ALERTA QUE HAY ENEMIGOS Y NO DEBEMOS DORMIR(1)

 

 

“De un momento a otro se vio casi perdida la existencia política de Costa Rica, y acaso comprometida la República entera a una desastrosa guerra civil; de repente, una conjuración formada con el mayor sigilo, y con la sagacidad más acomodada a las circunstancias del país, dio la madrugada del 29 del próximo pasado el grito por el gobierno español en la ciudad de Alajuela, dando principio a su empresa por atacar la guarnición y cuartel de aquella ciudad. Tan maligno proyecto fue allí repelido con el mayor denuedo y valor, sosteniendo la enunciada guarnición un fiero ataque, por el espacio de largas dos horas, hasta conseguir por fin la dispersión de los facciosos, haciéndoles dejar cuatro muertos, crecido número de heridos, y otros capturados.

“Atentado como éste no podía ser hijo de América; y así fue, que el autor principal de él fue el español José Zamora, desterrado de Colombia por anti-independiente que, seduciendo y alucinando a una porción de infelices, logró extraviarlos con el auxilio de algunos desagradados por miras particulares con nuestra independencia.

“Es imposible describir la situación del gobierno en el lance relacionado, y las dificultades para cortar los progresos de la revolución, que crecían con velocidad a causa de no haberse podido asegurar al referido José Zamora y sus inmediatos agentes, que ocultos se esforzaban y movían cuantos resortes eran a su alcance para realizar su infame proyecto de sujetarnos al tirano español; pero todo cedió al patriotismo más vigilante, que redobló sus fatigas hasta conseguir capturar a aquéllos. Zamora lo fue el 6 del corriente: a las dos y media de la tarde de ese día fue presentado al gobierno; confesó haber sido el autor principal de la facción, añadiendo no haber hecho en ello sino un deber como vasallo del rey de España, de cuyo gobierno era teniente coronel, y tenía especial comisión de revolucionar por él en las Américas, que a un tiempo fue conferida a treinta y dos, cuyos nombres no expresó. Era tan celoso Zamora que, capturado ya, se empleaba en seducir a la escolta que lo guardaba, de manera que constituyó al gobierno en la indispensable necesidad de o ver progresar la revolución, o de quitarlo del medio; y siendo en tal caso un deber adoptar el último extremo, a las cinco y media de la tarde del mismo día fue pasado por las armas.

“Con los demás cómplices principales de Zamora, por la misma razón, era necesario tomar providencias prontas, aunque no de tanta entidad; y entre las que se reflexionaron, ninguna pareció más oportuna que la de confinar a los de más recelo al presidio de ese Estado, y a los de menos importancia al servicio de las armas en el ejército de la federación.

“Las adjuntas copias dan idea de las providencias dictadas: el gobierno de Costa Rica, penetrado del distinguido interés con que el supremo de El Salvador ve la causa de nuestra independencia y libertad, se promete que [sic] expedir las conducentes para que la intriga no haga ilusorias aquéllas, y que a este fin los confinados al presidio de la libertad no tendrán otro destino, ni los destinados al servicio de armas saldrán del mismo hasta ser entregados al supremo gobierno de la federación o sus agentes.

“Al capitán, monsieur Pablo Louger, conductor de los expresados, se han entregado ciento veinte y seis pesos, para que, luego que llegue al punto de su destino, socorra con un mes de prest a los destinados al ejército. De éstos, uno ha quedado en ésta, por enfermedad; pero ha sido reemplazado con Ana Matamoros, y a más ha sido agregado a ellos Pedro Gutiérrez.

“Todo lo relacionado tengo el honor, ciudadano secretario, de participarlo a usted para que se sirva elevarlo a conocimiento de su gobierno, dignándose aceptar los más vivos votos de mi consideración y aprecio.

“Dios, unión y libertad. San José, febrero 10 de 1826. Manuel Aguilar.”

