LA HORCA PARA AMÁN

CONTRA EL PAPELUCHO LA CANOA[1]

 

 

Señor criticón, autor de la imaginaria Canoa[2] para Cayo-Puto,[3] abotónese usted bien las bragas y dígnese escucharme por un breve rato; paciencia o responder con tino y seso, y no a topa tolondro,[4] porque el licenciado Cachaza[5] va a embarcar a usted y a sus coopinantes en su ridícula artesa, o en lo que se ofrezca, porque no se diga que usted es el capitán araña.[6] Comienzo:

¿Quién es usted? Mejor diré, ¿cuál es la comisión, o propiedad de autoridad que usted ejerce sobre todos los escritores del día, y aún los del tiempo pasado?  ¿Seó guapo?,[7] ¿quién ha puesto en su pedantesca mano la pluma censora de cuantos papeles salen a la luz pública?, ¿cuáles son las reglas de una imparcial y sana crítica, que dirigen su mordicante facetismo? Declare vuestra descomunal arrogancia ¿qué ciencia, ha aprendido, qué sistema político asienta y defiende y cuál es el blanco de su insulsa y desrazonada crít[ic]a?

¡Válganos Dios por este Quijote del uso y libertad civil de las prensas! ¡Demonio de mequetrefe!, satirizar, envilecer y ajar los discursos de muchísimos ingenios superiores a su ruin caletre; des[a]creditar a los hombres de conocida conducta y de recta intensión, que escriben para el bien de la sociedad; ridiculizarlos, y zamparlos en su maldita Canoa sin más razón, sin más motivo, sin más causa que un sic volo[8] de su inurbanidad, de su orgullo, de su petulancia, y de su anti-político y alevoso literario despotismo.  Baste que un opúsculo, sea de la clase que se fuere, trate de lo que tratare, y sea o no aceptado del público, baste que no lo entienda, o le sepa mal al domine Zamborotudo,[9] embajador y apoderado nato de los cayo-putanos, para que al momento, sin dilación, con grosería, a empellones, lo despache a la isla de la necedad. ¿Y que un zamacuco[10] de tal calibre haga sudar las prensas, y se presuma haber nacido para los días de la ilustración popular? Creíase hasta hoy que era fantástica aquella deidad terrestre llamada Momo,[11] hija del sueño y de la noche, quien, no haciendo cosa alguna útil ni de provecho, sólo tenía por oficio burlar las obras, y las más excelentes, de los otros dioses; mas ya se ve, que hay hombres en nuestra época, y nuestros convivientes, que realizan el envidioso y soberbio carácter del Momo de los poetas.

Momos mexicanos, decid, señalad ¿qué documento, qué instrucción útil al Estado, a la religión, a las ciencias, artes, etcétera, habéis estampado en vuestro impreso titulado La Canoa? ¿No estuvierais mejor agachados en vuestro agujero? Muchos escritores, de cualesquiera condición que sean, os pueden y deben decir lo que la gallina a la rana parlera de la fábula 54 de Iriarte:

 

Yo, porque sirvo de algo, lo publico.

Tú, que de nada sirves, calla el pico.[12]

 

A la sapientísima cofradía de los archi-críticos, autores del papelucho La Canoa, les viene a pelo, y con toda semejanza, el caso práctico que el mismo fabulista trae en la fábula 45 de los cuatro lisiados;[13] y así señores canoeros, entended lo que os digo a las claras en nombre de todos los autores que tenéis agraviados:

 

Os habéis juntado muchos

En pandilla literaria,

Teniendo que trabajar

Para una gran patarata[14]

 

Sí, señoritos, para una gran patarata, para una sátira inservible, para la formación de un follaje de invectivas, y algo de provocaciones y personalidades injuriosas a los que emplean sus talentos y letras en obsequio del público.  Si queréis criticar, sabed, farraguistas, que se impugna con razones no con pataratas: si os choca algún impreso, o alguna de sus expresiones, contradecid con raciocinios, y no con pataratas; si pensáis servir a la sociedad con vuestras científicas produ[c]ciones, hacedlo con discursos racionales, y sin despóticos renglones; pero mucho menos con pataratas; si alguna cuarteta de los cortadillos de imprenta,[15] o en su mecanismo, o en el sentido de sus apotegmas, os empalaga, decid cuál, o cuáles son, y dad una razón convincente; pero siempre sin pataratas. Su autor está ganosísismo de que así lo verifiquéis, discurriendo con una fina crítica, pero no con dicharachos pataratos. Supuse que a vuestro corrompido gusto no causarían grata sensación aquellas, mis breves sentencias, no me engañé; pero, queráis o no, ellas os dividen medio a medio, y en ellas estáis, no sólo dibujados, sino aun pintiparados,[16] y eso caiga el que cayere. Vayan esas coplitas, que la noche pasada relataba un ciego en la esquina de la Monterilla:[17]

 

Ha llegado una falúa[18]

Del reino de mentecatos,

Para llevarse una flota

De escritores pataratos.

