A LAS VALIENTES TROPAS DEL EJÉRCITO IMPERIAL
MEXICANO DE LAS TRES GARANTÍAS(1)

 

Soldados:(2) nada más santo que proteger la religión católica; nada más natural que amar la patria. He aquí en dos palabras la justicia de la causa que defendéis, vuestra religión, vuestra libertad y vuestro suelo.

No nosotros; la España misma, la Europa toda, conocen y confiesan nuestra justicia. Todo español despreocupado une con el extranjero su imparcial voto al de nuestra nación gloriosa; el grito santo de la libertad ha resonado por todas las bóvedas del orbe. El hombre nació para ser libre según la ley; a nadie se le ha dado el poder de sojuzgar a los demás por los medios de la opresión y de la fuerza; los derechos de la naturaleza son imprescriptibles; los de conquista son los derechos del ladrón; los tiempos señalan las costumbres, las leyes y gobiernos, según las vicisitudes de los pueblos; la América, para ser feliz, es necesario que se emancipe de la España, y ésta, para que reflorezca, es preciso que acceda a nuestra pretendida emancipación. Sólo de esta manera podrán auxiliarse mutuamente y hacer la felicidad de ambos continentes.

Estas verdades son evidentes y están al alcance de todo racional. En el augusto salón de las Cortes se han escuchado con aplauso, y las prensas de España las han estampado libremente.

Sólo el gobierno de México parece que no quiere entender el idioma de la razón, y, desatendiendo nuestra justicia, so color de fidelidad al rey que hemos jurado, quiere llevar a fuego y sangre lo que se podía ajustar por medio de negociaciones políticas y legales.

Ningún monumento pierde el gobierno, ningún arbitrio le parece bajo cuando trata de impedir los progresos de nuestra gloriosa reconquista. Pero en estos mismos está manifestando su debilidad y su impotencia.

Soldados: se os trata de seducir por medio de un vil interés y de unas ofertas que jamás tendrían cumplimiento por la escasez de numerario en que se halla el gobierno caduco.

Apoderado el Ejército Imperial de todas las provincias del reino,(3) extinguidas las gabelas arbitrarias que pasaban sobre ellas, tributados al mismo Ejército los impuestos justos que percibía, en una palabra, sin tropas, sin contribuciones, sin metálico, y lo que es más que todo, sin opinión, ¿con qué auxilios cuenta el gobierno para llevar al cabo sus pretensiones y realizar sus promesas seductoras?

Diráse que cuenta con los caudales de los buenos, pero éste es un cálculo equivocado. En todas partes abundan los egoístas; a éstos les es sensible cualquiera sacrificio pecuniario, y, a la vuelta de un mes, después de haber gastado inútilmente un millón de pesos, se cansaría, retirarían sus donativos y el gobierno recaería en la presente languidez.

Pero aún suponiendo en los ricos enemigos nuestros una constancia heroica, unos caudales infinitos y una nueva generosidad en desprenderse de ellos, ¿se podrá persuadir al gobierno a que nuestras tropas se componen de manadas de esclavos viles, que quieran venderse y vender a su patria por el ratero interés de veinte pesos?

Soldados: veis aquí uno de los últimos agravios que se os hace, considerándoos ruines y capaces de vender a vuestra patria.

Soldados: cualquiera de vosotros es un héroe, porque sufrís con constancia las fatigas y las penalidades de la guerra; peleáis con ardimiento y con valor por la más santa de las causas, esto es, por hacer libre a vuestra patria. Nada tenéis que envidiar a los antiguos griegos y romanos, ni a los modernos americanos y españoles. Éstos presentaron sus pechos a la muerte por llevar a sus patrias la libertad, y así hicieron sus nombres inmortales, ¿y vosotros peleáis por otra cosa?

Soldados: se acerca demasiado pronto el día de vuestras glorias. Vuestros jefes se apresurarán para premiaros, y la nación entera cantará mil himnos de gratitud a sus beneméritos defensores.

Pero si a la vista del premio que dignamente merecéis, si al tiempo mismo en que os vais a llenar de gloria y a ceñir vuestras heroicas sienes con los laureles del triunfo y la victoria, aún se hallare por desgracia alguno de vosotros tan ruin y tan cobarde, tan vil y tan traidor que piense comprar la esclavitud de su patria, pasándose a las banderas enemigas, no tiene que hacerlo ocultamente. Dé tres pasos al frente, en inteligencia de que no sólo no se le hará la más mínima injuria, sino que bajo nuestra palabra de honor les ofrecemos el mejor salvoconducto y el suficiente socorro para que marchen, seguros de que muy breve los traerá su delito a nuestras espadas vencedoras.

Pero no: lejos de nosotros semejantes sospechas temerarias, cuando estamos seguros de que ni uno de vosotros es capaz de pensar con tanta villanía, ni querrá hacerse indigno del nombre americano.

