Artículo de divulgación

De la frágil permanencia de las lenguas

 

Cecilia Rojas Nieto

Centro de Lingüística Hispánica

Instituto de Investigaciones Filológicas

 

 

A diferencia de los restos arqueológicos, que nos permiten reconstruir aspectos de la cultura y la forma de vida de una comunidad ya desaparecida, la lengua es una de las más frágiles creaciones del ser humano. Los sonidos del habla se desvanecen en cuanto son producidos. El significado de palabras y construcciones no puede recuperarse cuando desaparecen los que saben interpretarlos. La tradición oral es la vía natural de permanencia de las prácticas lingüísticas de una comunidad: cuando la transmisión intergeneracional se interrumpe o los hablantes de una lengua desaparecen o abandonan su lengua, ésta sólo puede ser recuperada con un esfuerzo considerable y en forma parcial, aproximada, incierta. Si perdemos las claves de sus significados, sólo un golpe de azar como el descubrimiento de la Rosetta puede abrir una vía para descifrar sus signos en sí mismos mudos.

Los invaluables instrumentos de registro, como la escritura –en reducidas inscripciones, o en robustas colecciones de textos– son un medio a través del cual podemos atestiguar y mantener la huella de la existencia de una lengua y hacer que en cierta forma permanezca. Los medios audiovisuales de que ahora disponemos para documentar formas de vida y prácticas lingüísticas actuales, no pueden ser trasladados hacia el pasado. Si se trata de una tradición lingüística que no es más una lengua viva, solo podremos reconstruir su forma sonora de manera delimitada, sin la voz y las cadencias de sus hablantes.

Escuchemos como ejemplo lo que puede añadir a nuestra lectura en silencio la voz de Juan Rulfo a su relato “Luvina” de El llano en llamas:

El universo de sentidos que recuperamos de los textos literarios carecerá de las asociaciones que acompañaban su interpretación cuando los ahora silenciosos escritos formaban parte de una tradición viva (Steiner, 1995).

Diversidad en la logósfera[1]

Nuestra sensibilidad para pensar lo que significa la desaparición de una lengua se nutre de la reflexión sobre la pérdida de biodiversidad (Nettie y Romaine, 2000: 41-ss.). En la lingüística actual es casi un lugar común hacer el recuento de la creciente e inevitable desaparición de tradiciones lingüísticas y con ello de la creciente dificultad en responder a preguntas fundamentales en las ciencias del lenguaje: ¿cuáles son las características de una lengua humana posible?, ¿cuáles los límites de su diversidad? La respuesta se aleja de nuestro alcance en la medida en que desaparecen múltiples lenguas actuales; no digamos las incontables lenguas que han desparecido en la historia de la humanidad.

Actualmente, hablantes de las más diversas lenguas migran hacia el inglés, el chino mandarín, el hindi, el español; relegan su primera lengua –la que escucharon y aprendieron de sus madres y padres en su familia– al uso en escenarios reducidos e interlocutores definidos, hasta dejarla prácticamente en el olvido. En unos cuantos decenios habrán desaparecido las lenguas que actualmente se encuentran en el riesgo de ceder su hábitat a expansivas lenguas dominantes.

Las más de 7 mil lenguas que hablan los siete mil millones y medio de personas que pueblan la Tierra cuentan con un número de hablantes cabalmente inequitativo. A partir de recuentos sobre la situación asimétrica de las lenguas de nuestro planeta, basados en Ethnologue, se sabe que un puñado de lenguas tienen millones de hablantes y millares de lenguas tienen menos de 10 mil hablantes: el 78 % de la población mundial habla 85 lenguas mayoritarias, mientras que 3 500 lenguas minoritarias están repartidas entre apenas 8.25 millones de hablantes. Evans y Levinson (2009), en su recuento de la diversidad lingüística y su importancia para las ciencias del lenguaje y las ciencias cognitivas, nos advierten que cerca de 3 000 lenguas aún vivas están en peligro actual de formar parte del inventario de lenguas que alguna vez existieron. En general, lingüistas y antropólogos nos advierten que en el transcurso de este siglo podrían desaparecer casi la mitad de las lenguas del planeta. Como si se tratara de un reloj biológico, se señala que cada dos semanas desaparece una lengua al desaparecer el último de sus hablantes (Enfield, 2011).

