ADVERTENCIA A LOS LECTORES
PARA QUE NO SEAN BOBOS(1)

 

[Testamento de Napoleón Bonaparte]

 

 

Este papel es un engaña tontos, un saca medios(2) y, en fin, una chicharronada(3)impasable. Todo lo que contiene son sandeces, desatinos y discordancias; sin embargo de esta prevención, lo comienzo a escribir y me parece que ha de hallar más marchantes que Los paseos de la verdad.(4) Me he esmerado o me voy a esmerar en amontonar cuantas mentiras, incongruencias y despropósitos me vengan a la cabeza y estoy seguro de que no he de perder un real(5) en la impresión. Tan vulgo así es el vulgo; mas, adelante: a mí me pesa que haya tanto idiotismo; pero templará mi pesar el que lo compren muchos, aunque lo entiendan pocos y luego lo rompan todos. Es pues este gran papelote.

El Testamento de Napoleón Bonaparte, que dicen que dijo y otorgó ante su escribano de cámara el ciudadano Chambert.

Yo, Napoleón Bonaparte, hijo legítimo del padre que me engendró y de la madre que me parió, según me han dicho en Córcega, porque yo no lo puedo jurar, estando en mi entero juicio y gravemente herido en la ciudad de París, capital de las capitales de la Europa, a los 20 días del mes de junio de 1815, o sea 1º Mesidor del año veinte y tanto de la Era Francesa,(6) que no estoy ahora para cálculos cronológicos, porque otras veces me he visto muerto, pero de ésta creo que no escapo.

Declaro que fui casado y velado como un indio con madama Josefina,(7) con la que viví a gusto algún tiempo; mas habiéndome sa[lido más esté]ril que una mula, y advirtiendo que no me tenía cuenta su enlace por no tener suegro rico, la hice a un ladito, y me entronqué con la Casa de Austria, fiado en aquel refranete de que quien "a buen palo se arrima"; pero me salió el huevo huero, porque su padre de mi mujer se me volvió de espaldas a lo último, como buen suegro; pero, en fin, yo me casé con su hija, de cuyo matrimonio

Declaro: haber tenido un chico que crecerá si no se muere, y se llama Napoleoncillo.

Declaro: que no tengo que dejarle nada de la Francia ni de otras partes, porque nada era mío, y nadie tiene menos que testar que los reyes que han reinado como yo. Sin embargo, le dejo la ilustre sangre de su madre y sus abuelos.

Declaro: que pues mi señora mujer renunció al título de majestad como emperatriz de los franceses, le queda el de serenísima como infanta de la Austria.

Item declaro: que todas aquellas preciosidades con que yo enriquecí a la Francia pertenecen a varios gabinetes y museos de la Europa, y por lo mismo, y en descargo de mi conciencia, mando y encargo a la misma Francia las restituya a cuyas potencias son, demandólas ipso facto la recompensa de la ilustración que las ha dado y no niegan, pues hasta una vieja maestra de miga(8) merece su medio cada semana.

Item declaro: por bienes propios míos, y que a nadie deben nada, los inclusos en una cajita muy curiosa que me trajeron de América del Callejón de los Tabaqueros,(9) y la tengo escondida debajo de mi cama, de los que puedo disponer a mi arbitrio, y cuyas alhajitas son las siguientes: un huesito muy curioso, envuelto en un retazo de terciopelo de Italia, le dejo a la Europa para que tenga qué roer algunos años después de mis días.

Item dejo a la España un anteojo muy fino de larga vista para que, acordándose de mí, vea muy de lejos y con mucho cuidado a [...] y aliados; pues los más hombres de bien lo son hasta que quieren serlo, y ninguno puede asegurar el que no se torcerá alguna vez.

Item: La(10) pido perdón, por el paso en que me hallo, de los sinsabores que la causé y de la sangre suya que derramé; aunque en esto quién sabe cómo saldremos de cuentas, pues no fue poca la francesa que ella derramó: bien que de toda esta efusión yo tuve la culpa por haber emprendido una guerra tan injusta y ominosa; pero...

Declaro: que, aunque tan malo y emprendedor, no me hubiera determinado a ello si don Manuelito no me hubiese facilitado mis proyectos; pero ya se sabe que el codicioso y el tramposo pronto se conchaban.(11) Así salimos los dos: él tomó escapar sin blanca(12) y con un ojo menos de [la] Ma[dre Es]paña, [a quien] debo todo el principio de mi ruina; ¡tanto puede una nación guerrera cuanto trata de defender sus reyes, religión y libertad!

Item dejo un par de atados de papeles. En unos me han celebrado por grande, benemérito, sabio, sagaz, intrépido, omnipotente, etcétera, y en otros me han tratado de impío, usurpador, ladrón, infiel, hereje, tirano y condenado. Estos dos batolanes los dejo a todos los monarcas y grandes señores para que como en un espejo vean en qué paran los elogios de los hombres, y cuánto sabe variar el mundo en sus vicisitudes.

Últimamente: dejo mi fama, mi nombre y mi vida a los poetas e historiadores para que hagan de todo ello los brodios(13) que se les antoje. Asegurado que hablarán y escribirán tanto sobre mí, y me levantarán tales testimonios, unos por bien y otros por mal, que si resucitara de aquí a cien años, yo mismo me divertiría con mi vida, creyendo que era de otro. Tal estará de adulterada.

