A LOS SORDOS SE LES GRITA Y AL GOBIERNO SE LE INCITA,
O sean
Nuevas medidas de precaución contra la maldita Liga(1)
El día 18 de éste abortó la imprenta de Cabrera(2) un mamarracho anónimo titulado:Fuera del mando el gobierno que nos entrega a la Liga.(3)
Además de lo fraudulento del título es altamente injurioso al supremo gobierno, pues se vio desacreditado públicamente, a voz en grito, por las calles, asegurandoque nos quiere entregar a la Liga, y que conviene despojarlo del mando. Si ésta no essubversión y sedición, yo no sé qué nombre darle, sin que le valga al autor de esta infeliz producción decir que puso el título irónicamente, pues que la gente vulgar que no lee, oye. Y ¿qué juicio se formará el pueblo del gobierno a quien a gritos se le dice que es un traidor y que quiere entregarnos a la Liga? Los vulgares de fuera de México, aunque salieron el día 19 de éste para sus tierras,(4) y el 18 oyeron gritar tamaña impostura contra el gobierno, ¿qué harán? Decir por todas partes: en México ya se grita por las calles que el gobierno quiere entregarnos a la Liga; ytales especies, propagadas entre las pobres gentes de los pueblos, que no saben leer ni criticar, ¿no producirán un odio mortal contra el gobierno, capaz de degenerar en un rompimiento tumultuario? Pues a esto ha dado lugar el título del folleto en cuestión.
Su infeliz autor no desempeña, por supuesto, el título, y sólo trata de insultar a los escritores que anhelamos porque el gobierno viva prevenido contra sus enemigos, adularlo bruscamente e inspirarle, y al pueblo una confianza criminal, suponiendo imposible el que la España, protegida por la Santa Alianza, trate de reducirnos a su antigua dominación.
Si me fuera el autor desconocido, creería que era algún enemigo pagado para trabajar en adormecer al gobierno en la cuna de la necia confianza.
Pero no: yo barrunto quién es el autor, y no le quiero hacer un cargo criminal. La hambre no juega, y es preciso espiar las circunstancias para pillar los medios a los bobos, aunque sea con títulos injuriosos, fraudulentos y disparatados, como Ni con condenarse paga don Vicente Filisola(5) que se vayan los ingleses como potros encohetados, etcétera.
Por tanto, veremos esta infeliz producción más como arbitrio instigado por la necesidad, que como un deseo de que el enemigo nos sorprenda; y si el autor quiere que nos entendamos muy despacio, que se firme, porque mala causa defiende el que teme firmar sus producciones, y es una tontería contender literariamente con enemigo que se oculta. Esto se llama reñir con una sombra.
Protesto que no he de cesar de incitar al supremo gobierno, y demás autoridades de los Estados, a fin de que no se dejen engañar con la vana confianza que les inspiran los enemigos de nuestra libertad, sino que ponga en práctica cuantas medidas pueda de precaución a fin de evitar una sorpresa.
Cuando la patria peligra, todo el mundo debe acudir a socorrerla. El soldado con su espada, el escritor con su pluma, el sacerdote con su palabra, el rico con su dinero; y todos, si fuere necesario, con sus personas deben a competencia esforzarse a hacer efectivos cuantos sacrificios se crean indispensables para sostener su libertad. Ellos serán todos pequeños después de haber sido tan grandes y costosos los que la América sola, sin auxilio y sin apoyo, hizo con asombro de mundo valiente, en el breve espacio de doce años,(6) por conseguir su independencia.
Después de tanto heroísmo, ¿seremos tan indolentes, por no decir tan cobardes, que podamos exponernos ni remotamente al peligro y la imponderable desgracia de volver otra vez a las cadenas? ¡Ah!, esta degradación, esta bajeza sólo puede temerse de las almas viles y pérfidas en grado heroico. Mas, como por desgracia, no faltan entre nosotros quienes, avezados al yugo y desconociendo el precio de la libertad, suspiren todavía en lo secreto por las carnes y cebollas del Egipto, es indispensable que oportunamente se tomen por el gobierno todas las precauciones conducentes a desvanecer sus esperanzas. Yo no puedo creer que los supremos poderes duerman en medio del peligro, ni se les oculten los medios más acertados y eficaces para evadirlo; y, por lo mismo, al proponer las medidas que aquí apunto, estoy muy lejos de pretender enseñarle al gobierno lo que deba hacer. Mi única intención es contribuir, en cuanto esté a mi corto alcance, a la consecución de un fin tan loable. Con este noble objeto me tomo la libertad de exponer las medidas que a mi juicio será muy conveniente hacer en las presentes circunstancias.