A este respecto, las páginas de Ethnologue identifican de manera muy ilustrativa las diferentes lenguas y sus variedades en una escala que va de la permanencia y estabilidad a un riesgo creciente de desaparición. En esta ponderación, Ethnologue aplica como herramienta de medición EGIDS (del inglés: Expanded Graded Intergenerational Disruption Scale [Escala de la Gradual Interrupción Intergeneracional Extendida]). Se trata de una escala que combina varios criterios: a) el número de hablantes de la lengua; b) el reconocimiento y apoyo oficial que tenga en el país donde se habla; c) la extensión y ámbitos de su uso –como lengua internacional, nacional o regional, en los medios de comunicación así como en la educación y en una literatura vigorosa–; d) su estandarización y enseñanza como segunda lengua. Todos estos factores inciden en la estabilidad de una lengua y en conjunto perfilan su destino. Junto con ello, EGIDS pondera el grado en que la transmisión intergeneracional de una lengua se mantiene o se ha interrumpido. Desde este ángulo, una lengua puede considerarse en una situación estable cuando todos los niños de una comunidad la aprenden y la usan. En cambio, si esta transmisión se modifica, aun las lenguas que por otros criterios pueden considerarse estables pueden colocarse en situación de riesgo.

La presencia de un quiebre en la transmisión intergeneracional se puede observar en México en los resultados obtenidos para una pregunta del censo de población sobre cuántas personas de tres años o más hablan una lengua indígena. Reportes previos del INEGI (2009) indican que en la población infantil, el grupo de 5 a 9 años tiene un porcentaje de hablantes de lenguas originarias menor que el grupo de 10 a 14 años. La pirámide poblacional creciente se contrae al comparar estos dos cortes de edad, cuando se esperaría más bien que los índices de crecimiento poblacional se manifestaran en forma paralela al atender la replicación de las lenguas originarias entre los niños de la población indígena.

El fenómeno de este quiebre en la transmisión también se reporta en estudios más locales. Por ejemplo, en Santiago Mexquititlán, al sur de Querétaro, y en San Cristóbal Huichochitlán, poblado suburbano cercano a Toluca, se detecta una disminución gradual del otomí en el ámbito familiar y una transmisión entre generaciones cada vez más reducida (Bermeo, 2015; García Landa y Terborg, 2015). Estudios generados en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) ratifican y amplían este panorama. Este tipo de transmisión en los Altos de Chiapas expone los signos de desplazamiento lingüístico, situación general en distintas regiones indígenas de México y otros países de Latinoamérica (De León, 2013).

En lucha contra el tiempo

Ante este proceso de acelerada reducción de la diversidad lingüística, el interés por mantener el acervo de conocimiento de las lenguas posibles dirige a los lingüistas a estudiar las lenguas más vulnerables antes de que se pierdan para siempre y a incitar a nuevas generaciones a describir las lenguas que aún no se han estudiado. Es necesario tener una “destilación” –dicen–, una descripción más o menos aproximada de lo que todo hablante sabe de su lengua, a través de una gramática, un diccionario y la documentación –cuanto más amplia mejor– de relatos, canciones, mitos, conversaciones y todos aquellos decires que los hablantes consideren relevante proponer para su conservación (Evans, 2009). Además, ahora podemos recoger en audio y aun en video, la entonación y las actividades corporales que acompañan estrechamente nuestras actividades lingüísticas y resguardar las huellas de la interacción viva en una lengua en riesgo –aunque esto siempre sea un fragmento de lo que supone conocer una lengua, sus prácticas y tradiciones–. Sin embargo, la meta ideal de guardar un registro documental adecuado de cada lengua actualmente viva no cuenta con suficientes manos para llevar a cabo esta tarea frente al ritmo tan acelerado de la desaparición en curso. De no llevarse a cabo oportunamente, la noción de lengua posible y el conocimiento del alcance de la diversidad lingüística quedarán definitivamente reducidos ante la inevitable desaparición de las lenguas que están a punto de perder sus últimos hablantes.

Mapa lingüístico

De la transmisión cultural y la adquisición del lenguaje

Pero el escenario de la pérdida de una lengua no es solo un motivo o fenómeno por describir. Presenta un lado humano que lo vincula con las prácticas concretas de individuos concretos que son quienes hacen que una lengua exista y permanezca. Por eso resulta indispensable tomar conciencia de que una variable crítica para el mantenimiento de una lengua es la transmisión intergeneracional, continua y activa, de padres a hijos, y de los efectos de la cada vez más frecuente transmisión interrumpida, donde quizá los abuelos hablen la lengua entre ellos o con sus hijos –los padres de los niños–, pero éstos no hablan más a sus propios hijos en la lengua de sus padres.

