Artículo de divulgación

Pudentila, mujer romana, esposa de Apuleyo de Madaura[1]

 

Martha Montemayor Aceves

Centro de Estudios Clásicos

Instituto de Investigaciones Filológicas

 


Introducción

Apuleyo fue un escritor latino que vivió en el siglo II d. C. Nació en la ciudad de Madaura, Argelia, alrededor del año 125, y vivió en la ciudad de Cartago, que para esa época era cultural y económicamente una provincia romana notable, siendo la productora de trigo más importante del Imperio. Apuleyo fue un hombre culto, estudioso de varias disciplinas: Ciencias Naturales, Medicina, Filosofía, Música, Gramática, Retórica y Derecho; era un hábil orador que ofrecía excelentes discursos en griego y en latín. También fue seguidor de varias religiones, iniciándose en los Misterios de Eleusis y en los de Isis (Cfr. Apol. 55; Met. XI).

Con base en su obra Apología o Discurso sobre la magia en defensa propia, con el que se defiende a sí mismo de una acusación de magia en su contra, sabemos que Apuleyo se casó con una mujer libre (ingenua),[2] viuda, mayor que él, llamada Pudentila. La familia del esposo difunto lo acusó de haberla hechizado con la finalidad de quedarse con su fortuna.

En este texto analizo, principalmente, las condiciones de vida de ella, las cuales son una muestra muy valiosa para conocer la situación de las mujeres libres en general de la sociedad romana y, en particular, de las que vivían en una provincia romana.

Pudentila, la esposa de Apuleyo

La historia se desarrolla en el norte de África, a la orilla del mar Mediterráneo, en Sábratha, muy cerca de Cartago. En su Apología (Apol. 68) Apuleyo nos cuenta que Pudentila tuvo de su difunto marido dos hijos, Ponciano y Pudente. Ellos quedaron bajo la patria potestas de su abuelo paterno, quien era el pater familias y administraba los bienes de su hijo. Al no mencionarse que ella quedaba de igual manera bajo la patria potestas de su suegro, se deduce que era una mujer libre (ingenua) e independiente (sui iuris), quien tenía, además, su patrimonio propio.

El abuelo de los hijos y suegro de Pudentila, a pesar de ser ella sui iuris, la quería obligar a casarse con otro de sus hijos de edad avanzada, Sicinio Claro. La amenazaba con que si se casaba con un extraño a la familia, no dejaría en su testamento los bienes paternos que le correspondían a los hijos. Ella hizo la promesa de matrimonio (sponsales) en unas tablillas (tabulae), en las que prometió, para no afectar el patrimonio de sus hijos, que se casaría con su cuñado, pero astutamente aplazó las nupcias hasta que, pasado el tiempo, murió su suegro. Los hijos, una vez muerto su abuelo, pasaron a ser independientes (sui iuris) y tomaron posesión de la herencia, pero como uno era menor de edad –Pudente–, el mayor –Ponciano– quedó como su tutor. Una vez que los hijos adquirieron los bienes, ella se retractó de la promesa de matrimonio con su cuñado, quedando libre de ese compromiso. Pudo retractarse porque, de acuerdo con el jurista Paulo, se consideraba deshonesto que los matrimonios estuvieran obligados por alguna situación no deseada (Dig. 45, 1, 134).

Apuleyo la describe (Apol. 73) como una madre de familia de aspecto mediocre (mediocre facie mater liberorum), lo cual puede significar que era una mujer sencilla, común y corriente, sin mayores atractivos. Tenía cerca de 40 años, o tal vez 60, según los parientes del marido difunto, y administraba su propio patrimonio con ayuda de su tutor Casio Longino. Desde el momento en que quedó viuda se hizo cargo de la manutención de sus hijos por un período de 14 años, por un deber que el abuelo no cumplió. La fortuna de Pudentila ascendía a cuatro millones de sestercios, además de una hacienda con valor de 60 mil sestercios y una granja, de la que ella misma revisaba las cuentas de sus granjeros, pastores y caballerizos.

Una ocasión que sus hijos le reclamaron un dinero, Apuleyo le aconsejó que les diera a cambio no dinero sino predios, campos muy productivos, una casa grande adornada lujosamente, grandes cantidades de trigo, vino, cebada, aceite de oliva, rebaños y 400 esclavos (Apol. 93). Todo esto se los dio, formalmente, a manera de donación, como si fuera su herencia otorgada en vida.

El matrimonio entre Pudentila y Apuleyo

Como es de comprenderse, Pudentila tenía muchos pretendientes que le pedían matrimonio, así que cuando murió su suegro y se retractó de la promesa de matrimonio que había hecho con su cuñado, decidió casarse con alguien que sí le agradaba. Le informó esta decisión a su hijo mayor, Ponciano, quien se puso nervioso porque pensó que la fortuna de su madre podía quedar en manos de un extraño.

