A TI TE LO DIGO NUERA, ENTIÉNDELO TÚ MI SUEGRA

 

O sea satisfacción que El Pensador Mexicano da al muy reverendo padre maestro fray Manuel Cueva, religioso de l[a] orden de nuestro

padre San Agustín, por la cólera que hizo con su papel titulado:

Mañas viejas y gobiernos nuevos(1)

 

 

La tarde del 22 del presente se apareció en la imprenta del ciudadano Cabrera el reverendo padre maestro susodicho y teniendo en la mano un papel mío igual a otro que el día 20 se llevó de coca.(2) Su reverencia estaba hecho un Bernardo,(3)echando periquitos(4) contra mí delante de seis oficiales de la casa y diciendo: queyo era un hereje y un masón, un ladrón y un pícaro; habiéndole dicho uno de los oficiales de la casa, después de mucho que habló, que era bueno que me impugnara con la pluma y no que hablase a mis espaldas, dijo que: él me impugnaría a puñaladas, y otras tantas gasconadas(5) iguales.

Toda esta cólera fue porque dije que en mi opinión sería bueno que todos los fueros se redujeran a uno que fuera el de hombre de bien, que los eclesiásticos sin perder nada de las distinciones que gozan como ministros del santuario, se nivelaran ante la ley con el resto de los ciudadanos, y todo lo demás que consta en mi referido impreso. Esto fue lo que movió la cólera magistral del padre Cueva para injuriarme y calumniarme en público. Yo soy un pobre lego que apenas conozco la O por lo redonda; pero me hallo obligado en conciencia a ejercitar con su paternidad muy reverenda dos obras de misericordia, de las cuales la primera será enseñar al que no sabe.

La libertad de la imprenta nos faculta expresamente para manifestar nuestras ideas políticas; y así, manifestando yo en mi papel las mías, en nada ofendo ni al venerable clero en lo general, ni a su paternidad en lo particular. Platón, Aristóteles, santo Tomás de Aquino, Tomás Moro, el padre Causino, el ilustrísimo Fenelon(6) y otros idearon sus repúblicas y sus gobiernos sin que por esto merecieran las notas de herejes, ladrones, pícaros ni masones con que me ha honrado el reverendo Cueva.

¿Ni qué agravio se pudiera inferir a los eclesiásticos virtuosos en la hipótesis de que se les quitara el fuero? El hombre de bien, el virtuoso, el pacífico y subordinado a las leyes no necesita para estar seguro ningún fuero. ¿A que no se incomodan conmigo por este papel un... m[ontón] de sacerdotes ejemplares que honran nuestra federación? Luego, el manifestarse quejosos cuando se trata de que no haya distinción de fueros para que los de mala conducta no abusen de ella, es tomar una parte nada honrosa a los mismos que se quejan. Si un médico propone al gobierno que se extraigan de la ciudad a todos los lazarinos(7) sin distinción de persona, y el reverendo Cueva declama furiosamente contra el tal médico, como declamó contra mí, es menester que digamos que algo le duele a su reverencia, y que si no está lazarino, estará antonino(8) cuando menos.

Es menester enseñarle que ese fuero y los demás privilegios temporales han sido gracias y donaciones de los reyes, y no instituciones apostólicas. San Pablo, cuando lo querían azotar, no reclamó el fuero de sacerdote, ni el de obispo, ni el de apóstol; sólo alegó, y le valió, el de ciudadano romano. Jesucristo mismo se sujetó a los jueces de la tierra, y fue juzgado y sentenciado no por la ley de Moisés, sino por Poncio Pilato, presidente de Judea, siendo lo más notable que, diciéndole este juez que él tenía poder para salvarlo o condenarlo, le respondió el Señor: “Ningún poder tuvieras sobre mí si no se te diera de lo alto”, que fue como decirle: los jueces de la tierra tienen un poder dimanado de Dios sobre los sacerdotes, lo que san Pablo confirma en su Epístola Trece a los Romanos,(9) que yo quisiera leyera el padre maestro muy despacio. Unos testimonios tan auténticos prueban que nada nuevo ni escandaloso fuera a la Iglesia de Dios el desafuero de los eclesiásticos y su entera subordinación a las leyes civiles, como cualesquiera otros ciudadanos. Sin embargo, pierda cuidado el reverendo padre maestro, que tarda[rá]n muchos años para que mi opinión se llegue a realizar: tiene muchos contrarios que pugnarán cuanto puedan para que no se extienda el proyecto. Ahora semejante reforma tendría todo el aspecto de herejía entre los fanáticos, y se presentarían más dificultades para ponerla en práctica que las que se presentan para remover de México los Supremos Poderes de la Federación;(10) con que pierda cuidado el padre maestro, pues se irá bien aforado a la sepultura. ¡Plegue a Dios que allá respeten su fuero los gusanos!

La otra obra de misericordia que quiero ejercitar con su paternidad, y enseñársela, es el perdonar las injurias. Desde luego y en calidad de por ahora, le perdono las atroces que me ha hecho; pero repito que en calidad de por ahora, pues si otro día supiere yo que se ha producido contra mí tan cáustica y públicamente como lo hizo la tarde del 22 citado, desde ahora para entonces le protesto que usaré del remedio de la ley, y a fe que con todo su fuero no le han de venir las botas muy holgadas. Sí, ya ante ella sabremos si por sacerdote o fraile tiene alguna ley o canon, cédula o decretal que le conceda el brillante privilegio de calumniar, insultar y denigrar la conducta de cualquier ciudadano, sea el que fuere. Por el contrario, ante la ley y en tela de juicio le haremos que pruebe las calumnias; y de no, repetiremos en pro de nuestro honor cuanto nos permita la misma ley, y su paternidad muy reverenda sufrirá la pena que ésta impone a los infamantes y detractores.