Los estudios de adquisición del lenguaje buscan comprender el proceso general de transmisión de las lenguas a través de generaciones sucesivas de hablantes; se asoman a las más diversas comunidades lingüísticas y ponen en evidencia las muy variadas rutas que sigue el proceso de adquisición. Los estudios de adquisición son paralelamente un termómetro natural de las diversas prácticas de transmisión lingüística que se cocinan en el hogar y de cómo es que en el interior de las familias encontramos posibles agentes de cambio hacia la conservación o la desaparición de una lengua.

En un estudio comparativo de las prácticas lingüísticas de dos familias, con el sugestivo título de “Historia de dos niños mam” (A tale of two Mam children), Clifton Pye describe cómo en una misma comunidad con una misma lengua, dos niños de dos años están creciendo y aprendiendo mam (lengua maya que se habla en Guatemala) en condiciones contrastantes. En un caso, la familia habla mam de manera habitual y exclusiva, y el niño a sus dos años se encuentra en un proceso de adquisición prácticamente monolingüe, aun si en su lengua encuentra los préstamos que se han adoptado del español a lo largo de los 500 años posteriores a la Conquista. En la otra familia, también la madre habla al niño en mam y el español ha entrado a casa en la voz del hermano mayor que lo ha aprendido en la escuela. Aquí el intercambio doméstico en ambas lenguas es ritual y el niño de dos años exhibe su impacto en su vocabulario, con elementos de una y otra lengua, y en el curso de su interacción con diversos interlocutores sus enunciados en mam exponen el impacto de procedimientos de construcción del español: por ejemplo en la forma de construir la negación. En forma similar, Margarita Martínez Pérez (2013) nos presenta varios rasgos que diferencian el habla dirigida a los niños en tres familias de tzotziles de Huixtán, Chiapas. Advierte, por ejemplo, la presencia de vocativos afectivos en español –mamitaen alternancia con los afectivos propios del tzotzil, que han sido prácticamente desplazados por los primeros en una de estas familias.

Los indicios de quiebre en la transmisión son menudos, delicados, elusivos. Su distribución entre las familias de una misma comunidad lingüística es diversa. Su identificación temprana requiere de detallados estudios directos de la socialización y el habla familiar. Su valoración cuantitativa en exploraciones externas suele reflejar los efectos del desplazamiento cuando este proceso ya ha enraizado profundamente en el hogar y se refleja como una tendencia en la comunidad.

Ante la evidencia reiterada de que las lenguas mayoritarias entran al seno familiar como segunda lengua de alguno de sus miembros y allí inicia ante los niños pequeños su convivencia con la lengua minoritaria original, no podemos menos que preguntarnos cuáles son las condiciones sociales que conducen a los miembros de una familia, a un pueblo, a utilizar cada vez más la lengua externa y ceder gradualmente los espacios y las conversaciones familiares a una lengua diferente a la de sus padres y abuelos.[2]

Día Internacional de la Lengua Materna

Los niños pequeños, aunque sean ajenos a las preocupaciones económicas y sociales cuando están en vías de aprender una lengua y antes de salir del seno familiar, encuentran en casa los agentes del desplazamiento lingüístico en la voz de sus hermanos mayores; resienten los efectos de la decisión de sus padres a impulsarlos a hablar la lengua que éstos consideran les dará una mejor forma de vida, mejores condiciones de trabajo y subsistencia. Atrás de estas decisiones y prácticas que afectan enormemente la identidad individual, la cohesión familiar y el destino lingüístico de una comunidad están, sin duda, la inequidad, la falta de respeto y la abierta discriminación hacia lo indígena, en paralelo con el “prestigio” del español y su entrada al hogar a través de los medios, las comunidades religiosas hispanohablantes, o la voz de los hermanos mayores que regresan de la escuela a la casa y trasladan al seno del hogar insospechadas creencias y actitudes discriminatorias en torno a la lengua que aún escuchan de sus abuelos.

