el menor remordimiento. Ésta es la Liga interior que nos acecha, y sobre la que debe velar el gobierno.
No sin objeto España trata de conservar el castillo de San Juan de Ulua.(8) ¿Y cuál puede ser?, no otro que la reconquista, apenas nos dividamos con las armas, así como lo estamos en las opiniones. Es la América presea muy rica para dejarse perder impunemente. España sabe lo que ha perdido con la independencia, y nosotros no sabemos lo que hemos ganado; por eso ella anhela por su reconquista, y nosotros la creemos imposible. Estamos en el cráter del volcán y dormimos tranquilos, y como fatuos brindamos por nuestra seguridad y libertad, que estamos a pique de perder.
Temo mucho que se verifique aquel pasquín que se puso en Veracruz(9) y decía:
Ese castillo que ves
en medio del mar océano,
es el que impone la ley
Mientras los españoles ocupen un palmo de tierra en nuestra América, no estamos seguros, ¿qué será ocupando no menos que la primera fortaleza de la nación? ¿Cómo dormirá nadie tranquilo teniendo su enemigo las llaves del aposento?
Ya estamos mirando las resultas de nuestra debilidad o condescendencia con Lemour;(11) ya se apoderó de la Isla del Sacrificio,(12) pretextando que pertenece al castillo, como si éste perteneciera a España o por algún título fuera legal la posesión en que está de él.(13) Si mañana obtuviera ese general español alguna victoria y ocupara la plaza de Veracruz, alegaría igual razón para reclamar a las villas; ocupando éstas, se creería dueño de Puebla,(14) y así de la América.
Soberano Congreso, Supremo Poder Ejecutivo, militares honrados, conciudadanos todos: no durmamos. Estamos muy a pique de perdernos y ser esclavos para siempre. Los españoles son tenaces en sus proyectos, tienen carácter y unión, y de consiguiente, no son enemigos despreciables. Menos ilustración ni libertad tenían cuando don Pelayo, con un puñado de valientes, entre los cerros de Asturias, gritó alarma contra los moros, y se sacudieron el yugo después de más de 700 años de sufrirlo. Imitemos su carácter, unión y constancia, y entonces no nos intimidarán; pero si nosotros mismos les ayudamos, la águila será presa del león.(15) El pronóstico es triste; pero seguro, y estamos en unos momentos muy críticos para lisonjear a la nación.
Todos los pensamientos y desvelos del Soberano Congreso(16) y del gobierno deben dirigirse a recobrar ese castillo, esa atalaya desde donde el enemigo nos observa. Ningún sacrificio es mucho para tan santa empresa. Apúrense todos los recursos para tener a nuestras tropas pagadas y contentas; y si es preciso, como en efecto lo es, que presten los templos sus platas, que, estando libres, después la nación las reintegrará con usura. Desvélense los sabios en uniformar la opinión, en inspirar a la nación confianza en su gobierno, en advertirla el peligro en que está y los males terribles que la amenazan si se desune.
Para esto permita el señor jefe político que se griten y publiquen las opiniones de los ciudadanos,(17) no sólo para que los escritores se instimulen a escribir, sino para que el pueblo se provoque a leer.
No todos tienen proporción de subscribirse a la Águila(18) ni El Sol,(19) ni sus editores con su erudición pueden saberlo ni discurrirlo todo, ni tampoco todos tienen facilidad ni gusto para ir cada día al Portal(20) a saber qué papeles nuevos han salido;(21) y ésta es la causa de que la libertad de imprenta se halle sofocada y de que la ilustración no progrese, y lo será de que nos sorprenda el enemigo.
El grito de un vendedor provoca mucho a leer el papel que vende. Sean los vendedores los enfermos e impedidos,(22) y así se llenarán los buenos deseos del señor Molinos(23) de evitar la holgazanería, se conciliará la completa libertad de imprenta, se uniformará la opinión, y el señor jefe político verá los buenos frutos que producirá su contraprovidencia.