Aquí es donde entra en acción el autor de ese alegato sobre la magia. Ponciano decidió presentarle a su madre, con ese fin, a su amigo Apuleyo, a quien conoció en Atenas cuando estudiaban filosofía. Sin duda era un hombre atractivo y joven: tenía 30 años de edad. A pesar de ser ella mayor y tener un aspecto común, Apuleyo dice que “pronto quiso a esa mujer” (Apol. 73) (mox talem feminam volui). Antes de contraer matrimonio tuvieron que esperar a que se cumpliera una condición que había impuesto Pudentila: esperar a que Ponciano se casara y a que Pudente tomara la toga viril, lo que significaba la mayoría de edad.

El Derecho romano no regulaba la forma de celebrar el matrimonio, era una situación meramente social; sin embargo, sí había ciertas formalidades que ellos no cumplieron. Se casaron fuera de la ciudad, en una casa de campo, donde no hubo una ceremonia importante y necesaria para esa época, la deductio in domum mariti, en la que la novia era conducida por las calles a la casa del marido y las personas que formaban la procesión, familiares, amigos o vecinos, fungían como testigos. Apuleyo y Pudentila no cumplieron ni con la ceremonia ni con la presencia de testigos, la única explicación que dio Apuleyo en el juicio fue que no quisieron evitar más derroche de dinero, pues habían gastado previamente en el matrimonio de Ponciano y en la toma de la toga viril de Pudente (Apol. 87).

Lo que sí hicieron conforme a Derecho fue que el matrimonio se efectuó en la modalidad jurídica de sine manu,[3] por lo que Pudentila siguió siendo independiente, administrando su propio patrimonio con ayuda de su tutor, y Apuleyo de ninguna manera se convirtió en paterfamilias ni en dueño de los bienes de ella; cada uno continuó siendo sui iuris con su propio y correspondiente patrimonio. Pudentila, por su parte, cumplió con el requisito de la dote, la cual consistió en 300 mil sestercios (trecenta milia nummum), cantidad que Apuleyo consideró modesta e insignificante (modica dote et tantula) en el discurso que pronunció para defenderse de la acusación de magia de la que fue objeto.

La dote probablemente se constituyó bajo la forma de la promissio dotis, es decir, Pudentila no se la entregó a Apuleyo sino que se la prometió. La promissio dotis era una forma legal que correspondía sólo a las ingenuas sui iuris. Había una condición: si Pudentila moría sin haber tenido hijos de Apuleyo, toda la dote quedaría en manos de sus hijos Ponciano y Pudente; por el contrario, si al morir le sobrevivía un hijo de él, la mitad de la dote pasaría a manos de Apuleyo y la otra mitad a manos de los hijos de ella; es decir, la dote sería repartida por stirpes, o sea sería dividida en dos partes: una mitad para los hijos del primer matrimonio, la otra mitad para el hijo del segundo matrimonio. De esta manera Apuleyo, como paterfamilias de su hijo, se quedaría con esa parte de la dote, ya que su hijo sería su alieni iuris (Apol. 91).

La condición de un supuesto hijo de ambos es interesante y vale la pena explicar un poco más. La Lex Iulia de maritandis ordinibus del 18 a. C. y la Lex Papia Poppea del 9 a. C. se votaron para fomentar el matrimonio y la natalidad, respectivamente. Estas leyes, propuestas por el emperador Augusto, prohibían el matrimonio a los hombres mayores de 60 años y a las mujeres mayores de 50, pues no cumplían el propósito del matrimonio: la procreación. En la acusación de magia que enfrentó Apuleyo, sus adversarios argumentaron que Pudentila tenía cerca de 60 años y él se defendió diciendo que tenía 40. Por supuesto, es una situación que no se puede comprobar, pero esto explica que la edad de 60 años, de ser cierta, invalidaría el matrimonio y por lo tanto Apuleyo perdería el juicio. Por otro lado, si en verdad hubiera tenido ella 60 años, la condición de que sobreviviera un hijo de ambos sería absurda.

La acusación de magia

Pero aquí no termina la historia. Ponciano, el hijo mayor de Pudentila, murió dejando viuda a su esposa. Por otro lado, un pariente del esposo difunto de Pudentila, por envidia y temor de que la fortuna de ella se le escapara de las manos y quedara en poder de Apuleyo, lo acusó de que mediante artes mágicas, encantamientos y brebajes había seducido a Pudentila para apoderarse de su fortuna.

El pariente que presentó la demanda se llamaba Emiliano, otro hermano del difunto esposo, quien hizo alianza con Pudente, el hijo menor de Pudentila, y con Herenio Rufino, quien fuera el suegro del difunto Ponciano, hijo mayor de Pudentila.