Por las rutas hacia la conservación

Las rutas que conducen a una comunidad a adoptar la lengua dominante conforman un fenómeno complejo, poliédrico, multifactorial. Buscar rutas inversas resulta igualmente complejo y toda solución simple o lineal no suscita expectativa de éxito. Las experiencias positivas en el logro de la revitalización de una lengua minoritaria no cuentan demasiadas historias en su haber. Como ejemplos tenemos al País Vasco o a Hawai.[3] Claramente distintos y no comparables, estos casos apuntan a la relevancia de la acción comunitaria decidida –con o sin intervención y apoyo estatal, y aun contraria a las políticas lingüísticas oficiales– y destacan la fundación de escuelas donde la lengua de instrucción es la lengua materna en revitalización: Pūnana Leo ‘nido de voces’ en Hawai; Ikastolas ‘escuelas’ en el País Vasco, que se inician desde el preescolar. A la vista de estos ejemplos, entendemos que la revitalización exitosa se dirige a construir comunidades bilingües estables y parte de comunidades decididas a mantener la lengua de sus ancestros, a extender sus escenarios de uso y a ejercer una acción afirmativa en la transmisión intergeneracional con los niños desde pequeños.

Desde el exterior de las comunidades no faltan las iniciativas de agentes del Estado, de la Academia, de diversas ONG’s, a nivel local, regional o planetario, que quisieran revertir esta dinámica hacia la conservación y revitalización de las lenguas. Una de estas iniciativas proviene de la Organización de las Naciones Unidas. En el contexto global de asimetría lingüística que con frecuencia alcanza la exclusión, la segregación oficial, la prohibición, e incluye actitudes negativas hacia lenguas minoritarias,[3] algunas comunidades lingüísticas beligerantes condujeron a la UNESCO a determinar el 21 de febrero como Día Internacional de la Lengua Materna. Esta resolución derivó de la lucha por el reconocimiento de lenguas excluidas de la educación, de la escritura, de las instituciones de gobierno y de la impartición de la justicia en muy diversos países, frente a los privilegios de las lenguas institucionalizadas como nacionales. No fue una graciosa concesión derivada de una toma de conciencia, sino el efecto de un movimiento anticolonialista, igualitario, de defensa del derecho humano de hablar la propia lengua, recibir educación, contar con medios escritos y de comunicación en ella. El Día de la Lengua Materna –más que ser un día dedicado a “la lengua materna”, como indica su designación– es un día dedicado a promover el reconocimiento de la diversidad lingüística y fortalecer los medios para el mantenimiento de todas las lenguas humanas, a generar las condiciones sociales que den a las diversas poblaciones de hablantes razones positivas para decidir mantener activa la lengua de su comunidad, y a sensibilizar a los posibles involucrados para que actúen en dirección a la meta de garantizar el derecho de todo ser humano a hablar su lengua “materna”.

Cuando advertimos que la conservación de una lengua es materia de la decisión de sus hablantes, y que sus condiciones de vida están en el centro de esta decisión (Enfield, 2011; Nettle y Romaine, 2000) entonces tomamos conciencia de que todos somos agentes y responsables en este proceso, tanto instituciones educativas como órganos de gobierno. El valor en sí mismo de mantener la diversidad lingüística es sólo una cara de la moneda que expone en su anverso un problema ético y social que nos atañe a todos, y que tiene profundas consecuencias para las condiciones de supervivencia, no solo de culturas y lenguas en abstracto, como objetos de conocimiento y análisis, sino de los pueblos, comunidades y hablantes que han llegado al punto extremo de optar por perder su voz originaria en la búsqueda de supervivencia.[5]


Si te pareció interesante el artículo, ¡te invitamos a escuchar el siguiente poema bilingüe escrito en náhuatl y español por el escritor e historiador Miguel León Portilla, gran defensor de la cultura y las lenguas originarias de este país! (en la voz de Areli Roque Olivier):