Mexicanos borbonistas, señores aristócratas, no hay que vender la patria, lisonjeándonos con unos porvenires muy felices. Ayudad, ayudad a los españoles, fomentad sus planes, dividid la opinión y vended a las generaciones presentes y a vuestros mismos hijos; empero ni el Dios vengador dejará sin castigo este atroz crimen, ni los españoles tampoco.
Éstos, si les abrimos las puertas con la intriga y la desunión, entrarán prodigando indultos y derramando sangre. Se elevarán horcas y patíbulos en que pereceremos los pobretes primero, y después, poco a poco y políticamente, los criollos serviles, pues no son tan necios los españoles que los dejen con poder ni con vida, pues siempre desconfiarán de los traidores de su misma patria: los irán desterrando y aniquilando bonitamente y sin escándalo para librarse de ellos, y a fe que harán muy bien, pues no dura más el leal que lo que quiere el traidor, y el que lo es con Dios, con sus hijos y con la patria, con quién no lo será? Las cadenas que en la reconquista nos echen serán enormisísimas: no nos podremos mover, o no se podrán mover con ellas nuestros hijos, pues de los liberales que hoy existen, ¿cuántos quedarán vivos?
¡Ah!, me parece que veo el espionaje más terrible, la Inquisición más furiosa, la impostura pagada, los calumniadores bien cohechados, las cárceles y los presidios llenos de inocentes, los suplicios sin descanso, nuestra sangre corriendo por las calles, nuestras casas saqueadas, violadas nuestras hijas y mujeres, proscritos nuestros apellidos con infamia, sellados en el rostro nuestros hijos, y todos nuestros descendientes seguidos del oprobio, de la desolación y de la muerte; y el que de ésta se libre por desgracia, constituido en un esclavo vil y en un colono miserable.
Mexicanos y amigos de la libertad, ¿os parece hiperbólica esta pintura? Volved los ojos a los siglos de Cortés. Entonces los españoles representaron estas escenas sangrientas con los infelices indios. Leed al hispanofrancés fray Bartolomé de las Casas(24) y veréis a los españoles que trajeron la religión de Jesucristo, porque no sabían otra, y hasta hoy nos alegan como mérito lo que hicieron tan mal y por necesidad; vedlos estrupando a cuantas indias querían, y matándolas después, vedlos haciéndose cargar en jamacas,(25) en hombros de indios prisioneros, por muchas leguas, vedlos profanando sus templos para ellos tan sagrados, como para nosotros los nuestros; vedlos robando cuanto tenían y dado cruelísimos tormentos a los caciques que sencillamente los hospedaban y regalaban porque no tenían más oro que darles; vedlos fomentando la idolatría y cambiando las figuritas de piedra que tenían por ídolos, por muchachos indios que vendían como esclavos; vedlos matando un indio a sangre fría sólo para probar la profundidad de una herida que había recibido un español; vedlos manteniendo sus perros con carne de indios, a los que cazaban con ellos mismos como a fieras; vedlos aprovecharse de indios prisioneros, para que en ellos se embotaran las flechas de sus paisanos, a quienes iban a conquistar, y ved... ¡qué horror!, que a esta infeliz carnaza no le daban qué comer, y tenían los desdichados que matarse unos a otros para comerse y vivir; ved al ingrato Cortés poniendo grillos al emperador Moctezuma, que lo acababa de alojar con toda su tropa en su palacio, y al fin quitarle la vida a un emperador sorprendido;(26) pero generoso más que Carlos V; testigo Francisco I, rey de Francia: sin ilustración europea; pero más política que todos los bandoleros españoles que vinieron a México con el ánimo de robar y con expresa prohibición del vicegerente del rey de España Diego Velásquez.(27) Estos asesinos y ladrones fueron los apóstoles que con arcabuces y cañones de artillería contra la voluntad de Jesucristo, que mandó que su religión no se intimara con armas,(28) se apoderaron después de millones de crímenes a pretexto de la religión más santa de este hermoso Continente; ved al hipócrita de Cortés amancebado con la Marina,(29) y quién sabe con cuántas más, mandándose azotar (porque de propósito no fue a misa) por el fraile Bartolomé de Olmedo,(30) mercedario, para infundirles a los indios, no las ideas de la verdadera religión, sino las ideas del verdadero fanatismo; así se criaron y nos criaron nuestros padres, y así hemos salido.