 

Otro ciego estaba al frente, y respondió con una cuarteta de los cortadillos de imprenta:

 

Ninguno diga quién es

Que sus obras lo dirán.[19]

Árbol bueno da buen fruto,

Árbol malo ¿qu[é] dará?[20]

 

¿Qué tal?, ¿el cortadillo está cortante?  Pero no hay que apurarse “¿A Cayo-Puto? ¿A Cayo-Puto?” ¿Pero quién ha de ir allá? ¿Los lisiados autores de La Canoa? ¿Y por qué? Eso ya está dicho. ¿De orden de quién? De todos los escritores, y del periodista eléctrico.[21] ¿Y la cuál? Porque los canoeros ni entienden razones, ni las dan, ni las usan, ni las huelen, ni las mastican, ni las tragan, ni, y ni, y ni. ¿Y quiénes los lleva a esos canoeros a su isla cayo-putana? A resolución del agraviado Pensador Mexicano, D. F. R.[22] se encargará de que ellos mismos vayan de galeotes, que no se les permita comunicarse, ni recado alguno para escribir; que se les enseñe o recuerde lo contenido en el padre Ripalda,[23] en la explicación de algunos preceptos del Decálogo, y a comisión del Campanero[24] queda el hacerles saber lo que este papel expresa, principalmente la décima que sigue, y la cuarteta con que se concluye este mamarracho:

 

DÉCIMA

Déspotas cayo-putanos,

¿Quién os ha hecho los censores

De todos los escritores,

Y de todos ciudadanos?

Son modales muy villanos

Impugnar sin dar razón:

Es muy vil contradic[c]ión

La que sólo está fundada

En sátira, y facetada

De arrogante presunción.

 

CUARTETA

Vayan pues sin dilación

Ante el señor Chilibrán

Los que forjan La Canoa

Y esto es la horca para Amán.

 

Licenciado Cachaza

 

Nota: Interesa mucho a los indios de Ixtacalco[25] saber el artificio con que se construyen canoas con quilla, como la que fingen los lisiados en su Canoa número 3, página 12, línea 6.[26] ¿Qué botarates? Esto dijo el indio preguntón sin saber el castellano.  ¿Qué tal si lo hubiera aprendido? Y añadió el nahue nacaztli[27] que dirige su pregunta con particularidad al académico L. M.[28]

Advertencia. Presumo que mis amigotes se incomodarán, y que echarán verbos porque los embarco para Cayo-Puto; mas si impugnáis faltos de razón, y sólo con dicterios, etcétera, no os tengo de hacer caso, porque eso es abusar de la atención del público.


Vale tote.[29]

 

 


[1] Impreso en Puebla en la oficina del Gobierno, y reimpreso en México en la de los ciudadanos militares don Joaquín y don Bernardo de Miramón [Los hermanos Miramón se establecieron con imprenta en la ciudad de México desde 1820, sin embargo, tuvieron otra en Tulancigo por medio de la cual se imprimió El mosquito, en ésta se imprimió el Diario político-militar mexicano, posteriormente estuvo algunos días en Tepotzotlán, después pasó a San Bartolomé Naucalpan, luego a Tacubaya, y finalmente arribó a la ciudad de México. Cf. Justo Sierra, Antología del Centenario, vol. II, p. 1045] calle de Jesús número 18 [En la actualidad es República del Salvador 5ª. y 6ª , PO. Se llamó, antes de Jesús, Arco Jesús. Su continuación fue la calle del Arco de san Agustín —Salvador 4ª , PO—].

[2] La Canoa. Cf. nota 1 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[3] Cayo-Puto. Cf. nota 27 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[4] topa tolondro. Topar. Hallar o encintrar casualmente o sin solicitud. Hallar o encontrar lo que se andaba buscando. Tolondro. Aturdido, desatinado y que no tiene tiento en lo que hace.