Referencias

  • Bermeo, Vera. “La vitalidad del otomí en Santiago Mexquititlán, Querétaro”. Muerte y vitalidad de las lenguas indígenas y las presiones sobre sus hablantes. Un análisis desde la ecología de presiones. Roland Terborg, Laura García Landa (coords.). México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2011, pp. 177-195.
  • De León Pasquel, Lourdes (coord.). Nuevos senderos en el estudio de la adquisición de lenguas mesoamericanas. Estructura, narrativa, socialización. México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2013.
  • Débray, Régis, Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente. Barcelona: Paidós, 1994.
  • Enfield, Nicholas, J. "Books that live and die", Current Anthropology, 52/11 (2011): 129-131. http://www.journals.uchicago.edu/t-and-c).
  • Ethnologue. Languages of the World. Summer Institute of Linguistics International. <www.ethnologue.com> Consultado el 30, 31 de enero y 1 y 2 de febrero 2020.
  • Evans, Nicholas. Dying Words. Endangered Languages and What They have to Tell Us. Indianapolis: Wiley-Blackwell, 2009. DOI:10.1002/9781444310450.
  • Evans, Nicholas y Stephen C. Levinson, “The myth of language universals: Language diversity and its importance for cognitive science”, Behavioral and Brain Sciences, 32/5 (2009): 429-448. DOI: 10.1017/S0140525X0999094X.
  • Instituto Nacional de Estadística y Geografía. "Perfil sociodemográfico de la población que habla lengua indígena", México, 2009. http://internet.contenidos.inegi.org.mx/contenidos/Productos/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/censos/poblacion/poblacion_indigena/leng_indi/PHLI.pdf. Consultado el 30, 31 de enero y el 1 y 2 de febrero 2020.
  • García Landa, Laura y Roland Terborg. “Introducción. La vitalidad de las lenguas indígenas de México: un estudio en tres contextos”. Muerte y vitalidad de las lenguas indígenas y las presiones sobre sus hablantes. Un análisis desde la ecología de presiones. Roland Terborg, Laura García Landa (coords.). México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2011, pp. 11-28.
  • Hill, Jane H. “Ambivalent language attitudes in modern Nahuatl”. Sociolingüística Latinoamericana, X Congreso Mundial de Sociología, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1982, pp. 77-10.
  • Moreno-Fernández, Francisco. “La represión lingüística del español en los Estados Unidos”, The New York Times (23 de junio de 2018). https://www.nytimes.com/es/2018/06/23/espanol/opinion/opinion-espanol-estados-unidos-expulsion-distinto.html Consultado el 10 de febrero 2020.
  • Nettle, Daniel & Suzanne Romaine. Vanishing Voices: The Extinction of the World’s Languages. New York: Oxford University Press, 2000.
  • Pérez Martínez, Margarita. “Los rasgos del habla dirigida a los niños en el tzotzil huixcateco”. Nuevos senderos en el estudio de la adquisición de lenguas mesoamericanas. Estructura, narrativa, socialización. L. de León (coord.). México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2013, pp. 83-118.
  • Pye, Clifton L. “A tale of two Mam children: contact-induced language change in Mayan child language”. International Journal of American Linguistics, 79/4 (2013): 555-575. http://www.dx.doi.org/10.1086/671775.
  • Steiner, George. “Una lectura bien hecha”, Vuelta, 229 (1995): 6-12.

 

[1]En su libro Vida y muerte de la imagen, el filósofo y sociólogo Régis Débray distingue tres "edades de la mirada": logósfera, grafósfera y videósfera. Por decirlo en términos generales, a la primera correspondería "la era de los íconos, de los signos, de la escritura" (Débray, 1994: 178), mientras que las otras dos corresponden con la edad de la imprenta y la cultura mediática de masas, respectivamente.

[2]Los sociolingüistas señalan las tendencias globalizadoras que operan a través del planeta; tienden a enfatizar el impacto de las condiciones sociales y económicas como vectores en la adopción de la lengua externa y de su uso tanto en los intercambios familiares como en la interacción con otros niños. Enfatizan el papel socializador de la escuela y la relevancia de una efectiva educación bilingüe que use la lengua de la comunidad y no se dedique en exclusiva a promover el aprendizaje del castellano. Advierten el impacto de las diversas congregaciones religiosas y sus prácticas evangelizadoras en la lengua dominante: en nuestro país el español. Indican los efectos de la migración en la reconfiguración poblacional, social, cultural y lingüística de las comunidades. Insisten en el papel central de las actitudes lingüísticas de los hablantes hacia su propia lengua y la lengua dominante, siempre complejas, a menudo ambivalentes (Hill, 1982; Nettie y Romaine, 2000).

[3]Agradezco a Rodrigo Romero el haberme puesto en la pista del fenómeno hawaiano.

[4]Pensemos en el español en los Estados Unidos, donde oleadas de prohibición han considerado ilegal hablar esta lengua. Véase a este respecto, el artículo de Moreno-Fernández en el New York Times https://www.nytimes.com/es/2018/06/23/espanol/opinion/opinion-espanol-estados-unidos-expulsion-distinto.html

[5]Agradezco las sugerencias del revisor, así como el trabajo de selección de ilustraciones y la cuidadosa formación de la Redacción de Senderos Filológicos