Éstos y mil agravios que omito repetir hicieron los españoles a los inocentes americanos en los principios, cuando vinieron a invadirlos sin orden de Dios ni de sus reyes; cuando vinieron como forajidos y ladrones, que eso quiere decirconquistadores. ¿Qué harán ahora que se creen dueños y señores legítimos de América, autorizados por la ley de la proscri[p]ción (injusta a todas luces) y por la autoridad de Dios Omnipotente y de los bienaventurados Pedro y Pablo, según la Bula de Alejandro VI,(31) último papa español de la casa de Borja. ¿Qué harán ahora, repito, para dominarnos y oprimirnos? Entonces no podían imputarles culpa a los indios que se resistían a su dominación. Toda su justicia estribaba en su mentira y superchería: por eso le hicieron creer al débil Moctezuma que no había sino un Dios, un rey y un papa en todo el mundo, y que este rey español era su amo, a quien debían estarle sujetos, y que el que no quisiera estarlo, era criminal...
Digo, pues, que si con estas mentiras engañaron los españoles y sujetaron un Nuevo Mundo, ¿qué no harán ahora, protegida su opinión por tantos papas, amigos de España cuantos han autorizado su injusta y tiránica dominación desde Alejandro VI hasta Pío VII que reina?(32)
Muy fácilmente seducirán a los pueblos auxiliados del clero, pues no del clero a que pertenecen los Hidalgos,(33) los Morelos,(34) Matamoros,(35) Berduscos,(36)Coses,(37) Mieres,(38) Torres,(39) Coutos,(40) Argandaras,(41) Iturraldes,(42)etcétera, sino del otro clero: bien me explico. Pues este último clero les ayudará muy bien a los señoritos españoles a echar a la patria el yugo de la esclavitud más duradera y afrentosa.
¡Ah!, ya me parece que veo reinstalar el santo tribunal de la Inquisición,(43) y que está muy santamente, y es cumplimiento de su Santo Oficio: va encendiendo sus hogueras y vengándose de todos sus enemigos. El primer quemado, si se descuida, será El Pensador Mexicano y después el señor, el otro señor, y tantos que no pueden contarse, pues son infinitos los que abominan tan santo establecimiento.
Después me parece que oigo a los frailecitos (perdónenme los carmelitas,(44)fernardinos,(45) y algunos más, y de los clérigos los felipenses,(46) y algunos más), ya me parece que oigo a estos padrecitos predicar, desgaznatarse, dar patadas y manotadas en los púlpitos, y parecen ellos como energúmenos, diciendo al pueblo que la Independencia ha sido una farsa, una sublevación injusta contra nuestro legítimo soberano el señor don Fernando VII, a quien debemos estar sujetos, según san Pablo, san Agustín, santo Tomás y todos los santos padres , Concilios y doctores de la Iglesia.
Con tan santas diligencias, y contando con nuestra ilustración y nuestra fervorosa devoción, no nos queda un soldado. Las excomuniones y pastorales lloverán contra los liberales o amigos de la patria; de éstos, los verdaderos, que no son muchos, morirán antes. ¡Ojalá sea yo el primero antes que ser esclavo! Pero he jurado a Dios morir matando, y no fusilado ni ahorcado a sangre fría; y ¿si me sorprendiesen?, dos pistolas sacan del cuidado.
