ALERTA MEXICANOS, NO NOS PERDAMOS(1)

 

 

Si a propósito se hubieran puesto a ridiculizar a nuestro emperador, no lo habrían hecho tan bien. El Cabildo Eclesiástico se ha portado... No quiero decirlo; dígalo El Barbero y su marchante.(2)El Cabildo secular... tampoco lo he de decir, díganlo las casas consistoriales o Diputación. ¡Qué fachada tan magnífica! ¡Qué iluminación futura tan completa nos promete! ¡Qué... todo! ¡Vaya!, se ha portado con suma profusión, y me temo que al otro día de la coronación de sus majestades ilustrísimas ni con qué desayunarse tendr[í]an los señores regidores.

Las monedas... ¡Santo Dios! Las monedas son las mejores garantes de nuestro buen gusto. Es verdad que el emperador no es feo: debió a la naturaleza el don de una buena cara; pero en el busto de la moneda está diabólico, ni él ni su semejanza. Y luego pelón y encuerado: más parece cabeza de azotado o de peluquero que de emperador.(3) Díganme lo que quieran los heráldicos y los anticuarios de Roma; preséntenme estampas de monedas a la herogea, y válganse de los pretextos que quieran: jamás disculparán el mal dibujo y el ningún adorno que le pusieron. ¿Qué no se le pudo poner un laurelito ni un pedazo de púrpura gallardamente pendiente de los hombros? O siquiera, ya que lo pusieron desnudo a la vergüenza pública, ¿por qué no se esmeraron para hacerlo conforme su original? A más de esto, la águila(4) está coja y patas arriba con el busto, lo que da lugar a una interpretación maliciosa, pues significando la águila el Imperio, y la cabeza encuerada al emperador, estando en oposición, dirán que o su majestad ha de poner de cabeza al Imperio, o éste a su majestad.(5) Nada de esto está bueno, y mucho menos cuando por esos mundos hay sus hablillas de que se han recogido firmas y se quiere proclamar al libertador mexicano emperador absoluto, disolviendo el Congreso.(6) Acaso serán habladas de serviles, pero son muy públicas.(7)Cuidado: lo mismo será proferir esto que sumirnos en la anarquía más horrorosa; la muerte afila su guadaña contra nuestras vidas y contra la del emperador. Yo lo amo y no lo ignora. Por su bien y el nuestro deseo que haya orden en las tropas. Ellas son la égide(8) de la libertad y felicidad de la patria, y ellas pueden ser, si obran con imprudencia, la causa de nuestra ruina y de la suya. Me consta, es público que su majestad en nada menos piensa que en ser emperador absoluto. Lo ha dicho al doctor Mier(9) y no a él solo. ¿Para qué, pues, hacerlo infeliz con el Imperio? Prudencia conciudadanos, prudencia. Los momentos son críticos, el interés general, los daños irremediables, y toda felicidad conseguible con juicio. Viva Iturbide eternamente con sus Cortes: no lo hagamos infeliz pensando hacerlo dichoso.

Dícese también que se trata de reinstalar la Inquisición(10) con otro nombre. Ya la conocemos, y no la hemos de tragar ni peinada de polvo, como decían los viejos. Cuidado mexicanos: alerta con los serviles. Ellos no pierden ocasión de hacernos esclavos, y la más manejable que tienen es la religión de Jesucristo; esta religión de paz, y que no sólo la ignoran, pero ni les gusta a ellos mismos. Se lo probaré hasta la evidencia a quien por las prensas defienda lo contrario.

A sombra, pues, de esta religión, nos quieren poner un tribunal déspota, ilegal, odioso y reprobado por todas las naciones cultas, por la ley natural y por el mismo Jesucristo. ¡Hipócritas viles! Queréis, so pretexto de fe, quitarnos la libertad de imprenta, la ilustración y la libertad civil. ¡No es nada! Lo conocemos. Perezca, amén, el americano libre que sufre Inquisición disimulada. Viva la fe, viva la religión; castíguense con destierro, única pena legal que puede imponerse al profanador de nuestra creencia, a los que trastornan el juicio público en punto de dogma; pero califíquense sus escritos por los obispos diocesanos, únicos jueces en la materia intituídos por Cristo, y no por otros intrusos. Califiquen los obispos, oídos los escritores, y sentencie la ley, y nada más. Lo que sobre de esto es la ruina del Imperio.

Con tal Inquisición tan mal disfrazada, ¿quién querrá venir a vivir con nosotros? Ningún reino, imperio ni república puede florecer con solas sus gentes ni talentos. La sociedad con todos los hombres del mundo hace prosperar a las naciones más pobres. Dígalo el Norte América; Colombia lo dirá, y nosotros también si nos desfanatizamos.

Mexicanos, amo a la patria: lo sabéis, y por eso os escribo estas cuatro palabras:¡Viva la religión, Agustín y libertad!


El Pensador.


Julio 19 de 1822.

 

 


(1) México, Imprenta de D. J. M. Benavente y Socios, 1822.