Declaro: por mis albaceas a mis hermanos Jerónimo y José, encargándoles que si les dan alguna Elba, la reciban y no se metan en más, pues reinar por reinar mejor es reinar dentro de casa que en campaña.

Pido perdón a todo el mundo de los daños que le hice y de la cizaña que metí en él, encargándoles a todos que no revoquen esta mi disposición testamentaria, ni me olviden en sus oraciones. Firmado


Napoleón Bonaparte.

Ante mí: el Citoyen Chambert.

 


 

(1) El primer dato sobre este escrito fue publicado por James McKegney en Historiografía y Bibliografía Americanistas, vol. XXI (Sevilla, 1977), p. 4. A su vez, Nancy Vogeley lo publicó como Testamento de Napoleón Bonaparte. A Manuscript by José Joaquín Fernández de Lizardi. "Dieciocho Hispanic Enlightement", en Aesthetics and Literary Theory, vol. XIII, núms. 1-2, Trinity College, Hartford, Spring-Fall, 1990, pp. 84-89). Vogeley lo encontró en el Department of Printed Books de la British Library catalogado junto a otros escritos de Lizardi. Se trata de un manuscrito anónimo plausiblemente atribuible a Lizardi. Publicado en José Joaquín Fernández de Lizardi, Obras XIV-Miscelánea, bibliohemerografía, listados e índices, recopilación María Rosa Palazón Mayoral, Columba Camelia Galván Gaytán y María Esther Guzmán Gutiérrez, edición y notas Irma Isabel Fernández Arias, Columba Camelia Galván Gaytán y María Rosa Palzón Mayoral, índices de María Esther Guzmán Gutiérrez, prólogo de María Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 1997 (Nueva Biblioteca Mexicana, 132), pp. 131-134. En la edición universitaria se incluye el facsímile del manuscrito.

(2) medios. Un medio valía seis y medio centavos de peso.

(3) chicharronada. Fatuidad. Se llamaba chicharrón a la persona que adulaba servilmente a otra.

(4) Los paseos de la verdad aparecieron en los números 18 a 22 de la Alacena de Frioleras, correspondientes al 3, 23, 25 y 29 de agosto, y al 1º de noviembre de 1815; el subtítulo de Los paseos reza: A imitación de los que el doctor Villaroel hizo entre sueños con el fantasma de don Francisco Quevedo. Cf. Obras IV, op. cit., pp. 103-125. Esta cita hace sospechar la autoría de Lizardi de este documento.

(5) real. Cf. nota 11 a Consulta que un payo hizo al autor.

(6) Era Francesa. Se refiere al Calendario Republicano Francés, que tuvo vigencia entre octubre de 1793 y septiembre de 1805. Tenía doce meses de treinta días; comenzaba en 22 de septiembre, con el mes vendimiario (de la vendimia), terminaba el 16 de septiembre, con el mes fructidor (de los frutos); los cinco días sobrantes, llamados epagómenos o sansculótidos, se dedicaban a fiestas. La fecha 1º mesidor es, en el calendario republicano, el 19 de junio y no el 20, como aparece en el manuscrito. Si ese calendario estuviera vigente en 1815, correspondería al año 22 de la era francesa. Véase www.elalmanaque.com/calendarios/cal-republicano.htm

(7) Alusión a María Josefa Tascher de la Pagerie.

(8) miga. Por de amiga. Escuelas de las primeras letras para niñas de seis o siete a diez años, donde se les enseñaba a leer en el silabario, un poco a escribir, las cuatro operaciones aritméticas elementales, doctrina cristiana y, lo más del tiempo, a coser, remendar, tejer, bordar y algo de "buenos modales".

(9) Callejón de los Tabaqueros. Se abrió entre las casas del Colegio de Porta Coeli y el Convento de las Recogidas "para obviar y atajar la 'indecencia que podría presentar en estar contiguo pared enmedio los dichos colegio y monasterio.' Y aquí tiene usted el origen del Callejón de Tabaqueros, el que probablemente se llamó en el siglo XVII, de las Recogidas, más tarde de Balvanera y por último, el que conserva hasta nuestros días, pudiéndose llamar, con más propiedad, de Tabaqueras, toda vez que eran mujeres las que trabajaban en él". Nicolás Rangel, "Colegio de Porta Coeli y Callejón de Tabaqueros", en Luis González Obregón, Las calles de México, II: Costumbres de otros tiempos, México, Imprenta de don Manuel Sánchez, 1927, p. 165. Todavía lleva el mismo nombre. Está ubicado entre República de El Salvador y Corregidora, en el primer cuadro de la ciudad, cerca del Palacio Nacional.

(10) Cf. nota 4 a Respuesta de El Pensador al Amigo Visitante.

(11) conchaban. Se confabulan. Significa entenderse con una persona, ponerlo de su parte por medio de agudeza o de cohecho. Santamaría, Dic. mej.

(12) sin blanca. Sin dinero. Originalmente blanca era una moneda de vellón.

(13) Por "bodrios".