En esta materia se me aglomeran las ideas y se me exalta la bilis de modo que no es extraño que estos mis papeles carezcan de método, exactitud y orden. El lector prudente discúlpeme: no escribo por los españoles. No, ellos no han de venir jurando la garantía de la unión, sino matándonos muy aprisa y echándonos unas cadenas que no se las volverá a sacudir la América. Por experiencia saben cuánto puede el amor a la libertad; ellos nos tomarán todos los caminos para que no se intente otra insurrección, y entonces, cuando nos hayan dominado, ¡ah!, ¡cómo se vengarán de nosotros!
Esos huesos venerables de los héroes de la patria serán quemados en una plaza pública por mano de verdugo. ¿Y habrá mexicanos que concurran a tan funesta escena? Sí habrá... ¡Qué dolor! ¡Oh patria, patria, cuándo te faltarán hijos ingratos!...
Sin embargo de este triste cuadro, tenemos mil resortes que mover para triunfar de nuestros enemigos.
Es verdad que por hoy no tenemos ejército ni dinero; pero tenemos mil auxiliares que saldrán a defendernos, y sin una bayoneta, sin el costo de un real(47) acabarán con millares de hombres, antes que se aposesionen de una provincia nuestra. Estos auxiliares son el vómito prieto,(48) los moscos, jejenes,(49) pinolillo,(50) tercianas, calores fuertes, climas destemplados, caminos fragosos y despoblados que ofrecen hambre, sed y muerte a cada paso.
Con tan formidables enemigos tienen que lidiar los opresores de nuestra libertad antes de experimentar nuestras balas, nuestros aceros y lo que es más, nuestro valor. El americano que se resuelve a sacrificarse por su patria no pelea como hombre sino como fiera irracional. Sépase esto la Santa Liga, si este papel llega a sus manos. Los insurgentes fueron unos hombres indisciplinados: no conocían el arte de la guerra, no tenían armas ni recurso; aunque iban adquiriendo opinión, no tenían ilustración ninguna. La maldita Inquisición, y los obispos aduladores y traidores de la patria, la dividieron en momentos, haciendo causa de religión la que era puramente de Estado, y con sus armas de papel, con sus ridículas cuanto imputísimas excomuniones engañaron los pueblos, hicieron odiosos a los libertadores de la patria, y he aquí matándose los criollos santísimamente unos con otros sin saber lo que hacían.
Sin embargo, la constancia de estos hombres venció al fin estos obstáculos insuperables. Sea, pues, mexicanos, la unión nuestra divisa, y entonces no hay que temer la Santa Liga ni a nuestros caseros intrigantes, pero ni a todo el mundo europeo. Él se aniquilará en nuestras playas con poca resistencia que opongamos unidos.
Dios y libertad sean las últimas palabras que pronuncien los americanos amantes verdaderos de su patria.
NOTAS
Hay mucho que decir. Si este papel costea la impresión seguirá la idea, y apuntaré los medios fáciles que tenemos para libertarnos de nuestros enemigos y tremolar nuestro pabellón en el castillo de Ulúa.
OTRA
No crean los buenos españoles que viven con nosotros que trato de hacerlos odiosos, ni menos a su nación. Trato de que mi patria se asegure, y esto es justo. Aquí hay españoles buenos, a algunos conozco y los amo mucho; pero hay otros muy pícaros y servilones: de éstos es menester defendernos. En la misma España los hay que hacen cruda guerra a sus hermanos, ¿qué harán esos serviles con nosotros? Los españoles buenos que vivan aquí y allá; los pícaros serviles y mal agradecidos que mueran.
México, 26 de septiembre de 1823.
(1) México, Oficina Liberal a cargo del ciudadano Juan Cabrera, 1823.
(3) Santas Ligas. La exterior, cf. nota 4 a Segundo sueño... La interior, cf. nota 2 aLa nueva revolución...
(4) Ultima ratio regum. Divisa que hizo grabar Luis XIV en sus cañones.
(5) Consejo de Indias. Cf. nota 12 a Defensa de El Pensador dirigida...
(6) Mina. Cf. nota 20 a Oración de los criollos...
(7) Iturbide. Cf. nota 7 a De don Servilio al clamor...