Ante todos estos enemigos que ansiaban apoderarse de la fortuna de Pudentila y ante la defensa que hizo Apuleyo de sí mismo, cabe suponer que salió victorioso por la supervivencia de este magnífico discurso que llegó hasta nuestros días. En Roma, la magia era considerada un crimen que atentaba contra el orden establecido, que ofendía a la comunidad y que daba lugar a un juicio público. Este juicio sucedió en el año 158 d. C., y de acuerdo con la Lex Cornelia de sicariis et veneficiis, él podía haber sido condenado a la deportación a una isla, con la confiscación de sus bienes y la pérdida de la ciudadanía, lo cual lo hubiera desprestigiado ante la sociedad. Si hubiera querido regresar a su tierra, que formaba parte del Imperio romano, hubiera sido castigado con la muerte.

 

Conclusiones

Pudentila, desde su primer matrimonio, fue una mujer sui iuris, que se casó sine manu y que tenía su propio patrimonio, que incrementó con los bienes que le dejó en testamento el difunto marido y con las ganancias de sus propios negocios que ella misma hacía con ayuda de su tutor.

El suegro, a pesar de que ella no había quedado bajo su potestad, la quiso obligar a casarse con otro de sus hijos. Sin embargo, ella logró evitar ese matrimonio forzoso y se casó con un hombre más joven que ella, culto y brillante.

No se sabe cómo terminó la relación entre Apuleyo y Pudentila, ni tampoco si tuvieron hijos. Apuleyo dedica a su “hijo” Faustino otra obra suya, De Platone et eius dogmate (Sobre Platón y su doctrina), pero no se sabe con certeza si fue verdaderamente su hijo. En otra de sus obras, El asno de oro o Metamorfosis, el autor se sitúa en Roma, entregado por completo al culto de Isis.

Lo que queda en evidencia de esta breve historia es que Apuleyo, como hábil abogado y orador se defendió de una manera magistral, anulando todas las acusaciones de sus adversarios y dejándolos en ridículo. Por ello se entiende que ganó el juicio. Su texto, además de ser un discurso judicial, cumple con los requerimientos de una obra literaria, y a través de él se nos muestra la forma de vida en una provincia romana del siglo II d. C.

Referencias

  • Apuleyo, Apología o Discurso sobre la magia. Traducción de Roberto Heredia, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2003 (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana).
  • Comparación de leyes mosaicas y romanas (Collatio). 2ª. ed. Versión de Martha Elena Montemayor Aceves. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2006 (Bibliotheca Iuridica Latina Mexicana).
  • Digesta Iustiniani, en Corpus Iuris Civilis, I. Edición de Theodor Mommsen. Dublín: Weidmannos, 1963.
  • El Digesto de Justiniano, Traducción de Álvaro d’Ors et al. Pamplona: Editorial Aranzadi, 1968-1975. 3 vols.
  • El Digesto de Justiniano, Apología, Flórida. Traducción de Santiago Segura Munguía. Madrid: Gredos, 1980.
  • Montemayor Aceves, Martha, “Leyes contra el crimen de magia (crimen magiae): la Apología de Apuleyo”. Noua Tellus, Anuario del Centro de Estudios Clásicos, vol. 26-2 (2008), pp. 201-222.
  • Montemayor Aceves, Martha, “Notas sobre dote y sucesión en la Apología de Apuleyo”. Anuario Mexicano de la Historia del Derecho, vol. XXII (2010), pp. 425-437.
  • Paulo, El libro V de las Sentencias. Tesis de maestría de Mercedes Fuentes. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras. México, 2006.

 

[1]Para más información sobre este tema consúltense los artículos de mi autoría:

“Leyes en contra de una acusación de magia (crimen magiae)”

Noua Tellus, Anuario del Centro de Estudios Clásicos, vol. 26-2 (2008), pp. 201-222.

“Notas sobre herencia y dote en la Apología de Apuleyo”

Anuario Mexicano de Historia del Derecho, vol. XXII (2010), pp. 425-437.

 

[2]En Roma los hombres eran de condición libre o esclavos. Los libres eran de dos clases: los ingenuos y los libertos. Los ingenuos eran los nacidos de padres libres y los libertos los que eran esclavos y habían alcanzado la libertad. Lo mismo aplicaba para las mujeres. En su paso al español la palabra ingenuo, a sufrió un cambio semántico hasta significar 'candoroso', 'sencillo', 'inocente', pero en la Roma antigua significaba 'hombre que había nacido de padres libres', Lo mismo se aplicaba a las mujeres. Puede consultarse Gayo, Instituciones, 1, 3, 9.

[3]En el matrimonio romano sine manu la mujer no cae bajo la potestad del marido, por eso Pudentila siguió siendo independiente y conservando su propio patrimonio. En la actualidad correspondería al modelo de "separación de bienes". En cambio, en el matrimonium cum manu, la mujer quedaba bajo la potestad del marido si éste era sui iuris, esto es, 'hombre con derechos'