[5] licenciado Cachaza. Autor de Cortadillos de imprenta de coco y almendra, publicado en este volumen.

[6] capitán araña. Araña. “Mujer pública, ramera. Dióse acaso este nombre a las mujeres públicas, porque andan tras la mosca (dinero). Parece confirmar esa creencia el estribillo de una letrilla satírica de Quevedo: ‘y eras araña que andabas/ tras la pobre mosca mía’”. Santamaría, Dic. mej. “Araña. También por traslación le llama la persona que codícia y recoge con solicitúd por no buenos modos lo ajeno.” Dic. autoridades.

[7] seó guapo. En La Quijotita y su prima, capítulo X y en el folleto Hoy truena Gabino Baños como juditas de a real Fernández de Lizardi usa seor como síncopa de señor: “Sí, seor Gabino, es menester que haga usted lomo como buen macho, para aguantar la pesada carga de este papel.” Cf. Obras VII-Novelas y Obras XIII-Folletos, pp. 319-320.

[8] sic volo. Así quiero. Hoc volo, sic iubeo. “Esto quiero, así lo mando”, verso de la Sátira VI de Juvenal en boca de la mujer que trata de imponer al marido su voluntad. En Las esperanzas de don Antonio siempre el mismo Fernández de Lizardi escribe contra resoluciones judiciales cuya base es “sic volo, sic jubeo.” Cf. Obras XI-Folletos, p. 367.

[9] zamborotudo. “Tosco, gruesso, y mal formado. Es del estilo familiar, y se suele aplicar al que hace las cosas con poca maña, y tosquedad.” Dic. autoridades.

[10] zamacuco. “El hombre tonto, torpe y abestiado. Es voz vulgar. [...] Se toma tambien por la embriaguez, ó borrachera.” Dic. autoridades.

[11] Momo. Gesto, figura ridícula. Dios griego de la burla. Nancy Vogeley consigna un “Epigrama del dios Momo” de la autoría de Fernández de Lizardi que a la letra dice: “¿Dizque Júpiter te echó,/ Momo, del Cielo? ¿y por qué?/ porque todo motejé, porque nada me agradó./ ¡Ola! Pues conozco yo/ en Mégico Momos varios [1]/ críticos estrafalarios,/ cuya descortés, censura,/ cuanto no hacen, lo murmura/ con dicterios: leé los Diarios.” La nota del propio autor dice: “[1] En paz sea dicho a D. M. G. autor del libelo publicado en el Diario de diciembre de 1811 contra el autor de este papel.” Cf. Nancy Vogeley, Un manuscrito inédito de poesías de José Joaquín Fernández de Lizardi, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas: The Bancroft Library, 2003, p. 27.

[12] No se trata de la fábula LIV sino de la fábula LII La rana y la gallina: “Desde su charco una parlera Rana/ Oyó cacarear á una Gallina. / Vaya! (la dijo:) no creyera, hermana,/ Que fueras tan incómoda vecina./ Y con toda esa bulla ¿qué hay de nuevo?—/ Nada, sino anunciar que pongo un huevo—/ Un huevo solo? Y alborotas tanto!—/ Un huevo solo; sí, señora mia./ ¿Te espantas de eso, cuando no me espanto/ De oirte como graznas noche y dia?/ Yo, porque sirvo de algo, lo publico;/ Tú, que de nada sirves, calla el pico.” Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte, p. 82.

[13] Fábula XLV Los navegantes: “Lloraban unos tristes Pasajeros,/ Viendo su pobre nave combatida/ De recias olas y de vientos fieros,/ Ya casi sumergida;/ cuando súbitamente/ El viento calma, el cielo se serena,/ Y la afligida gente/ Convierte en risa la pasada pena./ Mas el piloto estuvo muy sereno,/ Tanto en la tempestad como en bonanza;/ Pues sabe que lo malo y que lo bueno/ Está sujeto á súbita mudanza.” Ibidem, p. 70.

[14] patarata. Demostración afectada y ridícula en la conversación. Santamaría, Dic. mej. En Don Catrín de la Fachenda Fernández de Lizardi escribe: “¿Qué se dijera de don Catrín Fachenda si en el primer lance público de honor que se le ofrece manifestara cobardía? No, de ninguna manera huiré la cara al peligro. Bueno no fuera que un militar, que no debe temer una fila entera de enemigos, tuviera miedo a un patarato hablador como Tremendo.” Cf. Obras VII-Novelas, p. 558.