(8) castillo de San Juan de Ulúa. Cf. nota 4 a Ausente el emperador...
(9) Veracruz. Cf. nota 41 a Segundo sueño...
(10) En una hoja editada, que se inicia con una viñeta donde se ve un escudo con el águila, dice: "Amaneció en Veracruz puesto al excelentísimo señor capitán general don Domingo Luaces el siguiente pasquín", mismo que reproduce Fernández de Lizardi; y después viene una contestación. El pie de imprenta es: Puebla, 21 de marzo de 1823, Oficina de Pedro de la Rosa.
(11) Lemour. Cf. nota 11 a Oración de los criollos...
(12) Isla de Sacrificios. Isla y arrecife a 3 millas al sureste del puerto de Veracruz. "Domingo 21 de septiembre de 1823 (nublado). Según copia de carta de Veracruz, Lemaur persistía en ocupar la Isla de Sacrificio, y aun había amenazado a la Veracruz con que la batiría; el Gobernador Villaurrutia respondió con energía que lo hiciese, y que al efecto de impedir la agresión tenía a punto las lanchas cañoneras; créese que ya han comenzado a hostilizar ambos partidos, y se espera con ansia el resultado.
"A las ocho de la noche. Por correo extraordinario llegado hoy de Veracruz se sabe haber ocupado con un destacamento de hombres, Lemaur, la Isla del Sacrificio.
"Lunes 22 de septiembre de 1823. (Buen tiempo, agua anoche)" "La sesión de este día ha sido muy acalorada. El Diputado Zavala pidió que dentro de cuatro días saliesen del territorio mexicano, los comisionados de España, supuesto que en tanto tiempo no han mostrado las bases bajo que deberían reconocer nuestra Independencia. El Lic. Bustamante pidió, y que se declarase del momento, que se autorizase al Gobierno con amplísimas facultades para que se lanzase a los españoles de la Isla del Sacrificio, y no permitiese que quedase allí ningún soldado de esta Nación; y si fuere necesario, se le declarase la guerra, precediendo un Manifiesto en que se haga ver la injusticia de la agresión de Lemaur [...] Terán pidió que se cerrase el Puerto de Veracruz e hizo sobre ello proposición formal, todo lo cual pasó a una comisión extraordinaria que se nombró al momento, con orden de dar cuenta el día de mañana, con lo que acordase. El Diputado Esteva, a quien llegó el extraordinario de Veracruz, hizo que [se] leyese la copia de la exposición de la Diputación Provincial de aquella ciudad hace al Poder Ejecutivo. En ella consta que la misma Corporación destinó una Diputación a Lemaur para contenerlo, y que no echase abajo la ciudad que amagaba; que le expuso los graves daños que se seguirían de que obrase hostilmente contra aquella plaza, sobre sus intereses y familias. Aparece que el empeño de Lemaur es que se quite la batería de Mocamboque enfila a la Isla del Sacrificio, resultando de aquí que a los interesados en la conservación de la plaza y de sus propiedades, hacen poco caso de que se lleve o no el diablo el decoro nacional, y la seguridad del territorio mexicano." Carlos María de Bustamante, Diario histórico de México, op. cit., t. I, vol. 2, pp. 72-73.
(13) "No produjeron resultado alguno las conferencias tenidas por el general Victoria en Jalapa con los comisionados españoles, aunque se trató de formar un tratado provisional de comercio, para el cual el congreso, á reserva de su aprobacion, facultó al gobierno: los comisionados regresaron á San Juan de Ulúa, y habiendo cesado poco despues el régimen constitucional en España por la invasión de ésta por el ejercito francés, mandado por el duque de Angulema, Fernando VII restablecido en el poder absoluto, no solo no adoptó via ninguna pacífica, sino que pensó en reconquistar la Nueva España, cuya empresa al regresar de Cádiz á Madrid, á su tránsito por Sevilla, confió al conde del Venadito, que se hallaba en aquella ciudad, nombrándolo al mismo tiempo capitan general de la isla de Cuba, cuyo empeño no llegó á ejercer. Todo esto condujo al rompimiento de los fuegos del castillo de Ulúa el 25 de Setiembre sobre la ciudad de Veracruz." Lucas Alamán,Historia de México, op. cit., t. V, p. 587.