Por ahora y por caridad le digo que su conducta en esta parte no es conforme ni con la doctrina de Jesucristo, ni con los ejemplos de los apóstoles, ni con los preceptos de los padres de la Iglesia; antes sí, eternamente opuesta. El sacerdote es la luz del mundo colocada sobre la eminencia de un monte, y por eso su conducta es del todo visible. Debe, por tanto, ser ejemplar y modelo de las virtudes morales y cristianas: no ebrio, no incontinente ni disipado, no provocativo ni obsceno, no calumniador ni impostor, no soberbio, orgulloso ni vengativo, sino, antes bien, sobrio, casto, atento, afable, humilde, comedido, siempre amigo de todos, pronto a perdonar sus injurias, amante de la paz y caridad, reconciliador, no sólo de los hombres con el Eterno, sino de todos entre sí; en una palabra, el sacerdote debe ser lo que dice su nombre, una persona sagrada, santa, inmaculada, irreprensible; lo que no sea esto, no es ser sacerdote, sino en el nombre, y abusar del sagrado carácter espiritual para desarrollar sin freno las pasiones. Cuando mediante este papel sepan los ingleses y fra[n]cmasones(11) que viven con nosotros, el proceder del padre Cueva no es regular que digan: ¿si así proceden los padres maestros de la religión de estos católicos romanos, cómo procederán los aprendices? Conjuro pues al reverendo padre por su carácter, por el honor de su santo hábito y por el de la misma religión que profesamos, que se abstenga otra vez de producirse contra nadie en unos términos que lo desacreditan con vergüenza, y que, si es sacerdote, se acuerde que vos estis sal terrae. Quod si sal evanuerit, in quo salietur?, ad nihilum valet ultra nisi ut mittatur foras et conculcetur ab hominibus,(12) lo que dejaremos en latín para que no lo entiendan todos.

 

México, y lo dicho, junio 24 de 1824.


El Pensador.


 


(1) Oficina Liberal a cargo del ciudadano Cabrera [Cf. nota 1 a Mañas viejas…]. A ti te lo digo nuera, entiéndelo tú mi suegra. Variantes: “A ti te lo digo, mi hija, entiéndelo tú, mi nuera”; “a ti te lo digo, hijuela, entiéndelo tú, mi nuera” Se usa cuando hablando con una persona, se reprende indirectamente a otra para que lo entienda y se corrija. Darío Rubio, Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, México, s.e., 1937 (Estudios Paremiológicos).

(2) de coca. De balde, de gorra. Santamaría, Dic. mej.

(3) hecho un Bernardo. Hecho una furia. Jack Emory Davis, Estudio lexicográfico de El Periquillo Sarniento, Ann Arbor, Michigan, Tulane University 1956 (Doctoral Dissertation Series. Publication no. 16,579), p. 19.

(4) echando periquitos. Hablando locuazmente. Santamaría, Dic. mej. Aunque también hablar mal o mandar a la porra. “Tu tío, un clerisonte viejo, fanático y majadero a prueba de bomba, a quien yo hubiera echado al perico tiempos hace”, esto aparece escrito por Fernández de Lizardi en Don Catrín de la Fachenda, en Obras VII-NovelasLa educación de las mujeres o la Quijotita y su prima. Historia muy cierta con apariencias de novela. Vida y hechos del famoso caballero don Catrín de la Fachenda, recop., ed., notas y estudio preliminar de María Rosa Palazón Mayoral, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios, 1980 (Nueva Biblioteca Mexicana, 75), p. 553.

(5) gasconadas. Gasconada es un hecho o dicho propio de los gascones, pero, en sentido figurado, se dice también de una exageración o fanfarronada.

(6) En las Conversaciones del Payo y el Sacristán, tomo II, núm. 16, cita los mismos legisladores y utopistas (Obras Vop. cit., p. 415). En El Hermano del Perico que cantaba la Victoria, número 2, y aquí agrega a Nicolás Causino, cuyo libro La corte santa fue traducido del francés por Francisco Antonio Cruzado y Aragón, Madrid, 1964, 13 volúmenes en 4o (ibid., p. 38).

(7) lazarinos. Que padecen el mal de san Lázaro, a saber, la elefancía o lepra que pone la piel parecida a la de un elefante.

(8) antonino. Erisipela maligna. Por otra parte, el fuego de san Antón es la elefancía.

(9) Cf. nota a a Mañas viejas...

(10) Federación. Cf. nota 16 a La tragedia de los gatos...

(11) francmasones. En 1806 “fue fundada la logia ‘Arquitectura moral’ en la calle de las Ratas, hoy 7ª de Bolívar en la que habitaba el regidor del Ayuntamiento Manuel Luyando. Ahí vieron la luz masónica Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Galeana, Aldama y otros esforzados patriotas.” Ramón Martínez Zaldúa, Historia de la masonería en Hispanoamérica, 3ª ed., México, B. Costa-Amic Editor, 1968, p. 56. En 1825 se crea el rito de York contra escoceses, partidarios de la república central éstos y aquéllos de la república federada. Los primeros miembros de masonería yorkina fueron generales y coroneles antiguos partidarios de Iturbide que abandonaron las logias escocesas. El ministro de Hacienda Ignacio Esteva también cambió de logia para ser fundador de la masonería yorkina.

(12) Mt. 5, 13. “Vosotros sois la sal de la tierra y si la sal se hace insípida ¿con qué volverá el sabor? Para nada sirve ya sino para ser arrojada y pisada por la gente.”