[15] Se trata de Cortadillos de imprenta de coco y almendra, véase en este volumen.

[16] pintiparados. Parecido, semejante a otro; que en nada difiere de él.

[17] calle de la Monterilla. La 1ª y 2ª calle iban al monasterio de San Agustín. Fueron llamadas así por los alcaldes de Montera que asistían al Ayuntamiento. Actualmente son las calles de 5 de Febrero.

[18] falúa. Pequeña embarcación a remo, vela o motor, provista por lo general de carroza y destinada al transporte de personas de calidad.

[19] Ninguno diga quién es que sus obras lo dirán. Cf. nota 2 a Cortadillos de imprenta..., en este volumen.

[20] Cf. Cortadillos de imprenta..., en este volumen.

[21] Alusión a Fernández de Lizardi y su periódico El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[22] D. F. R. Fermín Reygadas. Cf. nota 7 a La Canoa, número 1, en este volumen. Fernández de Lizardi menciona a este autor en “Satisfacción al público”, Pensamiento Extraordinario al t. I de El Pensador Mexicano. Cf. Obras III-Periódicos, pp. 143-145. En La Canoa, número 3 se escribe sobre F. R., véase en este volumen.

[23] Benito Jerónimo Martínez de Ripalda (1534-1618). Sacerdote jesuita español. Su Catecismo era empleado en las escuelas. En México fue adoptado por disposición de varios concilios nacionales, especialmente por el Concilio III Mexicano. Fernández de Lizardi criticaba los absurdos de este texto, porque era aprendido de memoria “de cuerito a cuerito; pero como el loro, pues si le pregunta usted o le replica sobre una de sus decisiones, maldito sea lo que respondan a derechas”. En El Pensador Mexicano, núm. 1, t. II, cf. Obras III-Periódicos, pp. 193. El ataque lizardiano más fuerte apareció en el folleto Dudas de El Pensador consultadas a doña Tecla acerca del incomparable catecismo de Ripalda. Cf. Obras XIII-Folletos, pp. 945-956.

[24] Campanero. Véanse los folletos El Campanero a su compadre El Pensador Mexicano y Segunda parte de el Campanero a su compadre El Pensador Mexicano, en este volumen. Véase también La Canoa, número 3.

[25] Ixtacalco. (En la casa de la sal) Pueblo de la municipalidad de Iztapalapa, Distrito Federal, a orillas del canal de Santa Anita. Antes fue cabecera de la municipalidad de Ixtacalco, que quedó extinguida al ejecutarse la ley de organización política y municipal, año de 1903. Terreno llano, pues esta región formó parte del antiguo lago de Texcoco. La población se distribuye entre las colonias la Cruz, Pantitlán y Granjas México, en dos ejidos y en el pueblo de Santa Anita. La calzada de la Viga, que une la delegación por el norte con la ciudad de México, y por el sur con la delegación de Iztapalapa, fue construida en el lago que ocupaba el antiguo Canal Nacional o de la Viga, que partía de Xochimilco y desaguaba en el lago de Texcoco.

[26] Véase en La Canoa, número 3 la cláusula que inicia: “A los dos días de navegación...”, en este volumen.

[27] nahue nacaztli o nahui nacaztli. Cuatro orejas. Traducción de la doctora Asención Hernández de León Portilla.

[28] L. M. José Luis Montaña (1755-1820) Políglota del griego, latín y náhuatl. Médico y poeta poblano que radicó en la ciudad de México. Fue profesor de retórica. Organizó tertulias literarias en su casa. Firmó como L. M en el Diario de México (1813) un artículo médico. Publicó el verso Oda a la instalación de la Diputación Provincial de México, 1820. Escribió el documento contra la Independencia “Reflexiones del doctor don Luis Montaña sobre los alborotos acaecidos en algunos pueblos de tierra adentro, impresas de orden de este Superior Gobierno a costa de los doctores de la Real y Pontificia Universidad”; también autor de “Crisis de la Insurrección consumada en Acatita de Baján a 25 de marzo de 1811. Oda que en 10 de abril escribió el doctor Don Luis Montaña, médico de México, 1811”.

[29] Vale tote. Que estén bien o adiós.