(14) Puebla. Cf. nota 2 a Pulgas y vómito...
(15) Cf. nota 3 a Fuera reyes absolutos...
(16) Congreso. Cf. nota 2 a Sentencia contra el emperador...
(17) Este asunto lo retoma en Advertencia a las calaveras, La victoria del perico,Representación al Soberano Congreso y Defensa de Urbina. En el decreto de 31 de mayo de 1823, Molinos del Campo prohibió los impresos con títulos alarmantes, injuriosos y subversivos, y se declara que el impreso que sea contrario de lo que anuncie, se considere fraudulento. Además prohibió el voceo. Lizardi protestó repetidamente al respecto, y se quejó en el Congreso (14 de noviembre de 1823), sin que se tomaran en cuenta sus palabras (véase El Hermano del Perico que cantaba la Victoria, Obras V, op. cit.), es decir, los diputados se limitaron a turnar el texto a las comisiones de infracciones (de este hecho también da cuenta El Sol, segunda época, año I, tomo I, núm. 154 del sábado 15 de noviembre de 1823, p.613). Por su lado, Pablo de Villavicencio escribió: Tres palabritas al señor jefe político y otras tantas al señor Marín, en favor de la libertad de imprenta y de los verdaderos papeles; O gritan los papeleros, o grita el señor Molinos, o grita El payo de Rosario. Segunda parte de las tres palabritas al señor jefe político y otras nuevas a su barbero el del Tejocote (El Payo del Tejocote escribió El Payo del Tejocote contra el Payo del Rosario, donde defendió la medida del jefe político de Molinos). Asimismo El Amigo de la Ley escribió Ni la Inquisición prohibió el grito de los muchachos (este folleto es de 1824, mientras los de Villavicencio son de 1823).
(18) Águila. El Águila Mexicana. Periódico Cuotidiano Político y Literario. El número 1 del tomo I se publicó en la Imprenta de Ontiveros, México, 1823. A partir del número 55 se llamó simplemente Águila Mexicana.
(19) El Sol. Cf. nota 15 a Felicitación y reflexiones...
(20) Portal. Cf. nota 5 a De don Servilio al clamor...
(21) "El 'papelero' vino a ser el sucesor del noticiero ambulante, que cuando no había diarios en nuestro país se encargaba, en cada esquina, de dar las noticias más extravagantes, exactas o fantásticas, por lo cual el noticiero recibía un puñado de centavos." Carlos Serrano, "El voceador de periódicos" en La prensa en México.Datos históricos, pról. Ma. del Carmen Ruiz Castañeda, México, UNAM, 1962, p. 292. Después el papelero cumplió la misión de vender y adelantar las noticias mediante el voceo.
(22) Los billetes ya los vendían los enfermos.
(23) Molinos. Después de la abdicación de Iturbide, el poder ejecutivo quedó compuesto por Nicolás Bravo, Pedro Celestino Negrete y Mariano Michelena. En ese entonces se extinguieron las capitanías generales que estableció Iturbide, y en su lugar quedaron las comandancias en cada provincia. La de la ciudad de México estuvo a cargo del marqués de Vivanco, separada del gobierno político, que se encargó a Francisco Molinos del Campo. Por datos posteriores sabemos que este gobernador del Distrito Federal fue masón escocés. Sabemos además que vivió en las calles del Espíritu Santo (hoy 2a. y 3a. de Isabel la Católica), que en 1832 fue presidente de la Cámara de Diputados, y que fue un licenciado que en 1814 se hallaba sentenciado por infidencia y condenado a destierro en las Islas Marianas (sentencia que no se efectuó).