Primera: que el Soberano Congreso(7) haga un manifiesto a la nación sobre la injusticia de la empresa de los ligados, y la obligación de resistirla con servicios personales y pecuniarios.
Segunda: que a ningún extranjero se le deje saltar en tierra, aunque tenga todos los requisitos de las leyes, sin obligarse primero, bajo la pérdida de sus bienes, a unirse y pelear cuando fuere llamado contra los enemigos interiores y exteriores de la federación.
Tercera: que se obliguen por el gobierno eclesiástico, a todos los curas y vicarios fijos de los Estados y territorios, a publicar en la misa el manifiesto referido, y a todos los predicadores a apoyarlo en sus sermones.
Cuarta: que se declaren vacantes ipso facto, todos los beneficios simples y curados de los que directa o indirectamente prediquen a favor de la Liga, o de cualquier modo contrario a la independencia, libertad y sistema federal, bastando para esta declaración la deposición de dos testigos intachables.
Quinta: que la anterior declaración se haga extensiva a todos los empleos de las personas que en cualquier ramo y rango sirven a la nación, inclusos los diputados y senadores, con sólo que sean convictos de infidelidad por sus conversaciones privadas.
Sexta: que los eclesiásticos de ambos cleros (inclusos los curas) que se explicaren en contra en sus sermones, o conversaciones privadas, puedan ser inmediatamente presos por el justicia del lugar, y remitidos al superior gobierno de su Estado para que se les señale lugar de confinación perpetua, o se les apliquen otras penas mayores a que haya lugar, según la gravedad de su delito.
Séptima: que se obligue al gobierno eclesiástico a privar de las licencias de confesar a los sacerdotes, aunque sean curas, que sean sospechosos de infidencia, a juicio del mismo gobierno o del supremo de cada Estado.
Octava: que todo habitante de la federación que hiciere alarma o conspiración como cabecilla, surta o no efecto su maquinación, se fusile dentro de cuatro de [sic] días a lo más o antes; y los cómplices no cabecillas se pongan en estrecha prisión hasta concluir sus causas, siendo responsables de la pronta ejecución de ésta y las anteriores medidas los respectivos jueces militares o civiles que reciban la acusación.
Novena: que sean excluidos para siempre de la gracia de indulto los que hicieren armas contra la nación o acompañaren a sus enemigos en expediciones; pues como tales deben o morir o sufrir el destierro perpetuo irremisiblemente.
Décima: que las mujeres e hijos de los habitantes de la nación que tengan opción a montepío,(8) la pierdan totalmente en el hecho de cometerse la infracción por el sujeto a quien se descuenta.
Undécima: que todos los Estados y territorios cuyos términos sean litorales al seno mexicano, se dicten oportunamente, por sus gobiernos, las providencias más suaves y eficaces para obligar a los vecinos de las otras a retirar de ellas, hacia dentro más de doce leguas, todos sus ganados y semillas, especialmente las que tengan en los puntos más accesibles al desembarco.
Duodécima: que se proceda, desde luego, al armamento de la milicia cívica, y al complemento del número de cívicos que debe haber en cada pueblo, instando fuertemente en adiestrarlos en el ejercicio y manejo de las armas, y pagándoles de cuenta del comercio, agricultura y personas pudientes.
Decimotercia: que se obligue a todos los prelados de las religiones a recoger en sus respectivos conventos, colegios o misiones, a todos los religiosos que anden dispersos en el territorio de la federación, aunque sean demandantes o administradores de fincas rústicas o urbanas; los cuales, sin licencia del supremo gobierno, no podrán pasar del convento a que pertenezcan a establecerse a otro distinto; entendiéndose suspensas las licencias de vacaciones (aun cuando estén usando de ellas) desde el día en que se notifique esta providencia por los prelados, en lo que se reencarga la puntual y pronta ejecución, hasta que el supremo gobierno declare otra cosa.