Soldados: poco falta; caminad con vuestra valiente intrepidez a salvar a la patria por la senda de la virtud y de la gloria. ¡Ah!, ¡con qué satisfacción oiréis gritar en México y en todo el reino, luego que os vean: "Éstos son lo soldados de Iturbide, éstos los restauradores de nuestra libertad y los heroicos defensores de la patria"!

Corramos, soldados valientes, corramos con constancia a coronarnos de triunfos; y pues la religión, la unión y la patria se interesan en ellos. ¡Viva la religión! ¡Viva la unión! ¡Viva la patria!

Soldados: vuestros compañeros de armas que tienen el honor de mandaros.

Luis Quintanar,(4) Anastasio Bustamante(5) Rafael Ramiro(6) y todos vuestros jefes y oficiales.


NOTA

A no verlo, apenas puede creerse el entusiasmo y decisión de las beneméritas tropas del Ejército Imperial Americano. El domingo 28 del presente se leyó la anterior proclama a los cuerpos de esta división y un desprecio generoso de las ofertas desgobierno de México, con las repetidas salvas de: ¡Viva la religión, la unión y la patria!, fue la respuesta de una tropa digna de haber vivido en los tiempos de los vencedores del mundo.

 

Tepotzotlán,(7) julio 31 de 1821.


J[osé JoaquínF[ernández de] L[izardi].

 

 


(1) Tepotzotlán, Imprenta Portátil del Ejército, y por su original en la Puebla, en la de don Pedro de la Rosa, 1821.

(2) Ejército Imperial Mexicano de las Tres Garantías. O Ejército Trigarante. Lo integraron las fuerzas de Iturbide y Vicente Guerrero. Las Tres Garantías que defendían eran: Unión, Independencia y Religión. En la Proclama de don Agustín de Iturbide lanzada en Iguala el 24 de febrero de 1821, más conocida como Plan de Iguala, dice: "16. Se formará un Ejército protector, que se denominará de las Tres Garantías, y que se sacrificará del primero al último de sus individuos, ante la más ligera infracción de ellas. 17. Este Ejército observará a la letra la Ordenanza, y sus Jefes y Oficiales continuarán en el pie que están con la expectativa no obstante, a los empleos vacantes y a los que se estimen de necesidad o conveniencia. 18. Las tropas de que se componga se considerarán como de línea y lo mismo las que abracen luego este Plan; las que lo difieran y los paisanos que quieran alistarse, se mirarán como Milicia Nacional, y el arreglo y forma de todas, lo dictarán las Cortes." Ernesto de la Torre Villar et al., Historia documental de México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 1964, tomo II, p. 147.

(3) "La propagación del Plan de Iguala fue rápida, cundió por todo el reino, y Valladolid, Guadalajara, Querétaro, el Bajío, Puebla y Oaxaca fueron ocupadas por las fuerzas trigarantes, en tanto que en México la guarnición destituía al virrey Apodaca para reemplazarlo con el Mariscal Novella, enemigo de la independencia, y el 30 de julio de 1821 desembarcaba en Veracruz O'Donojú con el nombramiento de Jefe Superior Político de la Nueva España, quien días después celebró con Iturbide en la villa de Córdoba, por los que 'desatando sin romper los vínculos que unieron a los dos continentes', se le ofrecía el trono a Fernando VII, o en su defecto a los infantes, y en caso de no admitir, al que las Cortes del Imperio designaran. Cercada la Ciudad de México tuvo lugar en Azcapotzalco una encarnizada batalla, en la que se derramó inútilmente sangre mexicana y que por fortuna fue la última de tan prolongada guerra. Chiapas, Tabasco y Yucatán proclamaron su independencia, las tropas trigarantes hicieron su entrada solemne en México el 27 de septiembre, y al día siguiente fue levantada y jurada el Acta de Independencia del Imperio Mexicano." Manuel B. Trens, Síntesis histórica de la nación mexicana, México, Archivo General de la Nación, 1954, p. 60.

(4) Luis Quintanar. Nació en San Juan del Río (Querétaro). Coronel realista que al final de la lucha se pasó al lado de los insurgentes. El 12 de octubre de 1821 era general de división. Murió en México el 16 de noviembre de 1837.

(5) Anastasio Bustamante (1780-1853). General mexicano que combatió al lado de los realistas en la primera etapa de la guerra de independencia. Después de la proclamación del Plan de Iguala se adhirió a los insurgentes.

(6) Rafael Ramiro. Cf. nota 9 a Ni están todos los que son...

(7) Tepotzotlán. Municipio del Estado de México. Sus límites son: Cuautitlán, Villa del Carbón, Huehuetoca, Tepeji del Río y Nicolás Romero.