(24) fray Bartolomé de las Casas (1474-1566). Religioso dominico español que descendía de un caballero francés que acompañó a Fernando III el Santo cuando la conquista de España en 1252. Su apellido era Casaus. Se ordenó sacerdote en 1510, un año después obtuvo una encomienda en Cuba, pero predicó contra el abuso de los encomenderos. A partir de 1514 trabajó a favor de los indios, y convenció a Carlos V de que expidiese las leyes nuevas de 1542 que eran contrarias a los intereses de los encomenderos. En 1544 fue nombrado obispo de Chiapas. Intercedió por los indios con Fernando el Católico en 1515. Sus obras Brevísima relación de la destrucción de las Indias, 1552, e Historia general de las Indias (que no se imprimió sino hasta 1875) son una muestra de sus afanes de defensa y estudio de las nacionalidades de la República Mexicana.
(25) jamacas. Pronunciación "vulgar" por hamaca. Ésta no necesariamente es de hilo, por que puede ser de tela.
(26) Una versión es que Moctezuma Xocoyotzin murió a resultas de una pedrada cuando intentó arengar a las masas que sitiaban las casas de alojamiento de Cortés; otra, es que fue asesinado por órdenes de Cortés.
(27) Diego Velázquez. En las instrucciones de 23 de octubre de 1518, entregadas a Cortés, establece que no se despojará de sus bienes a los extraños cuyas tierras pisaren los conquistadores.
(28) Cf. nota 10 a Desvergüenzas y excomuniones...
(29) En el siglo XIX era más usual dar el nombre de bautismo a Malinalli, Malintzin o Malinche.
(30) Bartolomé de Olmedo (¿- 1524). Capellán, embajador y consejero de Cortés que logró ser querido por los indios.
(31) Alejandro VI. Cf. nota 13 a Defensa de El Pensador dirigida...
(32) Pío VII. Cf. nota 3 a Segunda defensa...
(33) Hidalgo. Cf. nota 12 a Vida y entierro...
(34) Morelos. Cf. nota 37 a Segunda defensa...
(35) Matamoros. Cf. nota 11 a Los curiosos quieren...
(36) José Sixto Verdusco (1770-1830?). Sacerdote, doctor de la Universidad de México y rector del Colegio de San Nicolás. Se unió como jefe militar a los caudillos de la Independencia.
(37) José María Cos y Pérez (1780?-1819). Bachiller, periodista, licenciado y doctor en sagrada teología. Fue catedrático de retórica, filosofía, teología, latinidad y vicerrector del Seminario Tridentino de Guadalajara. Por sus fricciones con Venegas abrazó la causa de la independencia en 1810. Formó parte del Congreso de Chilpancingo. Fue aprehendido e indultado. Murió en la oscuridad. Publicó El Ilustrador Nacional, segundo periódico insurgente, y El Ilustrador Americano que contó con la colaboración de Andrés Quintana Roo.
(38) Servando Teresa de Mier. Cf. nota 9 a Alerta Mexicanos...
(39) José Antonio Torres (1770- ?). Estudió en Valladolid la carrera eclesiástica. Cuando era vicario en el pueblo de Cuitzeo se adhirió a la independencia.
(40) José Ignacio Couto. Doctor en teología. En 1810 ocupaba el curato de San Martín Texmelucan. Por sus adhesiones a la causa independentista fue separado de su curato, lo que no obstó para que prosiguiera en su labor de convencimiento en la región.
(41) Francisco Argandar. Orador sagrado y doctor en teología. Fue cura del Ejército del Norte. Es uno de los autores de la Constitución de Chilpancingo. En el proceso contra Morelos aparece citado como Argandau. Firmó la Constitución de Apatzingán (22 de octubre de 1814). En septiembre de 1823. cuando fueron traídos los restos de los mártires de la Independencia, leyó su Elogio fúnebre de los primeros héroes y víctimas de la patria, que el 17 de septiembre de 1823, en la Iglesia Metropolitana de México a presencia de una Diputación del Soberano Congreso, del Supremo Poder Ejecutivo, demás Corporaciones y Oficialidad, dijo el Dr. Francisco Argandar, diputado por Michoacán, México, Imprenta del Supremo Gobierno, en Palacio, 1823.