(2) El Barbero. Posible seudónimo de Carlos Ma. de Bustamante. Así lo consignan Ma. del Carmen Ruiz Castañeda y Sergio Márquez Acevedo en su Catálogo de seudónimos, anagramas, iniciales y otros alias usados por escritores mexicanos y extranjeros que han publicado en México, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Imprenta Universitaria, 1985 (Instrumenta Bibliographica, 6), pp. 28 y 37. También Lucina Moreno Valle lo atribuye a Bustamante en Catálogo de la Colección Lafragua de la Biblioteca Nacional de México 1821-1853, México, UNAM, Inst. de Investigaciones Bibliográficas, 1975 (Serie: Guías, 2). Hemos tenido a la vista algunos folletos escritos por El Barbero: Carta del Barbero del pueblo de Santa Marta a un compadre suyo residente en esta capital, Conversación del Barbero y su marchante y Conversación segunda del Barbero y su marchante, de 1820; Cuelga del Barbero y su marchante a El Pensador, El nuevo Barbero y su marchante y Unos dijes a El Pensador,de 1822.

(3) "Declarado emperador Iturbide, por decreto de 11 de junio de 1822 se ordenó ─'2° En las monedas de plata se pondrá en el anverso el busto del emperador al natural: en el exergo este lema: AUGUSTINUS DEI PROVIDENTIA, y al calce la fecha del año actual: en el reverso las armas nacionales; esto es, el águila coronada sobre el nopal en actitud de volar; y en la circunferencia la leyenda: MEXICI PRIMUS IMPERATOR CONSTITUCIONALIS [...]. ─3° En las monedas de oro se pondrá el mismo busto, blasón e inscripciones' [...]. El decreto es la descripción de la moneda; es preciso añadir únicamente que el primer tipo usado en 1822 presenta en el anversoel busto de Iturbide flaco y prolongado, y alrededor la leyenda AUGUST. DEI. PROV., el monograma conocido de México, y el año de la acuñación: reverso; el águila coronada, también flaca y prolongada, vuelta hacia la derecha, con las alas cortas, aunque abiertas, todo de pésimo gusto, y alrededor MEX. I. IMPERATOR. CONSTITUT. [...] Con razón no agradó este tipo, y en el mismo año de 1822 se cambió, poniendo el busto y el águila en mejores carnes, y representando de más cerca la verdad." Manuel Orozco y Berra, "Moneda en México", en el Diccionario universal de historia y geografía, op. cit., t. V, p. 928.

(4) Cf. Nota 5 a Segundo sueño...

(5) Hubo numerosos escritos a favor y en contra de que se proclamase a Iturbide emperador. De los que estaban a favor hemos registrado los siguientes: M. G. de V.,El importante voto de un ciudadano; M. R., Cada cual piensa con su cabeza; Manuel Ma. Ramírez de Arellano, Legal solicitud importantísima o Salva triple de artillería imperial;Anónimo, Reflexiones políticas sobre la elección de emperador; C. A. G., Centinela alerta, o Argos americano en favor de su patrio suelo; E. A., Derecho del pueblo mexicano para elegir emperador; E. D. L., América libre y Realizado en Puebla el importante voto de un ciudadano; Anónimo, El grande asunto de hoy; J. A. M., Contestación de un americano al Manifiesto del señor D. Agustín de Iturbide, generalísimo de mar y tierra de las armas americanas. Todos estos folletos son de 1821; hay otro, de 1822, en el cual se propuso coronar a Iturbide: Anastasio Rubio Fuente, Ni extraños emperadores ni república queremos. Lucina Moreno Valle, Catálogo de la Colección Lafragua, op. cit.

(6) Cf. nota 36 a Segundo sueño...

(7) "Hacinados, pues, los elementos que debían servir al desarrollo de los sucesos, recibiéronse noticias de España cuyas Cortes habían decidido declarar, como declararon, nulo el tratado de Córdoba; tal acontecimiento llegó por una parte a robustecer y envalentonar a los republicanos, y por otra a dar aliento a los iturbidistas y a los partidarios de la monarquía, entre ellos al clero en general que, perdida la esperanza de ceñir la corona a un príncipe español, se creyó que a nadie podría ofrecérsele con mejores títulos que al caudillo de Iguala. Entonces el mismo Iturbide, que había disimulado mal sus ambiciones, protestando más de una vez y ante el mismo Congreso que se retiraría a la vida privada antes que ceñir la corona imperial que muchos le habían ofrecido, Iturbide, repetimos, vio allanársele el camino al trono y no vaciló para seguirlo en aceptar los trabajos de sus partidarios." México a través de los siglos. México independiente 1821-1855, escrito por Enrique de Olavarría y Ferrari y Juan de Dios Arias, 15ª ed., México, Editorial Cumbre [1979], t. IV, pp. 72-73.

(8) égide. Cf. nota 4 a Chamorro y Dominiquín...

(9) Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra (1765-1827). Doctor mexicano en teología. Cooperó con el movimiento de independencia.

(10) Inquisición. Cf. nota 4 a De don Servilio al clamor...