 

 

"DECRETOS

 

“El jefe supremo del Estado, con presencia de que el español José Zamora ha sido el principal cabecilla de la revolución experimentada en estos días, en que se intentaba subyugarnos al gobierno español, y considerando el peligroso estado en que se ha hallado la tranquilidad pública, y en el que se halla con la existencia del mismo Zamora que reclama, imperiosamente, medidas prontas como enérgicas para salvar a la patria de los riesgos que le amenazan, en uso de la facultad que le concede el artículo 82, párrafo 13, de la ley fundamental del Estado, ha venido en decretar que a las cinco y media de la tarde de este día sea pasado por las armas el enunciado Zamora, franqueándole en el entretanto los auxilios religiosos que pidiere. Y de orden del mismo jefe lo comunico a usted para su cumplimiento y efectos consiguientes. Dios, unión y libertad. San José, febrero 6 de 1826. Manuel Aguilar.

“El jefe supremo del Estado, considerando que aún no está completamente destruido el germen revolucionario que en estos días ha tenido en tanto riesgo la tranquilidad pública, y a la patria en tanto peligro, con motivo de la conjuración tramada para destruir el actual sistema y proclamar el gobierno español, que tan enorme mal no ha bastado para hacerlo desaparecer la decapitación del cabecilla español José Zamora, a causa de la existencia de sus cómplices, contagiados en alto grado con las perversas ideas que aquél les dejó infundidas, para salvar al Estado de los riesgos que le amenazan, con presencia de la causa que con motivo de tales ocurrencias se ha instruido, en uso de las facultades que le concede el artículo 82, párrafo 13, de la ley fundamental, ha venido en decretar:

“1. Se confinan al presidio de la libertad en el estado de El Salvador a los reos: presbítero cura de la ciudad de Heredia, Joaquín Carrillo, capitán Juan José Soto, José Antonio Gutiérrez, Encarnación Herrera y Juan Manuel Galarza.

“2. El término de esta confinación será hasta que el gobierno español reconozca la independencia de Centroamérica; mas los comprendidos en ella, en ningún tiempo podrán introducirse en el Estado con pretexto alguno.

“3. Se destinan al servicio de armas en el ejército de la federación, por cuenta del cupo de hombres que corresponde al Estado, a los reos: Pedro Pablo Castro, Miguel Castrillo, Joaquín Zéspedes, Hilario Figueroa, Santiago Quesada, José de los Ángeles Chavarría, Joaquín Rodríguez, José Chaverri, Agustín Campos, José Antonio Reyes y José María Villegas.

“4. Los expresados en el artículo anterior y en el primero serán conducidos inmediatamente en la goleta Julia al puerto de la libertad, y entregados al comandante del presidio que allí existe por el capitán y dueño de dicho buque, monsieur Pablo Louger, con quien se ha contratado esta expedición en cantidad de novecientos pesos, que se le entregarán en la tesorería principal, con calidad de reintegro, de los bienes embargados a los reos, entregándosele al presente dos tercios, y el último a su regreso.

“De orden del mismo jefe lo comunico a usted para su cumplimiento. Dios, unión y libertad. San José, febrero 8 de 1826. Manuel Aguilar. Es copia. Aguilar.”

 

 

“EL JEFE DEL ESTADO A LOS COSTARRICENSES

 

“Compatriotas, una conjuración contra nuestra existencia física y política nos constituyó en estos días en la crisis más peligrosa que pudiéramos ver en la época de nuestra gloriosa independencia: estuvimos al perder aquellos dulces placeres que proporciona la paz y la tranquilidad, que armoniosamente reinaba entre nosotros. La anarquía desoladora, en azote del género humano, se dejó entrever en nuestro horizonte con un ceño devorador. Sí, nada otra cosa que tan funestos y dolorosos porvenires nos presagiaba la revolución que se acaba de sofocar en su origen y raíz.

“El gobierno español, que no puede ver sin sumo dolor prosperar a sus antiguas colonias, y que no tiene recursos para reducirlas descaradamente a su antigua opresora dominación, pretende por lo menos aniquilarnos y sumirnos en los horrores desastrosos de la guerra civil, diseminando por todas partes agentes que promuevan su ominosa restauración.