(42) José María Iturralde y Revilla (¿-1849). Doctor en cánones y licenciado en leyes. Catedrático de ambas facultades. Diputado al primer Congreso Constituyente.
(43) Inquisición. Cf. nota 4 a De don Servilio al clamor...
(44) carmelitas. Los carmelitas, conducidos de España por la flota del General Diego de Alceaga, llegaron el 17 de octubre de 1585. Les pertenecían dieciséis conventos. Fueron curas descalzos. Fueron enviados a la Nueva España por fray Gerónimo Gracián de la Madre de Dios. El grupo original constaba de diez religiosos: cuatro sacerdotes, tres coristas y tres legos. Los sacerdotes fueron: fray Juan de la Madre de Dios, vicario provincial, fray Pedro de los Apóstoles, fray Pedro de San Hilarión y fray Francisco Bautista. Los coristas, fray José de Jesús María y fray Hilarión de Jesús; y los legos, fray Arnecio de San Ildefonso, fray Gabriel de la Madre de Dios y fray Anastasio de la Madre de Dios.
(45) fernandinos. Esta orden, llamada más propiamente de San Francisco dePropaganda Fide vino a México en 1730 con el fin de ser misioneros, procedía del colegio de Santa Cruz de Querétaro. El bachiller Juan Francisco Domínguez les ofreció una capilla en Necatitlán para que fundaran un hospital. Obtuvieron el permiso del virrey, marqués de Casafuerte. La primera iglesia la dedicaron en mayo de 1731. En 1734 cambiaron la licencia de Casafuerte. La primera iglesia la dedicaron en mayo de 1731. En 1734 cambiaron la licencia de hospital en colegio. El 15 de octubre de 1735 se puso la primera piedra para la nueva iglesia. El origen de esta iglesia, aun existente, se debe a los franciscanos recoletos que llegaron en 1570 con el conquistador Pedro de Tapia.
(46) felipenses. La congregación de San Felipe Neri, fundada en Roma, se introdujo en México el año de 1657 a petición del sacerdote Antonio Calderón Benavides. Los sacerdotes fueron acogidos en el monasterio de San Bernardo por Pedro Díaz de Arévalo, que era sacristán de San Bernardo de México. Después se instalaron en la capilla de la Soledad. Más tarde la cofradía de San Felipe Neri compró unas casas, en la calle que después se llamó San Felipe Neri, donde fundaron un hospital. En 1701 obtuvieron licencia para la fundación del oratorio.
(47) reales. Cf. nota 19 a El cucharero y su compadre...
(48) vómito prieto. Cf. nota 17 a Pulgas y vómito...
(49) jején. Insecto diminuto, especie de mosquito, común en los lugares cálidos de la costa, cuya picadura produce ardor e irritación. Vive en colonias que forman nubes. Santamaría, Dic. mej.
(50) pinolillo. Ácaro diminuto o larva de garrapata de color rojo que parece polvo de pinole, cuya picadura es muy irritante. Es plaga de tierra caliente. Santamaría.Dic. mej.
(51) Al final del Segundo ataque... existe una fe de erratas que dice: "Erratas garrafales que deben corregirse en el papel anterior a éste. / Página 2, línea 17 dice: regnum, léase: reguum. / Página 7, línea 28 dice: con carne indios, léase: con carne de indios. / Página id línea 30 dice: de indios prisioneros. Súplase: védlos aprovecharse de indios prisioneros. / Página 8, línea 23 dice: estos y mil agravios que omito. Añádase: repetir. / Página 10, línea 1 dice: enérgumentos, léase:energúmenos. / Página id., línea 9 dice: de modo que es extraño, léase: de modo que no es extraño." Hemos realizado en el texto las correcciones indicadas.