ANTORCHA DEL SOBERANO CONGRESO
Y MOLDES DE LAS LEYES(1)
Congreso(2) Soberano: la universal sociedad del Imperio mexicano os ha elegido para fijar los verdaderos principios de la moral y de la razón; proceded a realizar el objeto sagrado de vuestro encargo, después de profundas meditaciones con que descubráis el principio universal y fundamental para el acierto; pero mirad que ha de ser bajo esta base.
Dios, legislador supremo que rige al universo, dio a todos los hombres los mismos órganos, las mismas sensaciones y necesidades: ha dádoles por este mismo hecho los propios derechos al uso de su bien, constituyéndolos en perfecta igualdad en el orden de la naturaleza.
Habiendo dado a cada uno los medios suficientes de conservar su existencia, los ha constituido a todos independientes unos de otros; y por consiguiente, libres, de modo que ninguno está sometido a otro, y cada uno es propietario y absoluto soberano de su ser.
La igualdad y libertad son dos atributos esenciales del hombre: dos leyes de la divinidad constitutivas e irrevocables como las propiedades físicas de los elementos.
Siendo todo individuo dueño absoluto de su persona, se sigue que su consentimiento libre es una condición inseparable de todo contrato y de toda obligación.
Siendo todos iguales, es consiguiente que lo que se da y recibe debe guardar un perfecto equilibrio, de suerte que siempre esté en su oriente la justicia y la equidad.
La igualdad y la libertad son las bases de toda reunión de hombres en sociedad, y el principio necesario y engendrador de toda ley y de todo sistema de gobierno regular.
Por haber faltado a estos principios, el gobierno español introdujo en nosotros los desórdenes que nos obligaron a romper sus cadenas: sólo observándolos es como podréis reformarlos y restituirnos a una asociación dichosa. Congreso Soberano, haced alarde de vuestros talentos para lograrlo: dad normas o diseños a las potencias extranjeras para que, adoptando nuestras leyes, sean tan felices como espera serlo el Imperio mexicano.
¡Sociedad universal de la América Septentrional, escuchad la prevención que os hago! Para disfrutar de vuestra dulce libertad es preciso sufráis un grande sacudimiento en vuestras costumbres, en vuestras fortunas y en vuestras preocupaciones; es preciso disolváis contratos viciosos y derechos alusivos; que renunciéis distinciones injustas y falsas propiedades; mirad bien si podéis consentir en estos sacrificios, que son otras tantas cadenas que os aprisionan; examinad vuestra codicia y si podréis contra ella, renunciar de todo mejoramiento injusto, y si os declaráis, como creo, a asegurar y poseer vuestra libertad, dad al Congreso los moldes en que ha de formar las leyes, que son: igualdad, libertad y justicia, con prevención que las que resulten contrahechas, por alguna de las pasiones a que todos los hombres estamos sujetos, las habéis de reclamar.
Os amonesto no confundáis la libertad con el desorden, el desprecio y la inurbanidad; respetad las autoridades constituidas y el sacerdocio, sin tributarles adulaciones perniciosas y demostraciones serviles.
Obedeced la ley que dicten vuestros representantes, y si fuese injusta pedid su revocación por el orden dispuesto para hacerlo.
Si habéis de ser libres, ha de serlo sobre estas bases, y unidos a vuestro libertador temed más que a un rayo todo partido o desunión, y penetraos de que es la senda segura para que volváis a ser esclavos y sacrificados de vuestros antiguos opresores. Tened por mortales enemigos a los que pretendan infundiros desconfianza de vuestro principal caudillo(3) que, como otra columna de fuego como la de Israel,(4) os ha conducido a la tierra de promisión de vuestra libertad.
Desconfiad mucho de los que procuren haceros descansar en la seguridad de vuestra libertad, queriendo persuadiros que no peligra por falta de medios para la subsistencia de nuestro invicto ejército, cuyos individuos deben ser el ídolo de nuestra gratitud. Invitad al Congreso a que decrete a lo menos por una vez una contribución directa, arreglada con proporción al actual estado del Imperio, que gravite en las clases a quienes no haga falta para subsistir. Pedid a voces el restablecimiento de las rentas y antiguos impuestos, para que sus productos, que antes sirvieron de aumentar vuestras cadenas, hoy sirvan para aseguraros vuestra libertad, que exige este sacrificio sin pérdida de momento.(5)
Si hay quien se atreva a impugnar estos principios y saludables avisos, le contestará aquella parte de su alma que siempre queda libre de las pasiones y conserva la justicia y la verdad.
México, 26 de abril de 1822.
J[osé Joaquín] [Fernández de] L[izardi].
(1) México. Oficina de Betancourt. 1822.
(2) Congreso. Cf. nota 3 a ¿Qué va que nos lleva...?, y nota 19 a Exposición del ciudadano...
(3) Se refiere a Iturbide. Cf. notas 2 y 6 a Contestación de El Pensador... y 32 aChamorro y Dominiquin. Segundo diálogo...
(5) "Bajo pésimos augurios económicos había iniciado México su vida independiente: gastos y compromisos ineludibles por doquiera, carecían de haberes los soldados y los capitulados españoles; necesario se hacía cubrir los gastos de la administración y el erario se hallaba en bancarrota. Cierto es que desde Carlos IV la hacienda pública había sufrido profundo decaimiento por las exacciones y las necesidades inaplazables de la guerra, por el decreto de 26 de diciembre de 1804 que dispuso la sustracción de los capitales y bienes de las fundaciones de obras pías, por la destrucción causada por la guerra de independencia y por el retiro, a raíz de ella, de fuertes capitales españoles; mas a esto había que agregar la ninguna experiencia en materias económicas de nuestros hombres públicos, la absoluta imprevisión de Iturbide y de la Junta al suprimir impuestos sin substituirlos por otros, y a nuestras infundadas esperanzas de oro y de riqueza nacidos del falso concepto, entonces en boga, de que éramos el país más rico de la tierra y que nuestros tesoros se mostraban inagotables." Manuel B. Trens, Síntesis histórica de la nación mexicana, op. cit., p. 63.