“El español José Zamora, con este carácter que confesó, ha sido el que seduciendo y alucinando a una porción de infe[li]ces para proclamar a su bárbaro gobierno, nos puso en el lance más peligroso. Él, la madrugada del 26 del próximo pasado, intentó poner en práctica sus planes, atacando la guarnición y cuartel de la ciudad de Alajuela, en donde con valor fueron repelidas sus malignas miras. A él y no a otro se deben las lastimosas muertes que en aquella madrugada se causaron repeliendo su facción. Por él gimen en las cárceles nuestros conciudadanos, con motivo de haber concurrido a perpetrar tan escandaloso atentado; y causa es él de los crecidos gastos que se le han originado al Estado por aquellas ocurrencias.

“Este hombre no desistió de sus perversos proyectos con el desengaño que experimentó en Alajuela; posteriormente se empleaba en rehacerse, y aun capturado ya, esforzaba sus discursos revolucionando en favor de su gobierno. Era por tanto peligrosa su existencia, y la patria exigía imperiosamente a trueque de no arruinarse el suplicio de este enemigo. El gobierno, a pesar de los sentimientos de lenidad que lo caracterizan como a todo americano, se vio en el deber de adoptar una providencia severa, evitando con ella la que en otro caso se hubiera tomado con todo patriota; y así fue, que previos los oficios que nos exige la religión, lo mandó pasar por las armas ayer a las cinco y media de la tarde, en uso de las facultades extraordinarias que para casos como el presente le concede la Constitución.

“Conciudadanos: un enemigo vuestro ha desaparecido; velad porque otro no se atreva a alterar vuestro reposo; vivid celosos por vuestra felicidad, y no permitáis que se diga que un americano ha concurrido alguna vez a la destrucción de su patria, coadyuvando o protegiendo las ambiciosas miras de nuestros antiguos opresores. San José, febrero 7 de 1826. Juan Mora.

“El capitán y dueño de la goleta colombiana Julia, monsieur Pablo Louger, por contrata celebrada con el gobierno del estado de Costa Rica, conduce a bordo de su buque, con destino al puerto de la Libertad y a entregar al comandante de aquel puerto los reos siguientes:



“Confinados al presidio de la Libertad


“Notas

 

“Padre Joaquín Carrillo

 

revolucionario por el gobierno español

“Capitán Juan José Soto idem id id.
“José Antonio Gutiérrez idem id id.
“Encarnación Herrera  idem id id.
“Juan Manuel Galarza  idem id id.

             

“Aplicados al servicio de las armas de la federación


“Pedro Pablo Castro  idem id. id.
“Joaquín Zéspedes idem id. id.
“Hilario Figueroa  idem id. id.
“Santiago Quesada idem
“José de los Ángeles Chavarría  idem
“Joaquín Rodríguez idem
“José Chaverri idem id. id.
“Agustín Campos idem id. id.
“José Antonio Reyes idem id. id.
“José María Villegas idem id. id.
“Ana Matamoros ladrón.    
“Pedro Gutiérrez

idem


   

“San José, febrero 10 de 1826. Manuel Aguilar.”

 

Un patriota ha ofrecido dar por separado algunas observaciones a las ocurrencias anteriores.

 

 

ADICIONES

 

La simple lectura del impreso anterior induce naturalmente las siguientes reflexiones:

1ª La España no perdona medio para volver a dominar las que llama sus colonias.

2ª Entre éstos, no juzga por el menos eficaz introducirnos intrigantes revolucionarios.

3ª Uno solo de éstos basta para formar partido.

4ª Esto no es muy difícil, atendido que en todas partes hay pícaros, y no es imposible que los haya entre nosotros, como lo vemos en Goatemala, se ha visto en la otra América y también en la nuestra.

5ª Que entre el clero, siempre venerable, se encuentran sus pérfidos Judas, como en el apostolado, capaces de vender a su patria por diez reales(2) como aquél vendió a su Maestro por treinta.(3)

6ª Que para contener a estos bribones se necesita que el castigo siga al crimen, sin dar lugar a que se entorpezca la justicia con la dilación, como sucede.

7ª Que en estos casos están bien usadas las facultades extraordinarias, y si se quiere, no se necesitan sino las ordinarias que prescribe la ley.

8ª Que el caso de Goatemala debe servir de espejo al gobierno de México.

Éste es mi juicio, abril 15 de 1826.


El Pensador.

 

 


(1) Reimpreso en México en la Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...].

(2) reales. Cf. nota 20 a Una buena zurra.

(3) Mt. 26, 15.