Decimocuarta: que se pida por el gobierno de cada Estado, al eclesiástico, lista de los curas que estén fuera de sus curatos, expresando el motivo y el lugar de su separación; y se le intime los estreche a volver cuanto antes a sus feligresías, de las que no se separarán sin licencia del gobierno respectivo, previo informe de sus prelados; quedando, así como los regulares contenidos en el artículo anterior, sujetos a las determinaciones del supremo gobierno federal en caso de contravención.
Decimoquinta: que los prelados eclesiásticos, para llenar los huecos que deben dejar los presbíteros regulares en el servicio de los curatos, obliguen a encargarse de él a los clérigos residentes en las ciudades, pueblos, villas y lugares menores, en donde no sirven ningún empleo o destino público, a fin de que no falte a los fieles el repartimiento del pasto espiritual.
Respetuosa incitación
Padres de la patria, supremo gobierno de la federación, autoridades todas de la República, yo os exhorto y conjuro, a nombre de ésta, a que trabajéis infatigablemente en la conservación de la libertad, en independencia [sic] que la nación os ha confiado. No creáis la decantada impotencia de la España, pues que ésta desaparecerá luego que la Francia y la Rusia protejan sus intentos. Advertid que las fragatas y buques nuevos que construyen y están construyendo, así como las expediciones que han remitido y están manteniendo en La Habana y las Antillas, no se hacen sin dinero y... ¿por qué me atrevo a hacer advertencia a un gobierno a cuya frente están sujetos de talentos y de capacidad superiores?
Bien que si todo lo advertís, debéis estar alerta y poner todos los remedios de precaución que estén a vuestro alcance; estad prevenidos, no sea que os suceda lo que a las vírgenes necias del Evangelio, que se descuidaron en comprar aceite, y a la hora de la venida del esposo se hallaron con las lámparas apagadas, y fueron excluidas vergonzosamente de las bodas.(9)
Los preparativos para la guerra deben hacerse en la calma de la paz. En la hora del combate ya no es tiempo. La falta de disposiciones preventivas aumenta los peligros, éstos, el temor, y el temor, la confusión y el desorden.
Las casas se cierran no porque el ladrón esté enfrente, sino porque cuando llegue casualmente, se halle imposibilitado de entrar.
Ninguna precaución está por demás en las actuales circunstancias, ni nada vamos a perder con prevenirnos para recibir al enemigo. Si éste jamás pensare en invadirnos, señal de que nos respeta, y hemos triunfado sin pelear; pero si como se teme, viene, que se encuentre con miles de bayonetas que vencer, y miles de obstáculos que no le sean fáciles de superar.
De esta manera, nuestro pabellón se hará respetable, nuestra Independencia se afirmará, y vuestros nombres pasarán a la posteridad llenos de gloria.
México, abril 21 de 1826.
El Pensador.
(1) México: 1826. Oficina de la Testamentaría de Ontiveros [Cf. nota 1 a La tragedia de los gatos...]. Liga. Cf. nota 27 a La tragedia de los gatos...
(2) Imprenta de Cabrera. Cf. nota 1 a Mañas viejas...
(3) Fuera del mando el gobierno que nos entrega a la Liga. Fernández de Lizardi lo citará, atribuyéndoselo a Rafael Dávila, en Preguntas interesantes...
(4) Cf. nota 46 a La tragedia de los gatos... y nota 13 a Segunda zurra...
(5) Vicente Filisola. Cf. nota 36 a Se le quedó...
(6) Cf. nota 12 a Verdades peladas...
(7) Congreso. Cf. nota 8 a La tragedia de los gatos...
(8) montepío. Depósito de dinero, formado ordinariamente de los descuentos hechos a los individuos de un cuerpo, o de otras contribuciones de los mismos, para socorrer a sus viudas y húerfanos. De esta prestación gozó, durante los meses que le quedaron de vida, María Dolores Orendáin, viuda de Lizardi, por habérsele descontado de su salario de capitán retirado la cantidad correspondiente.