DOI: 10.19130/coreecom.clh.2019

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Investigación

 

 

 

El estudio diacrónico del español americano ha cobrado reciente interés entre los estudiosos de la historia de la lengua española. Esto se puede advertir en numerosas investigaciones como las de Fontanella (1992), Lipski (1996), Frago (1999 y 2001), entre otros. Sin embargo, el estudio diacrónico del español novohispano ha venido siendo, desde los años ochenta, un foco de interés de la lingüística mexicana; baste mencionar el estudio de Juan M. Lope Blanch sobre el habla de Diego de Ordaz en 1985. De ahí que actualmente contemos en México con varios trabajos sobre el español colonial mexicano desde diversas perspectivas y con enfoques en los diferentes niveles de la lengua. Muestra de lo anterior son los trabajos sobre los Orígenes del español americano de Parodi (1995) o El español de México en el siglo XVI, Estudio filológico de quince documentos, publicado por Arias (1997), así como aquellos en los que se recopilan y editan documentos heterogéneos, como los Documentos lingüísticos de la Nueva España, editado por Company (1994); el libro Documenting Everyday Life in Early Spanish California, publicado por Perissinotto (1998), los Documentos para la historia lingüística de Hispanoamérica: siglo XVI a XVIII, compilados por Fontanella (1993), que incluye textos que corresponden a la Nueva España, entre otros.

A pesar de ello, hay que señalar que ninguno de los estudios realizados parte del origen: dialectos peninsulares que se trasladaron al Nuevo Mundo, ni de la permanencia de los colonizadores y conquistadores en zonas de tránsito y de espera, como Canarias y Cuba, ni tampoco de la conformación de diferentes zonas de asentamiento y de contacto con diferentes lenguas indígenas en territorio novohispano. Se ha olvidado que el español del Nuevo Mundo no sólo fue la adopción de un español peninsular (por lo más difícil de establecer), sino que en él han intervenido  diferentes factores lingüísticos, sociales e históricos.

De ahí que se considere que en el planteamiento de cualquier cuestión documental, enfocada hacia el estudio de la variación y el cambio de una comunidad lingüística (suficientemente amplia), deben considerarse parámetros no sólo geográficos o temporales, sino también de estratificación social y cultural. En otras palabras, dentro de una visión dinámica de la lengua es necesario abarcar toda la gama de variedades lingüísticas posibles. 

 

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